Y las redes ardieron. Otra vez. Este lugar común parece restarle octanaje al combustible que semana con semana alimenta la máquina de clics, pero como en este espacio no nos dedicamos a otra cosa, ni modo, hay que atender ese pálido fuego. Lo que sí es que, esta vez, la deflagración fue provocada, cosa rara, por un escritor, un Nobel para más señas, que se metió, no por primera vez, con la política mexicana (con ya saben quien, para ser más precisos).

El caso es que tirios y troyanos prendieron antorchas para poner a don Mario Vargas Llosa en la picota. Nosotros, antes de aplicarle el 33 por si las moscas, optamos por la mesura y le ofrecemos a nuestros cálidos lectores una guía propositiva para aquellos que quieran adentrarse en los vericuetos de un laberinto que podríamos llamar, a falta de mejor título, “los escritores y la política”.


1) Un gran número de medios replicaron la nota sobre las declaraciones de Vargas Llosa durante la presentación de su autobiografía intelectual La llamada de la tribu (Alfaguara). Algunos de manera francamente objetiva, como Animal Político aquí.

2) Entre las respuestas al Nobel figuró en primer lugar la del mismo AMLO (“Buen escritor, pero mal político”) y, en segundo, la de la historiadora Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del candidato, que declaró que el peruano le “daba vergüenza” sin argumentar más.

3) Cada comentario del peruano despierta pasiones y engendra hordas de defensores o detractores severos. Nunca falta quien lo acuse de reaccionario, neoliberal incongruente y oportunista —porque sus posturas ideológicas han dado más de un giro de 180 grados desde que entró en la arena pública—, y ahora hasta de “monárquico”.

4) Gran parte de la indignación más fresca contra Vargas Llosa es su vinculación al escándalo de los Panamá Papers y directamente al bufete Mossack Fonseca, el principal acusado del caso y el corazón de la trama de los negocios offshore. Un tema bastante delicado para quien hace alardes constantes de la justicia del libre mercado.

5) Las opiniones de Vargas Llosa sobre asuntos políticos de cualquier país son tan viejas como su extinta militancia pro-castrista. Hay quienes las revisten con eso que llamamos “argumento de autoridad”, mientras que otros tantos las descalifican como los devaneos de un hombre senil. Este artículo de El Cultural reúne los distintos temas sobre los que opinó en la tarde de su más reciente presentación: desde la censura de Fariña hasta el independentismo catalán. Sí, tiene saliva para todo esto y más.

6) No hay como el poder de la opinión y el análisis (y más si tiene el respaldo de una fortuna bien amasada). Una sencilla prueba de ello es esta defensa del presidente Kuczynski ante las exigencias sociales de destitución, luego de que indultara a Fujimori. En su defensa el líder peruano dice que, antes de proceder a ese “indulto médico”, habló del tema “incluso con Mario Vargas Llosa”. Este último criticó el indulto y apoyó la destitución del presidente si había, más bien, pruebas de su participación en el caso Odebrecht.

7) No olvidemos que parte de la carrera de Vargas Llosa se debe a sus incursiones en política. Este texto de Time es un buen compendio de sus críticas a la violación de derechos humanos durante el conflicto con Sendero Luminoso, su candidatura presidencial contra Fujimori en 1990 y su reconciliación final con Alan García, convertido, como el mismo Vargas Llosa, en defensor del libre mercado. Aquí un texto similar, pero más detallado, en español.

8) En México se ha recordado, una vez más, el tino de Vargas Llosa al acuñar, en 1990 durante el “Encuentro Vuelta”, el término de la “dictadura perfecta” refiriéndose al régimen del PRI, como resume este texto de El País y este famosísimo video de época (en el que Paz no se esconde su indignación ante la “imprecisión” de su colega).

9) Otra buena pista para entrar en el pensamiento político reciente de Vargas Llosa es seguir la columna que publica en El País desde 2010 llamada “Piedra de toque”, en la que ha abordado desde temas culturales y literarios hasta asuntos políticos coyunturales o electorales de varios, si no es que demasiados, rincones del mundo. Tampoco debemos dejar de lado el discurso que dio al recibir el Premio Nobel de Literatura 2010, en el que hace un repaso de su vida como lector y escritor y defiende el poder civilizatorio de la literatura, evoca sus coqueteos con el marxismo, narra su experiencia como actor de teatro septuagenario y hasta clama por la “emancipación de los indígenas” en América Latina (quienes, al parecer, no defienden tanto las virtudes de la mundialización como él). El fallo de la Academia sueca quiso reconocer la trayectoria de Vargas Llosa y, en particular, “su cartografía de las estructuras del poder y sus incisivas imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”, un argumento que sin duda coincide con su muy criticada postura liberal.

10) Finalmente, hay que sugerir algunos libros de referencia, entre muchos otros, que podrán serle útiles al curioso que quiera meterse en el espinoso tema de “los escritores y la política”, que tanta polémica provoca (incluyendo supuestos puñetazos entre peruanos y colombianos). Antes de La llamada de la tribu, se publicó Conversación en Princeton con Rubén Gallo (Alfaguara, 2017), el resultado de los cursos que impartió “don Mario” en dicha universidad, y donde aborda cuestiones de literatura, política y periodismo. Otros títulos básicos son:

– Edward Said, Representaciones del intelectual, Debate, 2007.
– Claudia Gilman, La pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina, Siglo XXI, 2003.
– Jean Franco, Decadencia y caída de la ciudad letrada. La literatura latinoamericana durante la Guerra Fría, Debate, 2003.