“La crónica es lo mejor de la literatura mexicana.” Con esta máxima, Sara Sefchovich inaugura Vida y milagros de la crónica en México (Océano, 2017), libro en el que la socióloga e historiadora recorre siglos de escritura de textos para entender nuestro país y la mirada que tenemos de nosotros mismos. Sefchovich plantea a la crónica como vehículo clave de la expresión cultural; en su recorrido histórico aborda a los cronistas más importantes —desde Hernán Cortés hasta los autores contemporáneos— y muestra que la narrativa, la poesía y el ensayo funcionaron como crónicas a lo largo de la tradición de estas latitudes. La escritora afirma: “en la crónica, la palabra es información y es arte, es objeto para el saber y para el placer. Y por ello se convirtió en el género más frecuentado en la literatura mexicana”.

Alejandro García Abreu: Recurres a Paul Ricoeur: “narrar es una de la formas fundamentales en que el ser humano le da sentido a su experiencia”. ¿De qué manera descubriste “la necesidad humana de contárselo a otros”?
Sara Sefchovich: A la necesidad humana de narrar le puse nombre y teoría apenas hace unos años, aunque la ejercí toda mi vida, como supongo que le sucede a todas las personas. Porque escuchar o leer historias y contarlas es uno de los modos de funcionar de los humanos y uno de sus grandes placeres. Luego, años después, empecé el camino de la escritura, que obedece a la misma necesidad pero con mayor sofisticación.
AGA: Narras que el primer poema en castellano escrito en estas tierras es una crónica. Afirmas, contundente, que en la crónica “interviene una voluntad estética tal que no es solo información sino también arte. Es, por lo tanto, literatura”. ¿Qué escritores han influido en tu trabajo, desde la perspectiva de la crónica como género literario?
SS: He sido lectora toda mi vida, y no distinguía jamás entre ensayo, novela, crónica, testimonio, reportaje. Leía todo lo que me interesaba y a todo esto le puse teoría, definiciones y fronteras cuando me hice académica y de hecho aún entonces no se separaban los géneros como ahora. A mí me da risa cuando, por ejemplo, no me aceptan un texto en alguna revista académica porque dicen que es un ensayo, como si fuera tan fácil saberlo y diferenciarlo de un texto académico. Entonces, ¿cómo puedo yo saber eso que me preguntas sobre las influencias de la crónica en mi trabajo si no soy capaz siquiera de diferenciar entre un texto académico y un ensayo? Y sin embargo, en mi libro dedico muchas páginas a definir la crónica y me costó mucho esfuerzo hacerlo. Y dediqué doce años a elegir a los que iba a incluir en el libro como cronistas, para que no hubiera confusión entre ese género y otros. Dicho de otro modo: te puedo decir de los cronistas por qué lo son y cuáles son sus influencias y lo que ellos a su vez influyeron después, pero no te puedo decir de mi persona, porque no me estudio ni pienso en mí.
AGA: Citas a Svetlana Alexiévich: hay que escribir crónicas para “no permitir justificar nada”. ¿Suscribes su planteamiento?
SS: Por supuesto que suscribo a Svetlana Alexiévich, por eso la cito cuando me pregunto para qué sirve escribir crónica. El trabajo que ella hizo y sigue haciendo es ejemplar, es un modelo excepcional del valor y la importancia de la crónica, tanto como el de nuestros cronistas de fines del siglo XX y de hoy que tenían y tienen la misma voluntad de no callar para que no haya justificación alguna al horror, ni silencio por la lucha.
AGA: ¿Crees que la ficción está en tensión con la realidad?
SS: No sé si existe tensión entre ficción y realidad, simple y sencillamente porque no son separables. Ahora bien: sí hay géneros que recurren más a la invención y géneros que apuestan más a recoger la realidad como es. Ni la ficción puede librarse de la realidad porque aún la mayor invención tiene sustento en ella, ni la crónica más puntual puede librarse de inventar. A mí me interesa mucho más la crónica que la novela, es decir, el esfuerzo por “recoger” la realidad que el esfuerzo por “inventarla”, con comillas en las palabras recoger e inventar.
AGA: “Cada cronista vuelve a visitar y a reformular los temas, los espacios, las estrategias narrativas de sus predecesores, sumándoles su propio pacto ético y su propia vuelta de tuerca estética. […] La única característica innegociable es que no puede haber en ella ficción. Esto es muy complejo, porque cuando hay retórica, hay disfraz.”, afirma Jorge Carrión. ¿De qué manera vislumbras ese disfraz, inherente a toda escritura?
SS: Es una de las tesis principales y más provocadoras de Vida y milagros de la crónica en México. Porque afirmo que toda la crónica necesariamente es ficción pues no hay forma de recoger y de representar a la realidad sin el filtro cultural de quien lo hace, y eso porque a fuerza se ponen orden, jerarquías y valores y se organiza y completa la información.
Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.