Al alcance de un simple clic los neurasténicos redactores de esta sección hallaron un archivo prohibido durante siglos, recién digitalizado; también algunas obras feministas que reconstruyen la figura de la bruja; y finalmente una curiosa lista.

Un archivo liberado

A principios de mes, la empresa editora Gale (rama de Cengage), que ofrece todo tipo de soporte a bibliotecas, completó la tercera parte de su acervo “Archives of Sexuality and Gender”, con ayuda de la British Library, el Kinsey Institute y la Academia de Medicina de Nueva York. El proyecto de acervo digital agrega ahora cerca de un millón de páginas y cinco mil monografías de contenido de las salas reservadas y de acceso restringido, que se expande del siglo XVI al XX. Abarca puntos de vista como la construcción médica y legal de las sexualidades y el advenimiento de la sexología; la moral y la religión frente al sexo y la prostitución; la censura, el papel que sexo y género jugaron en su respectiva sociedad y cómo fueron evolucionando a lo largo de los siglos; o la forma en que la noción de obscenidad fue cambiando. Un recorrido por algunos de esos materiales aquí.

Frontispicio que ilustra la Lista de mujeres de Covent Garden de Harris, 1793. Imagen: cortesía de la British Library.

La “caja privada” que ofrece la British Library contiene frutos prohibidos, encerrados bajo llave desde 1850 con la etiqueta de “obscenos”, que van desde un directorio de trabajadoras sexuales del siglo XVIII en el área de Covent Garden —que incluye notas sobre la práctica y las preferencias de cada mujer— hasta manuscritos del Marqués de Sade o los ingenios literarios de los autores con pseudónimo —como Roger Pheuquewell— que participaban en los libros de Merryland (publicados por primera vez en 1740). El primer libro de la colección Raras verdades: el gabinete de Venus abierto, y sus secretos revelados es una reliquia de 1658. También aparecen otras joyitas primerizas como Fanny Hill o de una mujer de placer, la primera novela pornográfica en inglés, del siglo XVIII; o Tenely o El otro lado de la muralla atribuida a Oscar Wilde y a sus allegados, que constituye una de las primeras novelas homosexuales. Hay mucho por explorar en este archivo de libre acceso, pero eso sí, limitado a investigadores, profesores y bibliotecarios a los que Gale permita la entrada.

Historia de las brujas

En la hora del #MeToo y de la tercera ola feminista, la figura de la bruja está en plena reivindicación. Desde los años 70, el eslogan de las feministas italianas “¡Tiemblen, tiemblen, las brujas están de vuelta!” ya había recuperado ese estigma de la Edad Media, esa persecución que ahora se está tipificando como un feminicidio masivo al buen estilo leguleyo y atroz de la Santa Inquisición. Según Le Monde, al menos en Francia el fenómeno de asimilación entre brujas y feministas tiene un síntoma clarísimo: el libro de la ensayista y periodista Mona Chollet Sorcières. La puissance invaincue des femmes [Brujas. El poder invencible de las mujeres] que apareció el pasado invierno ha vendido ya más de 75 mil ejemplares, en una editorial, Zones, acostumbrada al ensayo filosófico a y a la Teoría Crítica. Para Chollet la imagen de la bruja es la de la víctima absoluta, la que suscita los mayores reclamos de justicia en su sociedad, la rebelde que se obstina, que subvierte el orden político y religioso con prácticas paganas y desarrolla otras formas de espiritualidad. Su estudio se centra en definir no solo el uso peyorativo de la imagen sino la verdadera identidad de las mujeres perseguidas en la Edad Media. Varios colectivos, grupos de teatro y de performance retoman ahora la figura de la mujer maléfica, se la apropian y la adaptan a los nuevos tiempos (entre ellos, como símbolo queer).

El bestseller de Chollet ha provocado que se vuelva a leer la reedición de Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación (1ª ed. 2004, traducida al español en Traficantes de Sueños, 2010) de la académica italiana Silvia Federici. Es un análisis histórico sobre cómo los estados modernos, durante el final de la Edad Media y el Renacimiento, se apoyaron en la cacería de brujas para controlar el cuerpo femenino y someterlo al orden de la producción; una tesis, en suma, sobre las causas históricas de esa forma de opresión femenina en los cimientos del capitalismo moderno.

El placer de los libros usados

A continuación las cosas que la escritora Jane Stern encontró en libros de segunda mano (que compra con absoluta e irresponsable voracidad) o en libros que debía “limpiar” cuando de estudiante trabajaba en el sótano de la biblioteca de Yale:

• una multa de tránsito de Seattle por cruzar la calle imprudentemente.
• el comprobante de equipaje de un vuelo a París.
• una lista de quehaceres que incluía “recoger el látigo” y “explicar la cremación”.
• boletos de entrada al musical de Broadway Hamilton.
• un cheque al portador de 375,15 dólares (que nunca quise ir a cobrar).
• 12 sobrecitos de Kool-Aid en un libro de Oliver Sacks sobre la migraña.
• copias de recetas de embutidos.
• una lista de asistentes a reuniones de Alcohólicos Anónimos.
• la letra del himno (“The Star Spangled Banner”) garabateado por la mano arácnida de alguien muy viejo o demasiado joven.
• un pedazo de papel donde estaba escrito “Stop me” entre las páginas de The camera That My Mother Gave Me de Susanna Kaysen (un lamento literario por los problemas vaginales crónicos de la autora misma).
• listones de participación para un evento deportivo de sexto grado, y un listón de tercer lugar de una exposición canina de un pueblo pequeño.
• rastros de mucosidades y fluidos humanos (de todo tipo, con la precisión de que los libros más secos que un hueso eran los de teoría económica o los de crítica literaria del siglo XVIII).
• en raras ocasiones hay fotos: suelen ser Polaroids de vistas borrosas o retratos de la era pre-selfie. Los retratos son poco halagadores.

Definitivamente, dice la autora, hay veces en que estas curiosidades insertas en los libros son mucho mejores que los libros en sí.

 

Fuentes: Clarín, El Mundo, British Library, Gale, The Paris Review.