De entre todos los materiales que surgieron a raíz del incendio de la catedral, rescatamos este poema de Nerval que figura en sus Pequeñas odas (Odelettes) de 1853. Sin duda alguna, los siguientes versos tienen algo de profecía, en cualquiera de sus dos estrofas en dodecasílabos. La traducción, inmejorable, es de Tomás Segovia.

Notre-Dame es muy vieja: enterrará tal vez
Sin embargo París, al que ha visto nacer;
Pero, en unos mil años, el Tiempo tumbará
Como hace el lobo al buey, ese casco pesado,
Retorcerá sus nervios de hierro, y, solapado,
Tristemente sus huesos de roca roerá.

Muchos hombres, de todas las partes de la tierra
Vendrán, por contemplar aquella ruina austera,
Soñando, con el libro de Victor entreabierto: –
¡Entonces, pensarán ver la antigua basílica,
Como era exactamente, poderosa y magnífica,
Levantarse ante ellos cual la sombra de un muerto!

 

Fuente: Gérard de Nerval, Poesía y prosa literaria, traducción, prólogo y notas de Tomás Segovia, Barcelona, Galaxia Gutenberg (“Opera Mundi”, ed. bilingüe), 2004, p. 88-89.