Su nombre puede no sonarle a muchos, pero este jugador que militó en las filas del Irapuato le dio a México su primer punto en una Copa del Mundo.

La ciudad de Irapuato tiene sus héroes del presente y del pasado. Luego del Mundial de Suecia 58, a Jaime El Flaco Belmonte lo llamaron “el héroe de Solna”, pues con un gol de testa en el estadio de Solna, en Estocolmo, dio a la selección mexicana su primer punto en una Copa del Mundo luego de 28 años de reveses: País de Gales 1-México 1.

Con esa bandera triunfal llegó Belmonte un año después al Irapuato. Planeaba estar una o dos temporadas en la Trinca Fresera y después emigrar al Monterrey, al Oro o al Atlante, que lo pretendían. Pero se quedó en Irapuato hasta su retiro, en 1972, cuando le gritaban desde las tribunas:

—¡Ya estás viejo, Flaco!

Le hizo caso a esas voces. Luego puso una tienda deportiva en la avenida Guerrero (Deportes Belmonte), a cinco cuadras del Estadio Sergio León Chávez, a la que llegaba por las mañanas montado en su bicicleta… Quienes lo veían, lo reconocían.

—¡Ahí va El Flaco!

Él iba muy contento, pedalea que pedalea.

***

11 de junio de 1958.

Saltan a la cancha del estadio Solna las escuadras de País de Gales y México. Los galeses son favoritos, e incluso hay quien pronostica una segura goleada de 6-0, mínimo. Los mexicanos perdieron en su primer encuentro contra Suecia 3-0; en cambio, País de Gales consiguió un meritorio empate a uno ante la todavía poderosa Rapsodia Húngara. Son dos niveles futbolísticos, dos estaturas. Quizá por lo mismo, las tribunas se vuelcan en apoyo hacia los que tienen menos atributos.

—¡Mecsicou, Mecsicou, Mecsicou! —se canta en Estocolmo.

Recuerda ahora, a 42 años de distancia, Jaime Belmonte:

—Sí, la gente estaba muy del lado de México porque se suponía que era equipo chico, y veían el entusiasmo que poníamos para jugar.

Sin embargo, Allchurch al minuto 16 vence a Antonio Carbajal, lo que se mira como presagio de una masacre.

Discutían en la banca la estrategia a seguir el maduro Antonio López Herranz y el joven Ignacio Trelles: aquél era el “director técnico” de los tricolores, éste el “entrenador”. La dupla ideaba movimientos que terminarían por desconcertar a los galeses. Contra lo previsto, el encuentro se equilibra. Luego se hacen constantes los arribos de los mexicanos, pero se falla en el último toque. Al verse acorralado, País de Gales intenta el contragolpe.

En cuestión de dominio el segundo tiempo es para México. Pero País de Gales sigue con la ventaja en el marcador. Los mexicanos no conseguían desprenderse del estigma de la derrota.

Hasta el minuto 86: Carlos Blanco simula tiro pero en vez de disparar abre a la derecha… Enrique El Loco Sesma recibe de inmediato y cruza un servicio directo hacia Jaime El Flaco Belmonte, quien gana el salto a Hopkins y remata con la testa. Vuela el arquero Kelsey pero no logra interceptar el viaje del esférico.

—¡Gooooooool!

Casi cuatro décadas después de ese instante, contó Belmonte a Ramón Márquez: “Lo que sentí en ese momento es muy difícil de explicar. Fue una emoción intensa, enorme. Mis compañeros corrieron a felicitarme. Fue un buen gol, pues con él ganó México su primer punto en Copas del Mundo. Siempre he pensado que lo logrado ahí fue obra de todos; a mí me tocó, gracias a Dios, meter el gol, pero todos jugamos muy bien ese día”.

Y cuatro minutos después el árbitro yugoslavo Leo Lemesc ordenó el fin de las acciones.

Jaime Belomonte tenía 23 años, y era de los más jóvenes en la selección mexicana. Era, también, la primera vez que viajaba en avión.

—Me tocó la suerte de meter el gol de cabeza a un centro de Sesma… No fue un centro muy cómodo, pero la pelota entró. Y ese gol, sí, le dio a México el primer punto en un Mundial —resume ahora, mientras infla un balón Estrella, como si contara un hecho menor.

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Nací en la ciudad de México en 1934. Mi familia es de aquí, de La Piedad. Fui el único que nació en el Distrito Federal.

Desde el 55 jugaba en Cuautla. Estuve un año en segunda división y en 56 ascendimos. Cuando bajó el Cuautla, me invitó el Irapuato a venir acá.

Antes, me costó hacerme titular en el Cuautla. Durante siete meses, dos veces a la semana, tomaba mi camioncito de la Ciudad de México a Cuautla, que me costaba siete pesos… Trabajaba en una fábrica textil, y esos días me daban permiso para ir a entrenar. Así lo hice, hasta que me contrataron. El entrenador, Donato Alonso, me dijo un día:

—Te vas a quedar en el equipo, vas a ganar 200 pesos.

No era mucho dinero, apenas me alcanzaba para ir y venir… Pero yo lo que quería era jugar. Con el Cuautla el segundo año ya gané 400 pesos. Llegué a ganar 1,200 pesos, que de todos modos no alcanzaban para mantener a la familia.

En 56 ascendimos con el Cuautla y en 57 Trelles me invitó a la selección.

—Vente a probar —me dijo, luego de un partido.

Y fui uno de los convocados a ir a Suecia 58. Hicimos como diez horas para llegar a Europa. Yo nunca había viajado en avión. Recuerdo que en la selección nos daban diez dólares diarios como viáticos, más las primas.

Cuando descendió el Cuautla en 59 me invitaron a jugar aquí en Irapuato. Pensaba quedarme por un año, pero me sentí tan a gusto que pasó el año, otro más… Tuve la posibilidad de salir al Monterrey, al Oro, al Atlante, pero la verdad nunca quise dejar Irapuato. Ya habían vendido mi carta al Monterrey por 120 mil pesos, pero me opuse. ¿Mucho dinero? No se crea. No es lo mismo entonces que ahora. Dicen que es casi igual pero no es cierto. En el Irapuato llegué a ganar ocho mil pesos, fue lo más que gané. Y ya con eso más o menos se podía ahorrar poquito, pero no es el sueldo que hay ahora, jamás podrá igualarse.

Jugábamos en el estadio Revolución, que todavía sigue de pie junto al estadio actual, en el que todavía alcancé a jugar antes de mi retiro. Al irse el Irapuato en 72 a segunda división me retiré, a los 38 años. La gente me gritaba:

—¡Ya estás viejo! ¡Retírate!

Uno siente el peso de los años cuando intenta un pique… Hace uno, dos o tres piques, y al cuarto como que ya no se puede. Lo mejor es retirarse a tiempo, creo que así lo hice.

Monté mi negocio de artículos deportivos. Es chico el negocito pero me da para vivir. También fui maestro de educación física por 27 años en la Preparatoria Oficial. Me acabo de jubilar. Lo que hago ahora es jugar tenis, esa es mi vida de ahora.

***

Irapuato es ciudad bicicletera. Hay en algunas calles, incluso, un carril pintado para aquellos que les gusta moverse en dos ruedas y sin contaminar. Así lo hace Belmonte por las mañanas: deja su vehículo recargado mientras quita los candados, entra por la palanca y empuja hacia arriba la cortina metálica. Luego, entra con la bicicleta al negocio y la va a dejar en un pasillo, que es como el garaje de su medio de transporte. A la hora de comer cumple el mismo ritual, pero a la inversa. Por la tarde, vuelta a lo mismo.

Los domingos se escapa de Irapuato, va al campo con la familia, juega tenis.

La tienda Deportes Belmonte es el mirador desde el que ha seguido los vaivenes de la Trinca Fresera desde que se despidió de las canchas: descensos y ascensos. Ha visto, además, los desmanes que despierta en la ciudad esa pasión futbolera cuando no es correspondida. En tiempos deportivamente malos, salta del nombre de Irapuato una palabra fuerte: ira.

—Ya ve cuando perdieron contra el Zacatepec hasta quemaron un camión, saquearon dos o tres negocios. Luego de eso muchos comercios no se recuperaron.

La avenida Guerrero es el centro vital de la afición de la Trinca Fresera, ahí se ve cuando la escuadra va bien o va mal. Luego de un nuevo ascenso a la primera división, la calle estaba en calma.

—Han sido diez años de mala suerte, don Jaime, diez años para volver a ascender.

—Irapuato necesita un equipo de primera. Hay mucha afición aquí, hay muchas rancherías. Va a ver usted que cada quince días que haya partido se va a llenar el estadio.

—Fue cerrada la disputa en el juego del sábado…

—Fue un partido muy peleado, pudo ser para cualquiera…

—¿Le causa alguna emoción especial que Irapuato esté de nuevo en el primer circuito? —le pregunté.

—Sí me siento contento porque Irapuato haya subido de nuevo. Ojalá mantengan al equipo con la gente que hay, y que lo refuercen solo un poquito. Ojalá que siguieran con la gente que ayudó a que subiera. Y sí nos da alegría a todos este triunfo. ¡Cómo no! Yo aquí, deportivamente, di parte de mi vida.

Este encuentro con Jaime Belmonte ocurrió en el año 2000. Él murió en Irapuato el 21 de enero de 2009, a los 74 años, víctima de cáncer de estómago.

 

Alejandro Toledo
Escritor. Su más reciente publicación es: Francisco Tario. Antología.