Quedan algunas semanas para ir a ver la obra de la primera mujer que practicó la escultura profesional en México. La muestra curada por el artista Pedro Reyes es un recorrido por seis décadas de tradición escultórica mexicana a través de las manos de Geles Cabrera.

Geles Cabrera (Ciudad de México, 1926) rompió incontables barreras para hacerse de un lugar en la escena cultural mexicana. Eso fue lo que atrajo a Pedro Reyes a curar una muestra sobre la trayectoria de “la primera mujer escultora” en México. Cuenta que conoció a la escultora en un catálogo de artistas de los años sesenta, encontró el teléfono del Museo Escultórico Geles Cabrera y logró reunirse con ella en persona. Después de visitar la exposición que se presenta actualmente en el Museo Experimental El Eco, quise seguir los pasos del curador, aunque mi encuentro con Cabrera fue un poco diferente pues el museo dedicado exclusivamente a su obra cerró sus puertas este 2018. Las visitas ahora son en su casa, pero el camino para coincidir fue parecido: sonó el timbre del teléfono un par de veces y al otro lado de la línea estaba ella. Acordamos una cita para conversar sobre su exposición, su formación artística y su quehacer como escultora.

La muestra titulada “Geles Cabrera: primera escultora en México” reúne 52 obras, en su mayoría de piedra, que abarcan desde el año 1949 al 2018. La curaduría de Reyes visibiliza los procesos escultóricos de la artista, los cuales la colocan en un escenario de mucha incidencia: su obra —caracterizada por el lirismo de temas como niños, grupos familiares, parejas humanas, así como por los valores matéricos de la escultura en sí— une la tradición escultórica en México con las prácticas de arte contemporáneo del país. Al entrar al museo, la primera pieza que se ve es Pareja (1954), tallada en piedra recinto, proveniente del acervo de El Colegio de México: son dos torsos que se abrazan entre sí, ambos carecen de detalles, pero la diferencia entre el hombre y la mujer se percibe. Además, tienen la boca ligeramente abierta, como si estuvieran a la mitad de una plática. Con esta primera pieza, se sugiere un recorrido basado justamente en eso: el diálogo.

Los intereses temáticos de Cabrera se revelan pronto: hombres y mujeres en pareja, figuras recostadas, rostros poco detallados y formas orgánicas que refieren al cuerpo humano desde la sensualidad. Ella cuenta que siempre ha querido distanciarse de la idea romántica de que la piedra canta y dice lo que necesita, y apuesta más por trabajar directamente la materia y permitir que la escultura emerja. Para ella, hacer escultura significa quitar el exceso de material para que la pieza aparezca en piedra, bronce, barro, alambre o el material en que se trabaje. Hacer maquetas o algo previo le resta un elemento esencial al proceso: la creatividad; por eso trabaja las esculturas directamente. “Simplemente pienso, voy a hacer una mujer o un hombre, y lo hago; tienes que elegir cualquier material que quieras trabajar y hacerlo.” Para Cabrera, cada uno de los materiales utilizados refleja su interés por dotar de sentido al trabajo escultórico: para el artista es importante explorar todas las posibilidades de la materia como parte del proceso de maduración y exploración.

Dada la dificultad para encontrar material pétreo y porque su edad y condiciones físicas ya no se lo permiten, a Geles no le es posible hacer todo lo que piensa o le gustaría hacer, pero no por ello ha dejado de trabajar. Ahora utiliza el papel periódico para la creación de sus piezas. Este material fue fundamental en el tiempo en que impartió clases de Dibujo y Escultura en la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM porque descubrió en él un medio con el que todos sus alumnos podían trabajar sin gastar mucho dinero. El camino a la escultura para todos.

Cuando era niña, Geles solía trabajar con papel maché, pues su padre era el responsable de la que fuera la primera fábrica de este material en el país. Este acercamiento significó para ella el inicio de un camino de exploración hacia las artes visuales.Tras sus primeros años en la Academia de Bellas Artes de San Carlos (1944–46) comenzó a trabajar con diversos materiales y temas, aunque al principio no tenía un espacio para hacerlo porque los grupos de escultores y pintores eran muy selectos y difícilmente se accedía a ellos. El ser mujer lo complicaba aún más: los escultores de los años sesenta, menciona, sentían que tenían la batuta en cuanto a la producción de arte, sobre todo en obra cívica, y eran muy celosos con su trabajo. Este escenario obligó a Geles a hacerse de un espacio para crear, independiente de los grupos y colectivos existentes. Aunque le tomó tiempo tener un estudio propio, estaba convencida de que solo trabajando se ganaría el respeto de quienes opinaban que debía dedicarse a la pintura ­—como lo hacían la mayoría de las mujeres artistas de ese momento—. “Uno trabaja como puede y donde se puede. La primera vez que hice una escultura grande fue en Televisa; cuando empezó ese espacio, el escultor que estaba encargado de hacer cosas decorativas ahí me permitió un espacio para trabajar a cambio de hacer esculturas para la empresa. Después puedes pensar en un estudio, cuando hay solvencia económica, pero se empieza en un espacio pequeño, donde quepan las herramientas que utilices nada más.”

Tras una breve estancia en Cuba con su familia, donde se inscribió a la Academia de San Alejandro (1947–49), se integró a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda (1949). Para ella, cada una de las etapas de estudio fue fundamental y diferente. En San Carlos, por ejemplo, la educación estaba enfocada en los modelos clásicos de enseñanza y en la creación preciosista, mientras que en La Esmeralda tuvo la oportunidad de trabajar con mayor libertad y probar otros materiales. Su primera exposición individual, en 1948 en la Galería Mont Orendain, es lo que le ha ganado el título que da nombre a la muestra: fue la primera mujer en México que practicó la escultura profesionalmente.

El recorrido en El Eco da la sensación de estar frente a piezas que encontraron voz propia muchos años atrás. Si bien la muestra reúne obra de cerca de sesenta años de producción, el transcurso del tiempo es prácticamente imperceptible dado que el conjunto guarda cierta relación entre sí, ya sea por el tema o por la manera en que se comporta su material: las piezas que se exhiben en el patio del museo son de mediano y gran formato y muestran cuerpos humanos en reposo —en su mayoría recostados— o en una especie de postura de meditación. Aunque cada pieza está posicionada de manera distinta, parecería que entre ellas entablan una conversación como si fuera un solo cuerpo de obras que ha existido en conjunto de manera intemporal.

La piedra de Geles permite que su trabajo no se perciba atado a una época determinada. Por un lado la selección material se refiere a un compromiso por parte de la artista para crear un objeto que permanecerá, aunque no sea siempre, en un espacio de exhibición como el  museo o la galería y, por el otro, permite que la pieza trascienda: tenemos el mejor ejemplo de esto en las piezas prehispánicas hechas en barro y piedra que dan sentido a buena parte de nuestra tradición escultórica. Además, este material permite que cada obra se integre a su entorno cuando están en el exterior. Como explica Aurora Marya Saavedra, el trabajo de Geles fusiona la escultura con su entorno mismo1 y este ha sido siempre uno de los cometidos de la escultora mexicana: que las piezas sean tan importantes como los jardines o el pavimento de la ciudad. Cabe señalar que este interés encuentra cabida en el Museo El Eco y es parte de la propuesta formulada por Pedro Reyes, pues la conexión entre las piezas y el espacio da la impresión de que éstas hubieran sido creadas in situ. Ya en 1957 Geles había expuesto en este mismo museo y seguramente las piezas se integraron de manera adecuada desde entonces.

Finalmente, la exposición reúne fotografías, carteles de exposición, documentos y un video en el que Geles platica con el curador acerca de las etapas de su carrera. Recuerda al grupo de escultores GUCADIGOSE, el primer colectivo de artistas dedicados al Land Art, que se integró en 1975 y estuvo formado por Ángela Gurría, Geles Cabrera, Juan Luis Díaz, Mathias Goeritz y Sebastián. Si bien no tenían una filosofía en común ni formaban parte de una sola generación, este grupo de escultores buscó espacios para exponer su trabajo y hacerse de un lugar en la escena cultural mexicana. Entre sus proyectos en conjunto destacan cinco glorietas en el libramiento de Villahermosa, Tabasco, aunque al menos tres de ellas fueron destruidas en el cambio de gobierno de 1976 tras la falta de interés de seguir invirtiendo en este tipo de obra pública.

Otra desaparición es la de su Museo Escultórico, que abrió sus puertas hace 40 años en Coyoacán. Sobre este espacio, la artista menciona: “surgió porque a nivel de colonia, a nivel de barrio, se necesitaba algo para que los niños vieran qué era la escultura y la pintura. No fue un proyecto improvisado, lo pensé como museo gratuito desde un principio, pero tuve que cerrarlo porque ya no tenía dinero para mantenerlo”. Cuenta que las piezas que estaban ahí se donaron a varias instituciones y escuelas, mientras otras tantas se perdieron y unas pocas regresaron a su estudio.

Si bien la exposición en El Eco está planteada como un homenaje o una revisión histórica, al preguntarle a Geles cómo es que podemos hablar de su trabajo sin tener que referirnos al pasado, responde con una sentencia sencilla: “hay piezas que trascienden por sí mismas y que se vuelven atemporales”; si un objeto de arte de cualquier época provoca algo en nosotros, es porque carga con la esencia del arte que va más allá de determinado panorama artístico. Es ahí donde se concreta el papel de la escultura: es otra manera de referir a nuestra historia, que al mismo tiempo nos posibilita hablar de ella en nuestra contemporaneidad.

 

María Olivera
Egresada de Literatura por la Universidad del Claustro de Sor Juana.

 

“Geles Cabrera: primera escultora de México”
Hasta el 18 de noviembre de 2018
Museo Experimental El Eco
James Sullivan 43, Col. San Rafael


1 Aurora Marya Saavedra, Geles Cabrera, otra actitud en la escultura, Instituto Mexiquense de Cultura, México, 1990.

 

 

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