La única recomendación artística que no te puedes perder esta semana

Sobran ejemplos para pensar en la influencia que han tenido el alcohol, los alucinógenos y hasta los fármacos psiquiátricos en los hallazgos estéticos y la apertura de los límites creativos. Con casos tan distintos como el surrealismo de Dalí hasta Marina Abramovic y su performance Rhythm 2, asumimos que las drogas han tenido una función específica —incluso normalizada— en el mundo del arte. 

El Museo de la Política sobre Drogas que estará abierto al público solamente este fin de semana, revierte la relación. La idea es que el arte nos ayude a cambiar nuestra percepción sobre las drogas y el prohibicionismo que las define, a través de piezas que hablan sobre los prejuicios, la violencia y el absurdo que acompaña la actual política antidroga en el mundo.


Vista de la exposición. Cortesía del Museo de la Política sobre Drogas.

El museo es una iniciativa itinerante financiada por la Open Society Foundation (OSF) que ha estado ya en Nueva York, Montreal y Londres. Este fin de semana inaugura su gira latinoamericana con México, en donde llevamos más de una década sometidos a niveles de violencia sin precedentes gracias a nuestra particular guerra contra las drogas, y en donde no faltan las iniciativas civiles para tratar de revertir el horror.

El museo, establecido en un espacio de la Colonia Juárez, reúne obra de artistas de todo el mundo, además de las producciones locales que añade en cada edición. Así, vemos expuestas algunas palas de la iniciativa de Pedro Reyes (1972), Palas por Pistolas, la cual logró reunir más de mil armas entregadas voluntariamente en la ciudad de Culiacán para hacer palas con pedazos de armas fundidas. La obra es parte de una sección que nos recuerda que todas las guerras benefician a los productores de armas y nos incita a exigir más control en el tráfico que permite la política de armas estadunidense. Said Dokins (1983) presenta una pieza que habla de la colusión de autoridades del gobierno con el crimen organizado y Edurardo Olbés dibuja un Paisaje Mexicano Urbano con una pistola al centro del cuadro, rodeada de pastillas hechas de piedra.  Al final del recorrido, un tendedero en el tercer piso crea una nube de relatos de desapariciones y homicidios vinculados al contexto de inseguridad nacional. Están bordados en pocas oraciones y, en su mayoría, las firmantes son mujeres: las encargadas de facto de buscar y resolver los homicidios en este conflicto. Los acompaña un muro destinado a ser un mural colectivo de experiencias en torno a las drogas y a su política.


Vista de la pieza Palas por pistolas. Cortesía del Museo de la Política sobre Drogas.


Vista de bordados. Cortesía del Museo de la Política sobre Drogas.

Pero los temas que propone la exposición no se detienen en señalar los estragos de la mal llamada guerra contra el narco. Algo muy valioso de la muestra es que aborda también el tema del consumo, sus lógicas y retos. Así, vemos fotografías que retratan a personas que consumen heroína en Tijuana y algunas iniciativas de salubridad para que su uso sea seguro. Vemos las fotos de un reportaje que hizo el Washington Post sobre Grace Elizalde y su familia en el proceso jurídico de ser la primer paciente con epilepsia que puede acceder al consumo de cannabidiol para tratar sus convulsiones. Está también la presencia de un grupo huichol, que aboga por su consumo ritual del peyote.

Quizás la mejores piezas sean las de Alfonso Zárate (1979), quien centra su producción artística en la realidad del narcomenudeo de la Colonia Guerrero en donde vive desde hace tiempo. El artista recoge encendedores, jeringas, grapas de coca vacías y demás artefactos asociados al consumo de drogas y los expone —a veces como muestrario de insectos y otras creando formas nuevas, muy estilizadas—,  para recordarnos que el narcomenudeo responde a problemáticas complejas, que necesitan de miradas comprensivas que rechacen los clichés.


Vista piezas Alfonso Zárate. Cortesía del Museo de la Política sobre Drogas.

El recorrido se acompaña de obras que son testimonio de los problemas sociales y comunitarios que acarrea la penalización de las drogas en todo el mundo: sus connotaciones claramente raciales en Estados Unidos, los extremos a los que llega la persecución en países de Medio Oriente y África, y también los casos de Héroes internacionales que han defendido los derechos humanos y creado coaliciones de resistencia, como los que retrata la ilustradora Tracy Hetzel.

En el camino a la puerta de salida vemos expuesta la fotografía ampliada de un expediente de enero de 1969 que da cuenta un tal "Reyes, que se hacia pasar por zapatero". Entendemos que este señor escondía marihuana entre zapatos para poder venderla.


Vista del expediente ampliado. Cortesía del Museo de la Política sobre Drogas.

La imagen parece cómica, hasta que recordamos la quema violenta de plantíos por parte del ejército o los miles de presos que están en nuestras cárceles por portar unos gramos de marihuana. Son acciones decididas, que han hecho de sus enemigos a sectores enormes y muy variados de la nuestra sociedad. "La mala política publica mata", recordó el encargado de OSF, Diego Garcia-Devis, en la inauguración.

 

Del 4-6 de mayo
Lucerna 32, Col. Juárez.
El calendario completo de actividades está disponible aquí.

 

Ana Sofía Rodríguez Everaert
Editora de nexos en línea.