La historia de una editorial como Anagrama involucra en primer término una lucha contra la censura franquista y, en segundo, el descubrimiento de los escritores y la cultura mexicana.

Jorge Herralde (Barcelona, 1936) reconoce que tuvo la suerte y la desgracia de que las matemáticas se le dieran muy bien, a pesar de que a él le gustaban más la literatura y la historia. Esa fue la razón por la que estudió ingeniería industrial sin ninguna vocación, con cuerpo presente pero mente ausente. Terminó la carrera de ingeniería con una idea en la cabeza: montar una editorial. Sus estudios le ayudaron —a la postre lo sabría— para sortear los desafíos administrativos del negocio, pero la vocación de editor corría en sus venas.

Hace cincuenta años Jorge Herralde, quien es quizá el editor español más importante del mundo, decidió fundar Anagrama. Tras un par de esfuerzos inacabados, en abril de 1969 se publicaron los primeros libros del sello.

Pablo Berthely: ¿Cómo surgió el nombre de la editorial? ¿A 50 años de distancia lo volvería a elegir?

Jorge Herralde: Cuando empecé a trabajar en el proyecto disponía de mucho tiempo libre, que ocupaba en relacionarme con agencias literarias. Visitaba con mucha frecuencia a Carmen Balcells. En sus oficinas descubrí una colección vanguardista llamada Senso e anagrama (“sentido y anagrama”) y me enamoré de la segunda palabra. Eufónica, enigmática y hermosa, así que decidí utilizarla para la editorial y sigo sin arrepentirme. Sí, la volvería a elegir.

PB: Decía Carlos Fuentes que por aquellos años todo sucedía en la discoteca Bocaccio de Barcelona.

JH: Barcelona estaba en movimiento. Era un lugar excitante, llena de gente con proyectos. Escritores, editores, cineastas, arquitectos con una energía inagotable. En Bocaccio se fusionaban todos estos grupos y salían proyectos comunes. Era la desinhibición en estado puro, en palabras del gran poeta Gabriel Ferrater: éramos partidarios de la felicidad.

PB: Ser partidario de la felicidad le valió una fuerte censura para Anagrama…

JH: No lo voy a negar. Había temas que incomodaban en la época franquista y nosotros queríamos ser una editorial abiertamente progresista. Nos “desaconsejaron” publicar El sexo en la historia de Norman Mailer o La teoría soviética de la coexistencia pacífica de Ursula Schmiederer, entre muchos otros.

Después de un par de fuertes frustraciones decidí que la vía no sería someter a consideración del régimen los libros antes de editarlos. Por el contrario, los editábamos y corríamos el riesgo de que en la distribución fuera secuestrado el tiraje completo.

Con esa fórmula nosotros arriesgábamos más dinero, pero el franquismo arriesgaba legitimidad en un momento en el que la llegada de la democracia parecía inminente.

Para Anagrama fue un momento muy complicado, nos censuraron más de media centena de títulos, casi nos llevan a la quiebra, pero nunca apagamos las luces de la oficina.

PB: En México tienen una amplía corrida comercial, ¿cómo se consolidó la editorial en América Latina?

JH: Sergio Pitol era publicado por la editorial Era en México, con una recepción minoritaria, sus libros no eran fáciles. En 1974 ganó nuestro Premio de Novela y con ese triunfo ganamos todos. Él se empezó a consagrar como un autor valorado en su país y nosotros nos abrimos paso en el mercado mexicano con éxito. Sucesivamente se nos abrieron las puertas en el resto de Latinoamérica.

Me enamoré de México y empecé a ir dos veces por año. Construí un diálogo con Era y con Siglo XXI, que sin duda era la editorial de izquierdas más importante en lengua española. México era un referente para nosotros.

PB: Hablemos de los mexicanos que han ganado el Premio de Novela que lleva su nombre, ¿qué significan su vida y su obra para usted?

JH: Sergio Pitol. Un escritor ejemplar. Un hombre con una vocación lectora impresionante, que ha ido creciendo con el tiempo. A todos los clásicos el destino los alcanza y Pitol ya es un clásico.

Cada viaje a México era la primera persona a la que veía y teníamos un ritual ineludible: el primer día del viaje, después de desayunar, recorríamos la mayor cantidad de librerías posibles. Uno de los mejores amigos que he tenido en la vida.

Juan Villoro. Precisamente, lo conocí gracias a Pitol. Inteligente como pocos y agradable como ninguno. Con una electricidad asombrosa. No conozco a ningún escritor que hable en público mejor que él. Fraguamos una excelente relación desde que era muy joven.

Uno de los recuerdos más disfrutables con Juan fue cuando publicamos Dios es redondo y lo acompañé al campo del Barca para que recogiera el premio de periodismo Manolo Vázquez Montalbán.

Daniel Sada. Un amigo en común me lo refirió. Cuando leí el primer manuscrito que mandó a Anagrama me quedé asombrado, no lo dejé de publicar hasta el día que prematuramente murió. Un maestro del lenguaje. Quizá el ganador de nuestro Premio de Novela que logró conseguir la unanimidad más sólida del jurado.

Álvaro Enrigue. A Álvaro, como sucede con los escritores jóvenes, lo empezamos a publicar sin mucha esperanza de éxito comercial. Han pasado algunos años desde entonces. Muerte súbita, novela con la que ganó el premio, es deslumbrante y no le ha ido nada mal comercialmente (risas).

Haré una confesión: las primeras veinte páginas de la última novela que le publicamos es de lo mejor que he leído en mi vida.

Guadalupe Nettel. Una autora que ha ido creciendo y creciendo y creciendo. Vivió una temporada en Barcelona y forjó buena relación con la editorial. Ahora le seguimos las huellas a través de la estupenda labor que está haciendo al frente de la Revista de la Universidad de México. Cada que puedo adquiero la revista y la leo con orgullo e interés.

Juan Pablo Villalobos. Otro caso curioso. Un escritor que era poco conocido en México y que empezó a publicar en Barcelona, ciudad en la que reside. Cuando me mandó su primera novela me quedé deslumbrado con su fino sentido del humor. Le pasó a bastante gente. Por ejemplo a unos amigos alemanes, dueños de una editorial importante de no ficción, les gustó tanto el trabajo de Villalobos que empezaron a publicar ficción y a traducirlo. Juan Pablo es un escritor que tiene mucho que aportar.

PB: Decía que solía frecuentar muchas librerías en México, ¿cuál es su favorita?

JH: Tantas. Si tuviera que mencionar una diría aquella vieja Gandhi, antes de que tuvieran tiendas por todo el país, cuando solo había una. Recuerdo al librero que sabía de memoria dónde estaba cada uno de los libros que vendía. Era algo asombroso, nunca he vuelto a ver semejante capacidad en un librero.

La librería tiene un papel fundamental en las ciudades. Son puntos de encuentro: encuentro de lecturas y de personas. Ahí se hace comunidad y ciudad. México y Barcelona comparten el hecho de tener grandes librerías.

PB: ¿Cómo lograron el éxito con autores de otras lenguas?

JH: Desde antes de que naciera la editorial yo había hecho un esfuerzo por vincularme con los grandes editores franceses e italianos. Fue un proceso casi natural, apostamos por autores que no necesariamente estaban de moda y no fallamos. Desde el inició fuimos una editorial de escritores internacionales.

Los primeros libros que hicimos fueron: Detalles de Hans Magnus Enzensberger, y un libro sobre Las amistades peligrosas (Les liaisons dangereuses) de Choderlos de Laclos, de Roger Vailland.

PB: Si pudiera conservar únicamente un libro de los miles que tiene Anagrama, ¿cuál sería?

JH: Que difícil pregunta… Trilogía de la memoria de Sergio Pitol.

PB: De los libros de otras editoriales, ¿cuál le hubiera gustado que fuera parte de su catálogo?

JH: Esta me resulta más sencilla de contestar. Ficciones de Borges.

PB: Usted dejó la dirección hace algunos meses y vendió la mayoría de sus acciones. ¿Anagrama sigue siendo una editorial independiente?

JH: Cuando yo empecé no se utilizaba la expresión “editorial independiente” porque todas éramos independientes. Algunas más grandes que otras. Ahora ha crecido la brecha entre las grandes y las pequeñas, las unas se comen a las otras, pero no a todas.

Nosotros seguimos siendo una editorial independiente que simplemente ha cambiado de dueño y de director.

PB: ¿Cuál es el mayor reto para la editorial en los próximos 50 años?

JH: En estos tiempos, de enorme concentración, luchar en condiciones de inferioridad representa un reto doble para Anagrama. La dirección actual lo está haciendo formidablemente. Seguimos publicando con el mayor rigor, pero siempre con la vista puesta en editar libros estimulantes.

PB: ¿Cuál considera que ha sido la mayor virtud de Anagrama?

JH: La coherencia. Hemos sido fieles a nuestros escritores, a pesar de que en muchas ocasiones se alejaban de las modas y las tendencias. Así es como hemos logrado nuestra calidad y seguir activos.

PB: ¿Y el mayor defecto?

JH: Defectos puedo enlistar miles, pero eso será en la próxima ocasión. Hoy estamos celebrando 50 años y hay que disfrutarlo.

 

Pablo Berthely
Estudiante de políticas públicas en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

 

 

Un comentario en ““México era un referente para nosotros”.
Entrevista con Jorge Herralde

  1. Excelente abordaje de la entrevista, sin muchos rodeos y con preguntas directas que mantuvieron el hilo del diálogo, con un principio y un fin!!!