En estos meses se conmemoran 100 años de la escritura de los Aforismos de Zürau, una de las claves de la obra de Franz Kafka. “Esos textos debían ser leídos exactamente en la forma en la cual Kafka los había dispuesto, como esquirlas de meteoritos caídas en regiones desérticas”, escribió Roberto Calasso. Los documentos —albergados en la Bodleian Library de Oxford— suscitaron la publicación de Aforismi di Zürau en Adelphi Edizioni. En el libro, Calasso recuerda que Kafka estuvo ocho meses en Zürau, en la campiña bohemia, en casa de Ottla, su hermana, entre septiembre de 1917 y abril de 1918. La tuberculosis, que eventualmente le cobraría la vida, se le había declarado un mes antes con un vómito nocturno de sangre.

La enfermedad le permitió una retirada del mundo: “Nunca como en los meses de Zürau se tiene la impresión de que Kafka se haya encontrado a gusto. Solo allí consigue huir de todo: de la familia, de la oficina, de las mujeres. Son las principales potencias que desde siempre lo persiguen. Por otra parte, lo defiende la barrera de la enfermedad, que, como por encanto, no muestra por entonces ‘signos visibles’. […] En Zürau, el mundo está casi vaciado de seres humanos. Esto es lo que suscita en Kafka un sentimiento de leve euforia”, aseveró Calasso. Estar enfermo, dijo Enrique Vila-Matas sobre Kafka, iba a proyectarle hacia la acción y de ahí hacia el posible comienzo, hacia “la crucial etapa Zürau”. Para evocar esa proyección que ocurrió hace un siglo, ese ímpetu literario, presentamos diez “esquirlas de meteoritos” kafkianos.

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Muchas sombras de los difuntos no hacen otra cosa que lamer las mareas del Río de los Muertos, porque proviene de nosotros y todavía conserva el sabor salado de nuestro mar. Entonces el río, asqueado, se repliega, fluye a contracorriente y conduce a los muertos de regreso a la vida. Pero ellos son felices, cantan alabanzas, agradecidos, y acarician al indignado.

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A partir de un cierto punto, ya no hay regreso posible. Éste es el punto a alcanzar.

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Una primera señal de conciencia incipiente es el deseo de morir. Esta vida parece insoportable; otra, inalcanzable. Ya no nos avergonzamos de querer morir; pedimos ser trasladados de la vieja celda, que odiamos, a una nueva, que apenas aprenderemos a odiar. Un resto de fe continúa operando, por si acaso durante el transporte apareciera el Señor por el pasillo, mirara al prisionero y dijera: “A éste ya no lo vuelvan a encerrar. Éste viene conmigo”.


Portada de Aforismi di Zürau en Adelphi Edizioni, libro editado por Roberto Calasso.

 

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Existe una meta, pero no un camino; lo que llamamos camino son vacilaciones.

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La desproporción del mundo parece ser, para nuestro consuelo, solamente numérica.

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Nuestro arte es un estar-deslumbrados por la verdad: la luz sobre la mueca retrocediendo es verdadera, nada más.

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Un cambio repentino. Al acecho, angustiada, esperanzada, la respuesta ronda a la pregunta, estudia desesperadamente su rostro inaccesible, la sigue por los caminos más absurdos, es decir, los que más se alejan de la respuesta.

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La muerte está frente a nosotros, acaso como se hallaba en la pared del salón escolar un cuadro de la batalla de Alejandro Magno. Depende de nuestras acciones en esta vida oscurecer o aun desaparecer el cuadro.

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La idea de la infinita vastedad y plenitud del Cosmos es el resultado de la mezcla, llevada al extremo, de laboriosa creación y libre autorreflexión.

 


Portada de Aphorisms (libro que incluye los aforismos de Zürau) diseñada por Peter Mendelsund para The Schocken Kafka Library de Penguin Random House.

 

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No es necesario que salgas de la casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, sólo espera. Ni siquiera esperes, quédate en absoluto silencio y soledad. El mundo se te ofrecerá para que lo desenmascares, no puede evitarlo; arrobado, se retorcerá ante ti.

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Fuente:
Franz Kafka, Aforismos de Zürau, edición, prólogo (“Al margen”) y epílogo (“El esplendor velado”) de Roberto Calasso, traducción del alemán de los Aforismos de Zürau de Claudia Cabrera, traducción de “El esplendor velado” de Edgardo Dobry y traducción de “Al margen” de Valerio Negri, Sexto Piso, Ciudad de México, 2005, 166 pp.

 

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.