Mientras el mundo se prepara para seguir enfrentando la pandemia del Coronavirus en improvisadas cuarentenas y en un entorno de distanciamiento social, no son pocos los que se preguntan cuáles serán las alternativas de ocio y entretenimiento, imprescindibles en semejantes circunstancias.

El concepto de ocio ha merecido la reflexión de filósofos y pensadores desde hace siglos.  Platón señaló al ocio como parte fundamental de la vida cotidiana. Aristóteles sostenía en su Política que “en el primer principio de toda buena acción está el ocio”, por medio del cual, todo ser humano alcanza la felicidad. Séneca habló del ocio productivo u Otium cum dignitate, que es el tiempo libre en el que se produce la recreación, el descanso y la meditación, convirtiéndose en un medio para trabajar mejor. Santo Tomás de Aquino también le dedicó bastantes páginas al concepto en varias de sus obras, incluida Summa Theologiae. Para él, el ocio se perfila como una realidad con diversos niveles según el papel que desempeñe el conocimiento: ocio como reposo del trabajo; como juego y diversión; como fiesta y actividad contemplativa.

En Ocio y La Vida Intelectual (1948), el filósofo alemán Josef Pieper lo defiende como un fundamento de nuestras sociedades frente a la tendencia completamente utilitarista y capitalista: el trabajo por el trabajo. A partir de los años 1960, el ocio inició un proceso de consolidación como derecho humano básico, reconocido implícitamente en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948, incorporándose posteriormente a tratados internacionales y constituciones de países democráticos. Lo confirma el escritor y académico español Manuel Cuenca Cabeza en Ocio Humanista (2000), quien señala que “el ocio forma parte de los derechos democráticos, estilos de vida y mundo de valores de la nueva ciudadanía y como tal hay que abordarlo”.

El ocio, en el cruce de la cultura, el arte y el entretenimiento, se ha consolidado como una de las industrias más lucrativas del planeta. Detrás de lo que alimenta nuestro ocio, en su acepción positiva, hay cientos de empresas y compañías, espacios y proyectos. Estas industrias, muchas de ellas denominadas “industrias creativas y culturales”, enfrentan un momento de total adaptación, improvisación y redefinición, en el que las herramientas digitales e internet juegan un papel clave.

Un primer ejemplo puede ser la respuesta de un nutrido número de museos en todo el mundo a la crisis de salud que ha llevado a cerrarlos: visitas por internet, algunas mediante realidad virtual o realidad aumentada. Varios museos anunciaron también cursos y actividades en línea dirigidas a su público regular. El Metropolitan Museum of Art en Nueva York —que visitan más de 7 millones de personas anualmente— decidió comenzar a transmitir ópera diaria y gratuitamente a través de su página web. La Orquesta Filarmónica de Berlín anunció que como había sido cerrada y la gente no podría asistir a los conciertos, iría a donde está su público a través de su Digital Concert Hall.

Ilustración: Oldemar González

Todo señala que, pronto, en México no podremos —o estaremos enormemente condicionados para poder— ir al cine, conciertos, museos, eventos deportivos o espectáculos masivos. En México es cuestión de días para que los cines cierren sus complejos. Para la industria cinematográfica mundial este es un golpe incomparable y aún incuantificable. China, uno de los dos mercados de cine más importantes del mundo, ha cerrado sus más de 70,000 salas desde enero y se calcula que han perdido un estimado de $2 mil millones de dólares desde que comenzó la crisis del coronavirus en dicho país.

Festivales fílmicos como Cannes, South By Southwest, Guadalajara, Tribeca y Ambulante anunciaron en días recientes que posponían o cancelaban sus ediciones a realizarse entre marzo, abril y mayo.

En Hollywood las cosas no están mucho mejor. De acuerdo a información de Yahoo Finance, la mayoría de las acciones de cadenas de cines han bajado entre un 25 % y un 40 % en los últimos seis meses, y las principales caídas ocurrieron en el último mes. Para los cines en Estados Unidos y en el resto del mundo, lo peor aún está por llegar. Pero a la par de esta crisis se asoman propuestas y cambios que podrían redefinir el funcionamiento de la industria del cine.

Disney ha pospuesto el estreno de Mulan, Black Widow, The New Mutants y Antlers, cuatro películas que apuntaban a ser sus éxitos del año. Aunque solo ha anunciado que pospone su estreno sin sugerir una posible fecha. Otra esperada película cuyo estreno fue pospuesto es A Quiet Place 2, de John Krasinski, con Emily Blunt.

Paramount por su parte tuvo que comunicar que la producción de Misión Imposible VII ha entrado en pausa hasta nuevo aviso. La película, de nuevo protagonizada por Tom Cruise, iba a filmarse en Venecia en estas semanas.

Frente a escenarios únicos surgen otras medidas extraordinarias. Universal Pictures, por ejemplo, anunció que “a partir del 20 de marzo, las películas actualmente en cines The Invisible Man, Emma y The Hunt estarán disponibles ‘en una amplia variedad de las plataformas de Video On Demand más populares’”. Un artículo del día después en The New York Times agregaba que “Universal Pictures dijo el lunes que ya no le daría a los cines un período exclusivo de aproximadamente 90 días para exhibir nuevas películas, un rompimiento con una larga práctica de Hollywood”. Disney, por su parte, decidió adelantar por 3 meses la llegada de Frozen 2 a Disney+, su plataforma de streaming, y estará disponible en Estados Unidos a partir de este 24 de marzo.

Durante años una de las batallas más intensas en la industria era por esa ventana de distribución que aseguraba 90 días de exclusividad a las cadenas de cine antes de que cualquier estreno de un estudio importante pasara a otro formato o alternativa de consumo (tv restringida, digital/streaming).

Pero parece que ser que el coronavirus llegó para cambiar las reglas y ahora mismo Universal y Disney han comenzado el asalto que busca cerrar —o minimizar— esa ventana de tiempo, durante el cual una película está en salas antes de estar disponible en internet. Las cadenas de cine no han reaccionado favorablemente a esta idea. Su modelo de negocio depende en gran parte de esta exclusividad del contenido por 3 meses.

Es cierto que se ha pospuesto para fechas no muy lejanas el estreno exclusivo en cines de películas como Mulán, Rápido y Furioso 9 o No Time To Die —las verdaderas megaproducciones de estos estudios y buena parte de su taquilla anual. Sin embargo, confrontarse directamente con las cadenas exhibidoras y alterar unilateralmente un acuerdo casi intocable, significa que vienen tiempos de cambios aún más profundos y veloces en la industria y su forma de funcionar.

Más complicaciones a mediano y largo plazo: Netflix cerró toda producción de películas y series en los Estados Unidos y Canadá —y probablemente suceda lo mismo en todos los demás países donde también produce localmente, como México; Warner Bros. Television detuvo la producción de más de 70 series y pilotos; Disney hizo lo mismo con la producción de 16 pilotos; y Apple anunció que todos sus shows, producidos por estudios externos, han sido suspendidos por el momento.

La industria televisiva también se verá afectada por el coronavirus. Aunque se espera que en estas semanas tengan significativos incrementos en rating, el pronóstico a largo plazo no es nada alentador. Ya se cancelaron todo tipo de ligas deportivas, con un impacto directo en el millonario negocio de estas transmisiones, sin importar que hablemos de futbol, basquetbol, hockey, béisbol o automovilismo, de España, Italia, Inglaterra, Alemania, México, Estados Unidos o Japón. Al 20 de marzo ya se había confirmado que la Eurocopa y la Copa América cambiaban sus fechas para 2021.

Y ahora acabemos en el terreno de las imaginativas teorías conspirativas de internet que ofrece un menú variado para señalar culpables. Una tiene que ver con la coincidencia entre el lanzamiento de Pandemic: How to prevent an outbreak, la serie documental original de Netflix que llegó a su catálogo justo cuando el Covid-19 comenzaba a hacer de las suyas en varios países. Y lo cierto es que, como reportó la revista Variety a finales de febrero, mientras la mayoría de las acciones de empresas globales en los mercados financieros de todo el mundo habían sufrido pérdidas, las de Netflix habían crecido un 0.8 %.

Otra teoría conspirativa señalaba que la coincidencia entre el lanzamiento de Disney+ en el Reino Unido a finales de marzo y la oportuna circunstancia que llevará a millones de británicos a tener que quedarse en casa y buscar nuevas formas de entretenerse era algo preparado y fabricado. Incluso otras aseguraban era una forma de bloquear o cancelar el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Los benditos ociosos pueden leer y entretenerse con éstas y otras teorías aquí, aquí y aquí.

El ocio moderno es una vía de aprendizaje lúdico y de desarrollo personal, de intercambio y participación social, de discusión, reflexión e introspección. En la actual circunstancia global es un elemento clave que deberemos atender para procurar una sana convivencia, una forma de salud mental en tiempos de cuarentena.

Esta es la primera etapa de un desarrollo inaudito en el que el ocio, la cultura, el arte y el entretenimiento, así como nuestras formas de buscarlos y consumirlos, y las de estos de ofrecerse o funcionar, difícilmente volverán a ser los mismas.

 

Arturo Aguilar
Periodista y crítico de cine.