El filósofo y urbanista francés Paul Virilio (París, 1932-ídem, 2018) murió a los 86 años. Conmemoramos su legado con una colección de subrayados de diversos libros que evocan su interés en un pensamiento centrado en la velocidad, que se convierte en el horizonte prioritario de la actividad humana. El pensador galo —nombrado director y presidente de la Escuela Especial de Arquitectura de París entre 1968 y 1988 y director de programas en el Colegio Internacional de Filosofía bajo la dirección de Jacques Derrida en 1990— recibió el premio nacional francés Crítica de la Arquitectura en 1987.

Paul Virilio. Fotografía: cortesía de Anagrama.


• No olvidemos nunca, en efecto, que la verdad de los fenómenos siempre está limitada por su velocidad de surgimiento.

• Mi trabajo no es solamente un trabajo sobre el discurso, sino también sobre el trayecto.

• La velocidad [es una suerte de] rebasamiento de toda “resistencia al avance” que emparenta al hombre con el ángel y al ser con el pájaro, puesto que todos lo sabemos por experiencia: “Lo que no cae, vuela”.

• Derramarse, disolverse, aligerarse, estallar, abandonar el cuerpo pesado, todo nuestro destino podría leerse en lo sucesivo en términos de evasión, huida.

• La velocidad […] es la vida misma.

• La velocidad del nuevo medio electroóptico y acústico se transforma en el último VACÍO (el vacío de lo veloz), un vacío que no depende ya del intervalo entre los lugares, las cosas, y, por tanto, la extensión misma del mundo, sino de la interfaz de una transmisión instantánea de las apariencias lejanas, de una retención geográfica y geométrica en la que desaparece todo volumen, todo relieve.

• Es nuestra duración lo que piensa, la primera producción de la conciencia sería la velocidad que le es propia durante el recorrido de su tiempo. Entendida así, la velocidad sería idea causante, idea anterior a la idea.

• La idea de la ritmología forma parte de la economía política de la velocidad, y cuando se habla de velocidad, se habla de los cuerpos, no se habla de los vehículos.

• Por momentos va muy rápido, y por momentos muy lento. La gestualidad del tiempo y del espacio de los cuerpos es lo que llamo coreografía.

• Toda sociedad es una sociedad de carreras.

• El poder es inseparable de la riqueza y la riqueza es inseparable de la velocidad.

• No hay política sin ciudad. No hay realidad de la historia sin la historia de la ciudad. La ciudad es la mayor forma política de la historia.

• La invasión del instante reemplaza la invasión del territorio, la cuenta atrás se convierte en el sitio del enfrentamiento, la última frontera.

• La pérdida del espacio material desemboca en no gobernar más que el tiempo; el Ministerio del Tiempo bosquejado en cada vector se realizaría por fin en las dimensiones del mayor vehículo existente, el vector-Estado; toda la historia geográfica de la división de las tierras, las comarcas, todo eso cesaría en provecho solamente de la concentración parcelaria del tiempo, no siendo comparable ya el poder sino a alguna “meteorología”, ficción precaria donde la velocidad repentinamente se habría convertido en un destino, una forma de progreso, vale decir, una “civilización” donde cada velocidad sería un poco un “departamento” del tiempo.

• De hecho, el valor estratégico del no-lugar de la velocidad definitivamente suplantó el del lugar, y la cuestión de la posesión del Tiempo renovó la de la apropiación territorial.

• Cada período de la evolución técnica aporta, con su equipo de instrumentos, máquinas, la aparición de accidentes específicos, reveladores “en negativo” de los esfuerzos del pensamiento científico.

• Lo que está efectivamente globalizado es el tiempo.

• Las verdaderas distancias, la verdadera medida de la Tierra está en mi alma. La medida de la geografía existe solamente para los geógrafos, para los cartógrafos, dedicados a relevar la distancia de un punto a otro. Para el ser viviente, esa distancia métrica no será nunca la dimensión del Mundo.

• Así, el blanco alcanzado por la flecha de la Misión Apollo 11, no es tanto “la Luna”, el satélite de la Tierra, como el propio trayecto. El ser del trayecto del movimiento de conquista del espacio ha hallado por fin sus títulos de nobleza en la inercia tan particular del Mar de la Tranquilidad.

• En realidad, se trata de “un comienzo”, el comienzo ya no únicamente de la conquista del ultramundo de un espacio extraplanetario, sino de otro comienzo del tiempo. Esa repentina inmovilidad, ese reposo forzado y paradójico del no-movimiento en el espacio y el tiempo de otro planeta, literalmente carece de precedente.

• Si el tiempo es la historia, la velocidad es solamente su alucinación, una alucinación perspectiva que estropea el sentido del relato, de la acción, en beneficio de la sola sensación.

• Si el espacio es lo que impide que todas las cosas ocupen el mismo lugar, esta prisión repentina trae todas las cosas precisamente a ese “lugar”, ese lugar que no tiene localización.

Fuente: Leonardo Oittana, Velocidad y comunicación. La revolución de las transmisiones según Paul Virilio, Rosario, Universidad Nacional de Rosario, 2012, 96 pp. El autor cita los siguientes libros de Paul Virilio: El cibermundo, la política de lo peor, La ciudad sobreexpuesta, Un paisaje de acontecimientos, Velocidad y política, Estética de la desaparición, Amanecer crepuscular, El arte del motor. Aceleración y realidad virtual y La velocidad de liberación.

 

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.