Cada verano, la Cineteca Nacional reúne un grupo de obras audiovisuales que se rigen bajo un mismo eje: ser las propuestas más radicales y vanguardistas de la cinematografía mundial. Como un evento único, el Foro Internacional de Cine (del 13 al 30 de julio) es una buena oportunidad para encontrar películas que difícilmente serán exhibidas en circuitos comerciales (incluso culturales) y que hablan sobre la diversidad de miradas desde todos los continentes.

Aunque es difícil hacer un listado sobre “lo mejor”, presentamos una segunda selección de títulos imperdibles. Las fechas y horarios de exhibición pueden consultarse en aquí.


Las entrañas de Brasil

Arábia (dir: Joao Dumans y Affonso Uchoa, 2017)

Imaginemos una vida que cuenta otra vida: este juego narrativo, aparentemente sencillo y didáctico, es el reto que asume este dúo de directores brasileños en Arábia, un bello recorrido por la vida de Cristiano (Aristides de Souza), un hombre sin hogar fijo que visita las entrañas de su país. Aunque parece una obra lineal, lo que hacen Dumans y Uchoa es develar los andares del protagonista a través de la mirada André (Murilo Caliari), un adolescente y vecino de Cristiano que encuentra unos manuscritos sobre sus aventuras.

Una vez que se entiende el juego metanarrativo, los temas y las preocupaciones de los directores quedan al descubierto cuando Cristiano es el vehículo para hablar sobre la pobreza y la injusticia en Brasil y, además, construir un personaje que rinde honor a la soledad de Camus y la curiosidad de Jonathan Swift. De la mirada de André a la mirada de Cristiano, el espectador conecta con las noches de celebración o los días de silencio, el cansancio y la ilusión de encontrar una vida mejor. Hacía el final de la película se filma uno de los mejores y más conmovedores monólogos del cine contemporáneo, uno que concentra la palabra, tal y como lo hace André en los diarios de Cristiano, cuando se sabe que la vida es un despojo y ni siquiera el amor podrá salvarnos.


Esas otras niñas

Virus tropical (dir: Santiago Caicedo, 2017)

Con toda la naturalidad y gracia de la animación, Caicedo desmenuza a la familia Gaviria: personajes sui generis (un papá, exsacerdote, por ejemplo) que migraron desde Colombia para vivir en Ecuador. Dentro de esta familia está Paola, la hija menor y protagonista de esta película que narra su relación familiar y los cambios en su entorno en la década de los 70, una en donde Latinoamérica vivía un sinfín de transformaciones.

Basada en la obra de la ilustradora Power Paola (un ejercicio autobiográfico), Caicedo no ambiciona estructuras complejas o un mundo fantasioso propio de la animación; por el contrario, su estilo formal construye desde la linealidad un sencillo y preciso apunte sobre la juventud femenina que vive entre la neurosis familiar y la compleja y cruel sociedad. Con frescura y humor seguimos a Paola en el ir y venir de sus padres y sus dos hermanas, de sus amores, sus fracasos y los primeros acercamientos al arte. Sin la pretensión aleccionadora, Virus tropical es esa otra cara de las niñas, las adolescentes y las mujeres que vivieron (y tienen que vivir) a su paso, sin guía y sin restricciones en un mundo que jamás podrá comprenderlas.


Muerte en Galicia

Treinta almas (dir: Diana Toucedo, 2018)

¿Qué sucede cuando morimos? Es quizá una de las preguntas que el cine más ambiciona responder. Con planos abiertos que observan la Sierra del Caurel, en Galicia, Treinta almas, el primer largometraje de Toucedo, sigue la voz de Alba (Alba Arias), una jovencita que parece cuestionar a su propia comunidad a través de su concepción de la muerte. Transitando entre los limites del documental y la ficción, la película logra por momentos materializar las reflexiones entorno a este tema gracias a la mirada sensible de la directora que captura los paisajes, los cielos, la luz y la oscuridad como pocos directores logran hacerlo.

Toda la complejidad de la curiosa Alba también regala un recorrido por las casas y las tradiciones de esta comunidad que, como observadores pacientes, le abren la puerta a esta narradora que parece gustar de ir de ficción a realidad cuando explora casas sin habitar que parecen resguardar las respuestas a todos sus cuestionamientos. Aún con un estilo por afinar, Treinta almas es un buen ejercicio sobre la idiosincrasia que rodea a los seres humanos.


Rincones de la Ciudad de México

Ayer maravilla fui (dir: Gabriel Mariño, 2017)

Segundo largometraje del director mexicano, Ayer maravilla fui inserta un interesante juego narrativo en las calles y los paisajes de la Ciudad de México: solo, viejo y cansado, Emilio (Rubén Cristiany) pasa sus días inmerso en una dinámica que consiste regar sus plantas, trabajar como carguero en un mercado y visitar a Luisa (Siouzana Melikian), una joven peluquera que parece compartir su hastío por la vida. A través de su mirada amorosa hacia Luisa, un buen día Emilio despierta convertido en Ana (Sonia Franco), una mujer joven que parece no tener nada, solo su amor hacía Luisa.

Con una cámara paciente en blanco y negro, planos abiertos y una predilección por los paneos, Mariño camufla a sus personajes en los rincones de la ciudad, un ocultamiento que hace que su día a día sea más familiar y más cercano al espectador, aun si los personajes dialogan sobre temas como la soledad y el amor. Cuando Mariño logra afianzar la historia de amor entre Luisa y Ana, ocurre otra transformación que pone sobre el escenario a Pedro (Hoze Meléndez), y coloca a la historia en esa fantasía tan recurrente sobre la memoria y la permanencia de los amores que trascienden en tiempo y espacio.


Siempre Lynch

Cabeza de borrador (dir: David Lynch, 1970)

Primer largometraje del mítico director estadounidense, Cabeza de borrador es una de las películas que se adentran con contundencia en las manías de Lynch: Henry Spencer (Jack Nance), el tímido protagonista, ve transformada su vida con la llegada de su hijo, un ser deforme al que tendrá que cuidar cuando Mary X (Charlotte Stewart), la madre, los abandona. Entrecruzando el universo onírico con la realidad, Lynch construye una historia tocada por la monotonía, el hastío y la podredumbre, habitada por personajes que parecen encerrar en su aparente locura el sinsentido espiritual y racional de la sociedad por aquellos años.

A través de la relación filial entre los personajes, Lynch logra representar los miedos y las frustraciones de personas que temen salir de una estructura: desde Henry y la relación con su hijo deforme, una en donde predomina el encierro en una habitación claustrofóbica, hasta la de Mary X, su madre, Señora X (Jeanne Bates) y su padre, Señor X (Allen Joseph), habitada por el deseo sexual reprimido. Cabeza de borrador llega a la edición 38 del Foro Internacional de Cine en una versión remasterizada con resolución 4K, una oportunidad única para apreciar esas imágenes que ya son parte de la historia del cine.

 

Aranxta Luna
Crítica de cine.