Dark o la maravilla del tiempo circular

Las ideas de extraordinarios pensadores del tiempo se perfilan en varios momentos de Dark, formidable producción de diez episodios estrenada el pasado mes de diciembre en Netflix.

Dirección: Baran bo Odar, Nikolaus Summerer, Jantje Friese.
Guión: Jantje Friese.
País: Alemania.
Elenco: Louis Hofmann, Maja Schöne, Angela Winkler.
Productora: Wiedemann & Berg Television.
Distribuidora: Netflix.
Año: 2017.

 

Quien ha mirado lo presente ha mirado todas las cosas: las que ocurrieron en el insondable pasado, las que ocurrirán en el porvenir.
—Marco Aurelio, Reflexiones

Yo imaginé hace un tiempo un cuento fantástico a la manera de León Bloy: un teólogo consagra toda su vida a refutar a un heresiarca; lo vence en intrincadas polémicas, lo denuncia, lo hace quemar; en el cielo descubre que para Dios el heresiarca y él forman una sola persona. Marco Aurelio afirma la analogía, no la identidad, de los muchos destinos individuales. Afirma que cualquier lapso —un siglo, un año, una sola noche, tal vez el inasible presente— contiene íntegramente la historia.
—Jorge Luis Borges,  “El tiempo circular”

¿Quién de nosotros, en un breve momento de lucidez o fantasía, no ha tenido la leve impresión de haber vivido una situación idéntica en el pasado, o que vivirá dicha situación en un momento dado del futuro? Tales presentimientos, que desde la psicología se ha dado en llamar déjà vu (ya visto) o déjà vécu (ya vivido), y desde la filosofía se asimilan al eterno retorno, constituyen la principal directriz de la serie alemana Dark, una formidable producción de diez episodios estrenada el pasado mes de diciembre en Netflix. Ahora bien, ¿por qué esta serie se desmarca de otras propuestas reconocidas en la cinematografía tradicional? Quizás su origen germánico arroje alguna luz al respecto.

La obsesión por los ciclos temporales ha estado anclada en el pensamiento alemán desde la ilustración. En la teología racionalista y optimista de Leibniz, por ejemplo, Dios es un viejo relojero que pasa sus días ajustando los engranajes de la realidad —hasta su más nimio detalle— para que la mayoría de posibilidades se realicen y produzcan como resultado “el más perfecto de los mundos posibles”,1 que es el mundo en el que vivimos.

Nietzsche, en cambio, suele ser identificado a la idea de un tiempo cíclico que se repite sucesiva y necesariamente en la historia, idea formulada por los pitagóricos muchos siglos antes.2 Por el contrario, el filósofo alemán pregona la posibilidad de un retorno de lo mismo en la existencia del “Superhombre”, un ser que ha vivido con tal frenesí e intensidad que la sola contingencia de volver a repetir los mismos acontecimientos le resulta maravillosa y deseable.3 Por la misma senda, Heidegger afirma a su manera la vinculación subjetiva del tiempo en la experiencia del ser, del individuo: “El único tiempo que existe es el tiempo en nosotros, el tiempo de la experiencia humana; hablar de un tiempo externo es confundir tiempo con espacio”.4 Sobre el tal principio coincide el “fenómeno de la dilatación del tiempo”, adscrito a la teoría de la relatividad de Albert Einstein. Según dicho principio, dos relojes idénticos pueden marcar el tiempo menos o más rápido si su portador se encuentra en movimiento constante o no.5

De alguna manera, la presencia de estos extraordinarios pensadores del tiempo se perfila en varios momentos de Dark, y lo interesante es que, aún sin tener una relación directa con ellos, la serie logra abarcar estas ideas en un universo que se debate entre lo policíaco y la ciencia ficción. Es muy común escuchar que el pasado determina el presente y el presente, a su vez, determina el futuro. Sin embargo, la dinámica inversa, la influencia del presente sobre el pasado y del futuro sobre el presente, nos resulta, desde nuestra plana concepción temporal, nula. “El ayer, el hoy y el mañana no son consecutivos. Están conectados en un círculo sin principio ni final”, intriga una voz en off al comienzo del primer episodio.

En términos de atmósfera, domina el spleen alemán, los colores tristes y unos cuantos saturados que articulan una poética de lo extraño ubicada entre la obra de David Lynch y David Fincher. La neblina se expande por escenarios oníricos y lúgubres que recuerdan los mejores cuadros románticos de David Friedrich, los aires indelebles del folklor germánico omnipresente en los cuentos de los hermanos Grimm y un diseño de interiores que parece calcado de la fotografía del estadunidense Gregory Crewdson.

En este telón de fondo, la llegada de temas como el doble —que vemos ilustrado en una escena donde el maestro de secundaria explica a sus alumnos la figura del Döppelganger6 y en los paralelismos que muestran la fotografía de un personaje en el pasado junto a su alter ego en el presente—, el espejo o la minuciosa simetría son pertinentes y enriquecedoras para el universo visual de la serie.


La serie está ambientada en tres épocas diferentes bajo una manufactura impecable.

¿Dark vs. Stranger Things?

Desde luego, la relación entre Dark y Stranger Things es inevitable. Grandes producciones, gran presupuesto, ambientación exclusivamente diseñada para ambos shows. Llegan casi al mismo momento, si bien Jantje Friese escribió Dark hace más de tres años y el proyecto comenzó a producirse hace dos. En materia de trama, la inexplicable desaparición infantil juega un papel fundamental, así como la existencia de mundos paralelos y desconocidos que desarrolla una intriga en la cual los niños y los jóvenes tienen un rol tan determinante como los adultos. El culto de los años ochenta  en las dos producciones es evidente pero su importancia es mucho mayor en Stranger Things —que depende mucho de esta nostalgia para cautivar, mientras que en Dark los ochenta son un pasado abierto y tan incierto como el futuro, al cual está conectado y sobre el cuál ejerce una influencia crucial.No obstante, si en la serie de los hermanos Duffer el público responde a un rango bastante amplio, es claro que en Dark los adultos disfrutarán y entrarán más fácilmente a la historia planteada por la pareja Baran bo Odar y Jantje Friese.


Jonas, protagonista de la serie, se encuentra con su propio yo, proveniente del futuro (probablemente del 2052, atendiendo a las franjas de 33 años que separan cada línea temporal).

¿Y Chernóbil?

Por otra parte, el trauma histórico alemán frente a las catástrofes nucleares queda expuesto en la serie. El fascinante pueblo de Winden, ubicado muy cerca de la campiña francesa, evoca una suerte de Chernóbil, lugar que en 1986, mismo año en el que se desenvuelve uno de los hilos temporales de la serie, vio el estallido de su enorme central nuclear, lo cual supuso el éxodo de más de diez mil personas y significó la segunda crisis de radioactividad más fuerte que ha conocido la humanidad.

Así pues, esta primera producción alemana de Netflix invita a descubrir otro tipo de series, un grupo de producciones que, desde hace más de diez años, se ubican más dentro del registro cinematográfico que del televisivo, y sobre todo que abren la posibilidad a hablar de una obra de autor como ya la hemos visto tantas veces en el cine, y que la crítica ha restringido a este campo. Además, el sorprendente final de la primera temporada y la confirmación (¿o promesa?) de una segunda entrega para final de año por parte de Netflix despiertan por completo nuestro entusiasmo y expectativa.

Camilo Rodríguez
Consejero editorial en Éditions Maison des Langues.

Twitter: @Cajme.


1 (…) y el sistema de una armonía que Dios ha preestablecido en los cuerpos para hacer que respondan por sus propias leyes a los pensamientos y voliciones de las almas. Pero era preciso tener en cuenta que esta causa no inteligente que produce tan buenas cosas en las semillas y en los gérmenes de las plantas y de los animales, y que produce las acciones de los cuerpos según la voluntad lo ordena, ha sido formada por las manos de Dios, que es infinitamente más hábil que un relojero, el cual, sin embargo, hace máquinas y autómatas que son capaces de producir efectos bastante buenos, y como si tuviesen inteligencia.” En: Leibniz, Gottfried, Teodicea: ensayos sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal, Salamanca, 2003.

2 Borges, Jorge Luis, Historia de la eternidad, Editorial Emecé, 1993.

3 “Ahora muero y desaparezco, dirías, y dentro de un instante seré nada. Las almas son tan mortales como los cuerpos423. Pero el nudo de las causas, en el cual yo estoy entrelazado, retorna, – ¡él me creará de nuevo! Yo mismo formo parte de las causas del eterno retorno. Vendré otra vez, con este sol, con esta tierra, con este águila, con esta serpiente – no a una vida nueva o a una vida mejor o a una vida semejante: – vendré eternamente de nuevo a esta misma e idéntica vida, en lo más grande y también en lo más pequeño, para enseñar de nuevo el eterno retorno de todas las cosas, – – para decir de nuevo la palabra del gran mediodía de la tierra y de los hombres, para volver a anunciar el superhombre a los hombres.”
Nietzsche, Friedrich, Así hablaba Zaratustra, [El convaleciente, II, p. 138].

4 Santana, Javier, Heidegger: tiempo y finitud.

5 Witze, Alexandra, “Científicos verifican la ‘dilatación del tiempo’ propuesta por Einstein”, en Scientific American.

6 Doppelgänger es una palabra en alemán antiguo que define el doble fantasmagórico de una persona viva. Etimológicamente, la palabra proviene se divide en: doppel, que quiere decir “doble” y gänger, que significa “andante”.

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Publicado en: La caja ilustrada