Como uno de los fotógrafos más innovadores y reconocidos del siglo XX, Edward Weston incursionó en diversos géneros, incluyendo naturalezas muertas y desnudos, paisajes y retratos. No hubo tema o categoría que se le resistiera. A sesenta años de su muerte, las imágenes del fotógrafo siguen siendo un ejemplo de fuerza y profunda intuición, una ventana al lado estético de las formas más extrañas y caprichosas.

A Edward Weston (1886-1958) no le gustaba hablar acerca de su obra. Siempre dijo que no sentía la necesidad de explicar su trabajo artístico, de justificar sus composiciones u ofrecer interpretaciones a ningún espectador, crítico o coleccionista. Como uno de los fotógrafos más innovadores y reconocidos del siglo XX, Weston incursionó en diversos géneros, incluyendo naturalezas muertas y desnudos, paisajes y retratos. No hubo tema o categoría que se le resistiera. A sesenta años de su muerte, las imágenes del fotógrafo siguen siendo un ejemplo de fuerza y profunda intuición, una ventana al lado estético de las formas más extrañas y caprichosas.


Pepper No.30, 1930
Photograph by Edward Weston
Collection Center for Creative Photography
© 1981 Center for Creative Photography, Arizona Board of Regents

Su vida, llena de viajes y marcada por una serie de amantes y esposas que fueron también sus musas, parecería haber sido escrita para adaptarse a la pantalla grande. Weston nació en 1886 en un barrio a las afueras de Chicago. Era hijo de un doctor y su madre murió cuando él aún era muy pequeño. A los 16 años le regalaron su primera cámara y la atracción que sintió fue inmediata, al grado de que a los 21 tenía claro que quería dedicarse a la fotografía profesional, algo poco común en aquella época. Tras tomar un curso de seis meses en el Illinois College of Photography, se mudó a California, donde se casó con su primera esposa y pronto montó su propio estudio fotográfico.


Armco Steel, 1922
Photograph by Edward Weston
Collection Center for Creative Photography
© 1981 Center for Creative Photography, Arizona Board of Regents

Weston empezó a adquirir cierto reconocimiento local por sus retratos, y empezó a publicar artículos en revistas de fotografía; pero no fue sino hasta 1922, cuando visitaba a su hermana en Ohio, que produjo las fotografías que lo consolidaron como un autor moderno: capturó la fabrica de acero Armco, poniendo especial atención en los detalles de las chimeneas verticales, los ductos que atravesaban la fábrica y los cables colgantes. En uno de sus diarios de la época, anotó que un fotógrafo debía responder “a la arquitectura de sus tiempos, retratarla sin importar si era buena o mala, mostrándola de un modo inédito y fascinante”.1 Ese mismo año viajó a Nueva York para conocer al emblemático fotógrafo Alfred Stieglitz y otros artistas como Paul Strand, Charles Sheeler y Georgia O’Keeffe. La crítica de Stieglitz fue brutal, pero eso no desanimó a Weston, quien redobló sus esfuerzos y se empeñó en mejorar su técnica.


José Clemente Orozco, 1930
Photograph by Edward Weston
Collection Center for Creative Photography
© 1981 Center for Creative Photography, Arizona Board of Regents

Siguiendo a su nueva amante, la actriz italiana Tina Modotti, Weston se embarcó rumbo a México en 1923, acompañado de su hijo mayor. La mayoría de los artistas estadounidenses viajaban a Europa en busca de nuevas experiencias y contacto con las figuras consagradas de la época, pero Weston encontró el equivalente en la Ciudad de México. El año anterior, Modotti había exhibido, con muy buena aceptación,  algunas de las fotografías de Weston en la Academia de Bellas Artes. A su llegada se involucró en los círculos artísticos de la época, conoció a Diego Rivera y a José Clemente Orozco,  y su obra se vio impactada por lo que el describió como “un brusco enfrentamiento de contrastes extremos… vital, intenso, en blanco y negro, nunca gris”.2 Abrió un modesto estudio de retratos, pero también empezó a fotografiar desnudos, mismos que se volverían uno de los temas centrales de su obra hasta el final de su carrera. Además, se dedicó a explorar objetos de su nueva realidad que le llamaban la atención, como juguetes, vasijas y otras artesanías populares.


Retrete, 1925
Photograph by Edward Weston
Collection Center for Creative Photography
© 1981 Center for Creative Photography, Arizona Board of Regents

Más allá de registrar objetos o paisajes, Weston sabía encontrar la armonía de las formas en el juego de líneas que habita lo funcional. Fiel creyente de la máxima “la forma sigue la función”, buscaba captar la sencillez y la economía de diseño que habita en objetos cotidianos como las ollas de barro de Oaxaca, o los retretes de cerámica producidos en serie. ¿Cómo fotografiar sus formas, libres de cualquier asociación que pudiera distraer al espectador? Sus imágenes sobresalen por el equilibro de su composición, en donde la geometría tiene siempre la última palabra.

Para 1926, Weston había regresado a California, dejando atrás a Modotti. Aunque hoy en día sea difícil de creer, sus fotografías no encontraban una salida en el mercado, y muchas veces dependía del apoyo de familiares y amigos para saldar sus cuentas. No fue hasta dos años después, cuando empezó a retratar paisajes de manera más seria, que por fin encontró un público estadounidense ávido por sus imágenes. Poco a poco empezó a tener coleccionistas, que admiraban su visión del desierto de Mojave, las playas de Point Lobos, o el parque nacional de Yosemite. Sin embargo, al reto de captar ambientes tan distintos e imprimirles a cada uno un sello y una visión particular, se sumaba el hecho de que Weston no sabía manejar, así que siempre tenía que encontrar alguien que lo transportara hasta estos lugares.

El estilo de este fotógrafo se caracteriza por la idea de que la naturaleza tiende a repetirse a sí misma: las formas y dobleces de un pimiento perfectamente bien enfocado, como el Pepper No. 30, se revelan como el abrazo de una pareja, sensual y apasionado; el tronco de un ciprés se repite en un río de lava, en los vientos de un huracán, o en las olas que se estrellan contra las rocas. A pesar de ser producto de largas horas de trabajo, ajustes en la luz y el encuadre, sus composiciones parecen casi espontáneas, como si siempre hubiesen estado ahí, esperando ser descubiertas. Este es el caso de obras como Lily and Rubbish, en donde una clave de sol se asoma entre la basura, o su serie de los sets de películas abandonados de la MGM, en los que incluso sale a relucir su discreto sentido del humor.

Lily and Rubbish, 1939
Photograph by Edward Weston
Collection Center for Creative Photography
© 1981 Center for Creative Photography, Arizona Board of Regents

MGM Storage Lot, 1939
Photograph by Edward Weston
Collection Center for Creative Photography
© 1981 Center for Creative Photography, Arizona Board of Regents

A partir de 1930, la fortuna de Weston empezó a mejorar; tuvo su primera exposición individual en una galería en Nueva York, y fue invitado a exhibir en múltiples ciudades alrededor del mundo, de Berlín a Shanghai, de México a Vancouver. Dos años más tarde publicó su primer libro de fotografías y continúo sus excursiones por California para retratar dunas y pantanos, la corriente del mar y la tierra agrietada de los desiertos. Junto a Imogen Cunningham y Ansel Adams fundó el grupo “f/64”, que promovía un estilo fotográfico directo y sin retoques. En 1937 se convirtió en el primer fotógrafo en recibir la beca de la Fundación Guggenheim y publicó un nuevo libro junto con su segunda esposa, Charis Wilson. Si bien el Museum of Modern Art de Nueva York presentó una gran retrospectiva de su trabajo en 1946, en vida Weston nunca obtuvo la fama de la que goza su obra hoy en día. Poco tiempo después de esta importante exposición fue diagnosticado con Parkinson, por lo que dedicó los últimos años de su vida a imprimir más de mil de sus fotografías. Murió el 1 de enero de 1958, con tan solo 300 dólares en su cuenta.

En los últimos sesenta años, su archivo ha convertido a Edward Weston en uno de los fotógrafos más icónicos de Estados Unidos, un punto de referencia cuando se habla de artistas que trabajaban lo mismo con el desnudo que con el paisaje. Sin adscribirse a ninguna religión, la obra de Weston despliega una fe en la esencia que subyace en todas las cosas, que permea a los seres humanos y a la naturaleza: una fuerza que atraviesa el universo y nos lo devuelve en blanco y negro.

María Emilia Fernández
Historiadora del arte.


1 Edward Weston, The Daybooks of Edward Weston. New York: The George Eastman House, 1961.

2 Edward Weston, The Daybooks of Edward Weston. New York: The George Eastman House, 1961.