Detectives victorianas, las precursoras de las modernas damas del crimen

La historia de la novela negra ha sido tradicionalmente una historia de hombres: tanto sus autores como sus protagonistas suelen ser del género masculino. Sin embargo, existe también un importante linaje de escritoras de novelas policíacas, muchas de las cuales crearon personajes femeninos. La reciente publicación de una antología de mujeres detectives nos ofrece una oportunidad para revisar los orígenes victorianos de las “damas del crimen”.

Sólo hay dos reglas para que un detective tenga éxito:
trabajo duro y sentido común.
—Hugh C. Weir

En la actualidad ya nadie duda de la paternidad de Edgar Allan Poe sobre el género policíaco. Como bien lo menciona el escritor argentino Ricardo Piglia: “La clave es que Poe ha inventado una nueva figura y de ese modo ha inventado un género. La invención del detective es la clave del género”. El género gozaría de una gran popularidad, a tal grado que no tardarían en aparecer autores como Charles Warren Adams, Émile Gaboriau y Wilkie Collins.

Al principio sólo se hablaba de autores hombres que escribían sobre detectives masculinos. No fue sino hasta 1878 que apareció la primera novela de este género  escrita por una mujer, El caso Leavenworth, de Anna Katharine Green. Hoy, gracias a la publicación de Detectives victorianas: Las pioneras de la novela policíaca, a cargo de la editorial Siruela, los lectores hispanohablantes pueden disfrutar de esa otra tradición: aquella protagonizada por mujeres.

Ilustración: Patricio Betteo

El volumen publicado por Siruela es una traducción castellana de The Penguin Book of Victorian Women in Crime: Forgotten Cops and Private Eyes from the Time of Sherlock Holmes. La antología estuvo originalmente a cargo del escritor e investigador estadunidense Michael Sims, quien explica en su prólogo la importancia de reunir relatos policíacos en los que las protagonistas fueran mujeres detectives. Estas ficciones, nos dice Sims, reflejan los cambios de paradigmas de género en la era victoriana. No fue sino hasta 1883 cuando “comenzaron las mujeres a ejercer la tarea policial menos cualificada: registrar a las prisioneras en el momento del arresto”.

Los once relatos incluidos en Detectives victorianas muestran una sustanciosa radiografía de los inicios de las mujeres en el género policíaco de corte clásico, ese que explota el tema del cuarto cerrado y nos remite a la pregunta básica: ¿quién lo hizo? Sin embargo, nuestras protagonistas no sólo deben resolver asesinatos, sino también esclarecer robos, tomar huellas dactilares, desenmascarar estafas, aclarar suplantaciones y rescatar secuestrados. “Muchas de las detectives de esta antología,” anota Sims en su prólogo, “tienen un curioso rasgo en común: la policía las tiene contratadas o al menos las consulta”. Es el caso, por ejemplo, de la señora Paschal —una mujer que ronda los cuarenta años y se dedica al trabajo de detective, protagonista del relato “La condesa misteriosa” de William Stephens Hayward— y de la astuta y valerosa Loveday Brooke, personaje ideado por Catherine Louise Pirkis que protagoniza “Dagas dibujadas”.

Un detalle interesante que menciona Michael Sims es que durante el reinado de la reina Victoria de Inglaterra aparecieron las bicicletas, mismas que pronto se convertirían en el emblema de la nueva emancipada mujer de finales del siglo XIX. Esta dinámica queda en evidencia en “La aventura de la anciana quisquillosa”, de Grant Allen, relato que cuenta la historia de Lois Cayley.  Confrontada con la muerte de su padrastro, la joven protagonista decide salir al mundo en busca de aventuras y un trabajo estable. Mientras hace la maleta platica con su amiga Elsie Petheridge, a quien le recrimina que al llegar al internado de Girton, donde ambas estudiaban, nadie se atrevía a dirigirle la palabra. Elsie responde:

—Es que tenías bicicleta —interrumpió Elsie, alisando la pared a medio empapelar— y en aquella época, por supuesto, las damas no iban en bicicleta. Debes admitir, Brownie querida, que era una innovación alarmante. Nos aterrorizabas. Pero, después de todo, no hay nada malo en ti.

—Espero que no —respondí con franqueza—. Iba por delante de mi época, eso era todo; hoy en día hasta la mujer de un reverendo puede ir en bicicleta sin sentirse avergonzada.

Más allá de las bicicletas, quizá lo que más llame la atención de la antología de Detectives Victorianas sea el nombre de Anna Katharine Green, ya que aparecen dos de sus magistrales relatos. Admirada por Wilkie Collins y Arthur Conan Doyle, Green es considerada como una de las pioneras de la novela policíaca y una de las primeras narradoras del género que lograron construir un personaje interesante, sólido y atractivo: la entrometida solterona Amelia Butterworth.

Anna Katharine Green nació en Nueva York el 11 de noviembre de 1846. Huérfana de madre desde los tres años, consiguió estudiar y obtener el título de bachillerato en el Ripley College para chicas. Al terminar sus estudios tenía pocas opciones fuera de volver a casa, y así lo hizo. Green ambicionaba convertirse en una escritora profesional,  aunque el mundo literario de ese entonces no veía con buenos ojos la incursión de las mujeres. Sus primeros pasos en el ámbito de las letras serían en el género de la poesía, pero en un intento por llegar a un mayor público cambiaría al de la novela. Su padre, el abogado James Wilson Green, había respaldado su dedicación a la poesía, pero ella tenía serias dudas de poder seguir contando con su apoyo en el caso de la novela, sobre todo porque era de tema policíaco, así que, dedicó seis años a trabajar en secreto en lo que sería su primera obra: El caso de Leavenworth. El libro fue un éxito de ventas y le ganó el título de “Madre de la Novela Negra”.  Su legado se extiende a treinta y cinco novelas, un drama poético, su poesía completa y un sinnúmero de obras de teatro sin publicar.

Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca, es una antología imprescindible para los apasionados del género. El volumen nos muestra cómo la representación de la figura femenina dentro del género policíaco no estaba ligada a los roles de género del momento, debido a que el siglo victoriano “entró conducido por caballos y salió tras una máquina que escupía humo y se alimentaba de carbón.” Tener a una mujer detective como protagonista significó una amplia gama de posibilidades para lograr dar con el culpable, pues: “una detective se fijaría en pistas distintas y franquearía puertas que no se le abrirían a su equivalente masculino.”

 

Atzin Nieto

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Publicado en: Ciudad de libros