El escritor Óscar David López (Monterrey, 1982) suma con Cancer Queen (Cuadrivio Ediciones, enero 2019) una perla más a su ya abundante trayectoria poética —siete títulos, entre ellos Mapping (2015) y Farmacotopía (2014), además de numerosos reconocimientos como el Premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen” 2011. A propósito del libro Mario Bellatín escribió que “puede ser leído como un manual del desdeño, como una guía para hacer más luminoso lo que de por sí debe ser considerado luminoso”, en el que se conjugan y poetizan la vida y la muerte, la enfermedad, el género y todas aquellas brechas inexorables de la identidad.


Cancer Queen

Ir a la quimio era subirse a la nave Cancer Queen.
           Una nave espacial donde se representa Esperando a Godot
en cuya versión tú eres (sin monólogos) dos o tres personajes a la vez,
además del público desde donde eres una enfermera que dice tu nombre
y luego te canaliza el brazo (el bueno), quejándose de tus venas escurridizas
con las otras enfermeras que gruñen más que ella. Psicosis.
Esperar es lo único, dijiste. Y te apuntaste
el antebrazo. Van a llenarme de residuos. ¿Llegará la cura
esta vez? Ya debería estar aquí.
No aseguró que vendría.
¿Y si no viene?
Volveremos mañana.
Y pasado mañana.
Esperar, ese absurdo que te convirtió en un montoncito de huesos.
Esperar, ese antes que además es un postlugar.
Esperar, ese imperio siempre incompleto y frágil del tiempo.
Te esperaba (incluso hoy me siento así)
en la sala junto a otros pasajeros que como yo
tampoco ese día entrarían en la nave. La luz es fría
y el ambiente mohoso. Desde ahí lo veía (esperando su mirada):
lleva una pañoleta, parece una mujer calva y sin cejas
aunque con un bigote de bebé. Ha perdido peso
y se ha convertido en algo extraño, en un árbol petrificado
que (a veces) al toser sangra (más y más y más).
Es un extraterrestre
detenido en la border a su planeta.

Yo sigo esperando. Es de noche y reconstruyo su dolor
no como una obra de teatro, pero sí como una nave espacial
que partió sin mí.
                       ¿Dónde estábamos anoche?
No lo sé. En otra parte. En otro comportamiento. El vacío no falta.

§

La otra eternidad

La eternidad, dice mi amiga.
La eternidad se llama este poema.

Pero cuando lee
sucedió en la casa de la selva
junto a los arcos del corredor
en realidad quiere decir:
tenía ocho años encerrada en un manicomio
todos los días era de noche
o era una noche larga
donde vivía sola, quitándome el vestido
perdida en el patio.

Aunque es un poema extenso,
ella sólo recita fragmentos.
No soporta la mirada del público
sobre su permanencia quieta, leyéndoles.

Y pronuncia los versos:
el zorro ocultó sus ojos tras el oleaje de tules
y ahí la niña se detuvo
el aire corría entre sus piernas
azotaba las gasas de su vestido
en realidad quiere decir:
pero de noche, en la verdadera noche
en las jardineras del manicomio
a veces hacía el amor
con otro desquiciado igual que yo.

La eternidad dije que se llama este poema, dice mi amiga.
Pero desde ahora se llamará La otra eternidad.

Mi amiga corregía sus poemas en público
como los locos
que repiten ciertas palabras
no para desmentirse,
sino para ponerlas en su verdadero lugar.
Masturbación expresiva, lo llamaba
a la hora del brindis.

A pesar de los cambios, sólo un final posible
y mi amiga lee:
la llamaron a gritos desde la cocina
y el viento elevó una sábana
al fondo del patio.

§

McAmor, día 94

¿Has visto
esas fotos de una hamburguesa
que resiste idéntica
después de 180 días? ¿Y las papas
a la francesa todavía
con sal de brillantina
crujiente en la desigualdad del clima? Yo
creí que te quedarías así
adentro mío
desde la primera noche.
Que haríamos miles
de rebanadas de queso amarillo
con nuestros empujoncitos de carne y pan.
Que siempre vería la M
redondita de tus nalgas
desde mi lado
de la Cajita Feliz.
Y que todo sería felicidad.
Y que todo sería inmóvil e incorruptible.
Y que en el futuro seríamos
el proyecto de arte documental
de un loco que entre risas nos dijera:
entonces han durado más
que una hamburguesa de McDonald’s.
Pero no fue así. Por eso
te invito a que compres una Cajita Feliz
el día que te enamores de alguien
y hagas la prueba de descomposición.
Ningún animal resiste más
que la carne tóxica al aire libre.

 

Óscar David López
Escritor. Autor de: Nostalgia del lodo, entre otros libros.