No existe en el mundo un reconocimiento mayor en materia de fotoperiodismo que el que otorga cada año la fundación holandesa World Press Photo. La selección de este año, que se encuentra exhibida en el Museo Franz Mayer, da pie a la siguiente reflexión sobre una de las formas de la imagen más significativas de la actualidad.

Elemento fundamental de nuestra cultura visual, el fotoperiodismo contemporáneo ha evolucionado con las nuevas tecnologías para perder su condición de local y llegar en ocasiones a millones de ojos en todo el mundo. Asimismo, la omnipresencia de las cámaras y la inmediatez alcanzada por las redes sociales y el internet han empujado a niveles inimaginables la máxima del periodismo que dicta: “la mejor foto es la que llega primero”. Sin embargo, aún en estos tiempos de alcance global y de instantaneidad de la información, el buen fotoperiodismo continúa cumpliendo con su cometido original: generar un retrato consciente de la sociedad y de su tiempo.

Adam Ferguson, The New York Times
Aisha, de 14 años, fue secuestrada por el grupo terrorista Boko Haram y obligada a inmolarse en una misión suicida, atada con cinturones explosivos. Pidió ayuda, salvando así su vida y la de muchos inocentes.
Maiduguri, estado de Borno, Nigeria, 21 de septiembre de 2017

Imágenes cortesía World Press Photo y Museo Franz Mayer

 

La razón de existir de estas imágenes es informar, denunciar, dar testimonio o invitar a la reflexión sobre los acontecimientos que afectan a la sociedad en su conjunto; pese a esto, sepultados por la avalancha cotidiana de imágenes existen registros fotográficos que despuntan por conjugar valor documental y valor estético. No pocos de ellos han devenido símbolos de identidad colectiva o íconos representativos de un momento de la Historia, lo que ha permitido que se integren a diversas colecciones de instituciones culturales y se difundan en museos, galerías y publicaciones especializadas, donde su poder de reflexión se expande y potencializa.

A diferencia de las fotografías de autor que regularmente se exhiben en los museos, el fotoperiodismo ha encontrado muchos obstáculos para acceder a estos espacios debido a las diferencias que existen en los procesos de creación de estas imágenes. Los fotógrafos de prensa trabajan bajo condiciones muy distintas, las cuales exigen disciplina, precisión e instinto para enfrentar lo azaroso de cada jornada. En medio de “la orden de trabajo” que incluye diversas coberturas (sucesos políticos, encuentros deportivos, eventos sociales…), los fotorreporteros se mantienen alerta permanente en busca de lo impredecible, teniendo además en cuenta la línea editorial del medio para el que trabajan.

David Becker, Getty Images
Víctimas de un atentado en Las Vegas donde un hombre fuertemente armado abrió fuego en contra de los asistentes a un concierto de música country.
Las Vegas, Nevada, Estados Unidos, 1 de octubre de 2017

 

A estas dinámicas en las que el azar pone a prueba las habilidades de cada fotógrafo, se suman las condiciones del país o ciudad donde trabaja. En México, por ejemplo, uno de los tres países más peligrosos para ejercer el periodismo, ser fotógrafo de prensa requiere de estrategias y condiciones como las implementadas en territorios en guerra (aunque desafortunadamente casi nunca se cumplen): equiparse con chalecos antibalas y cascos, moverse en grupo, manejar lenguajes cifrados por la radio, confirmar los hechos antes cubrirlos para evitar una emboscada, eliminar créditos y distorsionar los rostros en las fotos publicadas para no arriesgar a los protagonistas de sus imágenes…

Ivor Prickett, The New York Times
Un niño es evacuado de la última zona controlada por el Estado Islámico por un hombre sospechoso de ser militante, quien avanza vigilado por las Fuerzas Especiales iraquíes.
Ciudad Vieja de Mosul, Irak, 12 de julio de 2017

 

Ser testigo de la Historia puede ser una tarea muy ingrata; no es fácil medir el impacto de atestiguar y registrar el lado más siniestro del ser humano, la destrucción del medio ambiente, el sufrimiento de otro ser vivo, una catástrofe… Tampoco es fácil sentir satisfacción por un trabajo bien hecho y menos aún ser recompensado por ello. De eso fui testigo una tarde de marzo de 2013 cuando trabajaba una exposición de fotografía en Sinaloa. Pedro Guevara, fotógrafo de Primera Hora, y Marina García, quien acababa de abandonar el fotoperiodismo por un proyecto personal, me acompañaban en un café en plena zona turística de Mazatlán cuando un conocido restaurante estalló frente a nosotros.

Inmediatamente, los dos fotógrafos atravesaron la calle para tomar fotos en medio del caos. Patrullas y ambulancias llegaron al lugar y se marcharon; al poco tiempo arribaron los fotógrafos del periódico rival, quienes se conformaron con registrar los destrozos ya sin las víctimas (una mujer con las piernas astilladas y un joven que sangraba abundantemente, según las fotos obtenidas). Tras descargar la cámara en las instalaciones del periódico nos fuimos a tomar unas cervezas mientras recapitulábamos “la suerte” de haber estado en el lugar indicado en el momento indicado, ganando la exclusiva que muy probablemente sería portada al día siguiente. Así fue.

Lo que apareció publicado como un “posible” atentado en contra del restaurante, se supo tiempo después, había sido el descuido de las víctimas que, portando explosivos en unas maletas, habían decidido cenar en ese lugar. La realidad presenta infinitos niveles de complejidad a la hora de leer una imagen, por eso la información asociada resulta indispensable. Recordar, al igual que fotografiar, son actos fragmentarios y selectivos y esto es algo que hay que tener en cuenta al aproximarnos a estos documentos fotográficos.

Neil Aldrige
Un rinoceronte blanco, drogado y vendado, que había sido trasladado desde Sudáfrica para salvarlo de los cazadores, está a punto de ser liberado en el delta del Okavango.
Botsuana, 21 de septiembre de 2017

 

No existe en el mundo un reconocimiento mayor en materia de fotoperiodismo que el que otorga cada año —desde 1955— la fundación holandesa World Press Photo, una vitrina inmejorable para estas imágenes y sus creadores. Desde el mes de abril, cuando se dieron a conocer los ganadores de las diferentes categorías (Noticias generales, Noticias de actualidad, Deportes, Gente, Naturaleza, Proyectos a largo plazo, Temas contemporáneos y la recién incorporada Medio ambiente) todas las fotos premiadas han circulado incesantes en internet. No obstante, el programa de exposiciones de la fundación que comprende casi un centenar de ciudades, sigue siendo esperado por más de 4 millones de espectadores alrededor del mundo, lo que demuestra el poder simbólico de la foto impresa y de los recintos de exhibición.

En esta 61ª edición el premio World Press Photo del Año lo recibió el fotógrafo venezolano Ronaldo Schemidt, quien inició su carrera en México, donde radica desde hace varios años. La fotografía titulada La crisis de Venezuela, forma parte de una serie en la que se ve a un hombre envuelto en llamas durante una protesta en contra del presidente Nicolás Maduro. A pesar de lo que la escena y el contexto pueden sugerir, José Víctor Salazar Balza, el protagonista de la imagen, no fue agredido por la policía ni se inmoló a favor de la causa: las llamas lo alcanzaron cuando un grupo de manifestantes despojaron a un policía de su motocicleta y la hicieron estallar.

Ronaldo Schemidt, France-Presse
La crisis de Venezuela, foto ganadora del World Press Photo del Año
Caracas, Venezuela, 3 de mayo de 2017

Según dicen, José Víctor, quien sufrió quemaduras de primer y segundo grado en gran parte de su cuerpo, se ha negado a ver las fotos de Schemidt, pero la difusión de éstas ha propiciado que reciba ayuda de diversas instituciones en medio del contexto de escases que sufre este país sudamericano. “En Venezuela hay una crisis política, económica y social terrible. Para explicarlo de manera más sencilla: no hay medicinas, hay pocos alimentos, tú no puedes comer lo que quieres sino lo que encuentras… si el sueldo te alcanza. La inflación es terrible, la delincuencia es muy fuerte, tenemos también problemas de transporte, ya no hay refacciones para los coches, solo hay transporte público, a la gente le cuesta movilizarse para ir a sus trabajos… es todo un conflicto muy profundo.” relató Schemidt en una entrevista para In Focus radio.

Como sucede con frecuencia en las redes sociales, la foto ganadora del WPP ha causado controversia al cuestionarse la prioridad del fotógrafo por registrar la tragedia en vez de prestar ayuda. Al respecto, Schemidt comentó durante la conferencia de prensa realizada en el museo Franz Mayer —sede de la exposición en la Ciudad de México— que la secuencia fotográfica la realizó en 14 segundos después de escuchar la explosión que derivó en los sucesos registrados. Su instinto antes que sus ojos lo hicieron disparar la cámara hacia la escena sin saber que lo que registraba era la imagen simbólica de “una Venezuela incendiada”, como lo advirtió Whitney C. Johnson, miembro del jurado.

Patrick Brown, Panos Pictures
Cadáveres de refugiados rohingyá rescatados después de que el barco en el que huían desde Myanmar se hundiera con más de cien personas a bordo; solo 17 sobrevivieron.
Costa de Bangladesh, 28 de septiembre de 2017

En los muros de la exposición y en las páginas del catálogo, la serie de Schemidt comparte el espacio con trabajos extraordinarios que hacen visible los conflictos más urgentes de nuestro tiempo: la migración, la guerra, la desigualdad social y de género, la depredación de la naturaleza… historias locales que suceden en diferentes partes del mundo pero que nos estremecen por la cercanía de sus discursos. Se dice que “lejos está cualquier hazaña de serlo si no hay una imagen que la avale”. La exposición WPP da cuenta de las muchas hazañas, principalmente de quienes estuvieron detrás de la cámara, de aquellos que tuvieron “la suerte” de estar en el lugar indicado en el momento indicado.

Ser testigos a la distancia de estas historias siempre va a valer la pena; sin embargo, no quiero dejar de apuntar que la exposición más esperada cada año en la programación del Franz Mayer —más de 70 mil visitantes en 2 meses— sigue presentándose con una pobreza de recursos museográficos digna de la más humilde casa de cultura; al aire libre, en los pasillos del patio central del museo y sobre horribles mamparas reutilizadas. Aún bajo estas condiciones insultantes, las 137 fotografías exhibidas —impresas perfectamente en Holanda— merecen ser visitadas y reflexionadas por el público durante su permanencia en la Ciudad de México, hasta el 23 de septiembre.

 

Héctor Orozco
Curador e investigador de diversos proyectos en torno al arte, la fotografía y el cine. Desde hace una década trabaja en las Colecciones Fotográficas de Fundación Televisa.