La desigualdad de oportunidades para las mujeres en el mundo del arte las ha llevado a buscar espacios distintos a los de los hombres para desarrollar su trabajo, y en general esto sucede lejos de los medios ya conocidos. Este ensayo traza un recorrido por algunos de los esfuerzos más significativos de las últimas décadas.

“Descubrí que las mujeres artistas han sido históricamente omitidas en los libros de arte universitarios”, dijo la coleccionista Wilhelmina Cole Holladay (Estados Unidos, 1922) hacia 1960, cuando estudiaba Arte en el Elmira College de Nueva York. A pesar de la importante producción de obra hechas por mujeres en todo el mundo, Cole se dio cuenta de que no había registro de ésta. Era una noticia, una denuncia y una llamada de atención cuya vigencia hoy se acompaña de cifras: desde los años setenta el mismo número de mujeres y hombres estudia arte, no obstante, las artistas solo participan en el 15% de las exposiciones individuales y colectivas a nivel mundial; además, la crítica escribe diez veces más de los artistas hombres que de las mujeres y el precio de sus obras generalmente es inferior.1

Al no encontrar suficiente información en los libros teóricos y críticos, ni en museos y galerías, Wilhelmina concluyó que la solución a la problemática silenciosa y anónima de las mujeres artistas era hacerse de una colección para su exhibición y estudio, proyecto que gestionó junto con su esposo Wallace F. Holladay. El matrimonio empezó a coleccionar arte en la década de los sesenta, justo cuando la discusión sobre la escasa representación de las mujeres y de diversos grupos raciales y étnicos en colecciones de museos y exposiciones de arte se empezaba a popularizar. Durante veinte años, la pareja se comprometió a comprar obra hecha por mujeres de diversas épocas y, en 1980, Wilhelmina Cole decidió dedicarse a la creación y administración de un museo en el que se exhibiría únicamente obra de mujeres artistas que diera visibilidad tanto a su trabajo como a su vida.

El museo está ubicado en Washington DC y se llama National Museum of Women in the Arts (NMWA); actualmente tiene una colección de más de tres mil 500 pinturas, esculturas, obras sobre papel y artes decorativas. El espacio en el que se encuentra fue diseñado originalmente por el arquitecto Waddy B. Wood (1869–1944) y durante muchos años fungió como templo masónico; después de diversas modificaciones y adaptaciones, el museo se inauguró finalmente en abril de 1987.2

National Museum of Women in the Arts, Washington.

Una de las iniciativas del NWMA, además de presentar exposiciones permanentes e itinerantes, es generar un intercambio de información constante sobre distintas artistas. Hay obra de mujeres que nacieron en 1610, como Louise Moilon, pintora francesa pionera de la naturaleza muerta, o artistas de tiempos mucho más recientes como Polly Morgan, taxidermista inglesa nacida en 1980. Recientemente, a través de sus redes sociales, el museo impulsó una dinámica que consiste en responder a la pregunta Can you name #5WomenArtists? (¿Puedes nombrar a cinco mujeres artistas?), que está evidenciando lo complejo que nos resulta, a nivel mundial, pensar en cinco mujeres artistas además de (claro) Frida Kahlo.

La desigualdad de oportunidades para las mujeres en el mundo del arte —creadoras, críticas e investigadoras por igual— las ha llevado a buscar medios y espacios distintos a los de los hombres para desarrollar su trabajo, y en general esto sucede lejos de los ámbitos ya conocidos. Las Guerrillas Girls, quienes con sus máscaras de gorila han sido clave en la denuncia, pensaron su propia obra como el medio para hacer frente al contexto opresor que se dibuja(ba) para las mujeres en el mundo del arte. El objetivo de este grupo ha sido exponer el sesgo étnico y de género que existe en el arte, el cine y la cultura pop por medio de proyectos callejeros y exhibiciones en museos.

Existe una hipótesis que plantea Mónica Mayer (México, 1954) respecto a las formas que tomó la gestión y desarrollo de las mujeres en el arte, y es que las feministas entraron a la historia del arte en los años setenta con la preocupación por la situación de las mujeres dentro de la sociedad y en la historia que rebasaba el interés estético. Por ello, buena parte de las propuestas artísticas femeninas desde entonces tienen un sentido de militancia política.3

Este escenario nos lleva a preguntarnos por los temas, las técnicas o las inquietudes que exploran las artistas. En el NMWA, por ejemplo, se identifican diversas corrientes artísticas y discursos sociales dado que la colección proviene de muchas épocas. Sobresale, sin embargo, la obra que tiene una carga emocional fuerte y es crítica de las circunstancias sociales con distintos niveles de complejidad, como el trabajo de Lalla Essaydi (1956), una artista de Marruecos que se resiste a los estereotipos impuestos por el Este y el Oeste, y cuyo trabajo desafía las fantasías voyeristas de artistas masculinos prominentes en las pinturas orientalistas del siglo XIX, para abordar temas complicados de género en Marruecos y otras culturas árabes. El otro gran protagonista, sin duda, es el cuerpo en tanto medio de representación en el que se condensa el sistema patriarcal, los efectos de la sociedad y las reglas impuestas por el género.

Lalla Essaydi, Bullet#1, Tomada de la página oficial de la artista

Dentro de la lista de artistas que se incluyen en el NMWA encontramos a Frida Kahlo y Leonora Carrington, de quienes solemos hablar como expositoras de otras narrativas en la historia del arte —la ruptura, el surrealismo, el arte del exilio, etc.— pero que rara vez vemos como pioneras del arte feminista mexicano. Esto nos lleva a hablar de un proyecto que también apuesta por la visibilidad de las artistas, pero en México. El Museo de Mujeres Artistas Mexicanas (MUMA), es un museo virtual inaugurado en 2014 que surgió como un proyecto independiente de la fotógrafa Lucero González después de ser premiada por la Sociedad Mexicana Pro Derechos de la Mujer A.C. Semillas. Su iniciativa tomó la forma de una página web que comparte noticias de exposiciones en la ciudad, así como textos de diversa índole e información sobre artistas mexicanas de distintas disciplinas artísticas.

Detrás de cada una de estas iniciativas de visibilización hay todavía una ausencia de estudios, espacios y reconocimientos, aunque poco a poco vemos excepciones. La feria de arte contemporáneo más importante de España, ARCO Madrid, por ejemplo, en su última edición (2017) se propuso dar visibilidad al trabajo curatorial de las comisarias: los tres programas de la feria fueron gestionados solo por mujeres y se buscó que la noticia se escuchara por todo el mundo. No obstante, en esta misma edición, cerca de sesenta artistas marcharon durante una de las jornadas con el lema “estamos aquí” para denunciar la falta de representación de mujeres de la que ARCO es cómplice.

Para la escritora feminista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (1977) el problema de la desigualdad de género reside en la educación: “es innegable que chicos y chicas son biológicamente distintos, pero la socialización exagera las diferencias. […] ¿Qué pasaría si, a la hora de criar a nuestros hijos e hijas, no nos centráramos en el género sino en la capacidad?”.4 Si, por ejemplo, el libro estándar de historia del arte que se estudió en muchas universidades, Historia del arte para jóvenes de Horst Woldemar Janson (1913-1982), se hubiera escrito con estas ideas en mente, la mención de mujeres artistas hubiera aparecido mucho antes por el simple hecho de que no habría distinción entre obra creada por hombres y obra de mujeres. Todo formaría parte de la historia del arte.

En los últimos años se han publicado libros para rescatar el nombre de muchas de las artistas que han quedado entre el limbo y el olvido de la historia del arte. Otros textos se han enfocado en denunciar las dificultades a las que se enfrentan. En México, dos ejemplos de esto son Ser y ver. Mujeres en las artes visuales (Plaza Janes, 2002), un compendio de textos de Raquel Tibol (1923–2015) en el que se reúnen reportajes, notas informativas, críticas y artículos publicados que hacen evidente la necesidad de defender la dignidad de ser y estar como mujer y artista. Por su parte, Crítica feminista en la teoría e historia del arte es un trabajo compilado por Karen Cordero (1957) e Inda Sáenz (1957) que busca la resolución a preguntas como ¿por qué no han existido grandes mujeres en el arte? ¿existe un arte femenino y un arte masculino? En él se integran textos críticos y audaces de Magali Lara (1956), Mónica Mayer (1954) y Linda Nochlin (1931–2017), entre otros autores.

Llama la atención, por supuesto, que quienes colaboran en los museos de los que hemos hablado —el NMWA y el Museo de las Mujeres Artistas Mexicanas— y escriben al respecto de lo que sucede con la escena artística femenina seamos mayoritariamente mujeres. Quizá la razón sea una cuestión de empatía o sororidad, pero sería importante detectar en dónde está puesto el interés de los hombres como para no involucrarse del todo en este tipo de denuncias y movimientos, y dejar la labor a las mismas mujeres. Si bien el descubrimiento que motivó a Wilhelmina a crear su museo podría significar el arranque de nuevas investigaciones, nuevos espacios de exhibición y nuevos métodos para dialogar y luchar contra la diferencia de género, hay que entender que la identificación de estas injusticias en el mundo del arte todavía debe ser denunciada en la misma proporción por los hombres.

Comencemos a ampliar horizontes: ¿podemos nombrar a cinco mujeres artistas?

Mary Ellen Best, Artist at work, 1820, York Art Gallery.

 

María Olivera
Egresada de Literatura por la Universidad del Claustro de Sor Juana.


1 Cordero, Karen & Saenz, Inda (comp). Crítica feminista en la teoría e historia del arte, CONACULTA, México, 2007.

2Our History”, National Museum of Women in Art.

3 Antivilo, Julia. “Entre lo sagrado y lo profano se tejen rebeldías. Arte feminista latinoamericano. México. 1970-1980”, Mujeres en Red. El periódico feminista.

4 Ngozi Adichie, Chimamanda. Todos deberíamos ser feministas, Literatura Random House, México, 2017, p. 43.

 

 

Un comentario en “Nombrar mujeres en el arte

  1. Audaz critica de la ausencia femenina en general dentro del mundo del Arte desde un punto de vista tambien en femenino.