Lejos de ser un hecho lejano, la guerra civil española mantiene su vigencia en diversas manifestaciones y en ambos lados del Atlántico.

Fuente de inspiración literaria

A finales del siglo xx, en un esfuerzo por recuperar la memoria histórica, comenzaron a escribirse libros sobre la guerra civil española —y sus consecuencias— a caudales. Entre 2001 y 2018 se publicaron mil 248 novelas, lo que equivale a un promedio de 70 al año.1 Algunos ejemplos que destacan son Soldados de Salamina (2001), de Javier Cercas; La noche de los tiempos (2009), de Antonio Muñoz Molina; Inés y la alegría (2010), de Almudena Grandes; y No llorar (2014), de Lydie Salvayre, publicada originalmente en francés y ganadora del premio Goncourt ese mismo año. Según el historiador Antony Beevor, la guerra civil española es uno de los pocos conflictos modernos cuya historia ha sido escrita con mayor eficacia por los perdedores que por los vencidos.2 Las novelas realizadas en el siglo xxi confirman, de algún modo, esa tesis: a diferencia de los libros publicados en las décadas de los cuarenta y cincuenta —que solían justificar el franquismo— en los últimos veinte años no suelen escribirse defensas del bando nacionalista.

Restos humanos y fosas comunes

La batalla del Ebro fue la más cruenta de la guerra civil española. Fue librada entre julio y noviembre de 1938 y en ella perdieron la vida más de treinta mil soldados; el número de bajas —sumando a heridos y prisioneros— asciende a cien mil. En mayo de 2010, durante los trabajos para desminar un terreno de cincuenta hectáreas en La Fatarella, Cataluña, fueron localizados restos de caídos durante aquel combate. Carme Peleja, alcaldesa del municipio, afirmó que tropezar con restos humanos siempre había sido habitual en esa zona. En los trabajos de limpieza también fueron encontrados explosivos alemanes de hasta cincuenta kilos, “un proyectil italiano de 100 kilos y más de 350 kilos de metralla”.3 Hasta el año 2010 el gobierno de Cataluña había encontrado 69 fosas, “en las que mayoritariamente había enterrados hombres de 21 y 45 años”. Hoy España es el país con el mayor número de desaparecidos y fosas comunes de la Unión Europea.

Miembros de la XV Brigada Internacional listos para marchar al frente en la batalla del Ebro.

Escuelas en México

En agosto de 1939, a solo cuatro meses del fin de la guerra, y a iniciativa del doctor José Puche Álvarez, fue creado el Instituto Luis Vives en la Ciudad de México. Para ello fueron utilizados fondos del ctare (Comité Técnico de Ayuda a los Republicanos Españoles en México). El instituto, que empezó sus actividades en enero de 1940, tenía la intención de preservar la cultura de la República Española y educar a los niños refugiados. “Era un colegio, sí, con planes de estudio, con alumnos reprobados y aprobados, con necesidades profanas y con todo lo común en esos casos, pero era también un lugar que pretendía cubrir esas intenciones trascendentales: crear vida de la muerte, de la derrota, mantener vigentes los ideales perdidos, escapar del olvido cristalizando la cultura y preparar a su gente para el renacimiento a la vuelta a España”.4 El Vives, como es llamado sucintamente desde aquellos años, se ubicó de manera original en Polanco y su primer director fue Joaquín Álvarez Pastor. Desde el inicio se respetaron los planes de estudio mexicanos y se impartió educación preescolar, primaria, secundaria y preparatoria de forma mixta. Cabe destacar que era de las pocas escuelas privadas con una educación laica; ese fue uno de los motivos por los que, conforme avanzaron los años, el instituto comenzó a recibir cada vez más niños mexicanos: si en 1940 estudiaban 80% de alumnos españoles en sus aulas, hacia 1947 ya eran 55% de mexicanos. Otras escuelas se fundaron en los primeros años del exilio con los mismos propósitos: el Instituto Hispano Mexicano Ruiz de Alarcón, la Academia Hispano Mexicana —ambos ubicados en la Ciudad de México— y los colegios Cervantes ubicados en Veracruz, Tamaulipas, Coahuila, Chiapas y Veracruz, por mencionar algunos. En junio de 1941 se fundó el Colegio Madrid con fondos del jare (Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles), una fundación que obedeció a las diferencias políticas e ideológicas del exilio. El Instituto Luis Vives y el Colegio Madrid aún forman parte del sistema educativo mexicano.

Civiles buscando refugio durante los bombardeos de Madrid.

Bombardeos aéreos en contra de la población civil

Antes de la batalla de Madrid, ocurrida en noviembre de 1936, los sublevados pensaban que iban a ganar de manera rápida. Contaban con la mayor parte del ejército, una mejor organización bélica y el apoyo de Italia y Alemania. Es probable que por ello Franco, mientras observaba con desconcierto los ataques infructuosos de sus tropas —incapaces de romper la entusiasta defensa madrileña— tomara una decisión que a la postre cambiaría la manera de hacer la guerra en el mundo. El 19 de noviembre ordenó que la capital de España fuese sometida a un potente bombardeo de la aviación, “contrayendo la responsabilidad de que, por primera vez en la historia, fuese bombardeada una ciudad”.5 Era la primera ocasión que se bombardeaba a la población civil desde el aire y casi todos los barrios fueron hostigados para romper su moral. El Museo del Prado, Atocha y el Palacio Real se convirtieron en los blancos simbólicos más recurrentes de aquella capital que —de acuerdo con Luis de Sobrón— se había convertido en frente y retaguardia al mismo tiempo. Existen discrepancias históricas acerca del número de muertos y la cantidad de bombas arrojadas en esa batalla. Quienes estaban en Madrid debieron resguardarse en el barrio de Salamanca —el único que no fue bombardeado— y las estaciones del metro. Hospitales como el de San Carlos, el Provincial y la Cruz Roja fueron atacados. “La alfombra de niños muertos que dejó una bomba en una escuela no quebró el ánimo de los madrileños, que no querían de ningún modo la victoria de Franco”.6 El mundo, a través de los corresponsales de guerra, veía entonces con desconcierto la crueldad de aquella nueva estrategia; poco tiempo después, la Segunda Guerra Mundial convertiría lo terrible en costumbre. De acuerdo con Action on Armed Violence, la cifra de personas muertas en bombardeos aéreos en 2017 fue de 8,932.7

Francisco Franco y Juan Carlos I

La instauración de la corona

Luego de la victoria del bando nacional, Francisco Franco consideraba que había establecido un nuevo orden que no debía nada al pasado. La sucesión del dictador tenía que ser propuesta por él mismo y solo aprobada por las Cortes de manera protocolaria. En julio de 1969 decidió que Juan Carlos I se convirtiera en su sucesor en vez del padre, don Juan Borbón, heredero natural. En un discurso dirigido a la Sesión Extraordinaria de las Cortes, Franco dijo: “Se trata, pues, de una instauración y no de una restauración, y solo después de instaurada la corona en la persona de un príncipe comienza el orden regular de sucesión”.8 A partir de entonces, Juan Carlos I se convirtió en un príncipe de la monarquía franquista. En una entrevista, aseguró: “Para mí Franco es un ejemplo viviente día a día por su desempeño patriótico al servicio de España y, por esto, yo tengo por él un gran afecto y admiración”. Subió al trono en noviembre de 1975 y reinó hasta 2014. Su hijo, el actual rey Felipe VI, es heredero de aquella misma instauración.

 

César Tejeda
Narrador. Autor de Épica de bolsillo para un joven de clase media y Mi abuelo y el dictador.


1 Morales, Manuel, “70 novelas al año en España sobre la Guerra Civil”, El País, 19 de octubre, 2018.

2 Beevor, Antony. La Guerra Civil Española. Crítica.

3 Balsells, Ferran, “Hallados más restos humanos de la batalla del Ebro en un descampado de La Fatarella”, El País, 10 de mayo, 2010.

4 Tuñón, Julia. Educación y exilio español en México. INAH.

5 Beevor.

6 Beevor.

7 McVeight, Karen, “Las muertes de civiles por bombardeos aéreos aumentaron un 82% en 2017”, eldiario.es, 8 de enero, 2018.

8 Zugasti, Ricardo “La legitimidad franquista de la Monarquía de Juan Carlos I: un ejercicio de amnesia periodística durante la transición española”, Communication & Society, vol. 18 (2), 2005.