Durante la semana marcada por el Día Internacional de la Mujer, las noticias “culturales”, o cuando menos las que se han colado en ese rubro, rayaron de manera inaudita en lo frívolo. Para dar cuenta de ello, reunimos información de varios medios del mundo mundial que parecen haberse aburrido por la falta de novedades editoriales, o bien por los disparates de la corrección política que inundan nuestras apacibles casas y vecindarios. Como en todo, también encontramos un par de excepciones, que recabamos cabalmente.


Cada quien su batalla

A partir del miércoles, la definición de “fácil” de la RAE no volverá a ser la misma. Un colectivo ciudadano pidió que, en su quinta acepción, el adjetivo se desligara de la mujer: “Dicho de una mujer. Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales”. El pleno de la Academia ha decidido entonces reemplazar “mujer” por “persona”, de modo que reine el respeto mutuo, y no vayamos a creer que alguien “fácil” solo puede ser, por decreto lexicográfico, una persona del género femenino. Por fortuna en México —donde la Academia no ha manifestado nada— contamos con la rigurosa distinción entre aquel que es un desvergonzado “facilote” y aquella que, por su parte, no deja de ser una “facilota”, palabras de tan aliñado uso que no han sido consideradas para el Diccionario de mexicanismos. Aunque, según la RAE, el uso correcto es “facilón” o “facilona” y nada tiene que ver con las inclinaciones de las personas.

En batallas más justas y relevantes, una asociación española que representa a la crème de la crèmede los ajuares, el Círculo Fortuny, también le hizo sus peticiones a la RAE, aprovechando el viaje. El Círculo Fortuny, para hablar en plata, materia que tanto les gusta y que alguna que otra vena abrió en América Latina, sirve de foro a las llamadas “empresas e industrias de alta gama”, y cuenta con un portavoz que representa sus deslumbrantes intereses. El asunto es que la RAE tiene una definición un poco negativa de la palabra que los de Fortuny llevan en boca como un óbolo: “lujo”. La RAE la define así:

Bien. La Academia buscará entonces una definición menos ofensiva y seguramente más tibia para que nadie se sienta ofendido, ni siquiera aquellos que ostentan alhajas y bisutería brillante, o los que cargan el título de marqués de Griñón y presiden el afortunado, valga la redundancia, Círculo de Fortuny.


Lo que Barbie le hizo a Frida

Son tiempos de corrección política, eso que ni qué. Pues bien, la marca Mattel, acusada de haber moldeado los gustos de millones de niños y niñas, y de ejercer presión sobre la determinación de género, ahora se lanza en una campaña de sorpresas para reivindicar a las mujeres ejemplares. Tanto así que ha creado una serie, supuestamente para el “coleccionista adulto”, de “Mujeres inspiradoras”: entre ellas, la aviadora estadounidense Amelia Earhart, la científica Katherine Johnson y, evidentemente, la mexicana-a-más-no-poder Frida Kahlo.

“Las relaciones con México están un poco tensas”, habrán pensado los genios de Mattel: hagámosle un favor a sus huipiles, nopales y rebozos. Por cierto, no hace falta avisarles, las hijas mexicanas lo agradecerán. Y a Mattel se le acaba de armar lo que en la mera patria llaman “la de Dios es padre”. Mara Romeo, sobrina nieta de la pintora y heredera de su legado, amenazó con tomar todas las medidas necesarias contra la empresa de California, quien no tendría derecho de usar la imagen de la pintora. Además, la familia Kahlo se ha mostrado inconforme con una muñeca de “ojos claros”, que no tiene verdaderamente los rasgos de Frida, ni encarna su fuerza ni su temperamento.

Mediante un comunicado, la Frida Kahlo Corporation, con sede en Miami, afirmó que trabajaron de cerca con Mattel y que la juguetera tiene todos los derechos de imagen para crear a la Frida Barbie. ¡Diabólicas muñecas, Batman! Esos malinchistas se apañaron nuestro patrimonio cultural, Batmanopochtli. Quietos. Quietos. La Frida Kahlo Corporation fue fundada por la familia heredera, en 2005, para velar por los intereses patrimoniales y para que la imagen de la talentosa cejijunta inundara los hogares del mundo en forma de tazas, camisetas, posters, lápices, y un largo etcétera. En resumen: el asuntillo aquí es que nadie les avisó a los herederos que Mattel entraría en el juego, introduciendo a la artista a la terna de sus exitosas y curvilíneas muñecas.


La madre del feminismo (y abuela de Frankenstein) y un diccionario de creadoras

Para dejar de lado esta serpentina de frivolidades, los ingleses están sumidos en un arduo debate sobre su memoria histórica. Un nutrido grupo de intelectuales, políticas y figuras públicas organizaron la campaña “Mary on the Green” para que crear un monumento conmemorativo de Mary Wolstonecraft, la madre del feminismo y, por vía genética, de la genial Mary Shelley. El argumento primordial es que cerca de 90% de las estatuas que decoran las vías públicas de Londres son de hombres, y que Wolstonecraft, una figura clave de la Ilustración, autora del primer manifiesto feminista (Vindication of the Rights of Women, 1792), adquiera una fuerte presencia en el sistema educativo inglés, a través de la promoción cultural y pedagógica encabezada por una nueva comunidad, The Wolstonecraft Society. Mediante un comunicado publicado en The Guardian, una buena cantidad de empresarios, actores, políticos —entre ellos Jeremy Corbyn— y sindicalistas se unieron a la iniciativa.

Por otro lado, en Francia se publicó, para el 8 de marzo, la versión digital (de paga) de un titánico Diccionario Universal de las Creadoras, originalmente impreso en 2013, en tres tomos de 1,600 páginas cada uno. Sus entradas abarcan todas las épocas y países, todas las disciplinas desde el deporte hasta el arte y la política. Así es, mientras los ingleses se organizan para salvaguardar su patrimonio y hacer efectivo un proyecto de promoción educativa y los franceses, como es costumbre, consolidan una base de datos masiva, en el mundo de habla hispana discutimos por muñecas de plástico y alguna que otra palabra que ofende a los portadores de Rolex y Cartier. Y no, no sugerimos que esto se deba a la superioridad de una civilización sobre otra. Simplemente parecería que tenemos otras cosas en qué ocuparnos.

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