Con la presentación de óperas primas y segundos largometrajes, este año el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) vuelve a presentar una selección de ficciones que, con seguridad, serán representantes destacadas del cine mexicano dentro y fuera del país.

Como una constante, este año las películas giran en torno a temas como la representación femenina y el entrecruce con cuestiones de clase. Algunas de las películas ya han sido presentadas en festivales internacionales donde han sido recibidas de manera positiva por la crítica, otras serán proyectadas por primera vez y Morelia será el espacio para su estreno mundial.

Desde su creación hace 16 años, asume el reto de ser el espacio de proyección para trabajos que desafíen narrativas cinematográficas dentro de la tradición en México. Los espectadores serán cómplices y testigos de posibles candidatas a marcar precedentes dentro de nuestra filmografía.


Antes del olvido (2018) de Iria Gómez Concheiro

Después de Asalto al cine (2011), éste es el segundo largometraje de la cineasta Gómez Concheiro, una revisión de los microuniversos compuestos de personajes que están en los límites del olvido. Si en Asalto al cine vimos a esos jóvenes vecinos de una unidad habitacional, aburridos y sin claridad en su futuro, cometer un atraco, en Antes del olvido volvemos a los desposeídos que habitan una vecindad que quiere ser desaparecida.

Antes del olvido habla sobre los procesos de urbanización, una vorágine de procesos inmobiliarios que, coludidos con el gobierno en turno, reclaman ingresos económicos sobre el bienestar, los derechos y la historia de vida de miles de personas que habitan los últimos asomos del pasado de la Ciudad de México.


Asfixia (2018) de Kenya Márquez

Con un discreto reconocimiento entre la crítica por Fecha de caducidad (2011), Márquez presenta su segundo largometraje que también está inserto en escenarios citadinos. Asfixia reúne a dos personajes que se encuentran en la periferia de las relaciones humanas: un hipocondriaco y una chica albina que debe cuidarlo.

Esta extraña combinación los hará desarrollar una relación que pasará por todos los estadios, desde la incomprensión y el odio hasta la ternura y el respeto. La obra de Márquez pone sobre el mapa a una comunidad que es poco reconocida en el país: los albinos, y es a través de su protagonista que la directora da un salto de representación casi inexistente en el cine mexicano.


Bayoneta (2018) de Kyzza Terrazas

Siguiendo la línea temática que caracteriza su obra, Terrazas vuelve a los personajes que están ubicados en comunidades con un alto estigma de violencia. En Bayoneta seguimos la vida de Miguel “Bayoneta” Galíndez, un boxeador mexicano que huye a Finlandia para subvertir los errores de su pasado.

Con una inevitable remembranza de las películas sobre boxeadores como Southpaw (2015), de Antoine Fuqua, o las clásicas como Rocky (1976), de John G. Avildsen, Terrazas afronta el reto de mirar al pugilismo desde la tradición sumamente arraigada en nuestro país.


La camarista (2018) de Lila Avilés

Con una cercanía a Roma, de Alfonso Cuarón, la ópera prima de Lila Avilés comparte el interés de observar los universos que suceden a nuestro alrededor y que están representados por la labor de la clase trabajadora.

Avilés sigue la cotidianeidad de Eve (Gabriela Cartol), una camarista que trabaja en uno de los hoteles más lujosos de la Ciudad de México. Bajo este contraste de realidades, veremos cómo es posible acercarnos al otro sin la necesidad del melodrama, la condescendencia o la inexactitud.


La caótica vida de Nada Kadic (2018) de Marta Hernaiz

De un salto inmediato después su cortometraje Dobro (2016), la cineasta mexicana entrega su ópera prima después de realizar su maestría en Film Factory, la escuela de cine del reconocido cineasta Béla Tarr.

Para La caótica vida de Nada Kadic, Hernaiz se adentra al mundo que no tiene pies ni cabeza de Nada, una madre soltera que debe aprender a cuidar a Hava, su pequeña hija autista. Con elementos de una película de carretera, Nada trata de encontrar un poco de orden en un viaje en el que recorre Bosnia y Herzegovina y Montenegro, en compañía de su hija. Hernaiz se adentra a los retos que implican filmar en un país extranjero y demostrar que los universos que se filman en el cine son universales.


Leona (2018) de Isaac Cherem

Ópera prima del director mexicano, Leona usa de escenario a la comunidad judía de la Ciudad de México que, regida bajo algunas normas, prohíbe la relación entre la joven Ariela con otro joven no judío.

Con chispazos que revisan los limites entre la infancia y la adultez, además del descubrimiento de un mundo sin reglas, Cherem busca en Leona abrir las fronteras impuestas por las creencias.


Luciérnagas (2018) de Bani Khoshnoudi

Con su segundo largometraje, la cineasta iraní Bani Khoshnoudi regresa al interés por explorar la asfixia y la represión de personajes limitados por los estándares de la sociedad. Si en Ziba conocimos la vida de una esposa hundida en el aislamiento en Irán, en Luciérnagas Ramin, un joven gay que huye de Irán, encuentra paulatinamente la libertad que antes no había experimentado.

El choque entre culturas, la migración y el exilio, además de la mirada sobre la homosexualidad en dos naciones que viven la represión a su manera, son algunos de los ejes temáticos importantes que la directora pondrá en juego en Luciérnagas.


Museo (2018) de Alonso Ruizpalacios

Después del éxito de Güeros (2014), Ruizpalacios vuelve con su segundo largometraje, Museo. Con el pretexto de la historia real sobre dos jóvenes oriundos de Ciudad Satélite que robaron el Museo Nacional de Antropología e Historia en 1985, el director mexicano abre las posibilidades de la ficción en una historia sobre el coming of age en un México que sigue dándole la espalda a su juventud.

Museo también es el viaje de Güeros por encontrar un pequeño espacio en una sociedad donde la adultez significa un cruel rito para ser parte del brazo productivo del capital. Con referencias a la Historia y la historia, lo que es real o no, los mitos y la identidad, Museo abre las pautas de una revisión histórica desde la comedia negra.


Las niñas bien (2018) de Alejandra Márquez

¿Qué sucede en la psique femenina cuando el estatus social desaparece? Después de Semana Santa (2015), Alejandra Márquez presenta su segundo largometraje Las niñas bien, un estudio sobre la cotidianeidad entre mujeres miembros de la insipiente burguesía mexicana de los años 80.

Con los riesgos que implica abordar ejes temáticos desde la sátira, Márquez reúne el trabajo de Dariela Ludlow en la fotografía (con trabajos conocidos como Los adioses, de Natalia Beristáin) con la actuación de una camada de actrices mexicanas como Ilse Salas, Cassandra Ciangherotti, Johanna Murillo, Paulina Gaitán, entre otras. Las niñas bien asume el reto de representar el derrumbe mental de la representación de lo femenino en la sociedad mexicana. 


Olimpia (2018) de J. M. Cravioto

Contextualizada en el movimiento estudiantil de 1968, Olimpia sigue el entusiasmo y la entrega con el movimiento de tres estudiantes: Raquel, Rodolfo y Hernán. Después de ser filmada, la película fue intervenida por estudiantes de la Facultad de Arte y Diseño (FAD) de la UNAM a través de la rotoscopía, una técnica en la que se pinta cada fotograma.

Como una conjunción entre ficción y realidad, Olimpia usa imágenes de archivo y secuencias sacadas de El grito (1968), de Leobardo López Aretche, para ubicar a sus tres protagonistas y todo el contexto que los rodea en escenarios emblemáticos de la Universidad.


Xquipi’ Guie’dani (El ombligo de Guie’dani) (2018) de Xavi Sala

Con alrededor de seis cortometrajes dirigidos, Xavi Salas presenta su ópera prima que sigue los pasos de Guie’dani, una niña zapoteca que, junto a su madre, debe adaptarse a la vida como trabajadora dentro de una familia acomodada.

Por sus temas, El ombligo de Guie’dani podría ser cercana a Roma, de Alfonso Cuarón, y a La camarista, de Lila Avilés, otra de las películas que está en competición.

 

Arantxa Luna
Crítica de cine.