El domingo 4 de noviembre de 2018 se cumplieron cien años de la muerte de Wilfred Owen, el arquetípico poeta inglés de la Gran Guerra. En una ironía devastadora, Owen murió en combate a los 25 años de edad, exactamente una semana antes del día del armisticio. Para recordarlo, ofrecemos una nueva traducción de “Dulce et Decorum Est”, su poema mayor, que retrata como ningún otro la brutalidad de esa guerra, de todas las guerras.

Sobre todo, este libro no se ocupa de Poesía. El tema es la Guerra, y la
compasión de la Guerra. La Poesía está en la compasión.
—Wilfred Owen, prefacio de un libro póstumo de poemas

Es inmensamente triste contemplar lo que Owen hubiera escrito si no
hubiera muerto sobre el campo de batalla.
— Harold Bloom

Wilfred Owen (1893-1918), impresión que acompañaba su libro de poemas de 1920.

 

En 1914, mientras en México la Revolución que había estallado en 1910 entraba en una nueva fase con la renuncia de Victoriano Huerta el 15 de julio, en Europa, el día 28 del mismo mes, comenzaba la “guerra para acabar con todas las guerras”. Se calcula que en la Revolución mexicana, entre 1910 y 1920, perecieron un millón de personas. Se estima que en el conflicto de 1914-1918 murieron 37 millones de seres humanos, entre combatientes y civiles. Para bien, para mal, rituales de sangre, horrores de la Historia, marcarían el inicio del siglo XX.

Pero, hablando de poetas, en 1913, en México, Ramón López Velarde comenzaba a publicar poemas que pronto integrarían La sangre devota (1916), alentado por José Juan Tablada. En Europa, Wilfred Owen —inspirado en Keats— escribía sus primeros versos, Minor Poems-in Minor Keys-by a Minor, mientras trabajaba como maestro cerca de Burdeos.

En 1915, habiendo estallado la guerra, Owen se alistó en el regimiento Artists Rifles —creado para escritores, pintores y creativos en general— y conoció ese mismo año la infernal degradación humana de la guerra de trincheras. Herido en una caída cuando buscaba a un compañero perdido, y luego afectado por neurosis de guerra, Owen acabó en un hospital en Escocia, donde trabó amistad con otro poeta, ya reconocido, también convaleciente, Siegfried Sassoon. Alentado por éste, Owen revolucionaría su estilo y su concepción de la poesía. Regresó a filas en agosto de 1918 como comandante de una compañía. Sería condecorado en octubre con la Cruz Militar, por actos de valentía, aunque la poesía que publicaba para entonces era antibélica: una denuncia compasiva de la crueldad de la guerra y del desperdicio sin sentido de tantas vidas. Owen creía, no equivocadamente, que el conflicto estaba por terminar. Pero fue herido mortalmente por una ráfaga de ametralladora alemana mientras encabezaba una incursión para cruzar un canal en el norte de Francia. Una semana después, en Shrewsbury, sus padres, Susan y Tom Owen, recibieron el telegrama de oficio informando de la muerte de su hijo, precisamente mientras tocaban las campanas del pueblo, festejando la firma del armisticio.

Su poema más famoso, “Dulce et Decorum Est”, toma su título de versos del poeta latino Horacio: Dulce et decorum est por patria mori: Dulce y decoroso es morir por la patria.

Hoy, quienes se acerquen a este poema quizás ignoren que tuvo varias versiones, y que, originalmente iba dirigido a una persona en particular: la periodista y versificadora inglesa Jessie Pope, muy popular durante la Gran Guerra por sus aleluyas belicistas. Pope alentaba a los jóvenes a alistarse, chantajeaba sus ánimos con consignas patrioteras, les ofrecía a los pacifistas la pluma blanca —símbolo de cobardía—, pero nunca mencionaba los horrores, ni la carnicería insensata de la guerra.

Jessie Pope y la portada de uno de sus libros.

Owen conocía de sobra las pesadillas del frente; por eso, en su primera versión, “Dulce et Decorum Est” iba dedicado a Jessie Pope. Posteriormente se publicó, dedicado “A cierta poetisa”, y a la postre, sería publicado sin dedicatoria alguna.

Soldados ingleses con varias máscaras de gas utilizadas en el Western Front. El episodio que narra el poema de Owen—un bombardeo con mortífero gas de cloro que cayó detrás de las líneas inglesas— ocurrió el 12 de enero de 1917.

Ofrecemos a continuación dos poemas de Jessie Pope, contrastando con la célebre réplica de Gilbert Owen.1

Poemas de ambos pueden leerse en inglés en Poem Hunter y Poetry Foundation.

§

JESSIE POPE

¿Quién le entra al juego?

¿Quién le entra al juego, el más grande que se juega,
El tremendo juego rojo de una pelea?
¿Quién enfrentará y cumplirá la faena sin miedo?
¿Y quién piensa que sería mejor quedarse sentadito?
¿Quién obedecerá las reglas esperando la señal de ‘¡Adelante!’?
¿Quién le tenderá una mano a su país?
¿Quién quiere asegurar su turno en el espectáculo?
¿Y quién quiere un asiento en las gradas?
¿Quién sabe que no será un picnic —no mucho—
Pero con entusiasmo carga rifle en bandolera?
¿Quién preferiría mucho más regresar con una muleta
Que mantener perfil bajo y perderse la diversión?
Vengan ya, muchachos —
Ya saldrán bien de ésta —
Porque sólo hay un camino a seguir,
Su país está hasta el cuello en una pelea,
Y los busca y los llama a ustedes.

 

El llamado

¿Quién se apunta para la trinchera-
Tú, mi chamaco?
¿Quién seguirá al francés-
Lo harás tú, mi chamaco?
¿Quién se impacienta por comenzar,
Quién va a salir a ganar?
¿Y quién quiere salvar su pellejo-
Tú, mi chamaco?

¿Quién se apunta para el traje caqui-
Tú, mi chamaco?
¿Quién ansía ir al ataque y disparar-
Tú, mi chamaco?
¿Quién quiere estar en buena condición,
Quién se propone mostrar su temple,
Y quién más bien preferiría esperar un poco-
Tú, mi chamaco?

¿Quién se ganará el agradecimiento del Imperio-
Lo harás tú, mi chamaco?
¿Quién engrosará las filas del vencedor-
Lo harás tú, mi chamaco?
Cuando venga esa procesión,
Estandartes y tambores redoblando-
¿Quién de pie se morderá los pulgares-
Serás tú, mi chamaco?

§

WILFRED OWEN

Dulce et Decorum Est

Encorvados, como viejos mendigos bajo costales,
Patizambos, tosiendo como arpías, maldiciendo cruzamos lodo,
Hasta que a las bengalas perseguidoras les dimos las espaldas,
Y hacia nuestro lejano descanso nos fuimos arrastrando.
Hombres marchaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas,
Pero cojeaban, calzados con sangre. Todos iban rengos, todos ciegos;
Borrachos de fatiga; sordos incluso a los silbidos
De obuses de gas cayendo suavemente atrás.

¡Gas! ¡GAS! ¡Rápido, chicos!—Un éxtasis de torpeza
Poniéndose las toscas máscaras justo a tiempo;
Pero alguien seguía gritando a voz en cuello y tropezando,
Y debatiéndose como un hombre entre fuego o lejía.—
Borroso a través de los vidrios nublados y gruesa luz verde,
Como bajo un mar verde, lo vi ahogándose.

En todos mis sueños sin remedio ante mi vista,
Se hunde hacia mí, escupiendo, asfixiándose, ahogándose.

Si en algunos sueños sofocantes, tú también pudieras caminar
Detrás de la carreta donde lo echamos,
Y vieras los ojos blancos retorciéndose en su cara,
Su cara colgante, como la de un diablo enfermo de pecar;
Si pudieras escuchar, con cada sacudida, la sangre
Brotar gargajeando de los pulmones corrompidos por espuma,
Obscena como cáncer, amarga como el bolo
De viles, incurables pústulas sobre lenguas inocentes,—
Amiga mía, no les contarías con tan alto gusto
A niños ardiendo por alguna gloria desesperada,
La vieja Mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor.


1 Owen, con Sassoon, su mentor, fueron solo dos de muchos poetas de la Gran Guerra. Entre ellos, Rupert Brooke (llamado años después por W.B. Yeats “el joven más apuesto de Inglaterra”) destacó en operaciones militares en Amberes, y murió a los 27 años, en 1915, rumbo a Gallipolli, por una sepsis derivada de un piquete de mosquito infectado. Isaac Rosenberg, pintor y poeta, murió a los 27 años durante un patrullaje nocturno, el 1º de abril de 1918. Edward Thomas pereció en combate, a los 39 años, en la Batalla de Arras, Francia, en 1917. Siegfred Sassoon fallecería a los 80 años, en 1967. Jessie Pope dejó este mundo en 1941, con 73 años. Hoy se le recuerda preferentemente por el apoyo innegable y combativo que le brindó a las sufragistas de su país (la mujer inglesa ganó el derecho a votar en 1928), pero es repudiada por sus malos —aunque muy populares— versos belicistas.