“Últimas líneas” es el poema de Emily Brontë que ha sido entendido como su despedida y testamento. La siguiente disección ofrece una aguda comprensión del texto, así como una nueva traducción comentada y justificada, para volver a Emily con una mirada fresca hoy, a doscientos años de su nacimiento.

Criada protestante, y tory, Emily escribió poesía desde la infancia, comenzando con los poemas que intercalaba en los relatos de mundos imaginarios que durante años fueron el pasatiempo —y la escuela literaria— de las tres hijas y del hijo del vicario Patrick Brontë. En 1846, dos años antes de su muerte, Emily separó sus poesías en dos cuadernos. En uno quedaron los poemas de Glass Town, Angria y Gondal, y en otro sus poemas más personales, ajenos a los mundos imaginarios, como “Last Lines”.

De niña, Emily imitaba en sus poemas las cuartetas de los himnos metodistas cantados en la parroquia de Haworth, administrada por su padre. Al desarrollar su vena poética, en realidad no imitó, por ejemplo, las baladas líricas de Wordsworth, Coleridge o Byron, o de otros poetas románticos, aunque en su versificación a veces se acerca a Byron y en su poesy suenan ecos del misticismo de Keats. Emily escribía para ella misma,1 su relación con la poesía y con la religión fue personal y heterodoxa, profunda, privada e intensa, como su visión.

Óleo de Branwell Brontë, realizado alrededor de 1833

Carlos García Gual lo dice inmejorablemente: “El traductor de poemas está condenado a la traición y al fracaso”. Pero reconoce, “en el tortuoso empeño de verter a otra lengua unos poemas”, que “tal vez se rescate en nuevas palabras el dolorido sentir, las imágenes esenciales, la personalidad individual del poeta originario”.2

En la traicionera traducción que ofrecemos, de inicio, se pierden la métrica, y la rima de la forma ABAB de las estrofas. Pero intentamos sobre todo rescatar el sentido del poema, la claridad, sencillez y la desafiante tensión entre lo terrenal y lo sublime de las cuartetas de Emily. Respetamos mayúsculas del original en algunos sustantivos y pronombres, así como la puntuación.

En vez de la abstracción “en uno” (que también podría ser “en una”) en la última palabra del primer verso de la cuarta estrofa, optamos por personalizar en Emily la voz que declama el poema, con “en mí”.

A diferencia de otras versiones en español que traducen la última palabra de la quinta estrofa como “levanta”, le damos lo que juzgamos es la traslación correcta: “cría”. Esto amplía el poema, en el sentido de brindarle ambigüedad de género a la divinidad; puede ser “él”, o “ella” (o ambos), la deidad puede ser paternal, o maternal. Nótese, también, que la poetisa habla de universos, en plural.

 

Últimas líneas

No, mi alma no es cobarde,
No tiembla en las tormentas de la esfera de este mundo,
Veo brillar las glorias del Cielo,
Y la fe brilla igual, dándome armas contra el temor.

Oh Dios que habitas dentro de mi pecho,
¡Todopoderosa, Deidad siempre presente!
Vida —que en mí guarda reposo,
Como yo —imperecedera Vida— ¡tenemos poder en Ti!

Vanos son los mil credos
Que mueven los corazones de los hombres —inexpresablemente vanos;
Tan sin valía como marchitas hierbas
O la más quieta espuma entre la mar sin fin,

No despiertan duda en mí
Tan bien aferrada a Tu infinitud;
Tan seguramente anclada sobre
La inamovible roca de la inmortalidad.

Con el amor que lo envuelve todo
Tu espíritu anima años eternos,
Penetra y pondera en lo alto,
Transforma, sustenta, disuelve, crea, y cría.

Aunque tierra y humanidad desaparecieran,
Y soles y universos dejaran de existir,
Y Tú quedaras solo,
Cada existencia existiría en Ti.

No hay lugar para la Muerte,
Ni átomo que su fuerza podría anular;
Tú —Tú eres Ser y Aliento,
Y eso que Tú eres no podría ser destruido jamás.

§

Last Lines

   No coward soul is mine,
No trembler in the world’s storm-troubled sphere;
   I see Heaven’s glories shine,
And faith shines equal, arming me from fear.

   O God within my breast,
Almighty, ever-present Deity!
   Life—that in me has rest,
As I—undying Life—have power in Thee!

   Vain are the thousand creeds
That move men’s hearts—unutterably vain;
   Worthless as withered weeds,
Or idlest froth amid the boundless main,

   To waken doubt in one
Holding so fast by Thine infinity;
   So surely anchored on
The steadfast rock of immortality.

   With wide-embracing love
Thy spirit animates eternal years,
   Pervades and broods above,
Changes, sustains, dissolves, creates, and rears.

   Though earth and man were gone,
And suns and universes ceased to be,
   And Thou were left alone,
Every existence would exist in Thee.

   There is not room for Death,
Nor atom that his might could render void;
   Thou—Thou art Being and Breath,
And what that Thou art may never be destroyed.3

 

En su libro sobre los mejores poemas en lengua inglesa, Harold Bloom ofrece como “Last Lines” (“Últimas líneas”) el poema de Emily Brontë, también conocido como “No Coward Soul Is Mine” (“Mi alma no es cobarde”). Fue leído en el sepelio de otra poetisa inimitable, Emily Dickinson, pues era uno de sus preferidos. Para Bloom, el “Dios dentro de mi pecho” del poema exalta “la chispa que es el más antiguo y mejor elemento del ser”. De modo que Emily sería una gnóstica natural (y afirma el crítico: “Estoy consciente de que esto es un oxímoron”). Según Bloom, Emily niega, en “Últimas líneas”, todos los credos como enfermedades del intelecto, y evita la oración, sabiendo que es una enfermedad de la voluntad.4

Si vemos “Últimas líneas” como una afirmación de principios ante el cosmos, como una declaración existencial final, se entiende mejor por qué un amigo de la otra Emily leyó el poema en su sepelio.

 

Rémy Bastien van der Meer
Traductor.


1 Hasta 1846, Emily (1818-1848) no había publicado poesía. Fue Charlotte quien la convenció, y a Anne, de que, como necesitaban ingresos adicionales, publicaran juntas —con seudónimos masculinos identificables por la primera letra de sus nombres— el libro Poems by Currer, Ellis and Acton Bell. Irónicamente, los poemas no vendieron, pero un editor se interesó en otras producciones de “Currer, Ellis y Acton”, y poco después, tres novelas de las tres hermanas ingresaban para siempre a la historia de las letras inglesas.

2 Antología de la poesía lírica griega (siglos VII-IV a.C.), Selección, prólogo y traducción de Carlos García Gual, Alianza Editorial, 2013, pp. 9-10.

3 Nos basamos —estrictamente— en la versión publicada en el libro de Harold Bloom (The Best Poems of the English Language, Selected and with Commentary by Harold Bloom, Harper Perennial, 2007, pp. 722-725). En varias otras versiones publicadas hay pequeños pero significativos detalles y variaciones —en la cantidad de palabras, en el orden de las mismas, incluso en la puntuación— que, en último análisis, alteran, o cambian, así sea sutilmente, el sentido y el significado últimos del poema. Esto ocurre, por ejemplo, en la versión de Poetry Foundation. No disponemos de un facsímil del poema como fue publicado por vez primera —en 1850—; por ello, por ahora, depositamos nuestra confianza en la versión en inglés del libro de Bloom.

4 El planteamiento original es de Ralph Waldo Emerson, de su ensayo Self-Reliance  (Independencia o Auto-confianza, 1841 y 1844): “Así como las oraciones de los hombres son una enfermedad de la voluntad, igualmente sus credos son una enfermedad del intelecto”, también citado por Bloom en op cit., p. 504.