Luego del “debate del siglo”, del que apenas hablaremos aquí, volvemos sobre ciertos juicios recientes contra una pretendida “cultura” millennial; además, una enorme lista de libros sobre el cambio climático que sentó precedente.

La furia insignificante

“Nada, nada me interesa de la cultura millennial […] Me perturba. No hay escritura. No les importa la literatura. Ninguno de ellos lee libros. ¿Dónde está la gran novela millennial? No la hay.” Vamos ahí: son las palabras del escritor Bret Easton Ellis (en entrevista con Deka Aitkenheaud para The Times), quien considera que el nuevo “culto a los likes [likeability]” o “el culto millennial a la victimización” son verdaderos cánceres de la sociedad moderna.

Odio a los millennials o Decadentes jóvenes del mal o, aún, En mis tiempos todo era decente hubiera podido perfectamente ser el título del último libro de “no-ficción” de Easton Ellis, el precoz escritor de Hollywood que saltó a la fama, y por lo tanto a la droga, con tan sólo 21 años y luego se coronó con American Psycho, esa novela sobre la que Norman Mailer escribió: “¡Qué obra tan desquiciante! Escrita por una pluma joven narcisista y apenas medio competente”. Pero de los títulos que especulamos, Ellis (y sus socarrones editores) prefirió White y eso sólo porque no le dejaron el título original que propuso: White Privileged Male (Macho Blanco Privilegiado). Todo podría resumirse en un alegato contra las élites progres estadunidenses y su “cacería de brujas”, la reacción histérica contra Trump de los liberales, la corrección política, la expresión en redes sociales, en suma: todo es culpa de los millennials (y un poco, también, de Michelle Obama), generación a la que pertenece su novio, un cantante pop de 32 años, que aparece en el libro y que Ellis define como un “demócrata, millennial socialista-que-raya-en-lo-comunista”.

El mes de abril, cruel como siempre, nos saturó de Ellis tras el ruidero que provocó la publicación de White en los principales medios de habla inglesa, incluyendo la tunda magistral que recibió el autor en The New Yorker en una entrevista —con Isaac Chotiner— que tuvo cúspides de sabor como ésta:

ELLIS: Creo que soy un adepto del absurdo. Me parece que la política es ridícula.

CHOTINER: Tal vez evitar escribir un libro sobre el tema. ¿Eso hubiera sido una solución?

La crítica ha sido implacable ante las contradicciones flagrantes de Ellis en una declaración tras otra. “En la última década, Ellis, de 55 años, ha llegado más a los titulares por sus francas opiniones que por cualquier producto creativo”, escribe Lauren Christensen en The New York Times y añade que la clave de la carrera del escritor reside en la pregunta “¿tiene talento o sólo es provocador?”. Lo cierto es que la provocación vende y Ellis redobla entrevistas y reseñas aunque gustosamente lo despedacen.

Los libros del calentamiento global

El 22 de abril de 1970 se conmemora el día de la Tierra con miras pedagógicas: la devastación ecológica acabará por asfixiarnos y destruirnos por completo (y no a la Tierra, que nos sobrevivirá). Para acentuar la emergencia humana más allá de esta efeméride, Lithub propone una lista de 365 libros ecologistas, so pretexto de la cursilería de que “todos los días son días de la Tierra”. Qué lindos. Este amplio canon ecologista empieza en 1789 (por mera coincidencia: los franceses no inventaron la ecología, faltaba más) y sigue una clasificación en cuatro rubros muy eficaz: Los clásicos, La ciencia, Ficción y poesía, Las ideas. Tan sólo en el estante de “clásicos” entran joyas desde Darwin y Thoreau hasta Bruce Chatwin, Upton Sinclair, Carl Sagan o Gary Snyder, sin olvidar a marxistas redomados como el gran historiador urbano Mike Davis o un escritor noir neo-lacandón nacido en Tamaulipas, que ahora se rebautizó Galeano.

La parte científica, que incluye la biografía de Andrea Wulf sobre Humboldt, no es pura catástrofe ni pasto de pesimistas que se regodean en el complot de las malignas petroleras contra la humanidad (sí hay un par de títulos en este sentido), sino un interesante abanico de temas y propuestas.

Veamos ahora la parte literaria: poemas de Mary Oliver, Ferlinghetti y W.S Merwin, novelas inolvidables como El barón rampante de Calvino, más algunas obras de ciencia-ficción como la ópera espacial Dune de Frank Herbert son parte del agasajo. (Algunos títulos ya aparecen en otro cánones recientes que reúne la categoría “cli-fi”, ficción climática, como secuela moderna de la ficción especulativa o la ciencia-ficción.) No cabe duda de que la lista de Lithub es una imponderable investigación bibliográfica abierta al público como rara vez lo logran los trabajos académicos. Esperar algo similar en el mundo de habla hispana es más que deseable.

El “debate del siglo”

Como en cada round de box, nos gusta la grandilocuencia televisada. La sensación de trascendencia como una inyección de entusiasmo y vanagloria intelectual en mitad de nuestra nada. Cuántos depositaron todas sus esperanzas del año en el debate entre Zizek y Peterson titulado “Felicidad: capitalismo vs. Marxismo”. Pues bien, véanlo ustedes mismos.

Como escribió Nathan Robinson en Current Affairs: “Cada quien puede tener su propia idea del infierno. La mía es pasar la eternidad encerrado en un cuarto con Jordan Peterson y Slavoj Zizek”. Parece que Robinson vivió horas horrendas. Acaso porque muchos esperaban un combate encarnizado, un duelo a la altura de ese famoso Chomsky-Foucault, con el cual nos quedamos nosotros, viejos rancios conservadores. Pues bien, los dejamos en manos del profesor que ostenta ese nombre que no atrevió ni Verne para sus capitanes, el dr. L. W. Nauta, como introducción al debate: