En su más reciente libro, Yo misma (Seix Barral, 2019), Ángeles Mastretta presenta una antología de luminosas sentencias en las que caben la vida, la muerte, la memoria, los amores, la escritura y la felicidad. De ahí provienen los siguientes subrayados.


“La escritura y la felicidad me fueron enseñadas como una misma cosa. No tengo cómo pagar semejante herencia. Como una misma cosa aprendí las palabras y la fiesta, la conversación y la leyenda, el juego y la sintaxis, la voluntad y la fantasía. Como una misma cosa miro mi historia y la del mundo en que crecí y al que vuelvo sin tregua lo mismo que quien vuelve por agua”.

“No mueren quienes nos enseñaron a imaginar la eternidad”.

“Pienso que olvidar es un arte. Una de las artes más necesarias y mal practicadas que se conocen. Además, como tantas otras artes, olvidar es un arte que la humanidad toda practica muchas veces sin darse cuenta. Olvidamos. Para mal y para bien olvidamos. Tal vez quienes mejor olvidan mejor viven”.

“Decidir siempre es abandonar”.

“Nos pasamos la vida viendo vivir a los demás, mientras hacemos el intento de hallarle los modos a nuestra propia vida”.

“Cada memoria es responsable del buen vivir de sus muertos. Extraño también a mis otros amores que se han ido, me pregunto si alguna vez conseguiré que alguien invoque mi presencia y me reviva, como yo los revivo a ellos, cualquier tarde en que el polvo que fui alborote su imaginación”.

“Las cosas tienen voz aunque uno se resista a creerlo”.

“A mí me hubiera gustado ser poeta. Pero soy, como los músicos que cruzaron mi calle, una intérprete de casualidades”.

“La tontería no viene en gotero, sino en caudales”.

“‘Hemos pisado la luna, que era sólo para soñarla’, dijo mi abuelo mirando la noche”.

“Lo necesario sería que la gente creíble fuera aquella que no se siente dueña de la verdad absoluta, gente que puede cambiar de opinión, gente vulnerable, con defectos públicos, con debilidades, gente capaz de reconocer sus errores. Gente que no tiene respuestas para todo, que duda en las mañanas y tiembla algunas noches”.

“El pasado se recupera en atisbos. Y trastorna el presente con su aire desconocido a pesar de cuánto nos ha dicho la intuición que pudo ser”.

“Han de saber ustedes que yo gusto de perder el tiempo. De ahí que lo deje ir entre conversaciones, dichas y quebrantos, como si me sobrara. ¿Será porque hubo años en que viví de prisa que, ahora, aunque me queden menos estaciones, las despilfarro más? Tuve muchos lustros de andar carrereada. Me río de mí cuando recuerdo cómo me apretaban las horas entonces. A dónde vas tan corriendo, decían mis zapatos, si todo ha de llegar”.

“La felicidad suele ser argüendera, egocéntrica, escandalosa. Su hermana, la dúctil alegría, es menos imprevista pero más compañera, menos alborotada pero también menos excéntrica. Y está en nosotros buscarla y en nuestro ánimo el hallazgo y no sólo el afán”.

“No quiero temerles a los cambios, ni al elocuente futuro, ni al soberbio pasado. Quiero envejecer como quien se hace joven”.

 

Ángeles Mastretta
Escritora. Autora de El viento de las horas, La emoción de las cosas, Maridos, Mal de amores, Mujeres de ojos grandes y Arráncame la vida, entre otros títulos.