Entre las pocas certezas que rodean el caso Florence Cassez está la terrible verdad de que el sistema de justicia de nuestro país tiene cualquier cantidad de irregularidades. Con la intención de aportar una narrativa literaria a un proceso judicial que incluso llegó a enfrentar a los gobiernos de México y Francia, Jorge Volpi se propuso escribir Una novela criminal, título ganador del Premio Alfaguara de Novela 2018.

Tras su investigación, Volpi reconoce en Israel Vallarta —presunto líder de la banda de secuestradores Los Zodiaco y pareja de Cassez—, a una víctima del sistema de justicia, toda vez que para inculparlo la PGR recurrió a una serie de montajes y violaciones en el debido proceso. No obstante, asume también que dadas las condiciones del caso no es fácil conocer la verdad.  

¿Qué herramientas encontró en la literatura distintas a las periodísticas y judiciales, para articular el caso de Florence Cassez?

No tengo formación de reportero y esta es la primera vez que desarrollo un trabajo de origen periodístico. Para libros anteriores he realizado investigación histórica, pero esto fue algo distinto. De pronto tenía una inmensa cantidad de material y solo gracias a mi formación como novelista de ficción pude tratar y revisar la selección de materiales, es decir escoger qué dejar y qué quitar. Eso me ayudó a presentarlos por medio de recursos literarios como el uso de la primera persona, el contraste de voces, o el empleo de una estructura capaz de transmitir al lector la idea de que tiene frente a sus ojos el expediente. Ayudó también el uso de flashbacks o flashforwards. Normalmente estos recursos no están en una narración cronológica, pero son importantes para impactar e influir en el ritmo.

El uso de la voz me recordó a Emmanuel Carrère…

Claro, una influencia importante fue la lectura de El adversario, de Carrère. El narrador soy yo mismo, pero intenté ser lo más discreto posible. Aporto únicamente algunos apuntes y conclusiones. Señalo al lector el camino hacia algunos puntos para que todo sea más claro y le comparto mi propia sensación al ir avanzando en el caso.

Sus estudios en Derecho habrán sido muy importantes para poder entender la complejidad del caso.  

Cierto, para esta novela fue muy importante haber estudiado Derecho. Para leer un expediente judicial y entender el sistema jurídico mexicano, era necesario conocer algo de leyes.

¿Se puede entender el sistema jurídico mexicano?

Es un sistema muy enrevesado, pero es un problema de todos los órdenes. Es un sistema mal diseñado, mal implementado, donde la corrupción está en todos los niveles, donde la injerencia del poder siempre se sale con la suya y donde la tortura es una práctica constante.

En conjunto el caso de Florence Cassez tiene elementos de una gran fake news.

Desde luego. Todo el inicio del caso, empezando por el montaje, es un cúmulo de horas de fake news en vivo. Afirmar que se transmitía una captura en vivo cuando se sabía que era falso, es terrible. Y no es el único momento, pensemos en el video de David Orozco (quien acusa a Florence Cassez de ser la líder de la banda de secuestradores), es una representación de las fake news llevadas al extremo de la manera más torpe y chapucera posible. Está mal editado, se contradice, dice cosas que no tienen que ver con el resto del caso y la PGR lo presentó como si fuera un testimonio auténtico.

En términos de lo que hoy llamamos posverdad, su novela tiende un puente con el presente.

La posverdad es un término horrible. Podríamos definirla como la defensa de una idea aun sabiendo que es una mentira, como sucede con Donald Trump. A sus seguidores no les importa e incluso les da lo mismo. En el caso de Florence Cassez sucedió eso. Pudo develarse la farsa. García Luna reconoció que el montaje fue una mentira y que era una recreación, pero a nadie le importó. Y no solo eso, Calderón lo ascendió a secretario. Todo esto nos habla de la ausencia de control, de falta de honestidad y de la ausencia de un sistema justo capaz de castigar a las autoridades que cometen abusos.

¿Mientras revisaba el caso y escribía la novela tuvo la certeza de hacer esta crítica a la realidad mediatizada y a la posverdad?

No, de origen ni me lo imaginaba. Mi intención era contar la historia completa, pero luego evidentemente se convirtió en una reflexión sobre el papel de los medios frente a la justicia, sobre todo cuando la justica se convierte en espectáculo.

¿Qué conclusión saca de la justicia mexicana?

Es una justicia que nos convierte en ciudadanos a medias, absolutamente desprotegidos cuando uno entra en cualquier proceso policiaco de investigación o judicial.

¿Qué aportó a su trabajo abordar a personas reales como Florence Cassez e Israel Vallarta como personajes literarios?

Es la primera vez en donde mis personajes son personas. Intenté entenderlos mejor, hasta donde fuese posible; tratar de saber más y mejor de ellos, pero al mismo tiempo sentí la frustración de no desarrollar una novela de ficción para poder especular acerca de sus pensamientos en búsqueda de la verdad. Aprendí a lidiar con la tentación de las licencias de la ficción.

La lectura de Una novela criminal deja la impresión de que el sistema judicial rebasa  las posibilidades de la ficción, ¿no?

A lo largo del caso hay muchos momentos que suenan inverosímiles, aunque son reales. Nosotros ya estamos acostumbrados, pero ahora que presenté el libro en España, lectores y periodistas no podían creer que la policía fuera la que provocara un montaje de esa magnitud; es tan increíble que cuesta entenderlo.

Tras la lectura de su libro concluyo que ve a Israel Vallarta como una víctima del sistema.

Por supuesto, es una víctima del sistema de justicia. También me queda la sensación de que no sabemos realmente qué ocurrió ese día porque las autoridades hicieron hasta lo imposible para que no se supiera y como no sabemos, tenemos que aplicarle la presunción de inocencia.

Esta falta de certeza promovida desde las autoridades ocurre constantemente. Otro ejemplo podría ser lo ocurrido con los 43 normalistas de Ayotzinapa.   

Es una constante del sistema judicial. El problema en el caso de Florence Cassez está en que las autoridades están obligadas a cumplir ciertos procedimientos y aquí no solo no los cumplieron, los torcieron todos intencionalmente.

¿Cómo tener perspectiva literaria de un caso que aún no está cerrado?

Tienes razón, es un caso inacabado y por lo tanto la novela no está terminada. Israel Vallarta aún no tiene sentencia y a pesar de ello está en un penal de máxima seguridad. Pero han pasado doce años desde inicio del caso, un tiempo relativamente largo para un suceso de actualidad, lo que permite ver hechos como el montaje o la pelea entre Calderón y Sarkozy ya con cierta distancia.

En el caso del conflicto entre ambos presidentes leemos una reflexión sobre el poder, tema, por cierto, presente en varios de sus libros.

Sí, en este caso quería indagar en cómo el sistema está diseñado para que los poderosos se salgan con la suya y para que quienes no tienen poder siempre terminen vencidos.

¿Con su novela hay una intención de ejercer una justicia digamos literaria?

Sí, por lo menos es una forma de hacer que la literatura sirva para revelar cómo funciona el sistema, lo terrible que es nuestro sistema. Es difícil dar una narrativa al periodo que vivimos, pero a la vez es muy necesaria porque vivimos en una época en la que las redes sociales hacen que te enteres de todo, pero a la vez en la que todo es efímero. No hay profundidad en el análisis, en el seguimiento de los escándalos y de las exigencias de rendición de cuentas de quien tiene poder.

A juzgar por algunos de sus últimos libros (Las elegidas, Contra Trump, Una novela criminal), creo que usted está asumiendo un compromiso literario con el presente.

Hasta ahora lo he sentido, pero no se cuanto tiempo se mantendrá.

Héctor González

Periodista cultural.

Una novela criminal, título ganador del Premio Alfaguara de Novela 2018, será presentado este 17 de abril a las 18:30 horas en la Biblioteca de México.