El gran biógrafo es, al mismo tiempo, un novelista de circunstancias individuales y un investigador sagaz. Recrea desde las huellas y los testimonios, reconstruye el pensamiento y la vida a partir de archivos y nos acerca al personaje de la biografía gracias a la investigación más rigurosa. Recomendamos cinco biografías de artistas plásticos de diversas latitudes y épocas para dar cuenta de la gran eficacia con que se ha practicado el género.

Miguel Ángel y los ideales renacentistas

Giorgio Vasari (1511-1574), pintor y arquitecto, fue hombre de intereses muy diversos, capaz de poner en pie el palacio de los Uffizi y el arco triunfal para la coronación de Carlos V, o la escenografía de una comedia de Pietro Aretino. Fue uno de los primeros humanistas en tomar conciencia del papel del artista moderno en la sociedad. Esta biografía de Miguel Ángel Buonarroti es parte de un gran proyecto: Las Vidas de los más ilustres arquitectos, pintores y escultores italianos, desde Cimabue hasta nuestros tiempos, la fuente más importante para el arte del renacimiento italiano y el libro que convirtió a Vasari en el padre de la historia del arte. Vasari no oculta la admiración por su biografiado. En Miguel Ángel aborda al artista que para él culminaba los ideales renacentistas. Vasari explora la vida del hombre y la creación de algunas obras maestras del arte occidental. La traducción de Pepa Linares toma como punto de partida la primera redacción del texto, que Vasari publicó en 1550 (la segunda apareció en 1568). Tras la muerte de Miguel Ángel en 1564, Vasari fue uno de los miembros de la Academia de Dibujo de Florencia que organizaron la decoración de la Santa Cruz para las exequias del gran artista.

Giorgio Vasari, Miguel Ángel Buonarroti, florentino (texto de 1550), traducción de Pepa Linares, Acantilado, Barcelona, 2007, 80 p.


Miquel Barceló: desde la intimidad

Michael Damiano (1986) se dedicó al estudio de la vida y la obra de Miquel Barceló. Empezó gracias a una beca de la Universidad de Georgetown, y cuando lo conoció personalmente en la inauguración de la cúpula que pintó en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, lo invitó a residir durante una temporada en un departamento en el edificio donde tenía su taller de París. Eso lo cambió todo. Hasta aquel momento Damiano había tenido ocasión de conocer y entrevistar a varios amigos de Barceló, pero, una vez en París, tuvo acceso a todo su círculo y al propio artista. Comió con él y con sus colaboradores a diario. Lo entrevistó en el oscuro apartamento repleto de obras de arte en la segunda planta de su taller. Con el tiempo se llevaron bien. Viajaron juntos a Ginebra y a Barcelona. Y cuando le dijo que si quería escribir un buen libro debería ir a África —donde Barceló tiene una casa desde hace veinte años—, hicieron juntos el viaje. Cuando no estuvo con el pintor, Damiano viajó siguiendo su itinerario a través de tres continentes y siete países, y entrevistó a quienes mejor lo conocían. A lo largo de esas conversaciones descubrió poco a poco a un personaje complejo, contradictorio, generoso y a la vez egoísta, con una faceta cariñosa y otra peligrosa. Damiano llegó a admirar a Barceló a pesar de que averiguó algunas cosas sobre él que preferiría ignorar, pero aprendió también que no podía dejar nada de lado para escribir sobre el gran pintor neo-expresionista.

Michael Damiano, Porque la vida no basta. Encuentros con Miquel Barceló, Anagrama, Barcelona, 2012, 344 p.


El artista del miedo y del dolor

Robert Hughes (1938) se internó en el estudio de las obras de Francisco de Goya a lo largo de muchas décadas para poder escribir su biografía. “Goya es el artista del miedo y del dolor, y no se puede entender al artista sin haber pasado una experiencia de dolor”, dice el historiador y crítico de arte. Hughes lo asevera porque casi pierde la vida en un accidente automovilístico en 1999 en una carretera del desierto de Australia occidental. Escribió Goya a partir de las reflexiones que realizó durante 45 años como crítico de arte. En el libro, Hughes plantea que Goya es el único artista de su época que contempla escenas de dolor y crueldad. Estudió el cambio radical que llevó a Goya de sus primeros cuadros, entusiastas, luminosos y sensuales, al universo atormentado, oscuro y amenazante de las Pinturas negras o de Los desastres de la guerra. Hughes destaca la modernidad de Goya —que inspiró a Manet, Dalí, Buñuel y Picasso, entre muchos otros— y afirma que en el conflicto bélico el pintor estaba del lado de las víctimas y detestaba la guerra en sí misma. El historiador considera absurda la teoría de que Goya no realizó las Pinturas negras y ofrece interpretaciones al respecto.

Robert Hughes, Goya, traducción de Caspar Hodgkinson y Victoria Malet, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 2005, 480 p.


Admiración y pasión por la naturaleza: da Vinci

En Leonardo da Vinci. La biografía, Walter Isaacson (1952) afirma que aunque Da Vinci haya realizado dos de las pinturas más célebres de la historia: la Última cena y la Mona Lisa, él mismo se consideraba, por igual, ingeniero y científico. Con una desbordante pasión realizó estudios innovadores de anatomía, de fósiles, de pájaros, del corazón humano, de máquinas voladoras, de óptica, de botánica, de geología, de corrientes de agua y de armamento. Así se convirtió en el arquetipo del hombre del Renacimiento, como lo estipula Isaacson, entre muchos otros estudiosos de su vida y obra. La capacidad de Leonardo da Vinci para combinar arte y ciencia, simbolizada por su dibujo de un hombre completamente proporcionado con los brazos extendidos dentro de un círculo y un cuadrado, conocido como el Hombre de Vitruvio, lo convirtió en el genio más innovador de la historia. En la biografía, Isaacson afirma que las investigaciones científicas de Leonardo da Vinci conformaron su arte. Leonardo arrancó la piel de los rostros de los cadáveres, delineó los músculos que mueven los labios para pintar después la sonrisa más inolvidable del mundo. Estudió cráneos humanos, hizo dibujos en sección de huesos y de dientes para transmitir el sufrimiento de la extrema delgadez de San Jerónimo. Exploró la matemática de la óptica, mostró cómo inciden los rayos de luz en la córnea para conseguir la mágica ilusión del juego de perspectivas de la Última cena. El biógrafo confirma así que Da Vinci sentía un hondo respeto por la naturaleza en su conjunto y sintonizaba con la armonía de sus patrones, que veía reproducidos en toda clase de fenómenos, grandes o pequeños.

Walter Isaacson, Leonardo da Vinci. La biografía, traducción de Jordi Ainaud i Escudero, Debate, Ciudad de México, 2018, 592 pp.


Caravaggio: entre la oscuridad y el peligro

Andrew Graham-Dixon (1960) reunió durante una década las evidencias conservadas sobre la vida de Caravaggio para responder a muchas de las preguntas que durante años han perturbado a los investigadores. Revela las identidades de la gente corriente —prostitutas y mendigos— que el pintor usó como modelos para sus representaciones de escenas religiosas clásicas; describe lo que pasó realmente durante el fatídico y famoso duelo; y ofrece un convincente relato de las asombrosas circunstancias de su muerte. Michelangelo Merisi da Caravaggio vivió la más oscura y peligrosa vida de entre los grandes maestros de la pintura. En una disputa —narra Graham-Dixon—, Caravaggio mató a otro hombre y tuvo que huir a Nápoles y luego a Malta, donde escapó de la cárcel tras verse envuelto en otro episodio violento. Él mismo fue víctima de un intento de asesinato en Nápoles tiempo después. Murió a los 38 años mientras regresaba a Roma en busca del perdón papal por sus crímenes. Los ambientes de Milán, Roma y Nápoles en los que Caravaggio se desenvolvió son abordados con gran soltura por Graham-Dixon en Caravaggio. Una vida sagrada y profana.

Andrew Graham-Dixon, Caravaggio. Una vida sagrada y profana, traducción de Belén Urrutia, Taurus, Ciudad de México, 2012, 584 p.