Entre las creadoras mexicanas contemporáneas, Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972) destaca por su diálogo transmedial, donde la música, la imagen y el cuerpo crean nuevos espacios de lectura, escritura, interpretación y aproximación al arte poético. De su obra destacan los poemarios Basalto (Ediciones Sin Nombre, 2002), Diorama (UANL, 2012) y Anatomía del nudo. Obra reunida (2002-2015) y Borealis entre otras. Diorama en particular fue galardonado en 2015 con el Premio al Mejor Libro Traducido en inglés que otorga la Universidad de Rochester (BTBA, Best Book Translated Awards). Se puede acceder a parte de la obra de Cerón con contenido multimedia en rocioceron.com

Los siguientes poemas pertenecen a Observante, un proyecto de residencia escritural de nueve meses en la Casa Estudio Luis Barragán en el que participa la autora. Escritura donde el paisaje, el tiempo, los acontecimientos, los recuerdos, las personas y las percepciones de un espacio geográfico específico son abiertos. Paisajes o retratos escriturales no sólo del territorio sino del tiempo, texturas y velocidades de lo mirado. Práctica de contemplación y decodificación de la realidad desde lo subjetivo. Poemas donde la relación entre cuerpo y espacio se expande gradualmente para recrearse en otras lecturas, en otro punto espacio/tiempo como forma de ver en lo mismo, en un mismo espacio, nuevas formas de un suceso.

I.
Marcas y hendiduras. Óleos. Desde la figura de la mujer semidesnuda la sinfonía del silencio levanta trabes, muros. Línea blanca sobre vacío. Negro níveo. Una frase en alemán sobre el ser. El giro de los soldados rusos en la trinchera. La dentadura de la muerte nace en la soledad, en la vista que arroja el reflejo de uno mismo sobre uno mismo. Trama.

 

II.
Cruzados hilos de metal inciden sobre tierra. Volcánica coraza de piedra, canto que desemboca en lodo. Turbiedad. Entretanto las noticias calaban, las noticias de esos cuerpos. Los cuerpos. Contrapeso, gravedad del bloque, liviana presencia ante multitud. Grava. Seco paso de pies sobre miles de recuerdos. Sucedía que las cifras habían obtenido nombres propios. Nomenclatura de piel y memoria. Tronco. Construcción piramidal para albergar bóveda celeste. Apisonado y fragua. Colgante viga. Estabilidad del conjunto. Se decía, entonces, que el nombre de ella era robusto y frágil, como la muerte.

 

III.
Ensayar límites de esfuerzo y resistencia: Desanudaciones de agua en el estanque; pereza y lucidez enredadas; imantación de fuerzas jalan hacia orillas distintas; cuerpo sobre otro de distendidos músculos y lenguas: mano izquierda que empuña un filo; piedras de lodo seco sobre hojas que penden entre materia y viento; un niño trepa por un árbol de inclinación casi galáctica, abisal; silbido, gorjeo, ambos desafiantes ante el ruido opaco de los autos. 

 

IV.
Laceraciones acústicas en umbral áurico. Sonsonetes y piar de ave azul que combate toda tristeza, todo nudo melancólico. Así, hasta en ramas caben cuencos de sangre, como nidos polvorientos llevados entre mareas de familia.

 

V.
Hombros. Formas sobre otras. Dientes, caderas, frente. El reflejo constituye una caja infinita. Matrushka. Destrucción o restablecimiento. Al trote del animal, darle oído, ojos. Maleza. Jardín a la mirada, fondo tornasol donde perviven -se miran- verde heliógeno, verde abedul, verde fieltro, verde cardenillo, verde tilo, verde fronda, verde moho, verde cromo, verde reseda, verde musgo, verde jungla, verde bronce, verde hiel, verde savia, verde cadmio, verde ópalo, verde loden, umbro verde, verde victoria, verde veneno.

 

Rocío Cerón
Poeta y ensayista