La única novela de Carl Sagan, Contacto, planteó desde 1985 no solamente el problema de nuestra recurrente necesidad de buscar más allá de la Vía Láctea; también abrió paso a un firme personaje que encarna la igualdad de género en las ciencias, inspirado, en parte, nada menos que en Sor Juana Inés de la Cruz.

¿Cuál es la verdad definitiva sobre nosotros mismos? Varias respuestas se sugieren por sí solas. Somos una pizca de materia estelar errada. Somos maquinaria física —títeres que se pavonean y hablan y ríen y mueren mientras la mano del tiempo jala los hilos por debajo. Pero hay una respuesta elemental, ineludible. Somos aquello que plantea la pregunta. Cualquier otra cosa que pudiera haber en nuestra naturaleza, responsabilidad hacia la verdad es uno de sus atributos.
—Sir Arthur Eddington

 

Ya sea por la aparición de bacterias detectadas en algún asteroide que cruza nuestro sistema solar, un mensaje de radio llegado de las estrellas, el arribo de una portentosa “nave madre” alienígena en plan de hermandad cósmica o con insaciable sed de conquista, rapiña y destrucción, seguimos esperando ese primer contacto con inteligencias extraterrestres.

Siempre nos quedarán los libros

Como consuelo, y mientras llega la prueba, acaso incontestable, de que no estamos solos en el cosmos, nos queda la ciencia ficción. Sobre todo, la llamada ciencia ficción “dura”, para muchos la única verdaderamente valiosa, casi siempre escrita por científicos. Dentro del subgénero “primer contacto”, que a estas alturas abarca miles de cuentos, novelas, películas, series, etcétera, destaca, más allá de su evidente título, la mítica novela Contacto (1985). Con una nueva edición en español publicada este año en México,1 Contacto es la única novela de Carl Sagan (1934-1996), el legendario astrónomo, astrofísico, director de Estudios Planetarios de la Universidad de Cornell y ganador del Premio Pulitzer; y quizás el más connotado divulgador científico estadounidense de fines del siglo pasado.

Edición de Nova (Random House México), publicada en México en marzo de 2018

Para 1985, Sagan había sido creativo partícipe, vocero y motor mediático de la inclusión de la placa pictórica e informativa en los vehículos espaciales Pioneer 10 (1972) y Pioneer 11 (1973), así como del Disco de Oro que llevan las dos sondas espaciales Voyager 1 y 2 (1977). Voyager 1 dejó atrás el sistema solar rumbo al espacio profundo en 2012, y viaja ahora a más de 18,600 millones de kilómetros de la Tierra. Placas y disco llevan información para ubicar nuestro planeta y muestras de nuestras ciencias, artes y lenguas; son cartas abiertas de la humanidad al cosmos, sin destinatario declarado. Otros intentos de contacto.

Ilustración de la placa Pioneer, fuente: Wikimedia

Un bestseller ochentero

Contacto ocupó el sitial siete de las novelas más vendidas de 1985 en Estados Unidos, desquitando con creces el adelanto de dos millones de dólares que recibió el autor. Concebida inicialmente como un guion cinematográfico en 1979, escrito por Sagan y por su tercera esposa, Ann Druyan, autora y productora especializada en comunicación científica, Contacto no prosperó bajo ese formato y Sagan decidió convertirlo en novela. Llegó finalmente al cine en 1997, dirigida por Robert Zemeckis, con Jodie Foster en el papel estelar.2

En minúscula nuez, la trama de la novela Contacto, ambientada en 1999, es la siguiente: Eleanor “Ellie” Arroway,3 doctora en radioastronomía especializada en SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence), detecta un mensaje real proveniente de la estrella Vega, a 25 años luz de nuestro planeta, que contiene un complejo instructivo para la construcción de una máquina. Se ignora para qué servirá “La Máquina”, pero obviamente es producto de una civilización tecnológica miles de años más adelantada que la nuestra. Tras inversiones estratosféricas, la máquina queda concluida. Servirá para que cinco pasajeros —científicos de élite, entre ellos Ellie— viajen a lo desconocido. La máquina los transportará a través de un agujero de gusano a la estrella Vega, a la simulación de una playa terrestre, donde cada viajero tendrá una experiencia trascendental, en la que se manifiesta una civilización con alcances extragalácticos y, más aún, la existencia de una “mente universal” —ecos de Olaf Stapledon y de Arthur C. Clarke, por mencionar solo a dos autores que han tratado temas similares.

Contacto aún tiene relevancia, no tanto por lo que ha ocurrido o no en el espacio exterior, sino por su clara visión de problemas que siguen aquejando a la humanidad —dolorosos, desalentadores, desesperantes y en crecimiento exponencial— aquí, en la Tierra. La mejor ciencia ficción, aunque esté ambientada en otro tiempo, otra dimensión, trata siempre del ahora y de la condición humana, de nuestras reacciones, reales o imaginarias, ante nuevos descubrimientos, tecnologías, situaciones sociales, cambios de paradigmas.

Una Sor Juana espacial

En este marco, Contacto sigue destacando por su explicación del desarrollo de la mente de un científico, o mejor dicho de una científica. El autor centra la mirada en Eleanor, su álter ego, protagonista que le sirve para plasmar su convicción en la igualdad de género en las ciencias: describe minuciosamente las dificultades que enfrenta una mujer que aspira a sobresalir, ya que, milenariamente, el quehacer científico ha sido un territorio casi exclusivo del género masculino. El primero de dos epígrafes del Capítulo 2 (“Luz coherente”) es de Sor Juana Inés de la Cruz, un extracto de su carta al obispo de Puebla. Rematando el epígrafe, el autor explica que el obispo “había atacado su trabajo erudito considerándolo inapropiado para su sexo”. Ésta es la traducción que ofrece Contacto:

Desde que tengo uso de razón, mi afición por el aprendizaje ha sido tan intensa y vehemente que ni siquiera las recriminaciones de otras personas —tampoco mis propios reproches— me impidieron seguir esta inclinación que Dios me dio. Solo Él conoce el porqué, y también sabe que le he implorado que me quite la luz del discernimiento, que me deje únicamente la necesaria para cumplir con su mandato ya que, según algunos, todo lo demás es excesivo para una mujer. Otros afirman que hasta es pernicioso.4

Carl Sagan no pudo encontrar un mejor ejemplo de la lucha histórica de la mujer por ejercer libremente la búsqueda del conocimiento. La cita de Sor Juana encabeza el capítulo que narra el despertar de Ellie a los misterios, fascinaciones y matemáticas del cosmos. Hay además un detalle sutil en la novela que probablemente escapa al lector: Sor Juana escribió que leía desde los tres años. Ellie también ya lee a esa edad. Sagan es “Ellie” y “Ellie” es una suerte de Sor Juana de la era espacial, imparable en su búsqueda del saber, librando una batalla continua contra la oposición masculina, desde la escuela primaria. Al final, emerge victoriosa. En el pasaje que describe su ingreso a Harvard, Ellie descubre que no existe una palabra equivalente a misógino para describir a una mujer a quien no le simpatizan los hombres.

La novela acertó en estas extrapolaciones políticas. Por mencionar algunos ejemplos: el Poder Ejecutivo en Estados Unidos es detentado por una mujer, situación que casi se dio hace dos años, y que para 1985 era prácticamente impensable. Y otro más: Carl Sagan, agnóstico declarado, creó como antagonistas de Ellie —quien no es realmente atea, sino más bien una ferviente científica— a un par de predicadores (el principal es Palmer Joss) asesores en materia de religión de la presidencia estadunidense. A través de Ellie, Sagan prosigue en la novela el diálogo que llevó siempre con la sociedad sobre religión y ciencia, y al que dedicó un libro en especial, The Demon-Haunted World, arremetiendo contra manifestaciones de pensamiento irracional.

Las ramificaciones que parten de la historia central de Contacto son múltiples: los arsenales nucleares, la devastación ecológica, la carrera espacial, las crisis políticas, la inestabilidad económica mundial, la inercia de los complejos militares-industriales, los choques de ideologías, el populismo y el racismo, la igualdad de género, el fundamentalismo religioso, la influencia y manipulación política de las instituciones religiosas, etcétera. Todo es abasto para el molino de Sagan, de manera que el libro está plagado de referencias a pensadores, filósofos, artistas y científicos (Rudolf Otto, Carl Jung, Sor Juana, Bertrand Russell, entre otros).

Un viaje de 24 pasos

Al igual que los 24 cantos de la Odisea, Contacto consta de 24 capítulos. Durante los álgidos debates en torno a la construcción de “La Máquina”, y a la posibilidad de que sea un Caballo de Troya extraterrestre, un político soviético afirma: “conocemos a nuestro Homero”.

La Odisea es un nostoi, una historia de regreso. Quizá podríamos ver en Contacto un aliento parecido. Pero si Odiseo regresa a Ítaca, ¿a dónde regresan Ellie o bien la totalidad de nosotros, Homo sapiens, ahora, al fin, representados por una científica? ¿Cuál sería la Ítaca de Carl Sagan? Quizás el autor invita a la humanidad a regresar del punto de crisis en el que estamos ahora —del tipping point de la teoría de las catástrofes—, a un imperio posible de razón y cordura, o a crear esa posibilidad, aunque nunca llegue “El Mensaje”, o esa visita de alguna civilización cósmica avanzada a nuestra insignificante tercera piedra girando, pálido punto azul en un extremo de la Vía Láctea, en torno a la estrella que llamamos “Sol”. Porque “si no nos destruimos”, como tantas veces dijo Carl Sagan, algún día, entonces, el Homo sapiens podría viajar a las estrellas sin exportar hacia ellas la irracionalidad de la especie humana, siguiendo, para bien o para mal, los pasos de la sonda Voyager, nuestro solitario heraldo.

Por ahora, sin abandonar la conquista y el necesario conocimiento del espacio, la prioridad para la humanidad es “no destruirnos”. En la novela Contacto, Miss Arroway encuentra la paz y entiende la razón de su existencia en una revelación final, matemática, de la suprema inteligencia cósmica. Entiende que si bien siempre será deseable, ya no es indispensable ir hacia las estrellas. Esta es, en parte, la frágil esperanza, la frágil felicidad que siempre deseó Carl Sagan para quienes habitamos este planeta.

Carl Sagan, en un video único en la historia de la humanidad.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor.

 

Bibliografía

—Carl Sagan, Contact, Pocket Books, Simon & Schuster, 1986.

Contacto, México, Penguin Random House, 2018.

The Cosmic Connection – An Extraterrestrial Perspective, Anchor Press, 1973.

Other Worlds, Bantam Books, 1975.

Broca’s Brain, Coronet, 1980.

The Dragons of Eden- Speculations on the Evolution of Human Intelligence, Ballantine Books, 1978.

Cosmos, Planeta, 1982.

The Demon-Haunted World – Science as a Candle in the Dark, Ballantine Books Edition, 1997.

Communication with Extraterrestrial Intelligence (CETI), edited by Carl Sagan, The Massachusetts Institute of Technology, 1973.

Filmografía:

—Contacto – Contact, DVD Video, 1993 Warner Home Video.
(La portada menciona equivocadamente: “el Autor Ganador del Premio Pulitzer por ‘Contact’”. Esta película ganó un Hugo Award; el Pulitzer lo ganó el libro Los dragones del Edén.)

—Cosmos: Un viaje personal, DVD Video, Zima Entertainment México.
(Sin fecha, edición que “Incluye el episodio 2, nunca antes disponible en español”.)

 


1 La traducción, en la edición de Random House México, firmada por Raquel Albornoz, resulta a veces desconcertante, aunque quizás esto sea resultado de la política de traducciones de la editorial. La traducción es eficiente, correcta, brillante por momentos, pero lo que resulta incomprensible es que desaparecen en español oraciones enteras, frases y palabras clave del original en inglés. Estos casos se dan por decenas. Damos un solo ejemplo, p. 421. En inglés: “Standing over humans, gods, and demons, subsuming Caretakers and Tunnel builders, there is an intelligence that antedates the universe”. En español: “Por encima del hombre, de los demonios, de los Guardianes y artífices de túneles, hay una inteligencia que precede al universo.” ¿Dónde quedaron los dioses (gods)? ¿Cuál es la intención de este tipo de traducción? ¿Simplificar el texto original para un público considerado mentalmente incapaz o minusválido? ¿Se aplicaría el mismo enfoque en traducciones de Faulkner, de Melville, de Shakespeare, de Angela Carter, Margaret Atwood o Ursula K. Le Guin? Recordamos la prescripción de Vladimir Nabokov —además de novelista, traductor—, quien escribió: “Tres son los grados de mal que se distinguen en el extraño mundo de la transmigración verbal […] El grado tercero, y peor, de vileza es el que se alcanza cuando se toma una obra maestra y se la lamina y amasa, se la hermosea vilmente para darle la forma y el aspecto más concordes con las ideas y prejuicios de un público determinado” (en el capítulo “El Arte de Traducir”, Curso de literatura rusa, Ediciones B, 2016, p. 543).

2 Las diferencias entre la novela Contacto y la película homónima son muchas: la principal radica en la inesperada vuelta de tuerca final. En el libro, el final sorpresa tiene lógica y un mensaje positivo, inteligente, pero en la película, ese giro final es una típica, trillada, irritante y contraproducente conclusión hollywoodense.

3 El nombre de la protagonista, Eleanor Arroway, resultó de elegir Eleanor, por Eleanor Roosevelt, admirada por Ann Druyan, y de convertir el apellido de Voltaire —autor que debió ser caro para Sagan—, Arouet, en “Arroway”.

4 En el epígrafe en inglés, que no menciona a “Sor Filotea” —en realidad, el obispo de Puebla—, la cita está truncada, abreviada y adaptada. Este es el texto original: “desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación a las letras, que ni ajenas reprensiones —que he tenido muchas—, ni propias reflejas —que he hecho no pocas—, han bastado a que deje este natural impulso que Dios puso en mí: Su Majestad sabe por qué y para qué; y sabe que le he pedido que apague la luz de mi entendimiento dejando sólo lo que baste para guardar su Ley, pues lo demás sobra, según algunos, en una mujer; y aun hay quien diga que daña”.