Cartas desde el encierro
(2.ª entrega)

Ofrecemos la segunda entrega de esta serie de cartas entre dos escritoras mexicanas. Un abanico de revelaciones y confesiones compartidas, que nos adentran en la experiencia de la cuarentena y al despegue de la imaginación literaria.

Ciudad de México, 30 de marzo de 2020 “Año de la cuarentena”

Querida Karla,

¿Tienes ya los resultados de la prueba? Cuéntame, por favor. Dicen que un alto porcentaje se infectará del virus, aunque eso no quiere decir que se enfermará. ¿Nos infectaremos o nos enfermaremos nosotras? En mis primeros meses de vida me enfermé de escarlatina y salmonelosis. De adulta he sido bastante sana; la última gripa infame que recuerdo la tuve hace cinco años.

Me cuesta asimilar el estado de la cuestión. Apenas es el comienzo, como dices, sin embargo ¿no te ha parecido que el tiempo y el significado están detenidos? Si no fuera porque sale el sol y luego llega la noche, yo pensaría que vivimos en una suerte de show de Truman y que hay una inmensa escenografía. El horizonte sería una mampara de melamina, que simula el cielo. ¿Quiénes estarán observándonos desde otro sitio ahora? ¿Crees en la vida extraterrestre? El virus es sumamente terrenal y mira el desastre que ha provocado… Ay, Karla, acabo de leer una nota en la que dicen que estaremos en cuarentena por un año hasta que se encuentre la vacuna. Espero que el farmacéutico que declaró eso se encuentre confundido de realidad.

En mi casa se escucha la furia de la Avenida de los Insurgentes. No ha dejado de mostrar el ruido de sus láminas veloces incluso ahora, cuando se espera que el resguardo en casa sea más comprometido. Por la ventana de mi estudio, veo el laurel de la India de la vecina, que es inmenso y hermoso. A estas alturas del delirio, no sé si existe, en realidad, este árbol o si es parte del engaño colosal. Hace años atravesé episodios mentales insólitos y, si te soy franca, descubrí asociaciones entre las cosas vivas y muertas que aún recuerdo. Creo con certeza en que si un zanate vuela en Zihuatanejo es del todo posible que alguien se vaya de bruces en Singapur, y el mundo no va a contradecir esto que digo. Por ejemplo, si es verdad, como menciona González Crussí en un artículo, que el guano de murciélago contaminó la comida de un mercado y causó que buena parte del mundo se pusiera en cuarentena, pues cómo no creer que el vuelo de un zanate causa que alguien se vaya de bruces en Singapur.

Somos demasiados en el planeta, Karla. Cualquier cosa podría desatar una pandemia. La caca de murciélago o las uvas podridas de un viñedo.

Me preguntas a quién extraño. La respuesta es inmediata: extraño a mi madre que murió hace poco más de seis años. Si ella estuviera aquí ahora no sé qué diría. Extraño el misterio perpetuo de sus pensamientos. La vida interior de mi madre era la de alguien desconocido. Sólo dejaba ver una parte mínima de sus epifanías; cuando daba lugar a sus ideas, el mundo circundante se volvía obsoleto. Murió de cáncer.

Ya que ahora el tiempo es otro, podríamos pensar en que la muerte adquiere otros significados. ¿No es alucinante que la muerte, la enfermedad y el amor siempre estén siendo algo nuevo? Por eso, pienso, la cuarentena es más impactante que la caída de un meteorito mediano. Estamos hechos para ver desaparecer a los primates y para enfrentar a la muerte, a la enfermedad y al amor, como si hubiéramos nacido ayer.

La caca de murciélago es parte de la respiración de cualquiera que adquiera el virus. Es una exageración, lo sé, pero mira que los murciélagos se alimentan de sangre y a nosotros se nos vampirizó la realidad. Por eso, quedémonos en casa, no vaya a ser que mañana empecemos a dormir colgados de cabeza. Hay que evitar el contagio. En esta última línea, el zanate vuelve a volar y alguien, ahora, se toca la cara y esparce el virus sobre la superficie de su escritorio de caoba.

Un abrazo de parte de Drácula,

Daniela

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Ilustración: Marco Colín

Ya es abril, 2020

El amor, se siente tan raro en la actualidad. ¿Qué estará pasando con las parejas que permanecen en el mismo hogar pero no lo desean ni se desean? ¿Qué sucederá con los amantes que suspiran por verse, tocarse y no sólo no deben, sino tampoco pueden? A pesar de la distancia, no te siento lejos, estás en mí, no me olvido de ti, le dijo un amigo a la prima de una amiga que le está ganando la batalla a la distancia. Pienso en los colegas con ganas de reunirse y platicar, en los abuelos ansiosos de jugar en el parque con los nietos. Todos nos estamos extrañando, y mucho. Hacen falta sabores, olores, texturas, labios sin tapabocas, carne, piel, caricias y miradas sin pantallas de por medio. Hoy me conformo con los apapachos cibernéticos y los besos de lengua tridimensional.

Daniela, han surgido otras cosas distintas que estoy aprendiendo a valorar: las llamadas por teléfono que duran más de lo normal, los sinceros y genuinos ¿cómo estás?, la seria preocupación por México, otros países, por las miles de muertes.Observo mi entorno con más detenimiento, cocino mal pero lo intento, estoy escribiendo y leyendo más, riego el jardín, trapeo y barro el piso mientras canto mis canciones favoritas, me paseo en calzones por la sala, cocina y comedor.

Es jueves, parcialmente nublado, con baja probabilidad de lluvias y una alta certidumbre de que el aislamiento terminará hasta finales de abril. No sé si hemos vuelto a la peste de Atenas, al escorbuto de la Edad Media o si nos alcanzó un futuro con chips para cerebros y armas químicas manejadas por cyborgs. Estoy de acuerdo contigo, el tiempo se detiene al escribir, se apuntala en las palabras que a ratos no me alcanzan. Las cosas se ven diferentes bajo el sol que es la luna o es el sol.  Júpiter, Neptuno, Urano. El enano Plutón. ¿Podrías contarme de los astros que nos rigen? Desconozco si hay vida en otros planetas o cómo se comportan los habitantes de galaxias lejanas, lo que sí sé es que a veces yo misma me siento un extraterrestre. Además, como tú, me pierdo en la realidad e imagino cosas inusuales, y eso me entretiene.

Querida Daniela con D de Drácula, gracias por preguntar: llegó el correo electrónico con el resultado de la prueba. Lo abro, no lo abro. Tener o no tener SARS CoV-2 habitando en mi organismo. Te informo: no estoy contagiada del temido virus. Esto no me tranquiliza y sigo preocupada. Al servicio de mis paranoias y delirios, hay una nota final: la negativa no excluye la posibilidad de infección. Oh, sí, somos frágiles y demasiado humanos. Condenados a vivir, a morir. Pero también a sentir.

Mi padre falleció hace tres años y tampoco sé qué le diría. Lo extraño y sigo buscando entre todos los hombres a uno que se parezca a él, o de perdida, que tenga su mirada y su color de ojos. Tuvo cáncer. Yo a los cuatro años fui alérgica al polvo, a la leche, a las fresas, al chocolate que ahora como en toneladas. Me inyectaban diario y por eso le temo a las agujas, aunque me aguanto al hacerme tatuajes o piercings. Extirpación de anginas, el premio fue un helado de limón. Luego tarde llegó la varicela, erupciones acompañadas de fiebre, dolor de cabeza. La comezón de las ampollas fue disminuyendo, mas no el escozor de la existencia. De adolescente me dio mononucleois, la enfermedad del beso. Es que me estaba devorando el mundo, así como lo voy a hacer cuando termine esta pandemia. ¿Y sabes qué? Voy a besar y a abrazar más.

Tengo ganas de ir al mar. Conozco bien los zanates, cuyo nombre resuena a mi apellido. Son pájaros negros, no cuervos, miran con los ojos fijos, Nevermore. Los he visto en Zihuatanejo, lugar al que voy desde niña, al que le debo millones de lunares y pecas y varias revolcadas de ola. Es mi playa favorita y al contrario de Singapur, ahí sí dejan comer chicle. Siempre estoy mascando unos sin azúcar, sabor hierbabuena. Temo que mi libido está fijada en lo oral.

Nos elegimos como interlocutoras para comunicarnos, del latíncommunicāre, verbo con diferentes acepciones. Informar a alguien algo. Tratar a una persona por palabra o escrito. Permitir el acceso a otro. ¡Qué ganas de vernos en persona y hablar! Redactar las cartas desde el encierro hacen que dialogue contigo y, por lo tanto, conmigo. En verdad, Daniela, intento estarme quieta. Me quedo en casa y, lo más importante, me siento en casa. Mientras, y a la luz pública, te seguiré contando de mí a través de esta correspondencia. Sé que me expongo a los demás lectores pero, ¿no es eso la escritura? Me divierte, e incluso quisiera arriesgarme más. Esta soy o esta es la que yo no soy, ambigua, mujer de dos cabezas, medio chiflada, que a veces no sabe lo que quiere. (El que me juzgue, coma caca, pero no de murciélago.)  

Recibe cariño desde mi habitación propia hasta tu estudio volador,

karla zárate

 

Daniela Tarazona
Escritora. Es autora de: El animal sobre la piedra, entre otros títulos.

Karla Zárate
Escritora. Su novela más reciente es: Llegada la hora.

Marco Colín
Dibujante, fotógrafo y publicista. Es director general creativo de la agencia AVIÓN.