Robin Myers (Nueva York, 1987) se dio a conocer ampliamente en México por el poemario bilingüe Amalgama/Conflations (Ediciones Antílope, 2016). Su poética emplea con tenacidad y soltura una lenguaje límpido y cotidiano para formular elegías que ocurren todo el tiempo y en todas las cosas. Así lo afirma, en sus palabras, la propia Robin: “[…] me parece más fácil escribir de cosas que ya no están. Si uno pierde algo, lo que va aprendiendo, midiendo, pesando, es la forma que tiene ese algo —no la forma que antes tenía, porque eso inmediatamente se modifica en la memoria—”. De esta manera se cumple, con otros matices, la visión lírica de Antonio Gamoneda, en particular la de este verso: “Amé todas las pérdidas”, que luego se consolidaría en el poemario Arden las pérdidas.

Afianzando una poética sencilla y veraz, donde la inteligencia memoriosa es lenguaje y afecto, los siguientes poemas de la autora vienen del libro Tener (Having es el título del inédito original), traducido por Ezequiel Zaidenwerg, publicado en Argentina por Audisea (2017) y aún no distribuido en México. Deambulando entre el pasado y el presente, transitando entre lo recordado, lo vivido y lo imaginado —como bien sabemos, no siempre es fácil la distinción—, los poemas están pronunciados en la voz, o las voces, de alguien que nunca es realmente nombrado en ellos, desde un lugar del mundo que aparece igualmente anónimo. Ninguno de los textos tiene título, y la idea es que se puedan leer en el orden que sea. Escritos originalmente en lengua inglesa, presentamos ambas versiones.


En la frontera, donde
fuese en ese entonces,
uno se presentó
ante sus superiores,
se desvistió, quedó
de pie temblando, pálido,
y dijo que él ahí
no volvía.

Por lo que sé,
desertó sólo
su uniforme, y hay
otras camisas en este lugar.

Yo nunca tuve un hijo,
nunca tuve que decir
Tienes que ir a la escuela
y ahí tienes que quedarte.

Pero lo fui.

Una soga pelada,
abierta
como un crisantemo.

       §
One, at the border,
wherever it was then,
appeared before
his commanding officers,
stripped, stood
pale and trembling,
said he wouldn’t
go back.

As far as I can tell,
he deserted only
his uniform, and there
are other shirts in this place.

I never had a son,
never had to say
You must go to school,
you must stay there.

But I was one.

A frayed rope,
splayed out from itself
like a chrysanthemum.

***

Podría haber un incendio.
Podrías encontrarte en el metro

de una ciudad que se aleja de ti en espiral
como una rueda después de una patada.

Podrías estar perdido.
Podrías tener que preguntarle

a un desconocido cómo llegar a algún lugar,
y podrías tener que aprender

a llegar a ese lugar. Podrías ser viejo
o joven. Podría haber una guerra,

o una inundación, o demasiados días
de cierto tipo.

Podrías encender un cigarrillo
que te dieron

de regalo. Podrías reconocer
su punta impaciente

como una extensión de tu posible
desastre. Y de tu respiración.

       §
There could be a fire.
You could find yourself on the metro

of a city that spirals away from you
like a kicked wheel.

You could be lost.
You could have to ask

a stranger how to get somewhere,
and you could have to learn

to get there. You could be old
or young. There could be a war,

or a flood, or just too many of
a certain kind of day.

You could light a cigarette
that had been given to you

as a gift. You could recognize
its impatient tip

as an extension of your possible
disaster. And of your breath.

***

Abrí la puerta una vez;
ahora quiero abrirla todo
el tiempo sin parar.

Una mujer en un museo
extiende las dos manos
para tocar una escultura:
una cara de piedra
sale a la superficie
de agua de piedra y la separa,
los ojos todavía
cerrados, pero confiadamente despiertos.

El guardia del museo le llama la atención:
Señora, no se toca,
y ella le dice,
Yo soy ciega,
toco.

Me acuerdo de una mujer
que tenía las manos más calientes
que el resto del cuerpo,
como si la sangre
le brotara de otro lado.

¿Cómo tocar sin desconsuelo?

Como una puerta
que se abre.

       §
I opened the door once;
I want to open it over
and over and over again.

A woman in a museum
reaches out with both hands
to touch a sculpture—
a stone face
rising to the surface of stone
water, parting it,
stone eyes still
closed, but trustingly, awake.

The museum guard calls out
Can’t touch, ma’am,
and she answers
I’m blind,
I touch.

There was someone once;
I remember her hands being
warmer than the rest of her,
as if the blood
sprang from somewhere else.

How to touch without desolation?

Like a door,
opening.

***

Habré tenido siete, tal vez ocho,
porque podía despertarme en lo que entonces creía
que era el medio de la noche
y salir de la cama y encontrar a mis padres
en el living viviendo el resto de sus vidas,
doblando ropa, riéndose con la radio,
discutiendo, sirviéndole vino a un invitado.
Había soñado que ellos se morían.
Los encontré cenando.
Había una vela. Hablaban en voz baja.
Cuando me vio, mamá no me retó,
sino que me abrazó y me sirvió en un plato
un poco de la comida de ellos, y me sentó
a su mesa, lo que me hizo sentir
viejo, raro, invitado.
No me animaba a confesarles
que había soñado que ellos ya no estaban, así que en cambio
les conté, entre llantos, que había soñado
con mi propia muerte. Ellos me escuchaban.
Yo tenía siete años y tenía un ataque de desesperanza,
y estaba enamorado del consuelo que buscaba, y tenía la suerte
de recibirlo.
Me acuerdo que les pregunté, llorando,
¿Si yo me muero, ustedes igual van a estar bien?
Y mi madre lloró también, y dijo,
Sí, se nos rompería el corazón
pero estaríamos bien.
No me acuerdo de haber vuelto a dormir.

       §
I must have been seven, maybe eight,
because I could wake up then in what felt
like the middle of the night
and leave my bed and find my parents
living the entire rest of their lives,
folding clothes, laughing with the radio,
arguing, pouring wine for a guest.
I had dreamed they were dead.
I found them eating their supper.
There was a candle; their talk was quiet;
when she saw me, my mother didn’t scold,
but held me to her and dished me up a bit
of what was theirs to eat, and sat me down
with them, which made me feel
old, strange, invited.
I couldn’t bear to confess
I’d dreamed them gone, so I told them
instead, weeping, that I’d dreamed
of my own death. They listened.
I was seven, and in despair, and in love
with the comfort I sought, and lucky
enough to receive it.
I remember asking them, sobbing,
If I died, would you be all right?
And my mother wept, too, and said
Our hearts would be broken
but we would be all right.
I don’t remember going back to sleep.

***

Por un tiempo intenté escribirlo todo:

pájaros vistos al pasar en caminatas,
comidas compartidas o no,
novelas manoseadas,
vísceras de animales impresas por las ruedas
en el pavimento,
nombres,
las cosas que pasaron por la cara
de mi papá los meses
de su enfermedad,
los vecinos y las cosas que les escuchaba
gritarles a sus hijos,
sorpresas meteorológicas,
qué día era,
qué hora.

Era insoportable.
No se acababa nunca.

Todo es un catálogo de mierda, le espeté
a mi amigo el biólogo,
como si le estuviera mentando a la madre.
Me miró desde el jardín,
sonriente, lleno de tierra.

Todo,
dijo.

       §
For awhile I tried writing it all down:

birds glimpsed on walks,
meals shared or not,
novels dog-eared,
animal organs skidded
into pavement,
names,
things that shifted across
my father’s face in the months
of his illness,
neighbors and what I heard them shout
to their children,
meteorological surprises,
what day it was,
what time.

It was infuriating.
It never stopped.

Everything’s just a fucking catalogue, I snapped
to my friend the biologist,
as if insulting his mother.
He looked up at me from the garden,
smiling, full of dirt.

Everything,
he said.

 

***

No me interesa desterrar el deseo.

Cuando veo la urgencia del espino
por clavarse en el aire,
qué sé yo si su anhelo
se parezca al mío.

Pero quiero que se parezca,
que era lo que quería decir.

       §
I have no interest in banishing desire.

When I look at the thorn tree
urging its way into the air,
I have no idea if its longing
is anything like mine.

But I want it to be,
which is my point.

***

Puede ser tuyo.

Puede ser tuya la corrida loca
y la niebla,
la lengua quemada
y el alivio de la miel,
la taza
intacta.

La rabia de la noche, el alba gris
que te perdona.

El tren,
la vía.

Esos pelitos suaves
de la nuca,
la emoción del clavado
y el yeso.

Puede ser tuyo lo que queda.

Puedes quedarte descansando.

Te va a volver loco.

Vas a pasar tus días
hirviendo, tratando
de quedarte con todo,

aun teniéndolo.

       §
You can have it.

You can have the mad dash
and the mist,
the burned tongue
and honey-slick,
the cup
intact.

The night rage, the gray dawn
forgiving you.

The train,
the track.

The soft hairs
at the nape of the neck,
the thrilled plunge
and the cast.

You can have the rest of it.

You can rest.

It will drive you mad.

You will scald your way through
the days, trying
to have all of it,

having it.

 

Robin Myers
Poeta y traductora. Es autora de los libros de poesía: Amalgama/Conflations y Lo demás.