Gabinete de lectura.
Sangre, sudor y gloria: cinco libros sobre deportes

Desde el principio de los tiempos, el deporte ha contado con la palabra para narrar sus gestas y fracasos, para consignar el cielo y el infierno, dos caras de esa moneda que suele caer en el último suspiro. De este universo tan propicio para la épica como para la tragedia, destacamos cinco obras para ser leídas al filo del asiento.

Porca miseria

Que la Azzurra no vaya a estar presente en el Mundial de Rusia 2018 califica como desastre. ¿Qué haremos sin esa selección que puede darse el lujo de pasar la primera ronda con tres puntos, colarse mediocremente a las fases finales y coronarse como campeona en el último suspiro? ¿Lloraremos aún más que el propio Gigi la ausencia de los azzurri, que saben como nadie imprimirle dramatismo al deporte más hermoso del mundo? Sirva como consuelo este libro: Historias del calcio, de Enric González. Vamos.

Enric es uno de los grandes periodistas españoles. Ha sido corresponsal en muchas partes del mundo y de esas experiencias ha decantado tres libros de crónicas fabulosas sobre Roma, Londres y Nueva York. Durante su estancia en Italia, le pidieron, entre otras cosas, escribir una columna de futbol. Durante cuatro años, González se dedicó no solo a cronicar la jornada semanal, sino a contar la historia del calcio y, de paso, a trazar una radiografía del alma italiana a través de ese deporte. Le tocaron, además, los años más incendiarios del la Serie A, cuando las bengalas y los muertos eran el pan nuestro de cada día. Le tocaron también “las tragedias del Torino, la arrogancia de la Juventus, la locura de la Roma, los disparates del Inter, las aventuras de Silvio Berlusconi y el Milan.” Si hablamos de futbol tenemos que hablar de Italia, y si hablamos de Italia, tenemos que leer Historias del calcio. Punto.

Enric González, Historias del calcio, RBA, Barcelona, 2007, 256 p.


La prueba más dura

No existe deporte más brutal que el ciclismo, ni examen más demoledor que el Tour de Francia, la legendaria carrera que desde 1903 le ha entregado a la humanidad momentos llenos de épica y, también hay que decirlo, escándalos de magnitudes telúricas a causa del dopaje. Es el doble filo que implica una competición donde el hombre es sometido a rodar durante tres semanas en condiciones extremas hasta devorar más de 3,000 kilómetros, una carrera a la que solo acceden los más aptos, y que ha dado espléndidas crónicas aunque quizá no tantos ejercicios de ficción.

Uno de los más gratos es sin duda El Alpe d’Huez, la novela de Javier García Sánchez bautizada así en honor a una de las pruebas más duras de la etapa reina del Tour, la que pasa por la interminable subida a los cols de Croix de Fer, “que te destrozan los pulmones”, el Galiber, “que te come la moral” y el Alpe d’Huez, “que te rompe en pedazos”.  En esta batalla, el Jabato, un veterano ciclista español, otrora líder que ahora funge como gregario de lujo, decide apostar por su glorias pasadas y realizar una escapada en la que se juega la fama o la miseria, el esplendor o el fracaso más rotundo. Una historia verosímil, ágil, conocedora, vertiginosa por momentos, perfecta para los apasionados del ciclismo, pero también para que el neófito entienda los arcanos que guarda este deporte.

Javier García Sánchez, El Alpe d’Huez, Plaza & Janés, Barcelona, 1994, 408 p.


Escribir con los puños

Imposible resumir la relación que la literatura y los escritores mantienen con el boxeo. Podemos recordar que Lord Byron era un boxeador impetuoso, que Conan Doyle no solo hizo de Sherlock Holmes un competente púgil, sino que además firmó un libro de cuentos (Historias del ring) y una novela (Rodney Stone), que se cuentan entre las mejores páginas sobre este deporte. Jack London, Ernest Hemingway y Norman Mailer también dejaron, cada uno a su manera, magníficas escenas, momentos para la posteridad. Pero una de las obras más sesudas y profundas sobre el tema no ha sido escrita por ninguno de estos machos, sino por una mujer tan delicada que parecería romperse al primer jab. Correcto, hablamos de Joyce Carol Oates y su clásico Del boxeo.

Pues sí, resulta que Oates, que sabe de todo y que ha escrito de todo, es fanática del boxeo. La culpa la tuvo su padre, que la aficionó al deporte desde muy niña. El resultado de esa devoción, cuando se cruza con la lucidez literaria, es un portentoso ensayo que aborda todos los matices imaginables del boxeo. Sirvan estas líneas a manera de calentamiento: “Una de las paradojas del boxeo es que el espectador habita una conciencia tan distinta a la del boxeador que sugiere un antimundo. La ‘libre voluntad’, la ‘cordura’, la ‘racionalidad’ —nuestros modos de conciencia característicos— son irrelevantes, cuando no perjudiciales, para el boxeo en sus momentos más extraordinarios”. Andanadas de ocho onzas.

Joyce Carol Oates, Del boxeo, Punto de lectura, Madrid, 2012, 192 p.


Al servicio de su majestad

Para los que creen que el box es el deporte más primitivo de todos, el tenis entonces ocuparía su antípoda: un ejercicio lleno de elegancia superior donde la caballerosidad compite con igual gracia en la tierra batida, el traicionero césped o el duro cemento. Comparaciones absurdas aparte, el deporte de la raqueta magnetiza y enloquece como pocos. Pregúntenle sino a David Foster Wallace.

El autor de La broma infinita no solo estuvo a punto de dedicarse a los raquetazos, sino que nos dejó, antes de su trágico suicidio en 2008, algunas de la páginas más poderosas que se han escrito en torno al deporte blanco: El tenis como experiencia religiosa reúne dos largos y legendarios ensayos publicados por Wallace en 1996 y 2006: “Democracia y comercio en el Open de Estados Unidos” y “Federer, en cuerpo y en lo otro”. El primero recrea uno de los juegos entre Pete Sampras y Mark Philippousis o, como los describe Wallace, entre “Atenas contra Esparta”. El otro se ocupa de la leyenda suiza (Dionisio), que ya es acechada por Nadal (Apolo). Unos meses después de firmar este texto, Wallace se ahorcaría, víctima de la depresión que lo persiguió durante más de veinte años. Esta obra es una pequeña joya dentro de su magnífico legado.

 David Foster Wallace, El tenis como experiencia religiosa, Literatura Random House, Madrid, 2016, 112 p.


Pensar con los pies

Correr se ha convertido en uno de los deportes más populares de la actualidad. Parece lógico: no necesitas mucho equipo (aunque hoy en día la industria de los tenis y la ropa especializada es increíblemente grande y nada barata), tampoco requieres de una cancha, ni de compañeros, ni de adversarios; no hay árbitros ni marcadores, menos aún relojes que hagan subir la adrenalina. Visto así, suena aburridísimo, pero quizá un apasionado nos pueda explicar, y si es escritor, mejor que mejor.

Haruki Murakami fumaba 60 cigarros al día. Estaba harto del sedentarismo, andaba subiendo de peso, se agotaba fácilmente y “solo” tenía 33 años. Un buen día empezó a correr y desde entonces no ha parado. Años después el escritor exprimió esa experiencia para escribir De qué hablo cuando hablo de correr, un libro obligado para los que aman, odian o son indiferentes a esta forma del ejercicio. Porque el libro no solo describe una pasión (que se contagia), sino que lo hace con inteligencia e incluso didactismo. La música, la soledad, la preparación, las barreras mentales, la técnica, la dieta y todas aquellas cosas que gravitan en la mente del corredor son repasadas aquí con mano maestra.

Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr, Tusquets, Barcelona, 2007, 240 p.

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