Un volumen que incluye dos reveladores ensayos sobre Rilke, el registro personal de una escritora estadounidense que despliega un abanico de inquietudes, una intrigante novela de venganza, la prosa completa de una poeta argentina y la recuperación de un clásico de 1719 son las recomendaciones de novedades de nexos en esta entrega.

• Ensayo

Una misión poética a la vida humana

Las Elegías de Duino, de  Rainer Maria Rilke (Praga, 1875-Montreux, 1926), es una de las cumbres de la poesía del siglo XX. Publicado en Insel-Verlag de Leipzig en 1923, se trata de un universo en el que están en permanentemente tensión la vida y la muerte y la relación del hombre con el mundo.

“La vocación poética de Rilke es la respuesta al silencio que el lenguaje alberga”, se lee en La Novena Elegía. Lo decible y lo indecible en Rilke. Uno de los poetas mayores en lengua alemana es estudiado por un doctor en Letras Modernas por la Universidad de Bolonia y por otro en Filosofía por la Albert-Ludwigs-Universität, Freiburg im Breisgau. José Manuel Cuesta Abad escribió “La palabra más efímera” y Amador Vega es autor de “Lógica del silencio”, los dos textos que integran el libro.

Los doctores emprendieron la ardua tarea de interpretación de las Elegías de Duino. Los une la certidumbre de que Rainer Maria Rilke es uno de los últimos grandes poetas de la tradición de Occidente. “Lo es en la medida en que no renunció nunca a pensar poéticamente su propia vocación como un destino ligado de raíz al de lo humano bajo el signo de unos tiempos en extremo críticos.”

Cuesta Abad y Vega aseveran que poesía y espiritualidad se compenetran en la obra. Es en la “Novena Elegía” donde se encuentra la más perfecta expresión de lo que Rilke piensa como la misión poética. Las dos interpretaciones otorgan una notabilidad trascendental a las ideas sobre la vocación poética y el destino de lo humano que Rilke elabora en la “Novena Elegía”. Para el poeta el alma humana es habitada por el desconcierto y la anomalía de la modernidad.

Los ensayistas dicen que entre las muchas traducciones al castellano de esta elegía destacan por su belleza poética y por su precisión, respectivamente, entre otras, las de José María Valverde (Rainer Maria Rilke, Elegías de Duino, Lumen, Barcelona, 1980) y Eustaquio Barjau (Elegías de Duino y Sonetos a Orfeo, Cátedra, Madrid, 1990).

“Las Elegías de Duino son tal vez el último himno que atribuye una misión poética a la vida humana”, es una de las conclusiones del magnífico volumen, pieza precisa e indispensable en los estudios rilkeanos.

José Manuel Cuesta Abad y Amador Vega, La Novena Elegía. Lo decible y lo indecible en Rilke, Madrid, Siruela, 2018, 220 pp.

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• Registro personal

Abres un libro y una voz habla

La vocación de Marilynne Robinson (Sandpoint, Idaho, 1943) se reveló de manera precoz: “Cuando era niña leía libros. Mis lecturas no eran indiscriminadas. Prefería libros viejos, gruesos y duros. Hacía listas de vocabulario”. La autora de las aclamadas novelas Vida hogareña, Gilead, En casa y Lila autorizó a Galaxia Gutenberg la publicación de Cuando era niña me gustaba leer, admirable registro personal que incluye textos pertenecientes a When I Was a Child I Read Books (Cuando era niña leía libros) y The Givenness of Things (La entrega de las cosas).

La escritora estadounidense —miembro de la American Academy of Arts and Sciences— expone su visión del debate entre la ciencia y la religión (su “cristología es decadente”), recuerda las noches de insomnio cuando repasaba el estado de su cultura, asevera que es tan verdad en la economía como en la poesía que si no se conserva ninguna relación con la experiencia humana “no son más que tonterías y clichés”, se asume como calvinista por la ética de trabajo de Calvino, aborda el dominio cultural del latín y explora el humanismo como la gloria específica del Renacimiento. Destaca de Poe el “oscuro resplandor de su mente, y la soledad total, palpable, casi alucinatoria de todo”. También demuestra su interés en el pensamiento actual sobre la naturaleza y función del cerebro humano. En el abanico de inquietudes destacan su exploración del pensamiento sobre la “buena sociedad” y su visión de lo deseable para la vida en comunidad.

Robinson es autora de frases mordaces que alcanzan la potencia del aforismo: “La historia humana es en buena parte absurda”, “Durante siglos, Shakespeare ha sido un contribuyente fiable e importante al producto nacional bruto británico”. Y pondera su experiencia como lectora. Comparte una bella definición de la lectura: “Abres un libro y una voz habla. Un mundo, más o menos ajeno o acogedor, emerge para enriquecer el almacén de un lector con hipótesis sobre cómo entender la vida”.

Marilynne Robinson, Cuando era niña me gustaba leer, traducción de Vicente Campos, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018, 200 pp.

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• Novela

La venganza es categórica, hermosa, abismal

La primera característica de la venganza es la codificación y la ritualización de las etapas que puntúan su desarrollo, afirman Pierre Bonte y Michael Izard. La tesis de ambos etnólogos y antropólogos funciona en El oficio de la venganza de L. M. Oliveira.

En la intrigante y espléndida novela, Aristóteles Lozano, crítico literario, se revela como un personaje que se reconcilia consigo mismo, permitiéndose relacionarse adecuadamente con Julieta, su pareja. Su vida se transforma después de la aparición de Cristóbal San Juan, un bribón en busca de cierto misticismo que transforma la situación hasta escapar con Julieta. Evidentemente Aristóteles no se queda con los brazos cruzados. Atravesará el desierto de sí mismo y conocerá personajes que apuntan a las terribles acciones de Cristóbal.

Antes de la manipulación de la violencia, los conflictos y el ciclo de venganza, el lector encontrará sátiras del “mundillo literario”, reflexiones detonadas por múltiples lecturas —entre ellas, Moby-Dick—, una indagación de los vínculos entre crítica, poesía y narrativa, recuerdos del consumo de MDMA y disertaciones sobre el amor.

“La venganza solo es dulce cuando desarma al otro. Eso la distingue de una vulgar revancha, de un desquite cualquiera. La venganza es categórica, hermosa, abismal, en ella se te va la vida”, escribió L. M. Oliveira.

L. M. Oliveira, El oficio de la venganza, Ciudad de México, Alfaguara, 2018, 272 pp.

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• Varia invención

El laboratorio de la escritura

La poesía, un supuesto suicidio y varias depresiones caracterizaron la figura de Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936-1972). Prosa completa es un ejemplo poco conocido de la exquisita pluma de la escritora argentina. La recopilación de toda la obra prosística de Pizarnik incluye relatos, ensayos, piezas de teatro, reportajes, artículos, prólogos y argumentos humorísticos. Se perciben, en diversos textos, las correspondencias entra la prosa y la obra poética de la autora.

El resultado es excepcional. El volumen contiene, entre múltiples textos, una nota sobre un cuento de Julio Cortázar, pasajes de Michaux, la relectura de Nadja de André Breton, una reflexión sobre André Pieyre de Mandiargues —a quien conoció personalmente—, un texto sobre Ricardo Molinari, apuntes sobre el humor de Borges y Bioy Casares y un reportaje que incluye ocho preguntas a escritoras, actrices, mujeres de ciencia, de las artes, del trabajo social y del periodismo.

“Aquí estamos en el laboratorio mismo de su escritura”, se lee en el prólogo de Ana Nuño. El libro demuestra que Pizarnik buscó exaltar los poderes del lenguaje. Éste es —y no la muerte, la locura o el suicidio— el gran motor de su obra, concluye Nuño. “¿Se cierra una gruta? ¿Llega para ella una extraña noche de fulgores que decide guardar celosamente? ¿Se cierra un paisaje? ¿Qué gesto palpita en la decisión de una clausura? ¿Quién inventó la tumba como símbolo y realidad de lo que es obvio?”, se cuestionó Pizarnik.

Alejandra Pizarnik, Prosa completa, edición a cargo de Ana Becciu, prólogo de Ana Nuño, Ciudad de México, Debolsillo, 2018, 320 pp.

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• Clásico

El malestar del náufrago

Penguin Clásicos se dio a la tarea de emular en nuestra lengua su mítica colección. Llega el turno de Robinson Crusoe de Daniel Defoe. Publicada en 1719, es la primera de las grandes novelas inglesas.

El libro incluye una cronología pormenorizada y una introducción a cargo de John Richetti, catedrático emérito A. M. Rosenthal de lengua inglesa en la Universidad de Pensilvania. La traducción de Julio Cortázar aporta su meritoria interpretación como escritor.

En el núcleo central de Robinson Crusoe —el personaje solo en la isla— se representa el malestar del náufrago. El método de la descripción empírica desnuda, dice J. M. Coetzee, funciona maravillosamente.

Daniel Defoe, Robinson Crusoe, traducción de Julio Cortázar, Ciudad de México, Penguin Clásicos, 2018, 608 pp.