Las entrevistas de prensa y el auge de los medios masivos contribuyeron como nunca a ensalzar la figura del autor. Al mismo tiempo, el periodismo, la radio y la televisión democratizaron el mundo del libro, al traer a los confines más amplios de la oralidad aquello que lo escrito resguardaba. Esto ocurrió con uno de esos escritores que precisamente lograron llevar los dichos, costumbres populares, las anécdotas de muertes y amoríos que corrían de boca en boca, al cauce de un arte poético tan colorido como refinado: Federico García Lorca. Por primera vez, un libro, Palabra de Lorca. Declaraciones y entrevistas completas (Malpaso, 2017), reúne todas las entrevistas y diálogos con la prensa de Lorca, gracias a un trabajo exhaustivo en archivos andaluces que rescata del olvido desde fotografías, entrevistas largas o póstumas hasta estampas, conversaciones breves, crónicas y encuentros fugaces con el poeta en España o durante su viaje a Buenos Aires y Montevideo.

Si algo resalta de este monumento a la voz de Lorca es la extendida fama que había adquirido no sólo en España sino del otro lado del Atlántico. La abundancia de reflectores, firmas de autógrafos, entrevistas y encuentros con la prensa no dejan de sorprender a un Lorca que, para principios de los años 1930, ya es el celebrado dramaturgo y alabado poeta imprescindible de las letras de nuestro idioma. Su popularidad coincide plenamente con “el desarrollo y madurez del género de la entrevista literaria en el mundo hispánico”, como apunta Christopher Maurer en el prólogo. La entrevista literaria, género de promoción y autopromoción tan absorbente y benéfico para un mercado en plena expansión, contribuye en este caso a forjar, en oro, la leyenda viva de Lorca, a ir cincelando el aura de admiración y elogio masivo en el mundo hispanohablante. Antes de los días aciagos de su regreso final a Granada, los periodistas culturales, escritores y editores ya quedan envueltos en una fragancia de dicha, simpatía y sencillez con el simple hecho de verlo acercarse. Muy pocos escapan a la ilusión de querer tratarlo como un verdadero personaje literario, exótico, con lo gitano por todo lo alto, como el Camborio de uno de sus romances. A dos periodistas que asisten a su desembarco glorioso en los muelles de Montevideo en 1933 les da la impresión de tener “salud de labriego y potencia de hombre mar”. Otros no esconden ese mester de idolatría tan propio de cierto periodismo, hasta el grado de afirmar que Lorca es la prueba de que “los poetas no son malos. ¿Cómo un hombre que ha hilvanado palabras hermosas puede abrigar en su corazón un sentimiento tan feo como la injusticia?”. Desde aquí todo parece idealización y, cuando más, lirismo de periodistas. De los siguientes fragmentos de Palabra de Lorca, que estará muy pronto en librerías mexicanas, quisimos destacar esas piezas maestras de la brevedad “Vilanos en el aire”, que aparecieron en serie en el periódico madrileño Luz, y que nos conducen a una forma de la entrevista extinta y, sin embargo, tan necesaria: la nota o estampa anónima. Otros fragmentos, firmados, pondrán ante nuestros ojos a un poeta juguetón, encantador y encantado ante sus interlocutores inquietos y protagónicos, maravillados frente al artista inolvidable que nació un día como hoy.

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Itinerarios jóvenes de España: Federico García Lorca
[con Ernesto Giménez Caballero]1

Hablo a Lorca por teléfono:
—¿En qué año has nacido?
—El 1899, 5 de Junio.
—¿Dónde?
—En Fuentevaqueros, Granada.
—¿Cómo se llaman tus padres?
—Federico García Rodríguez y Vicenta Lorca.
—¿De dónde son?
—Andaluces, granadinos.
—¿Qué has heredado —vitalmente— de tu padre?
—La pasión.
—¿Y de tu madre?
—La inteligencia.
—Dame más datos para tu solución de herencias.
—Yo no soy gitano.
—¿Qué eres?
—Andaluz, que no es igual, aun cuando todos los andaluces seamos algo gitanos. Mi gitanismo es un tema literario y un libro. Nada más.
—Más datos.
 —Mi padre, agricultor, hombre rico, emprendedor, buen caballista. Mi madre, de fina familia. Mi familia hizo crac en el siglo pasado. Ahora resurge otra vez.
—Gracias a ti.
—Bueno, gracias a mí.
—Dime tu infancia.
—Mi padre se casó viudo con mi madre. Mi infancia es la obsesión de unos cubiertos de plata y de unos retratos de aquella otra “que pudo ser mi madre”, Matilde de Palacios. Mi infancia es aprender letras y música con mi madre, ser un niño rico en el pueblo, un mandón.
—¿Te desplazas pronto de tu pueblo?
—A un colegio de Almería, en seguidita. Pero me sorprende un tremendo flemón, y mis padres creen en mi próxima muerte y me llevan al pueblo otra vez a cuidarme.
—¿A qué te gustaba jugar de chico?
—A eso que juegan los niños que van a salir “tontos puros”, poetas. A decir misas, hacer altares, construir teatritos…
—¿Qué más estudiaste?
—Estudié mucho. Estuve en el Sagrado Corazón de Jesús, en Granada. Yo sabía mucho, mucho. Pero en el instituto me dieron cates colosales. Luego, en la Universidad. Yo he fracasado en Literatura, Preceptiva e Historia de la Lengua castellana. En cambio, me gané una popularidad magnífica poniendo motes y apodos a las gentes.
—¿Cuántos hermanos tienes?
—Tres.
—¿Amigos?
—Muchos.
—Destaca algunos.
—El grupo de Gallo, la revista nuestra, la nueva cuerda granadina: Joaquín Amigo, Arboleya, Ramos, Ayala, Fernández Casado, Menoyo…
—¿Qué otras fueron las cuerdas granadinas anteriores?
—Antes de nosotros, la de Almagro, Gallego Burín, Navarro Pardo, Campos Aravaca y el gran Paquito Soriano Lapresa —el que nos ha dado lectura a todos con su gran biblioteca. Antes, el grupo de Ganivet, con D. Nicolás María López, J. Matías Méndez Vellido, Barrecheguren. Antes, la “cuerda” de Pedro Antonio Alarcón. Antes, las «Academias del siglo xviii». Antes, Pedro Soto de Rojas y sus amigos… Antes…
—¿Boabdil?
—Sí, Boabdil.
—¿Y los amigos de Madrid, de tu “Residencia”? ¿Cómo viniste a la “Residencia”?
—Yo estudiaba Derecho y Letras en Granada. Antes había estudiado música con un profesor que había hecho una ópera colosal, La hija de Jepthé, que se llevó un horrible pateo. Yo le dediqué mi primer libro: Impresiones y paisajes. Había recorrido España con mi profesor y gran amigo, a quien tanto debo, Domínguez Berrueta. Me tenían preparado el que me marchara pensionado a Bolonia. Pero mis conversaciones con Fernando de los Ríos me hicieron orientarme a la “Residencia” y me vine a Madrid, a seguir estudiando Letras.
—¿Aquí, tus camaradas habituales?
—Dalí, Buñuel, Sánchez Ventura, Vicens, Pepín Bello, Prados y tantos otros…
—Dicen que se puede escribir un libro con tus aventuras de colegio, de “Residencia”. ¿Cuál te parece la más divertida?
—La de la “Cabaña en el desierto”. Un día nos quedamos sin dinero Dalí y yo. Un día como tantos otros. Hicimos en nuestro cuarto de la “Residencia” un desierto. Con una cabaña y un ángel maravilloso (trípode fotográfico, cabeza angélica y alas de cuellos almidonados). Abrimos la ventana y pedimos socorro a las gentes, ¡perdidos como estábamos en el desierto! Dos días sin afeitarnos, sin salir de la habitación. Medio Madrid desfiló por nuestra cabaña. También hemos encontrado nosotros eso de “los putrefactos” ya generalizado.
—¿Qué cosas has escrito?
—Yo empecé a escribir a los diez y siete años. Mi primer libro: Impresiones y paisajes. Luego: Suites (sin publicar); Poemas del cante hondo (sin publicar); Libro pequeño de
cuentos (sin publicar); Libro de poemas (Ed. Maroto, 1921); Canciones (Litoral, 1927); Romancero gitano (“Revista de Occidente”, 1928); Mariana Pineda («La Farsa», 1928).
—¿Qué preparas?
—“Odas”; Las tres degollaciones (la gaceta literaria); un tomo de teatro: Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín y Los títeres de Cachiporra; un Libro de dibujos (de mi Exposición en Barcelona, y otros).
—¿Cuál es tu posición teórica actual?
—Trabajar puramente. Vuelta a la inspiración. Inspiración puro instinto, razón única del poeta. La poesía lógica me es insoportable. Ya está bien la lección de Góngora. Apasionado instintivista, por ahora.
—¿Te parece bien que te llame —querido Lorca— diamante invaluable, porvenir sin tiempo, eternidad actual, ciprés, horóscopo, motor y peineta , salsa de seguidilla y triunfo de rey de bastos, Hércules de nieve y moro ?
—No veo más inconveniente que uno: el que me quites mi récord supremo de los motes.

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Vilanos en el aire
[Anónimo]2

El poeta Federico García Lorca se encontraba en Barcelona. Lorca, que es dibujante además de poeta y dramaturgo, había ido a la capital catalana para hacer una exposición de sus dibujos. Entra con una carta en un estanco y le alarga la carta al estanquero:
—Un sello, ¿me hace el favor?
—¿Para España? —le pregunta el estanquero.
Lorca se queda perplejo; le parece que aquel hombre le ha preguntado aquello de aquel modo como si no estuvieran en España y quisiera el separatista estanquero recalcarlo. Entonces Lorca, por si acaso, y no queriendo ser menos, le dice al del mostrador, mirándolo de hito en hito, como correligionario:
—No, señor…; ¡para Andalucía!…

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Vilanos en el aire
[Anónimo]3

Se interpreta “El amor brujo” en el Español. En la sala del teatro se encuentran Federico García Lorca, el poeta gitano, y Eugenio d’Ors, el pensador frío.
Y le dice D’Ors a García Lorca:
—Para ser tan andaluz encuentro “El amor brujo” poco cálido.
—No es cierto —replica el poeta, que se encuentra justamente en su terreno.
—¿Entonces será que yo no entiendo?
Y Federico aprovechó el blanco:
—Exactamente.

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Vilanos en el aire
[Anónimo]4

Federico García Lorca es un hombre de fantasía. Contaba cómo a él siempre le había molestado el ruido extraordinariamente y cómo en la noche turbaba invariablemente la tranquilidad de su sueño un claxon agudo y monótono existente sólo en su imaginación. Pero él era un gran tirador; se asomaba a una de las grandes ventanas que se abrían en la fiebre de su sueño intranquilo y, apuntando con gran destreza al turbador estridente, ¡zas!, lo atravesaba de parte a parte. Y con un gran convencimiento terminaba así:
—Esto lo estoy soñando desde los dos años.

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Charla con Federico García Lorca
[Ricardo Fernández Cabal y Francisco Pérez Herrero]

Justificación
Nos habíamos visto y… por primera vez, sin duda, nos esquivamos. Paralelos nuestros caminos, confiábamos los dos en que una bocacalle próxima nos hurtara a cada uno la presencia del otro o que un amigo imprevisto, surgiendo providencial, seccionara con el alfanje de una conversación salvadora, en el encerado de la calle, la recta rápida de su caminar. Pero, lejos de eso, las líneas de nuestros pasos fueron, erizadas, híspidas de sobresalto, en busca de un punto seguro de convergencia. El vértice, jalonado por la contera de tres autos en los que se leía, “La Barraca. Teatro Universitario”, era un hombre, Federico García Lorca, “el que se la llevó al río”, como le dicen por muchos pueblos haciéndolo protagonista de su romance más popular. Encontradas, así, nuestras ansias, hubo que adoptar, dictada por el Comité paritario de nuestra honda amistad, una
solución de franca armonía. Haríamos la interviú a medias y la escribiríamos en colaboración.

Nuevo carro de Tespis
La vieja carreta de Tespis, metamorfoseada con el tiempo en veloz caravana de automóviles y con el nombre ahora, de “La Barraca”, realiza una nueva salida como caballero andante por caminos y posadas, dejando en ellos la estela luminosa de la risa juvenil y la belleza de nuestro teatro antiguo.
Enterados de su llegada en las primeras horas de la noche del viernes nos apresuramos —deber de periodistas— a darles la bienvenida. Y fue García Lorca —capitán con Ugarte [ilegible]—, en el vestíbulo del Hotel, el primero en estrecharnos la mano apretadamente. Unas preguntas atropelladas, entre el alegre jadear de la llegada, de puro sabor informativo —plan a desarrollar en León— y con otro apretón de manos una solicitud
y una promesa.
—¿Podremos charlar con usted, ampliamente, para la mañana,
de esta capital?
—Encantado. ¿Les parece a ustedes bien mañana, después
del almuerzo?
—Perfectamente. ¿Hasta mañana, pues?
—Hasta mañana.

Comienza el diálogo
Calle ancha abajo, apenas salidos del Hotel, Federico García Lorca, “moreno de verde luna” como el Camborio de su romance, contesta, expansivo y cordial a nuestra primera pregunta.
—¿Son disciplinados estos muchachos de “La Barraca”?
 —¡Oh, sí!… Lo mismo a Ugarte que a mí nos respetan y nos quieren. Además, de no ser así, se les eliminaría.
—¿Seleccionan ustedes al personal antes de admitirlo en la Agrupación?
—Muy rigurosamente. Los sometemos a diversas pruebas y se elimina a todos aquellos que no sirven.
— ¿“La Barraca” tiene también como obligación el esparcir nuestro teatro por los pueblos de España?
—No. Si lo hacemos, si lo hace es espontáneamente. “La Barraca” fue creada exclusivamente para Madrid, para la universidad y los estudiantes de Madrid. La labor que ustedes dicen está encomendada al Teatro de las Misiones Pedagógicas, que
es totalmente independiente de nuestra Agrupación.

La poesía española
Hemos llegado al “bar”. Y en él, mientras tomamos sosegadamente café, continuamos desgranando la caravana de interrogantes, medio encaramados en los jirafados carretes de los asientos, “estilo americano”.
—¿Qué opina usted de la poesía española?
—Que el grupo de poetas jóvenes de España, integrado por Alberti, Aleixandre, Jorge Guillén, Altolaguirre, etc., es muy grande, muy grande. Su obra interesa hoy a todo el mundo y es codiciada como algo extraordinario. A mi juicio es sin duda, sin duda, créanme, lo mejor del mundo y su influencia tan solemne y grande como lo fue la del romanticismo francés; sólo que hoy, apenas nacido, no se le ha llegado a desentrañar popularmente.
—¿Debe, a su juicio, el artista vivir emancipado del morbo político?
—Totalmente. Igual en poesía, que en teatro, que en todo… El artista debe ser única y exclusivamente eso, artista. Con dar todo lo que tenga dentro de sí, como poeta, como pintor… ya hace bastante. Lo contrario es prostituir el arte. Ahí tienen ustedes el caso de Alberti, uno de nuestros mejores poetas jóvenes que, ahora, luego de su viaje a Rusia, ha vuelto comunista y ya no hace poesía, aunque él lo crea, sino mala literatura de periódico.
¡Qué es eso de artistas, de arte, de teatro proletario!… El artista, y particularmente el poeta, es siempre anarquista, sin que sepa escuchar otras voces que las que afluyen dentro de sí mismo, tres fuertes voces: la voz de la muerte, con todos sus presagios; la voz del amor y la voz del arte… Y, al decirlo, García Lorca, más moreno y más gitano en la fresca semipenumbra del “bar”, se busca con la mano y con la vista, ese sitio del pecho donde deben hablarle, con toda su fuerza, esas tres voces universales.
—¿Qué le parece Valle-Inclán como poeta?
—Detestable. Como poeta y como prosista. Salvando el Valle-Inclán de “Los Esperpentos”, ése sí, maravilloso y genial, todo lo demás de su obra es malísimo. Como poeta un mal discípulo de Rubén Darío, el grande. Un poco de forma, de color, de humo… pero nada más. Y como cantor de Galicia, algo pésimo, algo tan malo y falso como los Quintero en Andalucía. Si se fijan ustedes, toda la Galicia de Valle-Inclán como toda la Andalucía de los Quintero, es una Galicia de primeros términos… la niebla… el aullido del lobo… Además, y esto es para indignar a cualquiera, ahora nos ha venido fascista de Italia. Algo
así como para arrastrarlo de las barbas… ¡Ya tenemos otro “Azorín”!…
—A propósito, ¿qué nos dice usted de “Azorín”?
—No me hablen ustedes… Que merecía la horca por voluble. Y que como cantor de Castilla es pobre, muy pobre. Viniendo ayer por tierra de Campos me convencí de que toda la prosa de “Azorín” no encierra un puñado de esa tierra única. ¡Qué gran diferencia entre la Castilla de “Azorín” y la de Machado y Unamuno!… ¡Qué diferencia!…

Nos hurgaba en la mente la pregunta y la hemos lanzado seguros de una aceda contestación, no tan fuerte sin duda como la fulminada, con sólida conciencia por el autor de “Bodas de Sangre”.
—¿Qué opina usted, en general, del actual teatro español?
—Que es un teatro de y para puercos. Así, un teatro hecho por puercos y para puercos.

Lo duro, lo sangrante de la respuesta nos amedrenta a seguir
escarabajeando en el tema y procuramos soslayar.
—¿Ha sido traducida ya su “Bodas de Sangre”?
—Sí. La temporada próxima será puesta en varios teatros del extranjero: Nueva York, Londres, París, Berlín y Varsovia.
—¿Cómo procura usted que sea su teatro?
—Popular. Siempre popular; con la aristocracia de la sangre del espíritu y del estilo, pero adobado, siempre adobado y siempre nutrido de savia popular. Por eso, si sigo trabajando, yo espero influir en el Teatro europeo.

Más preguntas… más preguntas quisimos hacer —Heliogábalo en el saber— al dramaturgo de “Mariana Pineda”, poeta cumbre, poeta inmenso que en la primera salida a la poesía española logró la consagración más fulminante de nuestra época, poeta de raza que entre la médula de sus romances populares ha sabido, como ninguno, embellecerlos de una aristocracia única y con las imágenes más sugestivas… […]

 

Fuente: Rafael Inglada (ed., con la colaboración de Víctor Fernández), Palabra de Lorca. Declaraciones y entrevistas completas, prólogo de Christopher Maurer, Barcelona, Malpaso, 2017, 614 p.


1 Giménez Caballero, Ernesto, “Itinerarios jóvenes de España. Federico García Lorca”, La Gaceta Literaria, n.º 47, Madrid, 1 de diciembre de 1928, p. 6. Obras completas, III, 1996, pp. 364-367. Nuestro [de los editores] agradecimiento al Centro de Estudios Lorquianos. Museo Casa Natal Federico García Lorca, Fuente Vaqueros.

2 Anónimo, “Vilanos en el aire”, Luz, Madrid, 3 de mayo de 1933, p. 3. No figura en Obras completas.

3 Anónimo, “Vilanos en el aire”, Luz, Madrid, 17 de junio de 1933, p. 3. No figura en Obras completas.

4 Anónimo, “Vilanos en el aire”, Luz, Madrid, 30 de junio de 1933, p. 3. No figura en Obras completas.