La correspondencia de y entre escritores siempre revela claves que podrían pasar inadvertidas en el cuerpo de su obra. Los siguientes cinco ejemplos demuestran rasgos de la intimidad de los autores; a la vez, se aprecia en ellos el pensamiento de una viable publicación futura. Las cartas manifiestan, con admirable refulgencia, el vínculo de cada uno de ellos con el mundo y su interés por desentrañarlo.

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García Lorca, Nueva York y a La Habana

En junio de 1929 Federico García Lorca parte de viaje, en compañía de Fernando de los Ríos, con destino a Nueva York, vía París-Londres. En París visitan a Mathilde Pomès y en Londres a Salvador de Madariaga. El 19 de junio embarcan en Southampton, en el Olympic, rumbo a Nueva York, adonde arriban una semana después. En agosto escribe “El rey de Harlem” y “1910 (Intermedio)”, dos de los primeros poemas de lo que constituirá Poeta en Nueva York. Y en abril de 1930 Escribe el “Son de negros en Cuba” y la “Oda a Walt Whitman” que formarán parte del libro. Federico García Lorca en Nueva York y La Habana. Cartas y recuerdos de Andrew A. Anderson y Christopher Maurer, es un libro cabal sobre el período de escritura de Poeta en Nueva York, cuyos poemas  —casi todos— fueron escritos durante la enriquecedora temporada que García Lorca pasó en Nueva York y La Habana. El volumen de Anderson y Maurer incluye las indómitas cartas en las que García Lorca narra sus arrebatos amorosos e incluye las misivas que él recibió, publicadas por primera vez. El epistolario está acompañado de un álbum de recuerdos, viñetas, fotografías históricas, entrevistas y retratos, en su mayoría inéditos.

Christopher Maurer y Andrew A. Anderson, Federico García Lorca en Nueva York y La Habana. Cartas y recuerdos, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2013, 382 pp.

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A través de un libro: Roth y Zweig

Stefan Zweig y Joseph Roth fueron escritores extraordinarios. Del primero se celebran sus colecciones de relatos y novelas como La impaciencia del corazón y Novela de ajedrez. Del segundo destacan La marcha Radetzky y Job. Zweig fue un maestro de la biografía (María Antonieta o Fouché), y de retratos paradigmáticos como los de Nietzsche, Hölderlin y Casanova. Roth fue un gran periodista, autor de artículos sociales. El ensayo Judíos errantes dio pie a su amistad con Zweig. Roth mantuvo una particular correspondencia con su gran amigo. En el intercambio compartieron anhelos literarios, pensamientos, detalles íntimos, confesiones. Roth, sagaz, diagnosticó desde el principio el peligro del nacionalsocialismo y se exilió. Zweig intentó transigir, hasta darse cuenta de que la única opción era exiliarse.

Las cartas pueden ser leídas como la historia de una época en la que reinó la barbarie y como el legado del compromiso intelectual y humanista de dos grandes escritores que se admiraban mutuamente. Roth le escribió a Zweig el 10 de julio de 1928: “Muy distinguido señor Zweig: Hoy me encuentro en disposición de agradecerle su libro. Lo he leído en ruta, durante mi viaje a través de muchas pequeñas ciudades, y tengo que agradecerle a usted doblemente: por mandarme un saludo a una región desierta y, en suma, por el placer de su libro (cuyo efecto, por mi soledad, en cierta medida se ha convertido en particular). Me parece que de esta manera he llegado a conocerle a usted más que si, por ejemplo, le hubiera leído o incluso me lo hubiera encontrado en Berlín o en París. Sólo falta que encuentre la oportunidad y cuente con su permiso para verle. Quizá suceda pronto”.

Joseph Roth y Stefan Zweig, Ser amigo mío es funesto. Correspondencia (1927-1938), edición de Madeleine Rietra y Rainer Joachim Siegel, traducción de Joan Fontcuberta y Eduardo Gil Bera, postfacio de Heinz Lunzer, Acantilado, Barcelona, 2014, 432 pp.

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Burroughs y Ginsberg en busca del éxtasis ilimitado

La heroína era un camino que ya le mostraba a Burroughs su lado autodestructivo. También lidiaba con el sentimiento de culpa y desánimo tras el accidente en el que mató a su mujer mientras él, ebrio, disparaba una pistola. La búsqueda de la ayahuasca de Burroughs es un viaje hacia una nueva dimensión personal y una forma de escape de sí mismo. Las cartas de la ayahuasca es un volumen de correspondencia y otros textos de William Burroughs y Allen Ginsberg, publicado originalmente en 1963. También es un libro de viaje y un rito de búsqueda. La mayor parte de estos escritos datan de 1953. Resulta la crónica del viaje que hizo Burroughs al Amazonas en busca de la ayahuasca, planta de propiedades alucinógenas. Burroughs narra a Ginsberg anécdotas y conceptos que más tarde utilizaría en novelas como El almuerzo desnudo. El volumen cierra con una carta de Ginsberg, escrita en 1960, en la que le relata a Burroughs los experimentos que él mismo realizó con la ayahuasca. Burroughs escribió: “Me siento dispuesto a irme al Sur en busca del éxtasis ilimitado que se abre en vez de cerrarse como la droga. El éxtasis es ver las cosas desde un ángulo especial. Tal vez encuentre en la ayahuasca lo que he estado buscando en la heroína, la yerba y la coca. Tal vez encuentre el éxtasis”.

William S. Burroughs y Allen Ginsberg, Las cartas de la ayahuasca, traducción de Roger Wolfe, Anagrama, Barcelona, 2006, 112 pp.

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Kertész, en memoria de los difuntos

Imre Kertész, superviviente de Auschwitz, falleció en 2016 a los 86 años en su ciudad natal, Budapest. Su obra, en especial su novela Sin destino, que tardó 13 años en escribir y publicó en 1975, narra la hiriente realidad de los campos de exterminio. Las cartas que Kertész envió a la crítica y traductora de origen húngaro Eva Haldimann entre 1977 y 2002 devienen ensayos que arrojan luz a su quehacer literario y a la época de la desolación y la ruina. Las misivas expresan las incidencias del escritor, su salida de la Asociación de Escritores y aquello que el autor surcó hasta obtener el Premio Nobel en 2002. En una carta del 27 de enero de 1990 comenta la pieza maestra Kaddish por el hijo no nacido, libro sobre la sombra de Auschwitz y la imposible paternidad: “Estimada Eva Haldimann: […] Para la Semana del Libro se publica mi última novela. Se titula Kaddish por el hijo no nacido. (¿Sabe usted lo que es un kaddish? Una plegaria en memoria de los difuntos, como el réquiem en la liturgia católica)”.

Imre Kertész, Cartas a Eva Haldimann, traducción de Adan Kovacsic, Acantilado, Barcelona, 2012, 160 pp.

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Louise Colet y Flaubert

Las cartas de Flaubert a Louise Colet, escritas entre agosto de 1846 y marzo de 1855, resultan una especie de monólogo, un íntimo retrato del joven autor y de la poeta madura. Expresa ideas y sentimientos desde diversas perspectivas y con énfasis disímiles, desde la voz del enamorado que formula la intensidad de sus sentimientos a través de la escritura y desde la distancia, pasando por las cavilaciones filosóficas. El escritor reflexionó sobre la vida y lo pretérito, opinó sobre lecturas, emitió juicios exaltados sobre la amistad y la creación, ponderó el arte de escribir y anotó y corrigió textos de Louise Colet. Las cartas de Colet a Flaubert fueron destruidas por Caroline Franklin-Grout, encargada de “mantener limpia” la memoria de su tío. Flaubert incluyó en las misivas pasajes literarios de calidad aforística: “Por un instante he visto la sima, he comprendido el abismo, y luego el vértigo me ha arrastrado”, “Más que galopar, Pegaso suele ir al paso. Todo el talento consiste en tomar el ritmo que uno quiere”, “Las pasiones son buenas, pero no en exceso; hacen perder mucho tiempo”, “Se llegan a hacer cosas hermosas a fuerza de paciencia y de larga energía”, “Lo que a mí me parece lo más elevado del Arte (y lo más difícil) no es hacer reír ni llorar, ni poner cachondo o enfurecer, sino obrar al modo de la naturaleza, es decir, hacer soñar. Por eso las obras más hermosas poseen ese carácter. Son serenas de aspecto e incomprensibles”.

Gustave Flaubert, Cartas a Louise Colet, traducción y prólogo de Ignacio Malaxecheverría, Siruela, Madrid, 2003 408 pp.

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