Este martes 26 de junio culminará un proceso comenzado el pasado 4 de abril, cuando Ricardo Anaya, candidato presidencial de la coalición Por México al Frente, así como los partidos que ésta integra, me invitaran a sumarme a su proyecto como enlace con la comunidad cultural. El encargo hubo de surgir de manera natural, a partir de la actividad que yo mismo, entre muchos otros ciudadanos comprometidos con los valores democráticos, pude realizar para promover la constitución de este Frente. México necesitaba una fuerza comprometida con el Estado de derecho, el desarrollo institucional y un ideario cuyas coordenadas son el pensamiento liberal y las ideas progresistas, en un contexto en que las dos opciones claramente distinguibles de poder eran formas perversas del vetusto nacionalismo revolucionario, con su ideología envejecida, sus vicios autoritarios, su reticencia a promover un sistema de contrapesos y mecanismos democráticos y su lastre de corrupción. Era importante, pensábamos entonces y pensamos ahora, articular un polo interesado en el advenimiento de la sociedad de ciudadanos que México merece ser ante la amenaza de un retorno del PRI, ya en su versión actual, ya en la nueva, que se antoja todavía más vieja.

Ilustración: Víctor Solís

No me interesan a estas alturas de mi vida los puestos públicos. No contiendo por un cargo de elección popular. Y, de resultar electo Ricardo Anaya como próximo presidente de México —que es lo que muchos esperamos suceda el 1 de julio—, no aspiro a ocupar la Secretaría de Cultura ni ningún otro puesto en el Poder Ejecutivo. Sin embargo, es cierto que por más de 30 años me he dedicado a la promoción y la gestión cultural desde un espacio público —la Universidad de Guadalajara, de la que fui rector y que ha cobijado muchas de mis iniciativas como la Feria Internacional del Libro, el Festival de Cine y el Conjunto de Artes Escénicas de esa ciudad— y que tengo un vivo interés por el impulso a la cultura desde lo público. También que, por mi interés en el libro y la literatura, el cine y las artes escénicas, me asumo parte de la comunidad cultural, por lo que me entusiasmó sobremanera la posibilidad de participar con ella para formular la política cultural que este país necesita.

A lo largo de los últimos 90 días, junto a los miembros del pequeño equipo que me acompaña en esta tarea, he tenido la oportunidad de reunirme con artistas e intelectuales, creadores y creativos, promotores y gestores, empresarios y emprendedores, trabajadores independientes, del sector público y de la iniciativa privada, integrantes todos de la comunidad cultural. Hemos conocido las preocupaciones, las necesidades y las propuestas de escritores y diseñadores de moda, cineastas y artesanos, desarrolladores web y libreros, teatreros y arquitectos, e integrantes de tantas otras categorías creativas que, con su trabajo, hacen de México una potencia cultural global aun a pesar del rezago institucional que acusa nuestro sector, de la indiferencia de las políticas económicas y la insuficiencia de las políticas fiscales, del atraso de la legislación y la carencia de políticas públicas. Este proceso ha culminado con una propuesta —Interculturalidad, ciudadanía, economía creativa. Ejes de política cultural de la coalición Por México al Frente— que conocerá a partir de este fin de semana una difusión masiva vía internet y que orientará los trabajos del Frente en pro de la cultura tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, no desde una visión centralista y patrimonial sino a partir de las ideas, las propuestas y los reclamos de ciudadanos que se dedican hoy a la actividad cultural y que saben qué precisa nuestro sector para florecer.

No quisimos hacer un folleto bonito que listara un rosario de buenas intenciones que no se traduzcan en propuestas concretas de política pública. Emprendimos este proyecto como lo merecen el país, su cultura, sus creadores y sus trabajadores: no como una pieza de propaganda electoral sino como la semilla de un programa de gobierno y una agenda legislativa para el sector. Así, allende las muchas conversaciones y discusiones con integrantes de la comunidad —uno a uno o en pequeños grupos por disciplina o transdisciplinarios—, así como al interior del equipo, realizamos un primer diagnóstico de los instrumentos jurídicos que amparan el quehacer cultural en México y de la infraestructura institucional que lo soporta, una revisión de experiencias de legislación y políticas públicas culturales en regiones y países que constituyen referentes obligados y una consulta tanto a estudios de organismos internacionales y universidades del mundo como a trabajos de teóricos que se han ocupado de la materia.

A partir de ese trabajo, se vieron perfilados cuatro fenómenos, que nuestra propuesta de política cultural ha procurado atender y desarrollar:

1. Que México es un país diverso, desde el punto de vista étnico y lingüístico pero también social, territorial, ideológico, religioso, sexual y de género, y que esa diversidad debe traducirse no en una inclusión paternalista que no hace sino reproducir un modelo hegemónico y centralista de la cultura sino en un verdadero diálogo intercultural entre pares.

2. Que, ante el rezago que la desigualdad, la pobreza y los lastres de nuestro sistema educativo suponen para el país, el Estado debe postular la cultura como un factor de desarrollo social y fomentar a través de ella el pensamiento crítico y la corresponsabilidad cívica, facilitando el advenimiento de un sistema de valores propio y único en cada individuo, que le permita hacer una lectura acuciosa de su entorno y comprometerse en su transformación, para redundar en que México pueda devenir una verdadera sociedad de ciudadanos.

3. Que, en una sociedad posterior a la revolución digital y ávida de contenidos, y en una economía crecientemente orientada al sector terciario, las industrias creativas deben ser consideradas un eje estratégico de la política económica nacional por su capacidad para multiplicar los empleos y generar prosperidad: si hoy, sin verdaderas políticas públicas para el impulso a la llamada Economía Naranja, ésta llega a generar, de acuerdo a algunos estudios, hasta el 9 por ciento del PIB, ¿cuánto puede contribuir a la reactivación de nuestra estancada economía si generamos desde el Estado las condiciones para ello?

4. Que, a fin de que estos tres ejes, cuya importancia resulta crucial para perfilar el país moderno y próspero que queremos, puedan traducirse en realidades concretas y benéficas para la ciudadanía, resulta indispensable emprender una reingeniería institucional del sector cultural, expidiendo al fin un Reglamento de la Ley de Cultura y Derechos Culturales —que debería haberse publicado desde octubre de 2017—, reconcibiendo la actual Secretaría de Cultura como una Secretaría de las Culturas que ponga la diversidad en el centro, realizando el rediseño institucional que le dé la estructura orgánica que necesita para su correcta operación y evite duplicaciones con el INAH y el INBA, dotando de solidez jurídica al FONCA, otorgando certeza laboral a todos los trabajadores públicos del sector y generando mecanismos para dotar de seguridad social a los creadores y trabajadores independientes y, de manera toral, procurando avances para alcanzar la meta presupuestal del 1 por ciento del PEF para 2024.

 

Éstas son las grandes líneas articuladoras del documento de 124 páginas que, en 41 lineamientos puntuales, de los que se desprenden 163 acciones concretas, apunta hacia la verdadera transformación del sector cultural mexicano que la coalición Por México al Frente pretende impulsar desde el Ejecutivo como desde el Legislativo. Será éste, sin duda, un empeño mayúsculo pero su necesidad es toda. La reforma cultural no puede ser sino indispensable en un Estado que aún no se ha enterado que la del siglo XXI es la sociedad del conocimiento, una en que la cultura pasa de ser accesorio vistoso pero prescindible a sector estratégico de la economía y pilar de la política social.

La cultura nos hace pensar y sentir, interpelar el entorno y dejarnos interpelar por él, ejercer el pensamiento crítico, ser libres. La cultura, y su aprovechamiento, son lo que construye la democracia que queremos vivir: una sociedad de ciudadanos.

 

Raúl Padilla López
Enlace con la comunidad cultural de la coalición Por México al Frente.