Robert A. Heinlein es uno de los autores más prolíficos de ciencia-ficción y posiblemente uno de los más desconocidos en nuestro país, a pesar de ser parte de la triada estelar de escritores de su género. Junto con Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, Heinlein se caracteriza por la activa politización que enriqueció su pensamiento y sus escritos. Su vigencia es incuestionable y por eso vale la pena acercarse a su obra en una fecha como hoy, 8 de mayo, en que se cumplen 30 años de su muerte.

Se requiere de muy poca fuerza para controlar a un hombre cuya mente ha sido engatusada; por el contrario, ninguna cantidad de fuerza puede controlar a un hombre libre, a un hombre cuya mente está realmente libre de ataduras. No, ni el potro, ni bombas de fisión, ni nada—no se puede conquistar a un hombre libre; lo más que puedes hacer es matarlo.
—Robert A. Heinlein

…críticos modernos que intentan lidiar con la influencia de Heinlein se percatan de que tratan con un objeto más bien como el cielo o un océano.
—Samuel R. Delany

 

Para muchos lectores, autores y críticos del género, Heinlein fue el más importante e influyente de “los Tres Grandes” (comparado con Asimov y Arthur C. Clarke). Heinlein se distingue claramente de Asimov y de Clarke porque fue el más activamente político, tanto en su vida como en su pensamiento y obra. Como afirma Ken MacLeod, el crítico y autor de ciencia ficción técnico-utópica socialista escocés: “La sociología ha sido descrita como un diálogo con Marx; la faceta política en la science fiction puede describirse como un diálogo con Heinlein”.1

Vale la pena entonces recordar cuáles fueron sus contribuciones a la literatura y a la sociedad de su tiempo. El corpus de ciencia-ficción (o ficción especulativa) de Heinlein incluye 32 novelas, 59 cuentos y 16 antologías, además de su actividad en otros medios como cine, televisión, radio y compilaciones de otros autores.2 Sus obras siguen editándose, en papel y en ediciones electrónicas, generando polémica y controversia, admiración y respeto, o irritación y furia.

De Missouri a alta mar

Robert Anson Heinlein nació en Butler, Missouri, en el “cinturón bíblico” del sur de EE. UU., el 7 de julio de 1907. Fue estadunidense-alemán de sexta generación, y era tradición familiar haber combatido en todas las guerras de su país, empezando por la Guerra de Independencia.

Como cuenta su tercera esposa, Virginia Heinlein (1916-2003), cuando Heinlein tenía tres años, su hermano mayor lo llevó al patio trasero de la casa a ver pasar el cometa de Halley. Ahí nació su interés por la astronomía. En cuanto aprendió a leer, se volvió asiduo visitante a la biblioteca pública, donde devoró novelas de Verne y de Wells, así como las aventuras de Tom Swift,3 y también la revista The Electrical Experimenter, de Hugo Gernsback.

Estudiante de ciencias en la Universidad de Missouri, Heinlein se convertiría en alumno de la Academia Naval de Annapolis, animado quizá porque en la marina se habían llevado a cabo los experimentos de Michelson y Morley para definir la velocidad de la luz.

De socialista a libertario

Al egresar de Annapolis en 1929, pensando que dedicaría su vida a la marina y ya no a la astronomía, Robert sirvió como oficial a bordo del Lexington, el primer portaaviones de la marina estadunidense. Pidió después su traslado al destructor Rover, donde contraería tuberculosis. Fue dado de baja por motivos médicos en 1934, pero sus años de marino en activo influirían profundamente en él, hasta el día de su muerte.

Tras tomar cursos de matemáticas y física en la Universidad de California, se unió en ese mismo año a la campaña de Upton Sinclair, famoso por su novela de denuncia sobre la industria cárnica de Chicago —The Jungle (La jungla, 1906)—, y socialista declarado que aspiraba a la gubernatura de California por el partido demócrata. Heinlein, por su parte, buscó un cargo en la Asamblea Estatal pero sin mayor éxito. En palabras de Isaac Asimov, en aquellos años Heinlein era un flaming liberal, un liberal “en llamas”, de tiempo completo. Fracasaría en política, pero aquella inmersión en competidísimas bregas electorales también influiría marcadamente en su pensamiento y su obra posteriores.4 De liberal y socialista Heinlein pasó a ser demócrata anti-comunista, conservador, y finalmente, a partir de los años 40-50, se consideró libertario, “anarquista filosófico”, patriota siempre, mas no imperialista.

Guerra Mundial

Durante la II Guerra Mundial, trabajó como ingeniero aeronáutico en los astilleros de la marina de guerra en Filadelfia. Ahí también cumplieron servicio militar Isaac Asimov y L. Sprague de Camp, otro autor de ciencia ficción de la Era Dorada. Durante este período de su vida conoció a Virginia Doris Gerstenfeld, su verdadera musa, primera lectora de sus obras, compañera de viajes alrededor del mundo, una ingeniera química que, durante la guerra, detentó un grado militar superior al suyo. Cabe mencionar que para Robert —feminista desde siempre— este detalle siempre fue un motivo de orgullo.


Robert y Virginia Heinlein en el set de Destino: la Luna. Fuente: Tvtropes.

Al concluir el conflicto mundial, Heinlein quedó severamente endeudado, a pesar de que recibía una pequeña pensión de la marina. Vio un anuncio que ofrecía 50 dólares a escritores noveles a cambio de un cuento de ciencia ficción. Escribió uno, pero al releerlo le pareció demasiado bueno para aquel concurso, y lo sometió a consideración a la revista Astounding. El cuento era Life-Line (1939) y asombró al editor John W. Campbell, quien lo compró, sin más, en 70 dólares. El que un día aún lejano sería nombrado el primer Gran Maestro de la ciencia ficción,5 acababa de encontrar gracias a un simple anuncio la vocación que le daría fama, dinero y un lugar en la historia de la ciencia-ficción. En sólo dos años, escribió más de 20 cuentos, muchos de ellos de ciencia ficción social, considerados clásicos en su mayoría, recopilados en la serie Historia Futura y El pasado a través del mañana, cuyas historias abarcan hasta el año 2100.

La ciencia ficción escapa del gueto, y triunfa

Después de la guerra, el inevitable, exponencial desarrollo de tecnología en radares, electrónica, armamento, aviación, submarinos, y las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, crearon conciencia en la sociedad estadunidense de que las ideas y conceptos de la ciencia ficción habían pasado del “gueto de los pulps” —las revistas baratas de ciencia ficción impresas sobre papel de pulpa— a la normalidad del día a día. Consciente de esta nueva realidad, Heinlein fue el primero en buscar mejores mercados para sus ficciones.

Fue así como —para asombro y posterior beneficio de todos sus pares— publicó The Green Hills of Earth en The Saturday Evening Post, la revista familiar y conservadora por excelencia, rompiendo para siempre el tabú de que la ciencia ficción era un intrascendente subgénero literario para adolescentes despistados. Las verdes colinas de la Tierra es todo un clásico: la historia de Rhysling,6 piloto espacial experto que sufre un accidente casi fatal y al quedar ciego, se vuelve trovador, invidente, cantor de las bellezas, peligros y misterios del sistema solar y el universo. Es en voz de Rhysling que aparece uno de los poemas de ciencia-ficción más memorables de la literatura.

Heinlein, lector enciclopédico, supo depurar temáticas y mecánicas de la ciencia ficción, eliminando inteligentemente las densas páginas de exposición que lastraban comúnmente a la ciencia. Utilizó los diálogos, como nadie, para agilizar la engorrosa construcción de los marcos conceptuales, las escenografías y las descripciones. Además, pronosticó el uso de armas nucleares que pondría fin a la guerra, el descontrolado crecimiento urbano y suburbano de la década de los años 50, y los viajes espaciales. Aunque llegó a ser atinado en estas extrapolaciones, nunca fueron la intención central de su obra.

Los viajes espaciales, irónicamente, fueron “hijos” de la II Guerra Mundial.

Heinlein buscaba más bien mostrar el mundo como podría llegar a ser. Siempre inquieto como creativo, quiso transmitir ideas progresistas en una sociedad conservadora. Así lo hizo en sus famosas Heinlein juveniles, unas 12 novelas que publicaba, año con año, para las épocas navideñas y que muchos consideran lo mejor de su producción, leídas además por no pocos adultos y repartidas en la inmensa red de bibliotecas públicas del país. Con tacto e inteligencia, Heinlein lograría evitar la censura de los bibliotecarios, difundiendo ideas libertarias, antirracistas y de igualdad de género.

Breve recorrido por su obra

Ya que la ficción especulativa de Heinlein abarca de 1939 a 2006, incluyendo obras publicadas póstumamente, ofrecemos a continuación nuestra recomendación de tres cuentos y tres novelas imprescindibles.

Tres cuentos

• Su primer cuento publicado, Life-Line, trata de un doctor llamado Pinero, que desarrolla una máquina que puede trazar la existencia completa de cualquier persona, y predecir el momento en que morirá, aplicando el concepto de línea de vida o línea de universo, es decir, el tránsito de un objeto, o de un ser viviente, concebido como movimiento en cuatro dimensiones: altura, anchura, profundidad y, tiempo. Lo primero que pondrá de cabeza Pinero, quien también sabe cuándo morirá, son las compañías aseguradoras.

• Su cuento más corto, Searchlight (Reflector) narra en sólo cuatro páginas la frenética búsqueda en la Luna de una niña ciega, pianista prodigio, de gira artística entre colonias lunares, a quien le quedan seis horas de aire tras el choque de la nave que la transportaba. La solución estará en una conversión de rayos laser a rayos sonoros, que duplicarán las 88 teclas de un piano bien temperado, que ella, invidente, podrá escuchar.

• Todos ustedes, zombies, (All You Zombies, 1951, escrita en un día). Viajar en el tiempo es un concepto filosófico, no es una posibilidad científica. Para este cuento vale, especialmente, el oxímoron ciencia ficción, ya que, si es ciencia, no puede ser ficción. Pero, como relato especulativo y de terror, es quizá la narración definitiva sobre viajes en el tiempo. El protagonista, hermafrodita, en una cadena insólita de solipsismo y paradójica circularidad de eventos en el tiempo, resulta ser a la vez su propia madre y su propio padre. Fue llevado al cine en 2014, como Predestinación.

Una película de ciencia ficción original y sorprendente. Destaca su apego al espíritu del complejo cuento original. El actor Ethan Hawke tardó tiempo en entender exactamente qué se estaba filmando.

Tres novelas

• Las brigadas del espacio (Starship Troopers, 1959), estableció el subgénero de ciencia ficción militar y de mecha (robots, exoesqueletos). Es un bildungsroman, novela de formación y aprendizaje. A cinco mil años en el futuro, narra la conversión de Juan Rico, un joven pacifista filipino, en oficial combatiente de infantería móvil espacial. Destaca el muy controversial planteamiento de que sólo el soldado combatiente —de cualquier sexo, ya que las mujeres son las mejores pilotos de transportes militares en misiones de guerra interestelar— tiene derecho a votar, puesto que así ha demostrado su voluntad de morir por su patria y los ideales que la sustentan. Ya es algo trillado que gente que no ha leído esta novela acuse a Heinlein de “fascista”, probablemente basándose en la malograda película homónima de Paul Verhoeven, rechazada casi unánimemente por conocedores de la obra original.

• Forastero en tierra extraña (Stranger in a Strange Land, 1961) es una novela sui generis en la bibliografía de Heinlein. Fue Virginia quien le sugirió tomar como referencia El libro de la selva, de Rudyard Kipling, sustituyendo a Mowgli por un hombre criado en Marte por seres de otra especie. Michael Valentine Smith, el primer hombre nacido en Marte, hijo bastardo de astronautas, criado por la misteriosa, incomprensible raza marciana, llega a la Tierra, donde acabará estableciendo la religión e “Iglesia de Todos los Mundos”. El paralelo con Jesús de Nazaret es intencional, incluyendo su muerte, elevación a mártir y transubstanciación. La novela, que colocó a nivel de escándalo religión, amor libre, homosexualidad, asesinatos políticos, teocracia, control psicológico de masas, estulticia y voracidad capitalistas, se volvió estandarte literario de la generación hippie y de la contracultura de fines de los años 60. Dos lemas de esa época, “Paz y Amor” y “Haz el amor, no la guerra”, derivan en no poca medida de ella, así como el término multiusos —sustantivo, verbo, adjetivo y adverbio, proteica creación idiomática— grok, hoy incluido en el Oxford English Dictionary. Groquear significa captar, sobre todo intuitiva y empáticamente, la esencia de algo: un suceso, una intención, un libro, el amor o el odio, la idea o la realidad de lo divino.

• La luna es una cruel amante (The Moon is a Harsh Mistress, 1966). En un futuro no muy lejano, en la Tierra viven 11 mil millones de habitantes; en la Luna, tres millones. Los lunáticos se rebelan, buscando su independencia, en una revolución con referencias a la de EE. UU. de 1775, y a la revolución rusa de 1917. Uno de los cuatro protagonistas es una computadora, MYCROFT, así llamada en honor al hermano de Sherlock Holmes, más inteligente que él. La computadora, kilométrica, al igual que HAL de 2001, Odisea del espacio, ha adquirido conciencia de sí misma, y se convierte, lógicamente, en factor indispensable para el triunfo de la revolución. Cabe mencionar que MYCROFT opera con dos “personalidades”: masculina cuando trata con varones, y femenina cuando interacciona con mujeres. Para muchos, es la mejor novela de Heinlein, altamente controversial, y la más lograda en cuanto a la construcción de una cultura imaginada en todos los aspectos materiales y humanos, incluyendo un idioma original.

Controversias al por mayor

Con una creatividad desbordante y posturas políticas tan variables, Heinlein fue víctima de todo tipo de acusaciones a lo largo de varias décadas. Una de ellas, por ejemplo, fue el rumor de que Charles Manson se había inspirado en la novela Forastero en tierra extraña, antes de ordenar los asesinatos de Sharon Tate y otras personas en Beverly Hills, en 1969. Heinlein recurrió a un abogado especialista, quien finalmente le informó que Manson, medio analfabeta, realmente no leía nada.

A Heinlein también se le acusó de fascista, macho chovinista, maricón de clóset, de derechas, autoritario, libertario, elitista, militarista, súper-patriota, ateo, agnóstico, paradigma de solipsismo, fundamentalista, calvinista hedonístico, tendencioso obstinado. En cuanto a sus pecados literarios, se le reprochó usar caló, no poder crear personajes femeninos creíbles y todos sus personajes masculinos son él mismo, no describir a sus personajes físicamente, no saber construir una trama, no saber escribir escenas de sexo, predicar, sermonear a expensas de su ficción. Ante estas sucesiones de malinterpretaciones y dislates, a nuestro parecer, para salir de tantas curiosas dudas, lo único que podría uno hacer es leer a Heinlein, claro está, en la inteligencia de que todo autor debe analizarse en función de su contexto.7

Regreso al mar

Robert Anson Heinlein murió, durante una siesta, el 8 de mayo de 1988. Fue cremado, y sus cenizas se esparcieron en alta mar desde un buque de guerra de la marina estadunidense. Su sepelio mereció todos los honores militares. Quizás alguien presente leyó entonces el epitafio que R. L. Stevenson escribió para para su propia tumba en Samoa, y con el que comienza la novela de Heinlein, El hombre que vendió la Luna (1949):

       A casa ha vuelto el marinero, a casa desde la mar,
       Y el cazador a su hogar desde la colina.

Antes de volver a la mar que es el morir, Heinlein ya le había dado al clavo, en El hombre que vendió la Luna, a la idea de privatizar satélites y planetas. Considerada una locura, esa privatización galáctica quedó descartada en los años 60, con el desarrollo de la carrera espacial, cuando creímos que sólo los gobiernos podrían solventar los gastos de semejantes exploraciones. Pero hoy, con variantes, “vender la Luna” vuelve a ser posible, en la medida en que multibillonarios de la era digital —con Elon Musk y Jeff Bezos a la cabeza—  se han apuntado para expandir los horizontes de la humanidad hacia la conquista de otros mundos (y de su potencial comercial). Como escritor, la intención primordial de Robert A. Heinlein fue entretenernos, sí, e invitarnos a pensar, siempre, no en lo que debería ser, sino en algo más alcanzable, lo que realmente podría llegar a ser.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía

• The Science Fiction Hall of Fame Volume I, Robert Silverberg, Editor, Avon, 1971.

• The Mirror of Infinity, A Critics’ Anthology of Science Fiction, Edited by Robert Silverberg, Harper & Row, 1973.

• The Road to Science Fiction #2, From Wells to Heinlein, Edited and with an Introduction and Notes by James Gunn, New American Library, 1979.

• Science Fiction Today and Tomorrow, Edited by Reginald Bretnor, Penguin Books Inc, 1974.

Isaac Asimov, Asimov on Science Fiction, Avon Discus, 1982.

• Tomorrow, the Stars, Edited and with an Introduction by Robert A. Heinlein, Berkeley Medallion Books, 1967.

• The Best of Robert A. Heinlein 1947-1959, Edited by Angus Wells, Sphere Books, Ltd., 1973.

Robert A. Heinlein, Requiem – New Collected Works by Robert A. Heinlein and Tributes to the Grand Master, Edited by Yoji Kondo, ebook, 2011.
Doctor en astrofísica y astronomía, promotor de que un cráter en Marte tuviera el nombre de Heinlein, Yoji Kondo editó esta antología de cuentos, algunos conocidos y otros inéditos, de discursos del Gran Maestro, y de textos de homenaje a Heinlein por un selecto grupo de algunos de los más grandes autores del género. Incluye un prefacio de su viuda, Virginia Heinlein. La edición forma parte de un homenaje especial a Heinlein, realizado el 6 de octubre de 1988 en el Museo Nacional del Aire y el Espacio, en el que recibió póstumamente la Medalla NASA por Servicio Público Distinguido, el honor más alto que concede dicha institución, en reconocimiento a sus contribuciones al programa espacial.

The Past Through Tomorrow, Future History Stories Complete in One Volume, Berkeley Medallion Books, 1975. Incluye la gráfica del grupo de historias que Campbell tituló Future History. Esta gráfica puede descargarse aquí: templetongate.net/graphics/literature/fhchartlarge.gif

Starship Troopers, Signet, The New American Library, 1961.

Stranger in a Strange Land, Penguin Books, Penguin Galaxy, Series Introduction by Neil Gaiman, 2016.

The Moon is a Harsh Mistress, A Tom Doherty Associates Book, 1997.

The Man Who Sold the Moon, Introduction by John W. Campbell, Jr., New English Library, 1981.


1 Ken MacLeod, Politics and science fiction, en The Cambridge Companion to Science Fiction, edited by Edward James and Farah Mendlesohn, Cambridge University Press, 2003, p. 231.

2 El crítico James Gifford compiló el opus hasta el año 2000, en el orden en el que aparecieron las obras. La bibliografía es parte de su libro Robert A. Heinlein: A Reader’s Companion, y el autor autoriza su uso para fines no comerciales. Puede leerse aquí.

3 Tom Swift, personaje de aventuras juveniles y de ciencia ficción, fue creación de Edward Stratemeyer (1862-1930). Sobre su inmenso legado, la revista Fortune comentó: “Así como el petróleo tuvo a su Rockefeller, la literatura tuvo a su Stratemeyer”. Él mismo firmó más de 1,300 novelas, de las que se han vendido más de 500 millones de ejemplares. Generaciones enteras de estadunidenses (y de ingleses) crecieron leyendo a Tom Swift, creado para niños, y las aventuras de Nancy Drew, para niñas, y muchos personajes más como The Hardy Boys o The Dana Girls. Pionero y visionario de la industria editorial, Stratemeyer llevó la pasión por novelas juveniles a alturas antes desconocidas.

4 Fueron los años del programa socialista EPIC (End Poverty in California: Eliminar la Pobreza en California) de Sinclair. Heinlein fue director adjunto de la publicación EPIC, que alcanzaría tirajes de un millón de ejemplares. La iniciativa EPIC buscaba paliar los efectos de la Gran Depresión iniciada con el crack bursátil de 1929. Aunque el Partido Socialista de América era antifascista y anti-estalinista, la teoría y la praxis socialistas de Sinclair no fueron funcionales en California. Sin embargo, algunas ideas de EPIC fructificaron en el New Deal de F. D. Roosevelt. En 1946 Heinlein escribió Take Back Your Government! A Practical Handbook for the Private Citizen Who Wants Democracy to WorkRetiren su gobierno!, o bien ¡Quédense con su gobierno! Un manual práctico para el ciudadano particular que quiere que la democracia funcione), relatando —ingenuamente, él mismo lo diría— los pormenores de la campaña de Sinclair y de la suya. El libro se publicó póstumamente hasta 1998.

5 Esta distinción existe y es The Science Fiction and Fantasy Writers of America, a partir de 1953, siendo Heinlein el primero en recibirla.

6 La Asociación de Poesía de Ciencia Ficción otorga, desde 1978, el Rhysling Award al mejor poema corto (49 líneas o menos) y mejor poema largo (50 líneas o más) del año anterior.

7 Tres botones de muestra de la generosidad de Heinlein y de su esposa para con sus pares: aunque Philip K. Dick se oponía abiertamente a todo lo que “fuera Heinlein”, en momentos de estrechez económica, recibió una máquina de escribir nueva, enviada a la puerta de su casa. Cuando Theodore Sturgeon pasaba por una período angustiante de bloqueo creativo, Robert le envió una lista de 50 temas de ciencia ficción que habrían de servirle para el resto de su vida. Aunque el mismo Spider Robinson se oponía a la presencia de EE. UU. en Vietnam, y Heinlein, al contrario, la apoyaba públicamente, le envió a Robinson varios cheques substanciales por correo —y por iniciativa propia— en momentos cruciales en que agobiaban a Robinson dificultades financieras.