El 10 de mayo se estrenó Hombre al agua, la nueva película dirigida y protagonizada por Eugenio Derbez. En la siguiente entrevista, el actor —que recientemente se ha visto envuelto en la polémica por partida doble— relata el periplo que lo llevó de ser un comediante amado y cuestionado a partes iguales, a convertirse en el director más taquillero de nuestro país.


Fotos: Cortesía Videocine


El cómico que lo dejó todo

Desde pequeño, Eugenio Derbez (Ciudad de México, 1961) mostró gusto por la actuación y se inició como extra en telenovelas. Su éxito llegaría hasta finales de los noventa con programas como Al derecho y al Derbez, Derbez en cuando y La familia P. Luche, que lo convirtieron en un referente de la comedia nacional. En medio de esos éxitos, el actor tuvo un sueño: llevar a la pantalla la historia No se aceptan devoluciones escrita por él; sin embargo, a pesar de que tanta gente lo apoyaba como actor, nadie creía en él como director.

“De entrada yo nunca pensé en dirigirla, sentía que era demasiado. Me acerqué a varios directores: Rodrigo García, Gustavo Loza, Luis Mandoki —que estuvo a nada de dirigirla y participó en todo el proceso—, y así te podría dar varios nombres, pero como no se conseguía el dinero, no pasaba nada. Un día Mandoki se sale del proyecto —no podía seguir esperando más—, y me dice Mónica Lozano (la productora): ‘Dirígela tú; nadie la conoce mejor y llevas tantos años trabajando en ella que no hay nadie mejor’. Yo me moría de miedo, pero acepté el reto ¡y entonces las cosas se pusieron peor!, porque la gente quiso invertir menos en la película, decían que cómo podía haber una cinta protagonizada y dirigida por Derbez, ¡por Ludovico Peluche!”

A pesar del rechazo, después de batallar 12 años, Derbez sacó a flote ese barco. “Había mucha gente que me decía: ‘Claudica ya. Suelta. Ya no fue’. Pero yo me negaba a dejarla, es una historia que quería contar, aunque me muriera, y estuve decidido a contarla bajo cualquier circunstancia. Hubo momentos donde sentimos que no podíamos más, porque pasó por mucha gente de la industria y todo mundo me daba notas, aunque creo que gracias a eso el guion es sólido, porque pasó por muchas manos. Al final se conjugaron la determinación, las ganas de hacerla y de no traicionar a la idea original; llegó un momento, cuando llevábamos 6 años de proceso, que 20th Century Fox Estados Unidos decide financiarla pero con la condición de que le cambiara el final; decían que no había modo de que en una película, por lo menos en Hollywood, se muriera la protagonista, una niña de seis años. Yo les dije: ‘Pero la película se trata de eso’, e insistieron: si le cambias el final, producimos la película. Entonces imagínate la decisión para mí, a nada de conseguir un gran estudio en Estados Unidos; pero lo valoré y lo puse en una balanza: ‘¿Qué quiero, hacer una película con la visión de alguien más, o hacer la película en la que yo creo?’. Decliné la oferta, y fue muy difícil, pero creo que tomé la decisión adecuada”.

Una vez conseguido el financiamiento, durante el rodaje, Derbez tuvo incontables momentos complicados, pues al inicio ni su propio equipo creía en él como cabeza de proyecto. “El simple hecho de llegar al set, el primer día, fue dificilísimo. Como era la primera vez que dirigía una película, sentí, desde ese primer momento, que no había ningún tipo de respeto; fue muy duro darme cuenta que la gente de la producción, quienes estaban trabajando conmigo, ni siquiera habían leído el guion. Me daban ganas de tirar la toalla, pero en la noche llegaba a mi cama y decía: ‘No me van a ganar; les voy a demostrar que sí puedo’; me deprimía, pero al ratito agarraba fuerzas otra vez. Fue un proceso muy lindo irme ganando el respeto de la gente día a día, porque empecé a darme cuenta cómo el staff se iba enamorando de la película, en gran parte, por el amor y la pasión que veían que yo le ponía a cada toma, a cada escena, por cómo conectaba yo con la niña… Fue muy lindo ver esa transición.

Un éxito sin precedentes… y un enorme peso sobre los hombros

No se aceptan devoluciones se convirtió en la película mexicana con la mejor taquilla de la historia (600 millones de pesos), y su éxito se replicó en el extranjero, pues en Estados Unidos superó a El laberinto del fauno como la película en español más taquillera de la historia (44,467,206 millones de dólares). Los resultados de esta película cambiarían, para siempre, la vida de Derbez. “Nisiquiera tengo las palabras para describirte lo que significó en mi vida… fue un parte aguas, como si me hubiera muerto el día que se estrenó y hubiera vuelto a nacer en el cuerpo de otra persona. Cambió todo y en todos los ámbitos de mi vida: gracias a esa película me animé a ser papá otra vez; gracias a ella me salí de mi zona de confort y me fui a Estados Unidos a intentar la carrera que estoy haciendo hoy; gracias a esa película amanezco cada día en un país ajeno, lejos de todo; porque yo estaba acostumbrado a tener mi casa en México, mi equipo, mi oficina con gente con la que había trabajado 20 años haciendo programas en Televisa, cerca de mis hijos, y dejé todo por esa película. Ahora amanezco en una casa nueva, en un país nuevo, con una oficina nueva, con un idioma nuevo, y con una familia nueva (se convirtió en padre por cuarta ocasión). De verdad sentía que estaba en otro cuerpo, como si estuviera viviendo la vida de otra persona de lo diferente que era todo. Le debo mi vida entera a esa película.”

Ser el mexicano con la cinta más taquillera de la historia por supuesto que ha sido un privilegio, pero también una responsabilidad que por momentos se ha vuelto compleja. “Es una losa que no es fácil de cargar, por un lado obviamente es una bendición, pero por otro dices ‘¡pérame!’. Porque todo el mundo está siempre a la espera de ‘a ver, rompe tu récord, a ver si tu siguiente película es tan buena, a ver si la supera’. Las comparaciones son inevitables y siempre tengo el peso de la taquilla encima, y eso no me gusta, a mí me gusta hacer películas porque la historia está padre, porque quiero contar esa trama; pero desgraciadamente la taquilla para la industria es importantísima, todo se convierte en dinero.

Hombre al agua: un remake y un salto a lo incierto

Hombre al agua, la película que Derbez estrena esta semana, es el remake de Overboard, la famosa comedia de 1987 protagonizada por Goldie Hawn y Kurt Russell. Y es que después del éxito de No se aceptan devoluciones a Derbez le dieron carta abierta en diferentes estudios para realizar un remake; y eligió esta, pero con un twist: invertir los roles para que el millonario fuera el hombre y la humilde empleada la mujer. “Decidí cambiar los papeles porque siempre he luchado por romper los estereotipos de los latinos; cuando te ven latino siempre te ‘castean’ como el criminal, el narcotraficante, el jardinero… entonces cuando en MGM me dieron la oportunidad de coproducir con ellos, y de adaptar el guion, invertimos los papeles para que el mexicano no fuera el pobre y el fregado, sino el multimillonario. Creo que quedó muy bien y así hay menos comparaciones con Goldie y Kurt.

Hombre al agua representa la segunda incursión de Derbez como productor en Estados Unidos luego de Cómo ser un Latin Lover, retos que ha tomado con calma y con la satisfacción de haber logrado otro sueño: conquistar Hollywood. “Continuamente estoy buscando el tiempo para todo, además de ser más selectivo y no aceptar todo lo que me llega para poder estar más tiempo con mi familia. Porque sí me preocupa, siento que de repente estoy metido en demasiadas cosas, pero a la vez, ¡nunca en mi vida se me habían abierto tantas posibilidades! y menos en el mercado americano. Nunca me imaginé que, a estas alturas de mi vida y de mi carrera, se me fueran abrir tantas puertas”.

Desde que trabajaba en televisión, Derbez hizo la veces de guionista, productor y director, pues para él, de ser posible, es importante involucrarse en todos los aspectos de un proyecto. “Creo que es la única manera de realmente cumplir la visión de una película, porque como actor a veces te pasa que te enamoras de un guion, pero de repente cuando la película ya está terminada no es lo que esperabas; en ocasiones la película está bien escrita pero a la hora de filmarla no le entendieron al corazón del guion, o el mensaje puede perderse en la filmación, en producción, o durante la edición… Me gusta hacer mis guiones, producir mis proyectos, y cuando puedo, trato de dirigirlos; es la única manera de poder llevar un proceso desde su creación hasta el final, sin que se pierda la esencia y sin que se convierta en algo que no era lo que querías.”.

No obstante, ni teniendo las riendas del proyecto el actor puede separarse de los intereses de la industria. “Hollywood es una industria que está llena de tiburones y es una industria que se rige por el dinero. Yo quería tomarme mi tiempo para hacer otro tipo de cine, un poco más profundo. A veces me siento como los cantantes que quieren cantar cierto género, pero la disquera los lanza al pop aunque no quieran. Ha sido muy difícil, como productor, desarrollar proyectos que me llenen, pero también sé que de repente tengo que ceder un poco para continuar en esta industria.

Cómo ser tu mayor juez

Desde joven, y pese a la renuencia de su padre, antes de cumplir 15 años Derbez ya había tomado clases de piano, acordeón, órgano, guitarra, batería, canto y ballet para después estudiar actuación y empezar como extra en telenovelas y luego protagonizar programas unitarios en los ochenta. Hoy, casi 40 años después, es uno de los rostros más conocidos y queridos de México, aunque él mismo siga siendo su mayor juez, y a veces, detractor. “Soy un juez muy duro, si yo me sentara a decirte lo que pienso de mí mismo ufff, te mueres, porque me destrozo… No estoy a gusto nunca con nada; no es que no me guste, pero siempre me digo: ‘Pudiste haberlo hecho mejor, pudiste haberlo hecho diferente, eso se parece a…’, me noto mil cosas”.

Derbez reconoce que ser exigente siempre ha sido parte de su forma de ser, aunque ahora que está incursionando en un país (y un idioma) diferente, ha tenido que relajarse. “Siempre he sido muy duro, pero siento que tampoco debo ser tan exigente conmigo en este momento porque estoy incursionando en un idioma diferente, tratando de competir con grandes figuras. Al hacer comedia en Estados Unidos estoy compitiendo directamente con Adam Sandler, Ben Stiller, Will Ferrell, quien quieras… y pienso que no tengo la capacidad que ellos tienen, así que lo primero que tengo que hacer es tratar de ser yo mismo antes de experimentar. De repente tengo ganas de hacer algo diferente y me digo: ‘Espera, primero pronuncia bien el inglés, memoriza, ve poco a poco; luego empiezas a elaborar’. Si ahorita cambio mi estilo, igual y no funciona… entonces se trata de hacer la versión más chistosa de mí mismo porque estoy incursionando en un nuevo mercado y en un idioma con el que no me siento tan cómodo como en español”.

Hasta ahora Derbez ha podido superar todos sus retos. Falta ver los resultados de Hombre al agua, aunque nada indica que no pueda volver a lograrlo.

 

Mariana Mijares
Crítica de cine.