En una noche histórica, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas rompió varios mitos y parece ver hacia el futuro, aunque sigue fallando en varios aspectos políticos que vale la pena observar.

Por primera vez en su historia, los cerca de 9 mil miembros que conforman la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood votaron para que una película hablada en un idioma distinto al inglés —en este caso, hablada en coreano y dirigida por Bong Joon-ho, de Corea del Sur, realizada y ambientada en dicho país— resultara elegida como la Mejor Película del año.

También votaron para que este realizador se llevara las estatuillas de Mejor Director, Mejor Guion Original y la de la recién re-bautizada categoría de Mejor Película Internacional, antes conocida como Mejor Película en Lengua Extranjera. La categoría que históricamente estaba reservada para esas joyas foráneas.

Con el Oscar a Mejor Guion Original, la Academia prefirió aplaudirle a Bong Joon-ho que a una excelente historia de uno de sus guionistas consentidos, Quentin Tarantino, y a su carta de amor al propio Hollywood, tema que solía despertar enorme simpatía entre la mayoría de los miembros de la Academia. Todo parece indicar que, retomando siempre a Dylan, los tiempos están cambiando.

Antes que nada, queda por ver si la Academia como colectivo artístico demuestra en los próximos años que esto es una tendencia y una apertura consistente y continua, y no un evento aislado para enviar, en los tiempos de la excesiva y cabalgante corrección política, un mensaje de inclusión más parecido a una estrategia mercantil que a una realidad genuinamente anclada en apreciaciones artísticas y cinematográficas.

Ilustración: Guillermo Préstegui

Vale la pena recordar que de 2015 a la fecha, la Academia ha sumado esfuerzos para tratar de atender dichos problemas de equidad y representación entre sus miembros, en buena parte como respuesta a la polémica del #OscarsSoWhite de la entrega de inicios de aquel año. En 5 años han integrado a más de 3 mil nuevos miembros. En 2019, invitaron a 892 nuevos miembros de 59 países: 50% de ellos, mujeres; y 29%, personas de color. Las cifras de representación de mujeres y de personas de color, así como de otras minorías, han crecido considerablemente. Del total de sus miembros, la Academia comunicó en 2019 que las mujeres ya representaban un 32% —contra un 25% en 2015— y las personas de color un 16% —contra un 8% en 2015.

Esta puede ser una de las variables que explicarían que un nuevo cuerpo de miembros de la Academia haya votado por algo como Parásitos, una apuesta internacional, arriesgada, enormemente lograda, una joya de cine de los últimos años. La apertura que reconoce el talento extranjero por encima del local tampoco es una noticia nueva en Hollywood. Basta recordar las 5 Oscares a Mejor Director para directores mexicanos los últimos 6 años. Aunque claro, con proyectos perfectamente inscritos —al menos Gravedad, Birdman, The Revenant y La forma del agua— en el molde de la industria hollywoodense. Ahora la aceptación llegó a una obra cinematográfica producida enteramente fuera de esta industria, pero que sí respeta el sistema tradicional de distribución y exhibición de una película.

La apertura actual, por lo tanto, parece no aplicar aún por completo para empresas que están alterando el modelo de negocio y el status quo de los estudios y las empresas exhibidoras.

Y esto me lleva al otro lado de la moneda. Los tiempos no están cambiando. O no lo suficiente. La transmisión estuvo cargada de momentos y discursos pro equidad, pro feminismo, y demás, pero todo parece quedarse en la retórica y en la representación teatral.

Una vez más fue notoria y polémica la falta de mujeres, personas de color y otras minorías o grupos entre los nominados de categorías principales. En los tiempos de la secuelitis —y la franquicitis— aguda en el cine, ya hasta el #OscarsSoWhite tuvo su segunda parte. Veamos.

El menosprecio a Netflix podría leerse no solo en el hecho de haber dejado a The Irishman de Martin Scorsese sin una sola estatuilla a pesar de 10 nominaciones, sino particularmente en el otorgar a Toy Story 4 de Disney —uno de los hits de taquilla del año— el Oscar a Mejor Película Animada y no a Klaus o a Perdí mi cuerpo, ambas producciones de Netflix, que en este rubro tienen mayores propuestas y logros narrativos, temáticos y estéticos.

El Oscar a Mejor Documental se lo llevó American Factory, pero otorgarle el Oscar de esta categoría a Netflix ya lo habían hecho antes con Icarus, en 2018. Y aquí no se puede ignorar el hecho de ser un documental producido por la empresa creada por los Obama y respaldado y recomendado públicamente por Barack y Michelle. Elegir un documental que tiene a la sociedad norteamericana como protagonista es tradicional en la Academia y muestra, en cierto modo, su profundo etnocentrismo. En esta ocasión dejaron pasar, por ejemplo, sobresalientes trabajos, como The Cave —la historia de una joven madre y cineasta que debe sobrevivir en Alepo— o bien For Sama —que muestra los esfuerzos de un grupo de mujeres doctoras que sacan adelanto un hospital.

Tampoco han cambiado los tiempos para una Academia que no encuentra la forma de modernizarse y concebir una entrega entretenida e interesante, que se asuma como programa de espectáculo. A inicios de la semana se dio a conocer que el del domingo fue el rating más bajo de la historia en su transmisión televisiva en Estados Unidos: alcanzó a 23.6 millones de espectadores, muy por debajo de los 29.5 millones de televidentes del 2019.  

¿Qué les depara el futuro a estas transmisiones y formatos? La pregunta sobre cómo deberían verse y consumirse en la era de las redes sociales no parece ser algo que la Academia de Hollywood esté logrando descifrar. No han sabido cómo lidiar con la falta de un conductor y parecen cada día más interesados en resolver todo haciendo que el Oscar se parezca a ratos a los Grammy, un show donde lo más importante no es siempre quién gana, sino las presentaciones.

Para acabar este breve recuento, veamos ahora qué nos dicen también sobre el Hollywood de 2020 las películas que se perfilaban como victoriosas protagonistas de la premiación.

Joker

Muchos creían que por ser la más nominada tenía mayores posibilidades, pero se llevó a casa las dos estatuillas que realmente merecía: Mejor Actor y Mejor Música.

Era, sin duda y por notable diferencia, la más popular de las películas nominadas —que ha logrado más de un billón de dólares en taquilla en todo el mundo—, pero vive en la categoría de una muy buena película y no de una gran película (una distinción que hace enojar a sus muchos y ardientes fans). Fue cuestionada por muchos votantes (de acuerdo a lo reportado durante semanas por la especialista de industria Anne Thompson) por su ambigüedad en el guion, en la construcción del perfil del protagonista y hasta en su visión de la salud mental y la violencia.

La taquilla no lo fue todo para una película que depende demasiado de sus antecesoras, como Taxi Driver y El Rey de la Comedia.

The Irishman

Al caso de esta película solo habría que agregarle esta consideración: para muchos era una historia que ya habíamos visto o, al menos, la extensión de un universo ya explorado tanto por el cine como por el propio Scorsese con resultados superlativos. Y claro, su duración. Tanto como el hecho de ser la hija distinguida de Netflix, ese “demonio” de la industria que se anima a respaldar proyectos de reconocidos directores ninguneados por los estudios, pero que no incita a la gente a ir al cine.

1917

Quizás la consentida de la vieja guardia de Hollywood, si la vemos representada en sindicatos de Hollywood como el de Directores y Productores —la gran mayoría de los miembros de estos sindicatos son votantes de la Academia—, quienes en sus respectivas premiaciones le dieron los máximos premios. Una mega producción, una película de guerra, un éxito en cines. Y la consentida de casi todos, también, cuando se considera la labor extraordinaria de realización fílmica, con una combinación sorprendente de efectos visuales mecánicos y especiales en perfecta sintonía con la propuesta fotográfica; una experiencia totalmente inmersiva para vivirse en una pantalla grande. Totalmente merecidos sus Oscar a Mejor Fotografía, Sonido y Efectos Visuales.

Once Upon a Time in Hollywood

La gran cantidad de nominaciones de la más reciente película de Tarantino nos habla de la mucha simpatía de Hollywood por historias que la retratan con amor, nostalgia o romanticismo, así sea este envuelto en violencia y machismo.

La representación del macho alfa de esa época hollywoodense —el Clif Booth de Brad Pitt— es visto con innegable nostalgia por buena parte de los miembros old-school de la Academia, algo no menor en estos tiempos. El reflejo y la autoidentificación explican también el Oscar a Mejor Diseño de Producción —aunque los diseños de 1917 y The Irishman también tenían argumentos de sobra para llevarse el Oscar.

Mujercitas

Otra ninguneada del Oscar, tanto antes como durante la premiación. Resulta que esta nueva película basada en un clásico de la literatura, sobre varias mujeres, es una muy precisa representación moderna de los problemas de equidad dentro de la industria de Hollywood.

Cómo explicar las merecidas nominaciones a Mejor Película y Mejor Guion, a Mejor Actriz y mejor Actriz de Reparto, y al mismo tiempo el olvido de Greta Gerwig en la categoría de Mejor Director. De 2010 —cuando Kathryn Bigelow ganó el Oscar a Mejor Director por The Hurt Locker— a la fecha, la Academia solo ha nominado una vez a una mujer en esta categoría: la propia Greta Gerwig por Lady Bird en 2018. Lo cual se puede interpretar como una tendencia preocupante. No olvidemos que en el caso de las películas consideradas para Mejor Guion —tanto original como adaptado— solo hubo dos mujeres nominadas: Gerwig por Mujercitas en Guion Adaptado y Krysty Wilson-Cairns, quien co-escribió 1917 con Sam Mendes. En ambos casos mujeres blancas. Los otros 11 guionistas nominados en estas dos categorías son hombres.

 

Arturo Aguilar
Periodista y crítico de cine.