El pasado viernes 7 de agosto murió Bernard Bailyn, uno de los más grandes historiadores estadunidenses del último medio siglo. Bailyn es conocido sobre todo por su libro The Ideological Origins of the American Revolution, publicado en 1967.1 Este libro modificó drásticamente la manera de acercarse a la independencia de las Trece Colonias. Quizás la mayor aportación del libro fue descubrir que las raíces ideológicas de la revolución de las Trece Colonias se ubican sobre todo en los autores ingleses que fueron críticos de varios aspectos del sistema político británico desde la Revolución Inglesa de 1688-89 (con algunos aspectos que se remontan a la guerra civil inglesa de 1642-1651) hasta mediados de la centuria siguiente. Inspirados por pensadores británicos del siglo XVII —como John Milton, James Harrington y Algernon Sidney—, otros autores mucho menos conocidos, como John Trenchard, Thomas Gordon y Benjamin Hoadly, junto con toda una panoplia de panfletistas, se pronunciaron con vehemencia, durante las décadas de 1720, 1730 y 1740, en favor del gobierno limitado, de la libertad individual y de la tolerancia religiosa. En el contexto de las diferencias crecientes que se dieron a partir de 1765 entre la metrópoli y sus colonias en América, este abigarrado y en ocasiones poco sistemático pensamiento se combinó con los agravios políticos que en ese momento histórico sufrieron los colonos por parte de las autoridades coloniales. Esta amalgama doctrinal ejerció un influjo considerable sobre el ambiente ideológico y social de las Trece Colonias, particularmente sobre algunos de los publicistas, pensadores y revolucionarios que contribuyeron al inicio de los enfrentamientos con Inglaterra a partir de 1775 y, en última instancia, a la obtención de la independencia de los Estados Unidos en 1783.
Sin temor a exagerar, se puede decir que el libro Los orígenes ideológicos de la Revolución Americana significó un antes y un después en el estudio de la primera de las grandes revoluciones atlánticas (las otras tres son la francesa, la haitiana y el conjunto de las revoluciones hispánicas). Con este libro, las interpretaciones economicistas, sociológicas y lockeanas que habían imperado hasta entonces para estudiar el proceso independentista de las Trece Colonias dieron paso al estudio de las diversas y hasta entonces poco estudiadas ideas, ideologías y mentalidades que se difundieron en dichas Colonias durante los lustros previos al estallido de la guerra en contra de la gran potencia de la época. Se trató, nos dice Bailyn, de una revolución esencialmente política. Gracias a él sabemos que ese conglomerado ideológico era mucho más diverso de lo que se había planteado hasta la publicación de Los orígenes ideológicos.
Además, Baylin puso de manifiesto que la manera privilegiada de expresión, tanto en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XVIII como en las Trece Colonias, fue el panfleto, una forma que probó ser muy efectiva en tierras americanas durante los años que preceden al estallido revolucionario. Como sabemos, el apoyo francés, español y holandés fue crucial para que los colonos lograran imponerse, pero lo que interesa a Bailyn en su libro son las ideas e ideologías que se difundieron en la sociedad colonial británica de América entre 1763 y 1776. Conviene apuntar que, como el propio Bailyn lo dijo más de una vez, lo que más le atraía no eran las ideas en su sentido más intelectual (por decirlo así), sino la manera en que las ideas se mezclan con las ideologías y con las mentalidades para crear un cierto ambiente socio-político.

Ilustración: Belén García Monroy
La segunda etapa del pensamiento de Bailyn se resume sobre todo en su libro Voyagers to the West, publicado en 1986. Este libro se ocupa del poblamiento británico de las Trece Colonias durante los tres lustros previos al inicio de la guerra. Es un libro muy extenso, con no pocas estadísticas y bastantes tablas. Sin embargo, al igual que todos los demás textos de Bailyn, está escrito con una agilidad y una elegancia notables. Tan es así que, dando por sentada su calidad historiográfica, se hizo acreedor del afamado Premio Pulitzer (el mismo galardón que había ganado veinte años antes con Los orígenes ideológicos).
De la revolución norteamericana, Bailyn había pasado a las migraciones a través del Atlántico. El paso a la que se puede considerar la tercera y última etapa de su obra puede ser vista entonces como una consecuencia “natural” de las dos anteriores: la historia atlántica. Los dos textos que resumen este interés son un librito titulado Atlantic History (Concept and Contours), publicado en 2005, y el libro Soundings in Atlantic History, que co-editó con Patricia L. Denault en 2009.2 El primero es quizás el mejor resumen de los orígenes y primer desarrollo de una historiografía (la atlántica o atlanticista) que actualmente goza de un enorme predicamento, incluso se podría decir que es una moda historiográfica. Sea como sea, uno de los principales responsables de este auge es, sin duda, Bernard Bailyn. No solo por el libro mencionado, sino sobre todo por el seminario internacional sobre historia atlántica que auspició en la Universidad de Harvard entre 1995 y 2010.
Bailyn todavía publicaría otro libro importante sobre la emigración hacia las que terminarían convirtiéndose en las Trece Colonias: The Barbarous Years (2012). Este libro, a diferencia de Voyagers to the West, se ocupaba de un periodo previo en más de un siglo a la Revolución Americana y era mucho más extenso en su cobertura cronológica (1600-1675); además, no solo se limitaba a la inmigración británica, sino a la proveniente de varios países europeos y del continente africano. Es decir, se trata de un estudio de historia atlántica en toda regla.
En 2015, Baylin publicaría el que, hasta donde sé, fue su último libro: Sometimes an Art (Nine Essays on History). Los lectores que nunca hayan leído a Bailyn podrían muy bien empezar por dicha colección de ensayos, en donde es posible percibir su amplitud temática, su profundidad reflexiva y su ambición interpretativa, pero no es la única opción a este respecto.3 Yo recomendaría también otras dos colecciones de ensayos, ambas sobre la Revolución Americana: Faces of the Revolution (1990) y To Begin the World Anew (2003). Para quienes se sientan más atraídos por las cuestiones historiográficas, existe un pequeño volumen que reúne las respuestas de Bailyn a una serie de preguntas que le hicieron en un evento académico de Dartmouth College en 1991, publicado tres años más tarde bajo el título On the teaching and writing of History. Por último, para una visión general de su obra y para poder ver al Profesor Bailyn “en acción”, me atrevo a recomendar a los lectores una entrevista que tuve la oportunidad de hacerle en 2011 para la revista 20/10 El mundo atlántico y la modernidad iberoamericana, 1750-1850:4
No puedo cerrar estas líneas sin decir algo sobre el legado de Bailyn, primero en un tono estrictamente académico y luego en uno más personal. En cuanto al primero, el más aventajado de sus discípulos, Gordon Wood, un gran historiador de la Revolución Americana, lo dijo casi todo hace poco más de una década cuando afirmó que Bailyn había transformado la historiografía americana en varios campos de una manera que ningún otro historiador estadunidense lo había hecho individualmente. Los tres campos a los que aludía Wood eran la Revolución Americana y sus prolegómenos, el poblamiento de las Trece Colonias y, por último, la historia atlántica. Sobra decir que en ninguno de los tres campos Bailyn actuó en solitario.5 Es cierto también que Bailyn prácticamente no integró a sus estudios las preocupaciones y metodologías de algunas corrientes historiográficas relativamente recientes (la historia desde abajo y la historia de las mujeres, p. ej.). Pero eso, por varias razones, no resta un ápice de valor a su obra: porque sus intereses principales estaban en otra parte, porque uno no tiene por qué seguir todas las tendencias historiográficas que van apareciendo (y a menudo desapareciendo con un tempo similar) y porque creo que difícilmente se le puede reprochar algo así a un historiador nacido en 1922.
Casi termino este ínfimo homenaje a Bailyn con algo relativo a su edad.6 Murió a los 97 años. Cuando yo lo entrevisté en 2011, contaba con casi 90. Además de su bonhomía, que no implica que no proyectara una notable firmeza de carácter, lo que más me impactó de él fue su vigor, intelectual y físico, su entusiasmo vital y su enorme claridad expositiva. Todo lo anterior se puede percibir en la entrevista mencionada líneas arriba. Los únicos casos que yo conozco personalmente en el ámbito de la historia de una chispa semejante y de una notable claridad mental a una edad muy avanzada son el de Tulio Halperin (el célebre historiador argentino que murió en 2014, a los 88 años) y el de una conocida historiadora mexicana (quien, por cierto, alguna vez fue discípula del Profesor Bailyn): Josefina Vázquez, que sigue enseñando y produciendo en el Centro de Estudios Históricos del Colegio de México.
Concluyo con unas palabras dirigidas a los estudiantes de historia y a los amantes de la historia. No es nada común toparse con historiadores que combinen ambición interpretativa, rigor metodológico y claridad expositiva. En medio de tantos historiadores e historiógrafos que resultan ampulosos, pretenciosos u obscuros y que, además, con cierta frecuencia tienen un ojo puesto en la galería, cuando no tienden a seguir las modas historiográficas en turno, leer a Bernard Bailyn es un bálsamo y debiera ser un acicate. Su seriedad académica, su rigor y su curiosidad, aunadas a ese entusiasmo intelectual y vital que proyectaba de diversas maneras, conforman un gran legado.
Roberto Breña
Académico de El Colegio de México.
1 Existe versión en castellano: Los orígenes ideológicos de la Revolución norteamericana, Madrid, Tecnos, 2012.
2 Bailyn, como muchos otros historiadores estadunidenses, parecía asumir que lo más importante que se podía decir sobre un tema prácticamente empezaba y terminaba en la academia de su país. Un ejemplo: casi todos los colaboradores de Soundings in Atlantic History son de Estados Unidos o trabajan en universidades de ese país; algo que no puede dejar de llamar la atención si se considera que el libro es sobre historia atlántica entre 1500 y 1830. En mi opinión, la convocatoria pudo haber sido mucho más diversa.
3 Cabe apuntar que, además Los orígenes ideológicos, no hay otro libro de Bailyn traducido al castellano. Esta laguna, que por lo demás refleja ese desinterés e ignorancia española y latinoamericana sobre la historia de los Estados Unidos, es de lamentarse y debiera ser llenada lo antes posible.
4 La versión impresa de la entrevista está incluida en el primer número de la revista, publicado en noviembre 2012.
5 En ocasiones, es posible detectar omisiones que resultan llamativas, por decir lo menos. Por ejemplo, en Atlantic History no hay una sola palabra sobre Jack P. Greene, un conocido historiador que promovió la historia atlántica en los Estados Unidos mucho antes de que lo hiciera Bailyn.
6 Conviene añadir que este “homenaje” está lejos de ser exhaustivo, pues Bailyn cuenta con al menos una decena más de los libros que he mencionado en estas líneas.