La vida de Nellie Bly supera con creces las tramas de muchas novelas de aventuras decimonónicas. Feminista antes de tiempo, reportera de largas cabalgatas, viajera alrededor del mundo y corresponsal en el México porfiriano, su vida merece ser contada una y otra vez. Vale la pena detenerse también en los siguientes fragmentos del libro que le causó la expulsión del país que dirigía Porfirio Díaz, Six months in Mexico, una crónica audaz y socarrona. Nelly Bly es, no cabe duda, la periodista más famosa de finales del siglo XIX y este simple hecho amerita las líneas que siguen.

Dije que podría y que lo haría. Y lo hice.
—Nellie Bly

“Good Luck, Nellie Bly.”
—Jules Verne

A finales del siglo XIX, en tiempos en los que en EE.UU la mujer aún no tenía cabal categoría humana o ciudadana, en el sentido de que una mujer, por ejemplo, no podía ser miembro de un jurado –situación que cambió realmente hasta 1975–, Elizabeth Jane Cochran, mejor conocida como Nellie Bly, feminista cuando el término apenas adquiría fuerza en su nación, desafió las limitantes de género y de su profesión.  Durante años se convirtió en la periodista más célebre de su país y quizá del mundo entero, consolidando además dos vertientes del lado temerario del oficio: el periodismo encubierto de investigación (undercover journalism) y el periodismo de riesgo, o de proeza (stunt journalism).

Fue la reportera que fingió demencia para denunciar atrocidades en un manicomio, la que dio la vuelta al mundo en 72 días, batiendo el récord ficticio de 80 días de Phileas Fogg, el personaje de Julio Verne, la primera mujer corresponsal de guerra en las trincheras de Austria y Serbia durante la Primera Guerra mundial, entre una asombrosa cantidad de proezas periodísticas más.

 

Google festejó el 151 aniversario del nacimiento de Nellie Bly.1

 

Nacida el 5 de mayo de 1864, en plena guerra Civil, cerca de Pittsburgh, Pennsylvania, en Cochran’s Mills, un pequeño complejo de molinos y tierras agrícolas propiedad de su padre, Elizabeth tuvo 14 hermanos y hermanas en total, frutos de dos matrimonios de Michael Cochran, cuyos abuelos habían emigrado de Irlanda. De niña disfrutó de un entorno acomodado, próspero. Solía vestirse de color rosa, ganándose el apodo de “Pinky”; así sobrellevaba la rivalidad fraterna y destacaba entre la numerosa prole. Su padre falleció cuando ella tenía seis años.

Al llegar a la adolescencia quiso ser maestra, pero cursó menos de un año en la Indiana State Normal School, debido a la falta de recursos. Su madre, Mary Jane Kennedy, volvería a casarse, empobrecida, mudándose a Pittsburgh. Su segundo marido, un alcohólico abusivo, la obligó a denunciarlo y a pedir el divorcio, y la jovencita Elizabeth, de armas tomar desde su infancia, sería testigo en el juicio, a los 14 años, adquiriendo así conocimiento de primera mano sobre el entonces tortuoso y difícil trámite civil.

Un día de 1885, desesperada ante la falta de trabajo, un artículo irritó a Elizabeth mientras leía el Pittsburgh Dispatch. “What are girls good for?” (“¿Para qué sirven las chicas?”) explicaba que la mejor función para la mujer era tener hijos y cuidar del hogar. Indignada, Elizabeth despachó una cáustica carta, firmada por la “Solitaria niña huérfana” (Lonely orphan girl), que impresionó al editor George Madden, quien a través del mismo diario pidió que la autora se identificara. Ella se presentó al día siguiente, y Madden, admirado, le ofreció escribir un artículo con el mismo seudónimo, que se titularía “The Girl Puzzle” (“El Acertijo, o Rompecabezas o Puzle de las Chicas”), en el que Elizabeth abogó con furia por las jóvenes de su país, exigiendo las mismas oportunidades de educación, empleo y salarios. Elizabeth por fin había conseguido trabajo, y lo ejercería bajo un nuevo seudónimo. Madden eligió para ella el de Nelly Bly, título de una popularísima canción de Stephen Foster, que los formadores del diario armaron equivocadamente como Nellie, pero que, finalmente, quedaría como su marca registrada hasta el fin de sus días.2

Ya en las oficinas del Pittsburgh Dispatch, Nellie comenzó a escribir artículos sobre hogar, jardinería y moda femenina. Al cabo de unos meses se hartó de la intrascendencia de lo que escribía y convenció al editor de que la nombrara corresponsal en México. El editor se la jugó, y con su madre de chaperona, a los 21 años de edad, Nellie abordó el tren. Entraron a México por Paso del Norte, Chihuahua, y durante varios meses de 1886 viajaron por Veracruz, Puebla y otros estados.


Foto de Nellie tomada en México. Nótese el sarape al fondo.

 

Nellie despachó a Pittsburgh más de 30 reportajes, publicados semanalmente, que precisaban todo lo que veía, ya fuera en los palacios de la aristocracia porfirista o en los pueblos indígenas donde no se hablaba español. En uno de sus textos denunció que el régimen de Porfirio Díaz había encarcelado injustamente a un periodista, ni más ni menos que a Daniel Cabrera, que un año antes había lanzado El hijo del Ahuizote. Curiosamente, las autoridades mexicanas se enterarían de la denuncia al leer el artículo publicado en EE.UU. Ante las amenazas de la policía, Nellie decidió poner pies en polvorosa y regresar a Pittsburgh. A su llegada a México, en Paso del Norte, había conocido la cárcel local, en buena parte abierta a la vista de la población, mitad desprovista de muros —aunque muy vigilada— y había podido observar las lamentables condiciones de los prisioneros. Un año después del periplo mexicano, publicaría el libro Six Months in Mexico, del que ofrecemos, más adelante, algunos fragmentos, traducidos al español.

Tiempo después, Bly se mudaría a Nueva York tras haber ganado inmensa notoriedad y renombre con otro encargo, esta vez comisionado por Joseph Pulitzer, del New York World. El encargo consistía en fingir un desequilibrio mental severo y hacerse encerrar en el tenebroso manicomio de Blackwell’s Island —Roosevelt Island a partir de 1973— para denunciar atrocidades de la institución, que recluía a mil 600 mujeres. Nellie se preparó a conciencia, practicando desvaríos emocionales ante el espejo, y registrándose bajo un nombre falso en una casa de huéspedes para mujeres desamparadas, donde fingió un ataque de locura que la llevó primero al famoso hospital de Bellevue y finalmente al insane asylum de la isla. Ahí convenció a civiles, policías, custodios, médicos e incluso a otras internas de que era una perfecta lunática, mitad amnésica, quizás originaria de Cuba, personificación para la cual aprovechó frases y expresiones en español aprendidas durante su estancia en México.

Esa hazaña de periodismo encubierto pasaría a la historia en entregas al New York World, después recogidas en el libro Ten Days in a Madhouse (Diez días en un manicomio). El exposé de Nellie llevaría a una revisión del trato inhumano que recibían las pacientes, logró la liberación de mujeres extranjeras indebidamente encerradas en el asilo por el sólo hecho de no hablar inglés, y al año siguiente, tras una investigación de un Gran Jurado, el Estado de Nueva York aportó casi un millón de dólares para mejorar las condiciones y servicios de los psiquiátricos en general.

 

En 2015, la hazaña fue llevada al cine, con Caroline Barry en el papel de Nellie.

 

Desde luego, la joven reportera no era la única periodista de la Unión Americana, pero en aquel año de 1887, era indiscutiblemente la más famosa; se había convertido en ícono finisecular de la nueva mujer estadunidense. Pero, ¿qué haría ahora, cómo superaría aquel reportaje insólito, aquella experiencia escalofriante, en la que había sufrido de verdad? Su ocurrencia fue, para desbordar cualquier expectativa, dar la vuelta al mundo en menos de los 80 días que había tardado Phileas Fogg, protagonista una novela famosa en esa época, La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.

Muchas mujeres, viajeras acaudaladas, ya habían dado la vuelta al mundo, pero ninguna en los términos que ella planteaba. El editor del New York World meditaba las razones para negarle el viaje. En primer lugar, Nellie necesitaría “protección” masculina y, según él, una mujer requeriría de maletas y baúles enteros de ropa y accesorios para semejante aventura. Ejemplarmente necia, Bly espetó desafiante que si no la patrocinaban, se iría con la competencia. Su jefe cedió. La reportera echó unas mudas de ropa interior en una maletita, con un frasco de cold cream para cara y manos, se enfundó en un abrigo a cuadros, se tocó la cabeza con un gorro parecido al de Sherlock Holmes y se declaró lista.

 

Nellie, en su traje de viajera, lista para promocionar al New York World.

 

Partió entonces rumbo a Europa, con esas pocas pertenencias y sin escolta, el 14 de noviembre de 1889, en un buque de vapor, para un periplo de más de 40 mil kilómetros, siempre viajando hacia el Este, igual que Phileas Fogg. Ni tardo ni perezoso, el diario creó un juego de mesa recortable sobre el viaje. En ese momento, Nellie era la mujer más conocida de todo EE.UU. Pronto circuló otro juego de mesa, a todo color, propiamente empaquetado. La Bly se convertía en una industria. El New York World también publicó cupones que se recortaban del periódico, invitando a los lectores a participar cuantas veces quisieran para pronosticar el tiempo que tardaría el periplo de Nellie. El diario acabó recibiendo casi un millón de cupones.3

Entre otros episodios de su viaje, la intrépida reportera pasaría por Francia, una escala obligatoria, para visitar, durante unas horas nada más, con la mediación de un traductor, al mismísimo Julio Verne y a su esposa en Amiens. Durante la visita, cuyo recuerdo atesoraría durante el resto de su vida, Nellie le detalló sus andanzas al célebre novelista: “Mi ruta de viaje es de Nueva York a Londres, luego Calais, Bríndisi, Puerto Said, Ismailía, Suez, Adén, Colombo, Penang, Singapur, Hong Kong, Yokohama, San Francisco, Nueva York.” Cuando Julio le preguntó que por qué no pasaba por Bombay, como lo había hecho su personaje Phileas Fogg al cruzar la India, ella, pizpireta, en su papel, replicó: “Porque me preocupa más ahorrar tiempo que salvar a una joven viuda”.4

Al iniciar su viaje, Nellie no sabía que tendría una rival. Al llegar a Hong Kong se enteró que la recién creada revista Cosmopolitan, buscaba socavar la proeza que se le había ocurrido a ella y había enviado a otra reportera, Elizabeth Bisland, a circundar el globo también, pero viajando en sentido contrario, hacia el Oeste.5 Sin embargo, Nellie ganó la carrera a los 72 días. Descendió triunfal de un tren en Nueva York y fue recibida por una multitud extática, con descargas de cañones y orquesta. Su traje de viaje, el abrigo con el que había partido, sería the rage en moda femenina durante una década. Si antes había alcanzado los cuernos de la luna pasando por un manicomio, ahora, tras la vuelta al mundo, Nellie —darling de los tabloides— tocaba las estrellas mismas del firmamento periodístico. Tanto su tercer libro, Around the World in Seventy-Two Days (La vuelta al mundo en 72 días), como los dos anteriores, se vendían como pan caliente.

Aunque su hazaña de circundar el orbe era prácticamente insuperable, Nellie siguió enfrascada en escribir los más variados reportajes, explotando acaso una veta sensacionalista, pero siempre escogiendo con toda libertad sus temas: exposés de cabilderos corruptos en el Congreso; reportajes sobre injusticias sociales; visitas a fumaderos de opio; artículos con gran perspectiva de género —como cuando afirmó que la mujer podía y debía, si le convenía, proponer matrimonio y no esperar a que lo hiciera un varón—; estancias en casas supuestamente embrujadas; episodios circenses —¡Nellie doma elefantes!—; rescates de huérfanos; y denuncias de tráfico de niños, haciéndose pasar por madre soltera urgida de vender a su bebé.

En 1895, con 30 años cumplidos, cuando parecía que se “quedaría para vestir santos”, sorprendió a todos al contraer matrimonio, tras un romance relámpago de un mes, con Robert Seaman, un industrial millonario 40 años mayor que ella. Renunciando al periodismo, Nellie pasó a ser inventora y empresaria puntual de fábricas que producían artefactos industriales, como los primeros barriles de acero. Concibió, también, un recipiente para leche que se usó durante décadas, y algunos otros inventos que aún pueden verse en museos de patentes. Nunca dejó de apoyar a sus trabajadores con salarios decorosos, buenos alimentos, bibliotecas y áreas recreativas.

Seaman falleció en 1904, y unos pocos años después, una racha de conflictos familiares, problemas financieros y administradores deshonestos de sus empresas llevaron a Nelly a la quiebra, junto con los sueños de una viudez respetable y segura. En parte para eludir un juicio relacionado con las quiebras empresariales, en el que se le acusaba de obstrucción de justicia, Nellie viajó a Europa, con el plan de contactar a conocidos austríacos que podrían ayudarla financieramente. Ya había estallado la Primera Guerra Mundial. Así es que, Nelly, acostumbrada a desafiar los límites de lo imaginable, se convirtió en la primera mujer corresponsal de guerra. Al servicio del New York Evening Journal, recorrió el frente y las trincheras de Austria, Rusia y Serbia, testigo ya no de un manicomio en Nueva York, sino del manicomio extendido del conflicto europeo que acabaría costando 20 millones de vidas.

 

En Polonia, Nellie conversa con un oficial austríaco.

 

Nuevamente famosa, aunque pasajeramente acusada de anti-patriotismo por apoyar a Austria, regresó a su país y al periodismo, cuatro años después, lista para cosechar nuevos laureles. Entre otras cosas, apoyó a las sufragistas, pronosticó que la mujer alcanzaría el derecho a votar en 1920, abogó por el control de la natalidad, se convirtió en una entrevistadora sobresaliente, luchó por ayudar a huérfanos a través de una fundación, y escribió notables textos confesionales sobre sus éxitos, y también, con honestidad, sobre sus fracasos y errores. Combativa hasta el fin, la derrotaría una pulmonía; falleció en un hospital de Nueva York, el 27 de enero de 1924, habiendo entregado su último reportaje horas antes de caer enferma.

Las obras de Nellie Bly, algo ignoradas a causa de los tumultos de la depresión del 29 y la II Guerra Mundial, siguen publicándose y revalorándose en la actualidad. No falta una biografía suya en las bibliotecas de aula de EE.UU. En español, se encuentran Diez días en un manicomio y La vuelta al mundo en 72 días,6 pero curiosamente, parecería que Six Months in Mexico sigue inédita en nuestra lengua.

En los años en los que Nellie se hizo periodista, el reportaje informativo, imparcial, aún no quedaba establecido como ideal en su género. En el marco del crecimiento galopante de la industria periodística, ejemplificado por la guerra despiadada entre el New York Journal de Randolph Hearst y el New York World de Joseph Pulitzer, en años en los que la circulación de diarios crecía exponencialmente y la venta de publicidad generaba fortunas históricas —se fundaban dinastías en los medios de comunicación—, los lectores buscaban el reportaje sensacionalista, la opinión particular, el arte de ser metiche, la denuncia escandalosa aullada a los cuatro vientos, la pirotecnia verbal.7

Nellie Bly combinaba pues reportaje con opinión personal, gustos y disgustos particulares, y no poca ironía sobre sí misma. Algunas observaciones de su viaje a México siguen vigentes. Muchas otras apreciaciones de Nellie eran el claro resultado de cierta ignorancia política e histórica, producida por el inevitable culture shock de una joven que visitaba un país extranjero por vez primera. En la actualidad, se puede conseguir fácilmente las obras de autores que alguna vez visitaron México y escribieron sobre sus experiencias: Humboldt, la marquesa Calderón de la Barca, D. H. Lawrence, Aldous Huxley, Antonin Artaud o Graham Greene, por sólo mencionar algunos. Pero parecería un misterio (o acaso… ¿una falta de sentido del humor nacional?) el hecho de que Six Months in Mexico no sigo lo suficientemente atendida en nuestra lengua.

Cerramos entonces con algunas citas de ese largo reportaje, y una receta de cocina, invitando a nuestros lectores a juzgar por sí mismos el tino de las observaciones de Nellie, la forma en que explaya su vena sarcástica o humorística, o el total error y tontería supina de algunos comentarios de la joven reportera que pocos años después daría la vuelta al mundo en 72 días. Estamos en 1886, y Nellie, como ya dijimos, tiene 21 años.

Adieu a los Estados Unidos
“Por primera vez vi a mujeres arando mientras sus amos y señores fumaban sentados sobre una cerca. Nunca desee algo más que poder tumbar de ahí a esos fulanos holgazanes.”

El Paso del Norte
“El Paso del Norte presume una cárcel mexicana de verdad. […] Un estadunidense, en manos de las autoridades mexicanas, padece todas las torturas que algunos predicadores, deleitados, nos dicen que encontrarán algunos seres humanos en el mundo por venir.”

A lo largo de la Ruta
“Todavía a un día de viaje de la ciudad de México, es posible procurarse jitomates y fresas. Los vendedores no les pedían nada a los charlatanes similares de Estados Unidos. En un canastillo colocan hojas de col y dos o tres pedruscos para darle peso; luego cubren todo con fresas, tan hábilmente, que hasta el comprador más hábil piensa que recibe una ganga por veinticinco centavos.”

La Ciudad de México
“La Ciudad de México guarda muchas promesas luminosas para el futuro. […] una ciudad para que los hombres acumulen fortunas; un paraíso para estudiantes, para artistas, un campo rico para el cazador de lo curioso, lo hermoso, y lo raro. Su brillante futuro no puede estar muy distante.”

En las calles de México
“En México, como en todos los demás países, el turista promedio corre a las catedrales y a los lugares de prestigio histórico, ignorando por completo la particularidad más intensamente interesante que contiene el país –su gente.”

El mañana desaparece
“Los mexicanos siempre son manana [sic] hasta que de toros y cuestiones de amor se trata. Conocer a un mexicano en la vida diaria es ser testigo de su cortesía, de su amabilidad, de su gentileza; pero luego, al verlo en los toros, apenas es reconocible. Queda literalmente transformado. Su gentileza y manana [sic] han desaparecido. Sus ojos llamean, sus mejillas se encienden, de hecho, es la imagen misma de ‘animación diabólica’. El día de hoy ya es todo “hoy”. Incluso la dama española de presencia y tacones altos olvida sus manierismos y se parece a alguna pagana pintada jubilosa ante el rostizado de algún misionero fanático.”

Un enjambre de abejas
“México es el semillero de niños; inundan la tierra entera, y una familia pequeña es algo desconocido; te saludan en cada ventana, en cada esquina, desde cada espalda de mujer; llenan los carruajes y la plaza: son un enjambre de abejas alrededor de una madreselva —uno sobre cada minúscula flor y cientos esperando su oportunidad.”

La peor monarquía
“Muy poca gente fuera de la República de México tiene la más mínima idea de cómo se llevan aquí los asuntos gubernamentales. Los habitantes de México —por lo menos así se estima— suman 10,000,000 de almas, siendo indios 8,000,000, ineducados y muy pobres. Esta amplia mayoría no tiene voz en ningún asunto en absoluto, de manera que el gobierno es conducido por la más pequeña, supuestamente, clase superior.

Se afirma que, en lo tocante a los derechos y a la libertad de sus gobernados, la constitución de México supera a la de los Estados Unidos; pero esto queda sólo en papel. De república sólo tiene el nombre, siendo en realidad la peor monarquía que existe.

La prensa de México
“El mejor periódico de México es El monitor republicano, que afirma tener, en la ciudad, en los suburbios y en Estados Unidos, una circulación de cinco mil. Se imprime íntegramente en español.

Un periódico satírico llamado Ahuizote fue denunciado por algunos oficiales del gobierno ofendidos y el editor fue remitido a la cárcel. Entonces Daniel Cabrera comenzó otra Puck8 mexicana y la llamó Hijo del Ahuizote. Era bastante inteligente y publicó una caricatura titulada: ‘El Cementerio de la Prensa’, mostrando al fondo las tumbas de diarios diferentes, y al frente una gran cruz grabada con ‘La Prensa independiente R.I.P.’, mientras que colgaba de cada lado un búho de ojos rojos con una pala. Arriba de la tumba estaba una mecha marcada ‘Libertad’. Debajo se leía, ‘El triste cementerio de la Prensa de México’, lleno de los líderes liberales Juárez, Lerdo, Díaz y Gonzales. La policía fue despachada a reunir y destruir cada copia de este periódico.

El editor Cabrera fue encerrado en Belem, donde permaneció en la más lamentable condición, hasta que la muerte le ofreciera liberación; mediante la influencia de amigos lo llevaron a su casa a morir, resguardando su casa con un regimiento hasta que estuviera en condiciones de ser llevado de vuelta a la cárcel o hasta que tuvieran que ver su cuerpo consignado a la tumba. Decir cosas difamatorias es tan peligroso como escribirlas.”

Modales mexicanos
“La cortesía mexicana, aunque no siempre es sincera, es mucho más agradable que la cortesía actual entre los estadounidenses. Sus agradables modales parecen innatos, sin embargo los mexicanos de descendencia española no pueden superar al indio en cortesía, quien, aunque ignorante, incapaz de leer o escribir, podría enseñarle modales a un Chesterfield. En cuanto uno se dirige a ellos, su sombrero aparece en su mano. Si quieren pasar, primero te suplican darles permiso. Incluso un infante, cuando aprende a hablar es la perfección de la cortesía. Si le preguntas su nombre, te lo dirá, agregando inmediatamente ‘para servirle a usted’.”

El Árbol de la Noche Triste
“Cortés, cuando pensó que iba a perder la batalla por México, el 10 de julio de 1520, se resguardó bajo un árbol y lloró. Desde entonces el árbol es conocido por los habitantes como la Noche Triste […] Queda ante una antigua capilla en la plaza pública del pequeño pueblo de Popotla. No entiendo por qué, porque nunca pude pensar en Cortés más que como un asesino saqueador, pero la Noche Triste recibe gran atención de los nativos y de todos los turistas.

Felipe II emitió un decreto real de que la catedral debía corresponder a la magnificencia de la ciudad, y en 1573 la obra había comenzado. Ocupa la tierra misma en la que se encontraba el templo principal de los aztecas; el lugar fue comprado a los monjes franciscanos por cuarenta dólares.”

Falsas promesas para la princesa
“Cuando Maximiliano llegó a México restituyó los títulos de la familia Yturbide [sic], e invitó a la culta princesa [Josefa de Iturbide] a ser integrante del entorno imperial. Posteriormente Maximiliano adoptó a Agustin Yturbide [sic], nieto del finado emperador, y nombró a la Princesa Josefa guardiana del ‘príncipe imperial’. Maximiliano pronto reconoció las maravillosas habilidades ejecutivas de la princesa, y la consultaba en ocasiones importantes. De haber seguido sus consejos, no dudo de que México hubiera tenido hoy un imperio.

La princesa me enseñó cinco cartas que había recibido de Carlotta [sic], escritas en inglés, después de la muerte del emperador; en ellas no había evidencia de su locura. La princesa nunca ha recibido compensación por las tierras que el gobierno le quitó a su padre, e incluso una pensión que se le debe, que ya equivale a algunos cientos de miles, nunca le ha sido pagada. Ella recibe muchas promesas de Díaz pero nunca el dinero.”

Una receta mexicana
“Pimientos verdes con huevos y queso: –Ase los pimientos sobre los carbones, quíteles la piel, sáqueles las semillas, lave y corte en tiras delgadas. En un recipiente con manteca caliente ponga algunos jitomates y cebollas, finamente picados, y unas dos tazas de agua. Cuando hierva, agregue huevos al gusto. Cuando se hayan cocinado, agregue los pimientos y rebanadas de queso. Correctamente preparado, es delicioso.”

Para rematar esta última receta, que incluye queso, he aquí el tráiler de la película animada American Tail: The Mystery of the Night Monster (1999), en la que Nellie Bly aparece como una ratona reportera, con el adecuado cambio de apellido a Nellie Brie…

Queremos pensar que Elizabeth Jane Cochrane, ingresada al Salón Nacional de la Fama de Mujeres en 1988, hubiera sonreído… Su legado es indiscutible; su vida, un caso clarísimo en el que la realidad arrastra nuevamente a la ficción a otros derroteros, o bien se inspira incansablemente de ella.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía

• George Fox Mott et al., New Survey of Journalism, Barnes and Noble, 1972.

• Bly, Nellie, Encyclopaedia Britannica, Volume 3, p. 819, 1973.

• Nellie Bly, Six Months in Mexico, University of Pennsylvania.

• …, Ten Days in a Mad-House, Universiry of Pennsylvania.

• …, Around the World in Seventy-Two Days, University of Pennsylvania.

•…, Around the World in Seventy-Two Days and Other Writings, Foreword by Maureen Corrigan, Edited with an Introduction by Jean Marie Lutes, Penguin Classics, 2014.


1 La música y letra del doodle corrieron a cargo de Karen O, vocalista del grupo indie Yeah Yeah Yeahs.

2 Los personajes de la canción de Stephen Foster, de 1850, son afroamericanos: el varón que lleva la voz cantante, y su interés romántico, Nelly Bly. No queda claro si son esclavos o ex esclavos, pero el hombre, significativamente, le pide a Nelly que traiga la escoba mientras él descuelga el banjo. Aunque se ha dicho lo contrario, y a pesar de pasajes considerados racistas en muchas de sus canciones y baladas, Foster denunciaba la esclavitud, y posiblemente fue el primero que en una canción (o cualquier otro medio popular) expresó que una mujer negra era “a Lady” (una dama), en Nelly was a Lady, otra canción en la que figura una Nelly. Nelly (o Nellie) es nombre propio, y a la vez derivación de Ellen, Helen o Eleanor, y diminutivo de Nell. Muchas canciones de Foster fueron repertorio para los minstrel shows, tradición estadunidense del teatro popular de 1840 a 1900, que combinaba ópera inglesa con música de plantaciones sureñas, en la que músicos y actores blancos se pintaban las caras de negro, simulando ser afroamericanos.

3 Quien ganara el concurso disfrutaría un viaje de dos semanas a Londres y París, todo pagado.

4 En la novela, Phileas Fogg y su valet, Passepartout, rescatan a la Princesa Aouda, que iba a ser inmolada en la pira funeraria de su marido, siguiendo la tradición india del satí. En su encuentro con Nellie, en Amiens, Verne también le comentó a la periodista: “Quizá salves a un joven viudo antes de tu regreso”. En su libro, Nellie escribiría: “Le sonreí [a Verne], con el conocimiento superior, el que tienen las mujeres que son completamente libres, ante tales insinuaciones.” Con todo, Nellie quedó encantada con el matrimonio Verne, y Julio le deseó buena suerte en inglés, prometiendo aplaudirle si lograba su cometido en setenta y nueve días.

5 Elizabeth Bisland concluyó su periplo unos pocos días después de Nellie; y también logró renombre con su viaje, aunque su carrera, más discreta, sería más bien literaria. Ambas morirían de pulmonía, y las dos serían sepultadas en el mismo cementerio de Woodland, Nueva York. Cosas del destino.

6 Editorial Buck, de Barcelona, publicó La vuelta al mundo en 72 días, en 2007, y Diez días en un manicomio, en 2009.

7 Posiblemente el ejemplo supremo del periodismo de riesgo, de proeza, fue la expedición de Henry Morton Stanley para rescatar a David Livingston en África, patrocinada por el New York Herald entre 1869 y 1871. Stanley lo halló, el 10 de noviembre de 1871, en lo que hoy es Tanzania. Quizá no se sepa nunca si la célebre frase Doctor Livingston, I presume (¿El doctor Livingston, supongo?) fue real o fabricada posteriormente, ya que Stanley arrancó de su diario las páginas donde narraba el famoso encuentro.

8 Puck: fue la primera revista humorística y de sátira política, de éxito, publicada en EE.UU de 1871 a 1918. Por extensión, una “Puck” sería cualquier publicación de contenido similar. El nombre Puck deriva del duende travieso de Sueño de una noche de verano, de Shakespeare.