La sorprendente figura de un artista casi desconocido como Jonas Mekas emerge, gracias a este texto, para revelarnos una cara oculta de la cultura del siglo XX. El papel del exilio provocado por la Segunda Guerra Mundial es una pieza clave en el imaginario de un poeta que marcaría a fuego el cine norteamericano a partir de los sesenta. A esto lo alumbran fragmentos de su diario de viaje huyendo de la guerra, su condición de refugiado que ha vuelto a ser terriblemente actual al igual que un punzante poema, algunos de estos extractos por primera vez traducidos al español.

El cineasta y poeta lituano, Jonas Mekas, es una de las figuras más emblemáticas del cine experimental norteamericano y del llamado New American Cinema. Sus diarios, filmados en súper 8 mm, 16 mm, y luego en video constituyen una de las memorias cinematográficas más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Documentando las sucesivas transformaciones de la escena artística neoyorkina desde los años 50 hasta los años 70, desde la Factory de Andy Warhol hasta el grupo Fluxus de George Maciunas, pasando por la primera presentación en vivo de The Velvet Underground. El cine de Mekas, a lo largo de 70 años de actividad, ha logrado producir un documento poético que es a la vez íntimo y universal, y que desborda las categorías del cine convencional de documental, diario filmado y cine experimental. Ciertos títulos de sus obras dan el sentido que logró tomar la forma del diario para Mekas: Mientras avanzaba ocasionalmente vi breves destellos de belleza (As I was moving ahead occasionally I saw brief glimpses of beauty), Cartas de ningún lado (Letters from Nowhere), No hay Ítaca (There is no Ithaca). En todos ellos, la vida aparece como eterno avance, sin refugio, donde la mirada del extranjero y del meteco logra preservar momentos luminosos avanzando en la noche. Además de su trabajo fundamental como cineasta y escritor también fue un gran promotor cultural, logrando interesar a Warhol en el cine. Con él hizo su primer film, Empire. Con su hermano Adolfas fundó la revista Film Culture y la Film-makers cooperative con Stan Brakhage, Robert Breer y Gregory Markopoulos, entre otros. Además, Jonas Mekas ha sido también central en la conservación y la memoria del cine experimental, gracias a la creación del Anthology Film Archive, una de las colecciones más grandes de cine experimental con más de 20 000 títulos en su catálogo y un trabajo fundamental de restauración. Sin embargo, antes de llegar a los Estados Unidos a los 27 años y de descubrir, gracias a Amos Vogel y a George Maciunas, el cine experimental norteamericano, Mekas tuvo otra vida en Europa mientras el viejo continente estaba sumido en sus años más oscuros.

Nacido en el pueblo de Semeniškiai, cerca de Biržai, en 1922, los primeros años de su vida transcurrieron junto con su madre y sus seis hermanos y hermanas, en la relativa tranquilidad de la vida campesina lituana. Antes de convertirse en cineasta, el joven Jonas pasaba sus días cuidando vacas con su hermano Adolfas y leyendo todos los libros que podía procurarse. La pasión por la literatura le fue inculcada por su hermano Povilas (quince años mayor) y por algunas otras figuras que durante su infancia le procuraron los libros que serían la base de su primera formación artística. En sus diarios, editados bajo el título No tenía adonde ir (I had nowhere to go), cuenta, por ejemplo, la historia del granjero Valkiunas, quien fue el primero en prestarle en secreto los libros de Dostoievski, Gógol y Turguénev, antes de ser asesinado durante la guerra por los nazis o quizás por los soldados soviéticos. O aquel misterioso poeta judío que vivió en su mismo pueblo, del cual nunca supo su nombre pero que, con su simple presencia, le ayudó a encontrar su camino como artista y poeta antes de morir, él también a manos de los soldados alemanes.

A los veintitantos años, Mekas ya había publicado algunos poemas y creado revuelo en la escena literaria de Lituania, y además participaba en la resistencia lituana contra el ejército alemán transcribiendo tractos y reportajes transmitidos por la BBC en la radio. Cuando los militares descubren su máquina de escribir, escondida en el granero de su tío, él huye hacia Viena acompañado de su hermano Adolfas.

El 9 de julio de 1944 escribió:

Hoy, nuestro tren llegó a Dirschau, cerca de Danzig. Este es nuestro octavo día en el camino. No soy un soldado, ni tampoco un partisano. No estoy preparado ni física ni mentalmente para esa vida. Soy un poeta.

Dejen a los grandes países pelear. Lituania es pequeña. Durante toda nuestra historia los grandes poderes han estado marchando sobre nuestras cabezas. Si te resistes o no eres cuidadoso, serás convertido en polvo por las ruedas del Este y del Oeste. Lo único que podemos hacer, nosotros, los pequeños, es tratar de sobrevivir, de algún modo. Es por eso que, si la suerte permanece con nosotros, iremos a la universidad en Viena. Yo no quiero ningún papel en esta guerra. Esta guerra no es mía.1

La suerte no acompañaría al joven poeta. Su tren fue detenido y Mekas fue enviado a un campo de trabajo en Elmshorn, cerca de Hamburgo. Ahí, los dos hermanos trabajaron en condiciones infrahumanas durante casi un año en una fábrica, contribuyendo a la industria bélica alemana junto con otros presos rusos, franceses, italianos, belgas y holandeses.

El 27 de julio de 1944 Jonas escribe:

Todas las noches sirenas del ataque aéreo. Las bombas explotan alrededor de nosotros. Las luces cubren el cielo. Me levanto y voy hacia la ventana, para medir la situación. Adolfas ni siquiera deja su cama, lo que será será.

Cuando los bombardeos aliados se intensifican, las grandes ciudades comienzan a vaciarse; los Mekas logran escaparse del campo de prisioneros y pasan el final de la guerra escondidos, trabajando en la granja de una familia alemana.

En sus cuadernos, Mekas, el joven poeta todavía no convertido en cineasta, cuenta sus viajes por una Alemania completamente devastada por la guerra, en ruinas, acompañado de su hermano Adolfas. El día a día de los campos de refugiados en el que ocho millones de personas, lituanos, polacos, bielorrusos y checos, vivieron por algunos años durante la posguerra. Ya que, al terminar la guerra, muchos de los sobrevivientes de los campos de trabajo y los campos de concentración nazis vieron a sus países invadidos por el ejército soviético y se negaron a regresar, por temor al nuevo régimen. Entre el final de la guerra y 1949, en que Jonas y Adolfas emigran a los Estados Unidos, ambos vivieron en los campos de refugiados de Mattemberg, cerca de Kassel. Ahí el joven poeta se convirtió en joven fotógrafo documentando con una pequeña cámara de 35 mm la vida de los refugiados y participando a una revista cultural del campo.2


Adolfas Mekas, Jonas Mekas mirando el campo de Kassel/Mattenberg, 1948. Fuente: documenta.de

En agosto de 1985 Mekas rememora esos tiempos:

Al volver a leer estos diarios ya no sé si esto es verdad o ficción. Todo vuelve otra vez, con la viveza de un mal sueño que te hace saltar de la cama, todo tembloroso. Leo esto no como mi propia vida sino como la de alguien más, como si estas miserias nunca hubieran sido mías. ¿Cómo pude haber sobrevivido? Debe ser sobre alguien más que estoy leyendo.

Cómo sobrevivir y seguir viviendo es la pregunta central de los diarios de Mekas de este periodo. Una pregunta que muchas veces se encuentra en lo más trivial: ¿dónde habrá de dormir junto con su hermano? ¿cómo conseguirá la siguiente comida? A tal punto que por momentos se reprocha a sí mismo escribir tanto de la comida, abatido por concentrar todos sus esfuerzos físicos e intelectuales en la supervivencia. Sin embargo, el joven poeta habrá de seguir cursos de filosofía en la Universidad de Mainz y también logrará en este periodo publicar su primer libro de poemas Los Idilios de Semeniškiai, una colección de nueve poemas largos sobre el calendario agrícola y la vida campesina en Lituania.

El 21 de diciembre de 1947, escribe:

Recogí mi ración semanal de comida, lavé ropa.

La nieve se ha derretido. Lodo y agua por todas partes. Y el viento. Nadie se atreve a salir. Cruzas la calle y estás mojado hasta los huesos. Mis zapatos están llenos de hoyos y se llenan de agua. Mis pies están ahora siempre mojados. Leo acaba de llegar de trabajar en la obra de navidad, haciendo los escenarios. Se quitó sus botas y ahora está calentando sus pies fríos frente a la estufa. Por suerte todavía nos queda un poco de carbón.

Hay un intenso vaivén en la escritura de Mekas de este periodo que oscila entre la historia con H mayúscula y la pequeña historia cotidiana de estos jóvenes migrantes y refugiados. Se podría decir que esta misma tensión, que llega aquí, debido a las circunstancias extremas y a la sensibilidad del poeta, a un paroxismo, más tarde estructurarán toda su obra futura. Por otro lado, el estilo de montaje de Mekas, que se volvería emblemático e inspiraría a un sinnúmero de cineastas, creando con sus tomas extremadamente cortas y sus cadencias de imágenes rápidas una percepción cinética del espacio, provienen en gran medida de las dificultades económicas en las que se encontró en los Estados Unidos y de su necesidad de no desperdiciar película y filmar con medios extremadamente limitados.

Del mismo modo, la atención casi mística dada a los gestos de la vida cotidiana, como compartir una comida con amigos, por ejemplo, probablemente tiene que ver con estos momentos de penuria y dificultades en los que un poco de sopa caliente podían ser la diferencia entre la vida y la muerte, y en los que una conversación con los amigos era la única manera de protegerse frente a un mundo profundamente hostil. Esta idea de la amistad sería también central en su obra artística y en sus diferentes proyectos cinematográficos, dando una visión íntima y una escala humana a las figuras más emblemáticas de la cultura popular norteamericana, como John Lennon o Jacqueline Kennedy, con los que el cineasta convivió íntimamente.


Jonas Mekas, Found photo, 1946. Fuente: documenta.de

En los tiempos que corren, en que los países ricos vuelven a cerrar sus fronteras ante las miles de vidas que escapan de la guerra y la persecución, es importante recordar la historia de Jonas Mekas y de todos aquellos migrantes que crearon y siguen creando una cultura viva. En Europa y Estados Unidos, donde los vientos del racismo y la xenofobia vuelven a soplar cada vez con más fuerza no debemos olvidar que toda vida humana encierra incontables potencialidades y que la única patria a la que le debemos lealtad es la cultura. Mientras escribo estas líneas, leo en el periódico acerca de las nuevas rutas de refugiados sirios que entran a Europa a través de Lituania y pienso en los crueles ritmos de la historia.

Quién hubiera podido predecir que aquel menudo campesino lituano, aquel refugiado en los campos de Mattenberg, aquel migrante que trabajó en las fábricas Ford se convertiría en el “padrino del cine experimental norteamericano”.  En su libro de poemas llamado Reminiscencias publicado en Nueva York en 1951 Mekas escribió:

Ya era verano, cuando dejamos Flensburg
los veleros llenaban la bahía, y
en los muelles de la costa, sobre aguas abiertas y barcos pesqueros
había una emanación de calor.
Y una vez que hicimos nuestro camino
fuera de Gluecksburg
los niños chapoteaban ruidosamente
en un espeso bosque de matas.

Sentíamos la llamada de la lejanía
la guerra había terminado, con sus últimos
proyectiles y sus últimas bombas
todavía resonando sobre las colinas. A través de estaciones en ruinas,
y destripados pueblitos,
avanzábamos, abriéndonos camino
entre mujeres y niños,
prisioneros de guerra y soldados miserables
en cuclillas, en el calor húmedo, tirados
con los enjambres de refugiados

 

Martín Molina Gola
Cineasta egresado del CUEC.


Adolfas Mekas, Jonas Mekas con amigos en el campo de Mattenberg/Kassel, 1948. Fuente: documenta.de


1 Las traducciones de los diarios de Mekas y de sus poemas son del autor.

2 El año pasado en la documenta de Kassel, que por vez primera contó con una sede alternativa en Atenas, fue presentada una selección de fotografías de este periodo.