Entre nuestra histeria de clics encontramos milagrosamente un libro de papel valioso para el presente de los que soportan con poco humor cada tuit del bestia de copete amarillento. Pero antes de eso un acervo fotográfico mostrará cómo asegurar horas de curioseo y voyeurismo intelectual. No podía faltar el extraño caso de un par de investigadores que redescubren a Shakespeare para el mundo gracias a los algoritmos de un programa.

Una colección fotográfica de Virginia Woolf en libre acceso

Con motivo del cumpleaños de Virginia Woolf (el 25 de enero), la Biblioteca Houghton de la Universidad de Harvard presumió sus archivos digitalizados y el libre acceso que ofrece a seis álbumes de la casa Monk que pertenecieron a la escritora. Para los que no sabíamos de esta digitalización completa, el acervo, donado a la universidad desde 1983, constituye un tesoro de retratos, postales, paisajes aledaños, jardines, recuerdos de viajes y escenas domésticas que reflejan la vida hogareña de Woolf, que hizo de la casona del siglo XVII su residencia permanente en 1919 (se ahogó, de hecho, en un río cercano, el Ouse, en 1941). Los álbumes han sido ordenados por una mano cuidadosa y pulcra. Recorrerlos, eso sí, es visitar una versión abuelesca de Instagram: el registro cotidiano se hace con recelo y atención. ¡Qué tiempos aquellos de los álbumes polvorientos y las estampitas!


Fachada de la casa que perteneció a Percy Bysshe Shelley en Lerici (Italia), tomada en 1933

Surge una chispa nostálgica por esas épocas en que la fotografía era verdaderamente un motivo de encuentro y discusión: abrir los álbumes en ese entonces, con familia y amigos, significaba una reunión de anécdotas y diálogo; nada comparable al estado zombi que nuestros celulares y selfies han creado. Para Virginia, autora de muchas de las instantáneas, la fotografía no solo fue un pasatiempo sino un magnífico obsequio de la memoria y un medio que reunía a las personas. Además, Woolf coleccionaba, como si fueran fotos personales, antiguas postales con los retratos de algunos personajes de época: en el álbum MH-6 aparecen Longfellow, Toynbee, Washington, Darwin, Spencer, J.S Mill, entre otros. Queda claro que pasear por estas páginas despertará en los voyeurs (tan acostumbrados, gracias a Facebook, Twitter, Instagram, etc, a husmear en las vidas ajenas) un goce irrepetible. Basta con ver su red amigos y visitantes, nada menos que los Strachey, E.M Forster, T.S Eliot, W.B Yeats, J.M y Lydia Keynes o Vita Sackville-West. También está la curiosidad histórica y literaria, claro, faltaba más.


T.S Eliot, Virginia Woolf y Vivienne Eliot en 1932.

Los siguientes enlaces los conducirán a cada uno de los Monk’s House Álbums: MH-1, MH-2, MH-3, MH-4, MH-5, MH-6. El “Finding Aid” de la biblioteca les ayudará a localizar el descriptivo y la fecha de cada foto: aquí el de MH-1, por ejemplo.


El software que reveló las fuentes de Shakespeare

Para seguir en las maravillas digitales, de las que aquí hacemos elogio y vituperio un día sí y el otro también, un par de especialistas muy diestros acaban de dar con una “fuente” desconocida de Shakespeare. ¿Es raro que esa gallina siga dando después de más de cuatrocientos años? Gracias a un programa llamado WCopufind, que se usa para convertirte en cop de los plagios en textos de libre acceso, Dennis McCarthy y June Schlueter han podido detectar que A Brief Discourse of the Rebellion and Rebels de Geroge North habría sido la fuente de inspiración del bardo para escribir Macbeth y Ricardo III, entre otras. Así es, el Big Data ya está tirando de patitas a la calle a los más obcecados filólogos y especialistas. Por lo pronto, seguimos adjudicando estos hallazgos a nombres de humanos. Uno de los mayores expertos en Shakespeare, que está a la espera de una revelación y ayudado por otro software, DocuScope, que identifica todos los patrones de escritura del inglés como parte de un proyecto de la Folger Shakespeare Library, ha tenido a bien llamarse Alexander Hope.


El holograma americano de ayer y hoy

Por último, pasemos mejor a la paz de un mundo donde la falta de batería o la falta de señal wifi no producen ataques de ansiedad y angustia: el libro de papel. Si uno lee las páginas de Crónicas de la América profunda (Libros del Lince), que se está empezando a distribuir en México, encontrará en ellas una inquietante actualidad. Inquietante porque el libro se tradujo al español y se publicó en 2008, pero es una radiografía terrible de la clase obrera blanca, marginada, con bajos índices educativos y que vive en la ilusión de pertenecer a la clase media.

Más que una premonición oculta en el pasado (pues la mayoría de esta clase obrera votó por Trump) es un retrato humano de esa población que fue ignorada durante décadas hasta que se empoderó en la figura del magnate copetón. Joe Bageant, el autor, hijo de trabajadores de la industria textil de Virginia, buscar responder en sus crónicas, entre otras, a este planteamiento que parece haber sido lanzado la víspera de la inesperada derrota demócrata de 2016: “cómo diablos es posible que una parte del país sepa tan poco sobre la otra? En el teatro de la vida de América, ¿qué ilusión colosal nos tiene tan hechizados que ni siquiera podemos ver a quienes nos rodean, y muchos menos convencerlos de que no voten en contra de sus más valiosos intereses, o de los nuestros? A esta ilusión la llamo ‘el holograma americano’”. Pasaron diez años para que este libro llegara a México. Solamente la presencia de un jumento como Trump en el trono gringo pudo revelar que aquí sí nos interesa (y conviene) saber cómo demonios piensan los portadores de armas, los fundamentalistas cristianos dependientes de Home Depot en Winchester, Virginia, y los jubilados temerosos de cualquier migrante; los habitantes, en fin, de la América profunda. La escritura de Bageant es mordaz y depara aventuras como la feria del chimpancé de 1963: “[…] los primates entrenados para el pugilato se vuelven tan furiosos que hay que ponerles un bozal de acero. Todos los vejetes de por aquí juran que Dink aporreó a aquel chimpancé con tanta saña que el animal salió trepando por los barrotes de la jaula y no quiso volver a bajar, y así fue como Dink ganó sus cien dólares”.

Fuentes: Open Culture, Harvard University, El País, The New York Times; y Joe Bageant, Crónicas de la América profunda, Madrid, Los libros del lince, 2008, 264 p. Titulo original: Deer Hunting with Jesus. Dispatches from America’s Class War, traducción de Pablo Manzano Migliozzi.