El investigador y editor Fernando Ibarra Chávez se propuso brindar un paisaje en el que resulta clara la riqueza conceptual y temática de la obra de Giovanni Boccaccio (1313-1375), uno de los fundamentos de la narrativa medieval. El resultado es Rimas (Almadía/UNAM, 2018). El estudio y las notas del investigador incluidas en la edición enriquecen la obra de Boccaccio. El autor del Decamerón, ante todo, se consideró siempre poeta —dice Ibarra Chávez— y parece que todos sus esfuerzos se concentraron en demostrarlo. Ejemplo de ello es la presente selección de cinco poemas, incluidos en el volumen. La poesía de Boccaccio —influida por Dante y Petrarca— rápidamente se convirtió en patrimonio común a todos los poetas toscanos de la segunda mitad del siglo XIV, concluye Ibarra Chávez.


 

***

Guiome Amor, todavía el Sol ardiendo
por las aguas de Julio1, hacia arrayanes,
y estaba el mar tranquilo, el cielo quieto,
aunque Céfiro2 apenas, como suele,

a los árboles movía sólo las cumbres;
cuando me pareció oír un canto, alegre,
tanto que semejante no fue oído
nunca jamás en escuelas mortales3.

“Acaso ángela o ninfa o diosa canta
consigo misma en tal lugar selecto4
sus antiguos amores”, yo pensaba.

Aquí a mi dama en hermoso recinto
del bosque umbroso entre yerbas y flores
la vi sentada y con otras cantando.

***

Es dura cosa, en gran medida horrible
el esperar la muerte, y pavorosa,
pero tan infalible y cierta cosa
nunca hubo, no hay ahora, ni habrá, creo,

y el curso de la vida tuya es breve,
retroceder no puede ni se para;
aquí no se ve nada tan alegre
cuyo final no sea llanto y lamentos.

Por lo tanto, ¿por qué no hacer esfuerzos
para extender con valor nuestra fama
y con ella alargar los breves días?5

Ella nos da y preserva nuestro honor,
nos quita ella la costra de los años
y de una larga vida nos adorna.

***

Giovanni Boccaccio, 1822. Obra de Raphael Morghen (1758-1833). Thorvaldsens Museum.

Sentada en el extremo de una barca,
que por el viento el mar surcando estaba,
mi dama y otras más en compañía,
una canción y otra ellas cantaban.

Ora este litoral, ora esta isla,
ora esta y ora aquella compañía
de damas visitando, era apreciada
cual bajada del cielo una angelita.

Siguiéndola, notaba cómo gente
venía de todas partes a observarla:
como un nuevo milagro la veían.

Noté que en mi interior se despertaban
con ganas de alabarla mis espíritus
y no veía saciado el bien que siento.6

***

Cándidas y orientales raras perlas
bajo rubíes claros y bermejos
donde se mueve angélica sonrisa,
que centellan debajo a negras cejas

Venus y Júpiter7 hacen a un tiempo
y blancos lirios a bermejas rosas
añaden su color en todo el rostro
sin que artificio alguno las exalte.8

Lucen los crespos dorados cabellos
sobre la tersa frente de la cual
Amor irradia por la maravilla;

y el resto de las partes se armonizan
con estas en iguales proporciones
de esta mujer que a un ángel se asemeja.

***

Con ropas muy ligeras y descalza,9
las trenzas recogidas y saltando
por uno y otro escollo recogiendo
conchas, iba mi dama junto a otras.

Las olas, en sí mismas encogidas,
mojábanle los blancos pies, sonando,
con breves movimientos, retraídas
o a veces extendidas, alternando.

Ella temiendo entonces ser mojada
sus vestidos en alto levantaba
dejándome mirar su pierna expuesta.

¡Oh! ¡Si hubiese habido alguno do yo estaba
habría mirado mis ojos deseosos
de ver acaso un poco más arriba!

 

Giovanni Boccaccio
Autor de Decamerón, De mulieribus claris (Sobre las mujeres ilustres) y Genealogia deorum gentilium (Genealogía de los dioses paganos), entre otros textos.

Traducción de Imelda Almaraz Ojinaga, Fernando Ibarra Chávez, Nancy Rosas Zambrano, David Hazael Rodríguez Berea y Virginia Sánchez Jiménez.


1 las aguas de Julio: Octaviano realizó ampliaciones en el puerto de Baia, situado en el golfo de Pozzuoli, uniendo así los lagos de Lucrino y de Averno, de tal forma que el puerto de Julio César desembocaba en dicho lago. (N. del E.)

2 Céfiro: viento del Oeste, que anuncia la primavera. (N. del E.)

3 tanto… mortales (tanto… scuole): no se había escuchado jamás una voz similar en ninguna escuela de canto sobre la tierra. (N. del E.)

4 En tal lugar selecto (in guesto loco eletto): eco dantesco. Véase Purgatorio, XXVIII, v. 77. (N. del E.)

5 Gracias a la Fama, la gente puede extender su presencia en el mundo a pesar de la brevedad de la vida. (N. del E.)

6 El soneto contiene varios ecos dantescos provenientes de la Vita nuova (p. e. XXVI, “Tanto gentile e tanto onesta pare”) y de algunos textos de otros stilnovistas, como “Chi è questa che vèn ch’ogn’om la mira?” de Guido Cavalcanti. (N. del E.)

7 Venus y Júpiter: se refiere a los astros, no a los dioses: los ojos son dos grandes estrellas. (N. del E.)

8 Sin maquillaje. Las características de la mujer son muy similares a las expuestas por Cino da Pistoia en la canción “Oïme lasso, quelle trezze bionde” (CXXIII). (N. del E.)

9 La imagen de la mujer descalza y con las ropas húmedas también está presente en Guido Cavalcanti con el mismo toque de erotismo. Véase “In un boschetto trova’ pasturella”, v. 6: “scalza, di rugiada era bagnata”. Iscinta e scalza, también aparece en las rimas de Dante. (N. del E.)