En todo el orbe gobiernos autoritarios de derecha atentan contra la libertad académica. La reciente expulsión de la Universidad de Europa Central de Hungría a manos del gobierno de Viktor Orbán es un episodio más.

El reciente desplazamiento de la política global hacia la derecha ha puesto a los estudios críticos en una situación precaria. Tanto los que investigan género y raza como los dedicados al Medio Oriente corren peligro. En Hungría, el crecimiento exponencial de la derecha con Viktor Orbán  en el poder desde 2002 ha significado un ataque frontal a la libertad académica. Entre las acciones emprendidas por su gobierno tradicionalista, católico, autoritario, abiertamente xenófobo y antifeminista está la expulsión del país de la Central European University (CEU), la desacreditación húngara de los programas de estudios de género y la consecuente clausura del departamento de género de Eötvös Loránd Tudományegyetem [Universidad Eötvös Loránd] (ELTE), así como la privatización de la universidad pública Corvinus.

El caso de la CEU ha atraído la mayor atención mediática internacional. Se trata de una institución de estudios de posgrado acreditada tanto en Hungría como en Estados Unidos que fue fundada por el filántropo George Soros en 1991. Está comprometida con la reproducción de los valores de las sociedades abiertas a nivel internacional y con el pensamiento crítico y autoreflexivo. La CEU busca la construcción de sociedades democráticas que respeten los derechos humanos y la dignidad humana, y representa todo lo que el proyecto de nación de Orbán quiere erradicar en su territorio. Desde 2016, el gobierno húngaro cuestionó la legalidad de la institución desatando 20 meses de ataque político en su contra. A finales de octubre de este año, el rector de la universidad, Michael Ignatieff, informó del ultimátum que la CEU le dio al gobierno de Orbán para que reincorporara a la universidad en el sistema educativo húngaro.

En este contexto, estudiantes de las tres instituciones previamente mencionadas se organizaron en una movilización de la sociedad civil húngara y extranjera residente en Budapest bajo el nombre de “Students4CEU” (“Estudiantes por la CEU”). El sábado 24 de noviembre, los más de 40 organizadores convocaron a una marcha donde miles de individuos de diversas nacionalidades protestamos por la libertad académica. Hemos marchado más de 10 veces en el último par de años sin resultado aparente, así que la coalición de estudiantes decidió hacer más ruido está vez, extendiendo la protesta durante una semana y organizando un plantón en Kossuth Janos Tér, la plaza más famosa e importante del país, con la intención de abrir el diálogo sobre la situación de la libertad académica en Hungría. Esta movilización llegó a más facciones de la sociedad y se emparejó con la lucha de los obreros húngaros a quienes el gobierno de Orbán les aumentó la jornada laboral sin un alza recíproca en el salario.

Entre las actividades de #OccupyKossuth (#OcupemosKossuth), Students4CEU organizó una “universidad libre” (#SzabadEgyetem en húngaro) que toda la semana se dedicó a dar clases, conferencias, a proyectar películas y proponer actividades artísticas en las tiendas de campaña que resistieron a las frías noches del otoño en Budapest. La mayoría de los departamentos de la universidad participaron de una forma u otra, pero el Departamento de Género al que pertenezco sostuvo un importante número de clases en las instalaciones de la #SzabadEgyetem. A pesar de que los Estudios de Género en la CEU no se verán afectados porque su acreditación es norteamericana, tanto alumnos como profesores consideramos pertinente aliarnos para mostrar solidaridad con las compañeras de ELTE y en el nombre de los feminismos húngaros e internacionales.

Durante la #SzabadEgyetem la historiadora feminista norteamericana Joan Scott participó con una conferencia abierta sobre la libertad académica en Estados Unidos. En ella habló sobre su más reciente libro, Sex and Secularism, en el que esboza una respuesta convincente sobre las causas del ataque contra el género y los programas especializados en su estudio: la legitimación  de los gobiernos autoritarios contemporáneos reposa en la noción tradicional del género en tanto categoría biológica determinada por el sexo físico y esto reproduce la idea de que los hombres son superiores a las mujeres. Los ataques de Orbán, así como los de Putin, Trump o Bolsonaro, al movimiento por la igualdad entre los géneros, son parte de una estrategia política más amplia que busca erradicar el pensamiento crítico sobre las relaciones humanas y sus consecuentes sistematizaciones sociales, y las propuestas de cambio sobre cómo nos relacionamos.

En Hungría, esta batalla está prácticamente perdida. El pasado 3 de diciembre Ignatieff llamó a una asamblea donde se confirmó que la CEU deberá dejar el territorio húngaro. Se abrirá un nuevo campus en Viena, donde tomarán clases los alumnos de nuevo ingreso. La CEU está llamando el ciclo escolar del 2019-2020 un “año de transición”, durante el cual los estudiantes y profesores de la institución deberán moverse constantemente entre Viena y Budapest.

Es una situación escalofriante, pues la última vez que una universidad fue expulsada de un territorio europeo fue en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. La experiencia histórica del siglo pasado nos había hecho pensar que el resurgimiento de los gobiernos autoritarios de derecha era imposible, pero, como escribió Hannah Arendt en 1963 en el epílogo de Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal: “en la historia lo que no tiene precedente, una vez que ha aparecido, se convierte en precedente para el futuro”.

Las movilizaciones estudiantiles y de la sociedad civil por la libertad académica en Hungría, Estados Unidos, Colombia, Brasil, Turquía, Rusia y el mundo entero son acciones invaluables y necesarias para reproducir los valores de las sociedades democráticas. La libertad de pensamiento y de enseñanza son pilares de este proceso, y deben ser defendidos. Aunque las cosas no cambiaron tras la ocupación de Kossuth Janos Tér, la toma de acción y las diversas formas de resistencia ante los gobiernos autoritarios siguen siendo nuestra responsabilidad como sociedad y como parte del alumnado global crítico, comprometido con los valores de un mundo libre y democrático.

 

Camila Ordorica Bracamontes
Estudió Historia en la UIA y actualmente cursa la maestría en Estudios de Género en CEU, Budapest.
Twitter: @ordorieich