Cerith Wyn Evans materializa ideas y composiciones a través de esculturas lumínicas, poesía escrita con luz neón y candelabros que responden a códigos morse. La obra de este artista de origen galés se ha presentado en los museos y galerías más importantes del mundo. Ahora le toca el turno al Museo Tamayo, que hasta el 6 de mayo albergará la primera exposición monográfica de Wyn Evans en nuestro país; un pretexto perfecto para dedicarle nuestra sección “Arte hoy”, que presenta a los creadores indispensables si queremos conocer y entender el arte que se está produciendo en la actualidad.

El arte contemporáneo ha resignificado a las disciplinas artísticas al construir un escenario en el cual las posibilidades son infinitas. En este, los artistas constantemente descubren medios para apostar por nuevas experiencias estéticas y sensoriales. Cerith Wyn Evans (Llanelli, 1958) se interesa por materializar discursos y pensar la relación entre luz y texto, pensamiento y significado, a través de piezas hechas in situ que dependen de la presencia del espectador para encontrar un sentido. Tal como sucede en un proceso de comunicación, las obras exigen un interlocutor.

Este artista galés comenzó su trayectoria creativa en el mundo del cine como asistente del cineasta Derek Jarman, con quien realizó The Angelic Conversation (1985), Caravaggio (1986) y The Last of England (1987). Posteriormente realizó proyectos experimentales con bailarines como Michael Clarck e incluso colaboró en videos de bandas entre las que están The Smiths y Throbbing Gristle. A partir de la década de los noventa empezó a trabajar con escultura e instalación, motivado por la pregunta de hasta dónde llega el significado predeterminado de las cosas, si es que hay tal. De esta manera se alejó de los guiones de las películas y la estructura de las grabaciones para desarrollar su interés particular en el lenguaje y la comunicación.

Cada escultura hecha con luz de neón —suspendida del techo y configurada en líneas rectas, curvas y en formas de espiral— es producto de una inclinación por la percepción y el entendimiento del lenguaje desde la luz. Por otro lado, según Wyn Evans, sus piezas cuestionan la noción de lo estético y hacen evidente la inestabilidad del significado que pueda tener determinado objeto o situación según el contexto en que se presente, el público que reciba el mensaje y la manera en que se adapte al espacio físico-temporal.

Cerith Wyn Evans, The Illuminating Gas… (after Oculist Witnesses), 2015. Fotografía: White Cube (George Darrell).

La práctica artística de Wyn Evans investiga una y otra vez las posibilidades de comunicar a través de la forma. De hecho, muchas de sus piezas recuperan citas o composiciones de John Cage, Iannis Xenakis, Georges Batille y James Merril, por mencionar algunos ejemplos, y son consideradas como readymades que se agrupan entre sí, generando nuevos discursos. Éstas recrean las aportaciones de los artistas, compositores y poetas citados, y son traducidas, por ejemplo, a clave morse para posteriormente ejecutar una coreografía de luz y sonido que se refleja en candelabros. En otros casos se recrean frases en estructuras de gran tamaño con fuegos artificiales. De esta manera, Wyn Evans logra la materialización y la visualización de las ideas.

La intención de desdibujar los límites entre los discursos y la escultura es comunicar conceptos priorizando la percepción. Por eso, el espectador de las obras es un eje fundamental en las exposiciones del galés. Es necesario que alguien identifique lo que sucede en la instalación, así como las transformaciones que tienen las obras con relación al espacio en donde se exponen. Muchas de sus piezas son creaciones de sitio específico pues al artista le interesa romper los sistemas de comunicación existentes, ya sea mediante la transformación del sonido a objeto visual o alterando las coordenadas espacio-temporales de las piezas. El recorrido de la exposición en el Museo Tamayo, por ejemplo, comienza con una instalación a gran escala titulada E-C-L-I-P-S-E, un texto en neón que describe la progresión temporal y geográfica de un eclipse de sol en varios continentes.

Cerith Wyn Evans, S=U=T=R=A,2017. © Cerith Wyn Evans. Fotografía: Rebecca Fanuele. Cortesía del artista y de Marian Goodman Gallery, Nueva York, París, Londres.

Para Wyn Evans, las instalaciones deberían funcionar como un catalizador, un recipiente de posibles significados que puedan ser desentrañados por muchas propuestas discursivas. Tanto las esculturas de neón como los candelabros y las letras de fuegos artificiales, incitan a un cuestionamiento infinito sobre el significado original de la materia y el discurso. Por ejemplo, en relación con el trabajo que realiza con candelabros, dice: “Odio los candelabros, creo que son las cosas más vulgares, feas e imprácticas, pero sirven a su propósito. Son una especie de caballos de Troya. Son anfitriones, no están en sí mismos y son particularmente interesantes. El trabajo real continúa en otro lugar, en la imaginación de alguien que ha venido a ver la exposición”1 y es aquí donde el diálogo entre el espacio, la luz y la percepción se expande. Más allá de la propuesta conceptual o estética que Wyn Evans proponga, su trabajo siempre referirá a un componente externo que está en constante cambio.

Por otro lado, sus obras aprovechan el potencial del lenguaje para crear momentos de ruptura en las estructuras de comunicación tradicionales. En su serie de esculturas de fuegos artificiales, por ejemplo, las estructuras de madera deletrean textos y arden fugazmente durante un período designado de tiempo. Estas obras performativas existen solo como un evento de breve duración y adquieren un nuevo significado y trascendencia cuando se documenta a través de fotografías o videos.

Fotografía del evento: Cerith Wyn Evans’ ‘And If I Don’t.’ will take place at today in the Sculpture Park, Frieze New York. Tomada de Pintrest.

El uso del neón que le es tan característico no es nuevo en el arte y existen referentes importantes con los que podemos relacionar este material: las cabezas de Bruce Nauman o las palabras neón de Jason Rhoades. En el caso de Wyn Evans, sin embargo, el neón es solo una herramienta de dibujo porque lo que realmente le interesa de nuevo es el lenguaje y sus límites. Al hacer referencia a textos semióticos, películas de vanguardia y teorías sobre la percepción, el artista crea obras que producen metáforas para que el espectador las interprete. Neon Forms (After Noh II) y Neon Forms (After Noh III) son dos de las piezas que se exponen en el Museo Tamayo, las cuales parecen dibujos hechos de un solo trazo si se observan a cierta distancia pero, conforme nos acercamos, descubrimos que se trata de fragmentos doblados e interconectados entre sí.

Así como Francis Ponge consideraba que la forma más fidedigna de representar un objeto era mediante la figura de otros similares, en la obra de Wyn Evans esto cobra sentido cuando se descubre que las instalaciones y el espectador crean un desplazamiento de sonidos e imágenes a la deriva por el espacio y un desplazamiento emocional que no concluye nunca.

Cerith Wyn Evans, Neon Forms (after Noh II), 2015. Fotografía: White Cube (George Darrell)

 

María Olivera. Egresada de Literatura por la Universidad del Claustro de Sor Juana.


1 Cerith Wyn Evans, entrevista en Time Out, Londres.