La muerte de hombres y animales es la misma
y la condición es la misma de ambos lados;
tal como muere el hombre,
igual mueren los animales.
—Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim (1486-1535)

Diógenes el cínico murió por comer un pulpo crudo. El acontecimiento ayudó a la condena moral hacia la dieta carnívora. Pitágoras no comía carne producto de una reflexión filosófica. Hesíodo meditó sobre el vínculo entre la justicia y los animales. Las historias narradas en la antología colectiva de ensayos Los filósofos ante los animales. Historia filosófica sobre los animales: Antigüedad (UNAM/Almadía, 2018) condensan el pensamiento antiguo en torno al consumo de carne desde una perspectiva ontológica. Leticia Flores Farfán y Jorge E. Linares Salgado —coordinadores del volumen— invitaron a diversos investigadores a ponderar el vínculo entre pensamiento y animales en Occidente y parcialmente en Medio Oriente.

Los coordinadores afirman que la filosofía, desde finales del siglo XX y hasta la fecha, ha reflexionado sobre el proceso de cosificación animal y ha cuestionado las prácticas de producción y consumo de los animales. Repasan una serie de preocupaciones jurídicas, éticas, políticas y ontológicas que ponen a discusión la “cuestión animal”. El libro incluye especulaciones filosóficas sobre los animales —“la animalidad y/o lo animal”— en más de 25 siglos de pensamiento Occidental. Así da cuenta de la edificación del concepto y las prácticas con respecto a estos seres. Los coautores concluyen que la reflexión sobre los animales no es nueva, sino que los debates éticos y bioéticos en torno a la naturaleza de los animales y las relaciones que guardan con los humanos forma parte de una larga tradición que inició en la ideología grecorromana. La siguiente es una selección de pasajes de algunos pensadores de la filosofía antigua y medieval citados por los investigadores que participaron en el libro.

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Y él mismo [Pitágoras] vivía de esta forma, absteniéndose de alimentarse con animales y rindiendo culto en altares incruentos. Animaba a los demás para que no destruyeran a los animales, que son de la misma naturaleza que nosotros, y hacía entrar en razón a los animales salvajes educándolos con palabras y hechos, pero no dañándolos con castigos. También a los legisladores, de entre los hombres políticos, les ordenó que se abstuvieran de comer seres vivos pues si deseaban obrar de manera justa y de forma elevada era preciso que no cometieran injusticia hacia los animales, que son nuestros parientes. Pues, ¿cómo convencerían a los demás para que obraran con justicia si ellos mismos eran vistos practicando tal avidez? Existe una suerte de alianza familiar entre los seres vivos, mediante la comunidad que se produce por medio de la vida y de los mismos formantes y de la mezcla que estos producen, por lo que están unidos a nosotros como en una hermandad.

—Jámblico

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¿De verdad preguntas, tú, por qué razón se abstuvo Pitágoras de comer carne? En lo que a mí respecta, quisiera saber —perplejo como estoy— con qué actitud, con qué suerte de disposición anímica o mental, la primera persona probó sangre con su boca, rozó con sus labios carne de animal muerto y —preparando mesas de cuerpos e imágenes inertes— denominó “alimento” y “nutrición” a miembros que, poco antes podían rechinar, aullar, moverse y ver. ¿Cómo podía la vista de esta persona recrearse en la matanza de animales que eran degollados, desollados, despedazados? ¿Cómo soportaba su olfato el hedor? ¿Cómo no repugnaba la contaminación a su gusto, el cual se hallaba en contacto con las llagas de otros seres y recibía flujos y sangre de heridas mortales?

—Plutarco

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Con seres a los que no les es dado ejercitar la justicia con nosotros, tampoco nosotros tenemos la posibilidad de ser injustos.

—Hesíodo

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Pitágoras “afirmaba que el alma es inmortal y que se trasladaba a otros géneros de animales, y, además de esto, decía que, según períodos establecidos, todas las cosas ocurridas pasaban otra vez y que simplemente no había nada nuevo, y también que había que considerar de la misma estirpe a todos los seres dotados de alma”

—Porfirio de Tiro

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Eso, en la curva admirable de los miembros del hombre. Unas veces, bajo la acción de Amor, se juntan, uno, todos los miembros, que tienen derecho a un cuerpo, cuando la Vida está en flor; otras veces, desunidos por Peleas, las malas, los miembros están destruidos por la Vida. Igualmente para los árboles y los peces, habitantes del agua, los animales salvajes.

—Empédocles

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Dentro del Odio, todo es diferente y se divide. Juntos, en Amor, y todos están llenos del deseo del otro. De ellos sale todo lo que fue, lo que existe, lo que será. Por ellos nacen los árboles, los hombres y las mujeres, los animales y los pájaros y los peces que el agua alimenta, y los dioses, primeros por el rango, porque son siempre iguales corriendo a través los unos de los otros, se vuelven cosas diversas: todo cambio que lleva la mezcla.

—Empédocles

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No tenían ningún dios Ares, ni Tumulto, ni Zeus, ni Cronos, ni Poseidón, tenían a Cipris reina. A partir de ella, estos hombres buscaban favores y por ofrendas piadosas, por animales pintados y finos olores de mirra pura y de esencias fragantes, tiraban al suelo libaciones de miel roja. El altar no estaba empapado de sangre pura de toros. Pero era la peor abominación entre los hombres arrebatar la vida y devorar los miembros esplendidos de un cuerpo.

—Empédocles

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Todo era suave y amable para los hombres, las bestias y los pájaros, y la bondad ardía.

—Empédocles

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Ciertamente, Allāh ha ordenado que se haga el bien en todas las cosas, y si matáis hacedlo bien; de manera que si sacrificáis un animal, hacedlo bien afilando el cuchillo y que la víctima sufra lo menos posible.

—al-Qurtubi aludiendo a un ḥadīt

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Todo animal se conoce y percibe su alma como un alma (yastash‘iru nafsa-hu nafsa-an wāḥida) que ordena y rige el cuerpo que se tiene. Si hubiese otra alma de la que el animal no es consciente, [un alma] que no es consciente del animal, y [un alma] que no estuviese ocupada con el cuerpo, esta no tendría ninguna relación con el cuerpo y la relación solamente puede sostenerse de este modo.

—Ibn Sīnā

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Tratemos ahora el conocimiento que el animal tiene de sí mismo —si es que hay un genuino autoconocimiento animal. Aunque la estimativa (wahm) se encuentra en la cima de las facultades racionales cognitivas que el animal puede poseer, esta se encuentra unida al cuerpo, así que no puede distinguirse o deshacerse de él. La estimativa es distinta del alma animal que es primariamente conciencia y no estimación, afirmación o conciencia de sí mismo.

—Ibn Sīnā

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Sócrates tuvo un sueño en el que un pollito se subía a su regazo, de pronto crecía para convertirse en un cisne que tras abrir las alas levantaba vuelo cantando. Al día siguiente conoció a Platón, reconociendo en él a quien tenía un destino de cisne.

—Diógenes Laercio

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Que el universo es un ser vivo, racional y animado, e inteligente, lo dicen Crisipo en el libro primero de su Sobre la providencia, Apolodoro en su Física y Posidonio.

—Diógenes Laercio

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En efecto, toda planta es administrada por una naturaleza y, en cambio, todo animal, tanto por una naturaleza como por un alma, si es que efectivamente todos los hombres llamamos “naturaleza” a la causa del nutrirse, del crecer y de las capacidades de ese tipo y, en cambio llamamos alma (a la causa) de la percepción y del movimiento que le sigue.

—Galeno

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Lo viviente es superior a lo no viviente.

—Diógenes Laercio

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Tienen también las fieras mudas parte directora del alma por la que distinguen los alimentos, se forman imágenes, esquivan las trampas, saltan por encima de escarpaduras y precipicios y reconocen a los allegados; ciertamente no es racional pero, con todo, sí natural. Solo el hombre de entre los seres mortales tiene uso de la parte principal del alma para el bien, es decir, de la razón, como dice Crisipo mismo.

—Calcidio

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La voz de un animal es el aire golpeado por un impulso natural; en cambio, la del hombre es articulada y emitida por su inteligencia.

—Diógenes Laercio

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Todo animal se ama a sí mismo, y tan pronto como nace procura conservarse, porque la primera inclinación que le da la naturaleza para proteger su existencia es una tendencia a conservarse y a ponerse en las mejores condiciones posibles conforme a la naturaleza. Esta disposición al principio es confusa e incierta pues se limita a conservar su existencia sea cual fuere; pero no entiende ni lo que es ni lo que puede ni en qué consiste su naturaleza. Pero cuando adelanta un poco y comienza a comprender en qué medida le afecta y le concierne cada cosa, empieza a progresar lentamente, a conocerse a sí mismo y a comprender por qué tiene aquella apetencia instintiva de la que hemos hablado.

—Cicerón

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Así como los toros por instinto natural luchan contra los leones con todo el ímpetu de que son capaces en defensa de sus terneros.

—Cicerón

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En el ser en el que no puede existir felicidad, tampoco puede existir aquello que causa la felicidad; la felicidad la causan los bienes. En el animal mudo no existe la felicidad, ni aquello que causa la felicidad: así en el animal mudo no existe el bien.

—Séneca

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El filósofo Crisipo escribió que el phryganion,atado como amuleto, sirve de remedio para las fiebres cuartanas. ¿Qué clase de animal era?, ni él lo describió ni yo he encontrado a nadie que lo conozca.

—Plinio

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Ahora bien, por “el animal” hay que entender o el cuerpo especifico, o el compuesto de alma y cuerpo o un tercero distinto resultante de ambos. Pero sea como fuere, es preciso o que el alma se mantenga impasible, siendo causa para otro de tal afección, o que ella sea afectada junto con el cuerpo, y que sea afectada, experimentando ya sea la misma afección, ya una similar; por ejemplo, que el animal apetezca de un modo y la facultad apetitiva actúe o sea afectada de otro.

—Plotino

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En los seres se encuentran diferencias mínimas que colocan a tal o cual animal por delante de otro, y cada vez aparecen más dotados de vida y movimiento.

—Aristóteles

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Algunas cualidades, en efecto, por naturaleza son susceptibles, a través de los hábitos, de inclinarse hacia lo peor y hacia lo mejor. Los demás animales viven principalmente guiados por la naturaleza; algunos, en pequeña medida, también por los hábitos; pero el hombre además es guiado por la razón; él solo posee razón, de modo que es necesario que estos tres factores se armonicen uno con el otro. Muchas veces, efectivamente, los hombres actúan mediante la razón en contra de los hábitos y la naturaleza, si están convencidos de que es mejor actuar de otra manera.

—Aristóteles

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Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.