Esta extensa crónica rememora los últimos años del pugilista y el camino que lo llevó a la redención en Ciudad Juárez.

Cuando Mantequilla Nápoles supo que un grupo de personas relacionadas con la dramaturgia lo quería conocer, pensó que sólo deseaban entrevistarlo y, al igual que los demás, tomarse fotos con él con los puños cerrados, posar, ver sus cinturones de varios campeonatos y punto. Pero nunca imaginó que ese grupo —llamado Teatro Línea de Sombra— quería en realidad reactivar Baños Roma, el viejo gimnasio donde entrenaba a sus pupilos en Ciudad Juárez, y hacer una pieza dramática a partir de esa experiencia.

Como las ciudades invisibles de Ítalo Calvino, Ciudad Juárez es casi una metrópoli imaginaria, cuya historia más que palparse se adivina por una serie de conjeturas. Aquí había esto, colocaron algo de este lado, cerró tal sitio, ya no existe ese restaurante. El paisaje agreste se enfatiza con los perros sin dueño que deambulan de un sitio a otro. Ciudad Juárez duele en la conciencia de sus ciudadanos, en el recuerdo ineludible de mujeres asesinadas y otros homicidios sin resolver. Son las secuelas de la guerra contra el narcotráfico y la corrupción que obligaron a que no pocas familias cambiaran su lugar de residencia.

Jorge Vargas, director de Teatro Línea de Sombra, y su equipo encontraron Baños Roma descuidado. Hallaron, casi como reliquias, la colección de veladoras que el boxeador cubanomexicano encendía para encomendarse a la Virgen de Guadalupe antes de cada combate, además de las credenciales abandonadas de algunos jóvenes que quisieron seguir sus pasos en el cuadrilátero; también polvo y olvido. Los vestigios de una leyenda.

Ilustración: Guillermo Préstegui

Primer round

¿Cómo era posible que Mantequilla Nápoles, el ídolo de multitudes, viviera en total abandono? Esa fue la pregunta que rondaba en la mente de Jorge Vargas. De aquellos días de gloria y euforia, de ovaciones y bullicio, de fiestas prolongadas e interminables apuestas, ahora solo lo acompañaba Bertha Navarro, su esposa. Nadie más.

En su época de esplendor, los campeonatos mundiales eran de 15 rounds; hoy son de 12. Este dato sin duda aunado al número de combates en los que participó —84 peleas, 77 victorias, 54 de ellas por nocaut y siete derrotas— derivó en un desgaste físico que repercutió en su salud: su memoria era caprichosa, iba y venía o permanecía en un estado de completa lasitud. Le habían diagnosticado un cuarteto de enfermedades: demencia senil, enfisema pulmonar, diabetes y Parkinson. Acaso, como otros grandes del cuadrilátero, sabía del silencio de un cuerpo que lucha por transformar sus pensamientos en palabras.

Siempre que les preguntaba a los actores por la salud de Mantequilla Nápoles, no tardaban a en responder: “Él físicamente está bien, pero su memoria, su estado de conciencia, está en otra parte. No sabemos dónde.”

Segundo round

Hasta que el director del Teatro Línea de Sombra y su equipo se mudaron a vivir a Ciudad Juárez quedaron claros los tres aspectos de su propuesta: primero, la remodelación del gimnasio Baños Roma, para que los jóvenes en Ciudad Juárez aprovecharan sus conocimientos y la oportunidad de tener cerca a alguien con la experiencia del gran pugilista; segundo, la creación en ese mismo espacio de un centro cultural que albergara la memoria gráfica de su vida; y, en tercer lugar, la puesta en escena de una obra que se iba a construir como una derivación de los puntos anteriores.

Algunos integrantes de la compañía de teatro permanecieron mes y medio en Ciudad Juárez, con la encomienda de remodelar el gimnasio. Para esta tarea convocaron a la comunidad cercana al ídolo del pugilismo: sus amigos, el mecánico, el señor de la tortillería, el que vende pescado, el que le prestaba los fracs cuando lo invitaban a un evento de gala, sus exalumnos, entre ellos, La Cobra Soto. Pronto se corrió la voz en Ciudad Juárez; las personas que conocían al boxeador fueron llegando al inmueble ubicado en Ignacio Mejía 881, colonia Partido Romero, Barrio Cuauhtémoc. Todos ayudaron a pintar y a revivir el espacio.

Según cuentan, la mañana en que comenzaron las labores de remodelación Mantequilla se acomodó plácidamente en una silla en el centro del ring y se entretuvo fumando un puro tras otro. “Contempló la reactivación del inmueble, vio a sus amigos en esa faena comunitaria y se le iluminó el rostro”, señala Alicia Laguna, actriz, promotora cultural e integrante del Teatro Línea de Sombra.

José “Mantequilla” Nápoles en 1973. Fotografía: dominio público.

No era la primera vez que el excampeón de boxeo se enteraba del interés por su carrera; no obstante, muchas veces esas conversaciones sólo quedaban en promesas y los proyectos no se concretaban. Cuando vio que todos estaban trabajando para que volviera a un ring, empezó a referirse a los integrantes de la compañía como a “la gente buena”. Sin duda, lo que estaba sucediendo en Baños Roma también le devolvía vida a Mantequilla Nápoles. Fue hace seis años y su historia volvía a estar en boca de todos.

Tercer round

Los actores de la compañía comprendieron que la tarea que se habían propuesto no era fácil. El dinero empezó a escasear y tuvieron que lanzar una convocatoria de donaciones. Lanzaron una página en la web donde especificaban lo que requerían: mancuernas, costales, peras, manoplas curvas para cachar golpes, cama de abdominales, bicicleta fija, silla turca, casilleros, lámparas, tatami para piso deportivo, cuerda profesional de nylon para saltar, guanteletas con polaina, guantes, cuerdas para el cuadrilátero, lona del ring, entre otras piezas necesarias para equipar de nuevo el gimnasio. La respuesta fue positiva; no estaban solos y los apoyaron los amigos del pugilista y la iniciativa privada.

Mantequilla Nápoles seguía teniendo admiradores: entre ellos David, un niño de seis años, hijo de uno de los albañiles que se encargaron de las labores de restauración. Un día, Jorge Vargas le prestó al pequeño una cámara para que se entretuviera tomando fotos. David capturó alrededor de 250 imágenes con una interesante perspectiva, de las cuales Eduardo Bernal, curador, arquitecto y académico de la Universidad del Estado de México, seleccionó 15 para exponerlas en la reinauguración de Baños Roma.

Lo que hizo el pequeño David, sin planearlo, se convirtió en la primera exposición gráfica del Memorial de Manquilla Nápoles, un centro cultural dedicado a difundir su vida en el cuadrilátero y sus enseñanzas a las nuevas generaciones.

De cada paso de la remodelación hay un registro visual. Entre el material más valioso, tomado hace 6 años, se encuentra un video de un exalumno de Mantequilla de apellido Pastrana, que participa en una sesión de manopleo con su maestro. “Es impresionante la mirada de Mantequilla Nápoles, la forma en que sigue los golpes del contrincante, no parpadea, tiene unos reflejos sorprendentes y, a sus casi 73 años, reacciona muy bien ante la posibilidad de un golpe”, comenta Vargas.

Lo que describe Jorge Vargas rememora la época en que decían que parecía una pantera. En sus mejores momentos en el cuadrilátero, José Ángel Nápoles Colombat asombraba por la elegancia y precisión que imponía en cada golpe; era hábil en el llamado arte de la defensa y el ataque. Nadie como él, nadie tan contundente como para vencer a Curtis Cokes, en 1969, y así coronarse como campeón peso welter.

Cuarto round

Después del rescate de Baños Roma y el Memorial a la figura del boxeador, había un pendiente para la compañía de teatro: la dramaturgia. ¿Pero qué podían narrar que no se hubiera descrito ya sobre Mantequilla Nápoles? Era inevitable no pensar en Julio Cortázar y tener presente que en París el escritor argentino vio la pelea de Carlos Monzón vs. Mantequilla Nápoles, en una carpa improvisada por Alain Delon con capacidad para 12 mil espectadores, en la zona de Ville-de-Puteaux. En Alguien que anda por ahí (1977) el narrador argentino incluye el relato “La noche de Mantequilla”, donde describe el ajetreo de los aficionados mexicanos que apoyan a Nápoles contra la solidaridad irreverente de los argentinos por Monzón. En ese texto Cortázar puso en el damero un cuento político y gansteril que trascendió la sorpresa de haber sido testigo de la lluvia de sombreros de charro que acompañaron a Mantequilla Nápoles en la peor derrota de su historia.

En esa noche triste la pelea pactada a 12 rounds terminó antes de que iniciara el séptimo asalto. La esquina de Mantequilla Nápoles lanzó la toalla para evitarle más castigo. El error fue aceptar una pelea contra un oponente con otro peso; el mexicano tuvo que subir dos categorías —de 66 a 72,500 kilos— para aquel combate. Mantequilla había postergado ese enfrentamiento dos meses porque no estaba bien de salud —una infección en las vías respiratorias no lo dejaba en paz—; en cambio Monzón se encontraba en perfecto estado, muy motivado por los 250 mil dólares que iba a ganar por partirle la cara a su rival. El Macho Monzón —así lo llamaron para darle publicidad en la noche parisina— no tuvo piedad. Hay una imagen atroz de cómo un golpe recto del argentino se estampa en el rostro de Nápoles.

El día que falleció Mantequilla Nápoles los diarios argentinos resaltaron que la peor derrota que tuvo el pugilista fue contra Carlos Monzón, el 9 de febrero de 1974. Esa noche en que los mariachis tocaron para anunciar la llegada de Mantequilla Nápoles y un tango de Gardel, “Silencio”, se escuchó desde la esquina de su contrincante.

Quinto round

Como no podía quedarse sólo con el legendario encuentro entre Monzón y Mantequilla Nápoles, el grupo de teatro tuvo que iniciar una labor casi detectivesca, pues debían armar las piezas de una figura humana con varios rostros.

La música, el baile, la actuación y sus relaciones, inmersas tanto en la política como en el espectáculo, retratan la vida un hombre multifacético. Joyce Carol Oates apunta que “el boxeo es, claramente, más afín a la danza o a la música que a la narrativa”. Para los integrantes de Teatro Línea de Sombra fue apasionante descubrir tantas historias y saber, por ejemplo, que perteneció a una agrupación de música guapachosa, realizó un par de fotonovelas y participó en la película El Santo y Mantequilla Nápoles contra La Llorona (1974), dirigida por Miguel M. Delgado.

El pugilista inició su carrera en 1958; un año después Fidel Castro prohibió el boxeo en Cuba. Para ese momento Mantequilla ya llevaba 8 peleas y quería continuar en ese medio. Esa fue una de las razones por las que se quedó en México, su segunda patria.

El 14 de marzo de 2013 se reinauguró el gimnasio Baños Roma así como un memorial dedicado al ídolo, espacio que fomenta el deporte y la cultura local en Ciudad Juárez; en ese año se presentó la obra de teatro Baños Roma en varias ciudades del país. Los actores, finalmente, comprobaron que su entrenamiento fue certero, con la fuerza necesaria, la habilidad de soltar jabs, dar el famoso cross en la mandíbula y ganar por nocaut arriba de un escenario.

Mantequilla Nápoles murió a los 79 años. Seguramente sabía que Joyce Carol Oates tuvo razón al decir que “si el cuadrilátero de boxeo es un altar, no lo es tan solo para el sacrificio, también para la consagración y la redención”.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista y crítica literaria

 

 

Un comentario en “La redención del Mantequilla Nápoles (1940-2019)

  1. Mucho más que decir de este fabuloso Mantequilla Nápoles. Elegante, excelente boxeador y carismático. Buen recuerdo para los buenos aficionados.