La serie de retratos que aquí se inauguran están dedicadas al cineasta ucraniano Oleg Sentsov (Simferópol, Crimea, 1976) que ha sido sentenciado por el gobierno ruso a 20 años de prisión. Mientras escribimos estas líneas se cumplen 45 días de la huelga de hambre iniciada por el artista, exigiendo la liberación de presos políticos ucranianos. El 11 de mayo de 2014, a solo un par de meses de la anexión de Crimea, el cineasta fue arrestado y acusado mediante pruebas fabricadas de pertenecer a una organización terrorista. Después de haber obtenido a la fuerza la nacionalidad rusa a fin de permitir un juicio que Amnistía Internacional ha calificado de estaliniano, fue enviado en septiembre de 2017 a la prisión más al norte de Rusia donde permanece hasta el día de hoy.

A partir del encarcelamiento de Sentsov, la comunidad cinematográfica ha expresado su solidaridad con el cineasta y recabado firmas exigiendo su liberación. Entre los firmantes se encuentran Pedro Almodóvar, Cate Blanchett, Aki Kaurismaki, Mike Leigh, Ken Loach, Aleksandr Sokurov, Béla Tarr, Bertrand Tavernier, Andrzej Wajda, Wim Wenders, Frederick Wiseman y Andréi Zviágintsev. En solidaridad con la huelga de hambre, durante la Copa Mundial de futbol Rusia 2018 propondremos una serie de retratos de cineastas perseguidos por los regímenes soviético y ruso. Deseamos así rendir homenaje a la creatividad del espíritu humano confrontado a situaciones inadmisibles.

Retrato de Serguéi Paradzánov. Fuente: Aurora Prize

Uno de los casos de persecución política más flagrante es el del cineasta, poeta y pintor Serguéi Paradzhánov (nombre de nacimiento Sarkis Paradjanian, Tbilisi 1924 – Ereván 1990), amigo de Andréi Tarkovski y de Artavazd Peleshian, hoy conocido mundialmente por su célebre film El color de las granadas que cumple cincuenta años en 2018. Paradzhánov, hijo de un vendedor de antigüedades, nace en una acomodada familia armenia radicada en Georgia. Mucho tiempo antes de entrar en la mítica escuela de cine de Moscú (VGIK), trabaja en una fábrica de juguetes; quizás su amor por el coleccionismo y la fabricación de objetos vernáculos nacería en esta temprana edad. En 1948, le sale por primera vez al encuentro la represión: es arrestado y acusado de homosexualidad, considerado un crimen grave en la Unión Soviética. Gracias a la intervención de algunos amigos intelectuales favorecidos por el régimen, logra escapar a su primera sentencia. En esos años, se casa con una mujer tártara-moldava que es asesinada poco después por sus hermanos, quienes la acusaron de casarse fuera de su fe. Esta muerte marcaría profundamente a Paradzhánov. Después de terminar sus estudios de cine, dirige una serie de películas que, debido a su clásico estilo que hace parte del realismo socialista, son generalmente desestimadas por sus contemporáneos y por críticos posteriores. Sin embargo, estos filmes ya mostraban un fuerte interés por la representación de la cultura tradicional y la etnografía, que marcarían toda su producción ulterior.

En 1962, a los 38 años, su producción artística da un primer gran giro al ver La infancia de Iván de Andréi Tarkovski. Al parecer habría quedado tan impresionado por aquella obra maestra temprana del cineasta ruso que lo invitaría a su casa para conocerlo, organizando toda una puesta en escena para recibirlo, incluyendo una suerte de performance orientalista. Cierta o no, la anécdota revela el carácter performático del cineasta armenio, tanto en su cine como en su vida cotidiana, llegando incluso a dificultar la convivencia con su segunda esposa. Como sus amigos recuerdan, cada aspecto de su vida debía estar compuesto estéticamente. En las fiestas en su casa de Tbilisi, donde se encontraban Yves Saint-Laurent o Marcello Mastroianni, eran habituales los happenings, se ofrecían fuentes de vino con granadas y pululaban muchachos desnudos que rociaban agua desde los samovares sobre los invitados.

Fotograma de Ashik Kerib (1988)

Su primera gran obra sería Sombras de los ancestros olvidados (1965). Se trata de una fábula, narrada en dialecto hutsul, que realiza una transposición poética de la cultura de los montes Cárpatos, visualmente impactante gracias a la fotografía de Yuri Ilienko, quien experimentó con diversos materiales fílmicos (a color, en blanco y negro e infrarrojo) y algunas técnicas de solarización. La leyenda quiere que aquella colaboración habría sido tan difícil que Paradzhánov e Ilienko se retaron a un duelo, que por suerte no se llevó a cabo por razones climáticas. Durante el estreno de esta película un grupo de activistas protestaron contra la represión de la cultura ucraniana a manos de los soviéticos. El apoyo de Paradzhánov a esta protesta llamó de nuevo la atención de las autoridades. Años más tarde, en la cárcel, Paradzhánov declararía: “Soy un armenio, nacido en Georgia, sentado en una prisión rusa por nacionalismo ucraniano”.

Fotograma de Sombras de los ancestros olvidados (1965)

Su siguiente obra, Sayat Nová, como se conoció originalmente El color de las granadas (1968), es una de las películas más importantes de todos los tiempos. El filme es una libre adaptación de la vida del poeta y bardo armenio Harutyun Sayatyan, filmada en suntuosos y misteriosos tableaux vivants que oscilan entre una poética sutilmente erótica y la etnología y arqueología de la cultura armenia medieval. La idea original era hacer una serie de frescos ubicados en la época moderna. Pero enfrentándose a la censura soviética, que lo criticó por su “misticismo subjetivo de la realidad contemporánea”, decide ubicar la película en un pasado remoto, bajo la recomendación de su amigo y colaborador Víktor Shklovski. En 1967, Paradzhánov ya se había puesto de nuevo en el ojo del huracán al defender Andreï Rublev, censurada ese mismo año. Al año siguiente, mientras los tanques soviéticos aplastaban la primavera de Praga, su película se presentaba como una obscura parábola inaceptable para las autoridades. El autor armenio es acusado entonces de pornografía, misticismo y de distorsionar la imagen del famoso poeta, considerado un tesoro nacional. La película es censurada y finalmente reeditada sin su permiso por Serguéi Yutkevich, autor oficialista que realizó una serie de películas en honor a Lenin.

Fotograma de El color de las granadas (1968)

A partir de 1969, Paradzhánov ya está inscrito en la lista negra del régimen. Se le prohíbe filmar por completo. En 1973, mientras visita Kiev, es arrestado injustamente por cargos de homosexualidad, pornografía y violación. De hecho, una de sus supuestas víctimas, el hijo de un diplomático ucraniano, se suicidaría a causa de las presiones de los fiscales. Ese mismo año, Paradzhánov es sentenciado a cinco años de reclusión en un campo de trabajo. El fiscal Makashov declararía durante el juicio: “Mereces un año de cárcel, pero voy a tratar de darte cinco. Durante estos años vamos a destruirte”. En el campo de trabajo, Paradzhánov es torturado sistemáticamente y vive en una gran miseria. Sin embargo, comienza una actividad plástica que lo acompañaría hasta su muerte. En condiciones infrahumanas trabaja incansablemente en diversos collages (a los que él llama “películas comprimidas”) y en pinturas abstractas. Finalmente, gracias a la intervención del poeta Louis Aragon, que le pide directamente ayuda a Brézhnev, la libertad le es otorgada en 1977, aunque con la prohibición de vivir en Moscú, Kiev, Ereván y Leningrado (la actual San Petersburgo).

Serguéi Paradzhánov, La conserva de nueces de la abuela, collage, 1986.

En 1982, Paradzhánov se encuentra por última vez en Tbilisi con su amigo Andréi Tarkovski, quien escribiría en su diario: “¡Serezha Paradzhánov es increíble! Encantador, inteligente, sensible, delicado. Vive en condiciones terribles […] no tiene agua, ni gas, ni donde bañarse y está enfermo”. Ese mismo año es arrestado de nuevo bajo cargos fabricados de soborno. Pasa otros nueve meses en prisión  y su liberación se lograría gracias a la presión internacional y al apoyo de amigos como Tonino Guerra. Entre 1984 y 1988, con la llegada de la Perestroika, Paradzhánov filma sus últimas dos grandes obras. La leyenda de la fortaleza Suram (1985) está inspirada en un mito georgiano y constituye una misteriosa parábola acerca del poder y del sacrificio. Ashik Kerib (1988)se desarrolla en el corazón de la cultura azerí y narra la historia de un poeta perseguido que triunfa sobre un despótico sultán gracias a su arte. Basada en un cuento del escritor romántico Mijaíl Lérmontov, esta película fue dedicada a su compañero de viaje desaparecido, Tarkovski. En 1989, durante el primer día de rodaje de Confesiones, una película autobiográfica inacabada, Paradzhánov descubre que tiene cáncer de pulmón. Lo tratan en París en la misma clínica que Tarkovski tres años antes. Muere el 21 de julio de 1990 en Ereván, Armenia.

Fotograma de La leyenda de la fortaleza Suram (1985)

La historia de Paradzhánov, o Sarkis Paradjanian, es la de la libertad en contra de la muerte, donde el arte significa una victoria absoluta. El caso reciente de Oleg Sentsov nos recuerda hasta qué punto la censura en Rusia hoy en día parece haber destapado aquellos viejos demonios. Si bien su único filme, Gamer (2011), no es un filme político, la proyección de su cine se ha convertido en un acto político. El 3 de septiembre de 2015 una proyección en San Petersburgo recibió amenazas de oficiales del gobierno así como de activistas de ultraderecha que aún así no lograron detener el evento. Al momento de su arresto, Sentsov estaba por filmar su segunda película, la cual debió llamarse Rhino. En vez de eso se encuentra en el círculo polar, rehusando alimentos y las visitas de sus familiares, preparándose para lo peor. Y nosotros del otro lado vemos, como dice el gran crítico Anton Dolin, que es un hombre internamente libre, aún en la situación más desesperada.

 

Martín Molina Gola y Mariya Nikíforova
Cineastas.