En La vida de los edificios. La mezquita de Córdoba, la lonja de Sevilla y un carmen en Granada (Acantilado, 2017) Rafael Moneo (Tudela, 1937), uno de los arquitectos españoles más prestigiosos y ganador del premio Pritzker, reflexiona sobre el edificio como una experiencia sensorial. A la vez, Marta Llorente (Girona, 1957), destacada arquitecta con estudios de pintura y de música, y creadora de la asignatura “Antropología de la ciudad”, indaga la noción de urbe como marco crucial de la arquitectura y la vida en La ciudad: huellas en el espacio habitado (Acantilado, 2015). Ambos libros dialogan y permiten al lector aproximarse a la idea de espacio desde distintas perspectivas.


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Los edificios son una extensión de nuestra persona, como corazas que nos protegen, como caparazones en los que vivimos y de los que pasamos indefectiblemente a formar parte, hasta el punto de llegar a pensar que pertenecemos a ellos.

—Rafael Moneo

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Pensar la ciudad es pensar el campo extenso de los proyectos humanos de convivencia, su entorno de formas construidas, su arquitectura, sus símbolos, el torrente de su actividad transformada a lo largo de milenios de experiencia, las distintas formas de sus representaciones.

—Marta Llorente

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Los edificios como una experiencia sensorial que nos permite sentirnos poseídos por la arquitectura, tanto más que una disquisición acerca de la misma.

—Rafael Moneo

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La ciudad es una construcción milenaria que arranca en los inicios de la historia y se pierde en el presagio de un futuro que desconocemos.

—Marta Llorente

 

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La arquitectura se hace tangible en los edificios. Hablar de edificios precisos y concretos como alternativa a un discurso intelectual genérico y difuso sobre la arquitectura.

—Rafael Moneo

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Pero seguimos aún dando el nombre simbólico y central de ciudad al escenario que acoge la experiencia de habitar en comunidad.

—Marta Llorente

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El valor de las ideas en la configuración de cualquier obra arquitectónica se advierte también aquí desde los momentos iniciales del proyecto y la importancia que tienen los aspectos estrictamente formales vuelve a ponerse de manifiesto.

—Rafael Moneo

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Es difícil responder al porqué de esta permanencia de la noción de ciudad como marco crucial de la arquitectura y de la vida.

—Marta Llorente

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Una vez más la arquitectura como medio que permite a un individuo materializar en ella su visión del mundo, que incluye naturalmente su comprensión del pasado.

—Rafael Moneo

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La arquitectura es considerada deseo de configuración que encierra expectativas frente a la experiencia vital, que la desborda porque ella misma es deseo.

—Marta Llorente

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Cabe decir que cada vez veo con más claridad que los edificios se desplazan en el tiempo, que no tienen la permanencia, la inmovilidad que para ellos a veces deseamos y que en cada instante son diversos.

—Rafael Moneo

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Esta tensión entre proyecto y experiencia, inscripción y huella, se contempla desde la distancia teórica como un hermoso duelo que no puede dejar de existir en nuestras obras de arquitectura y en la planificación urbana. Una tensión que pone en relación a quien emprende la planificación urbana con el sujeto habita el espacio. La ciudad se inscribe en el centro mismo de esta tensión; constituye el escenario variable de la relación que existe entre habitar y construir.

—Marta Llorente

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Sobre los edificios gravita el tiempo, se mueven con él de manera inevitable. No son estrictamente lo que fueron y estamos obligados a aceptar que sus vidas implican continuo cambio, impuesto por la interpretación y lectura que de su pasado hacen críticos e historiadores.

—Rafael Moneo

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El tiempo se detiene en escenas que permiten ser contempladas, en las que la vida resulta iluminada sobre el fondo de la arquitectura de la ciudad.

—Marta Llorente

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Conviene relativizar cualquier aproximación a un edificio, pues está sometida a un continuo doble movimiento: el de los edificios en el tiempo, por un lado, y el de los intereses del crítico a lo largo de la historia, por otro.

—Rafael Moneo

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La literatura representa una fuente privilegiada para la reconstrucción de la ciudad histórica, en la medida en que recoge experiencia y realidad; pero también como expresión del deseo, en forma de utopía y de ficción, como figuras límite que enmarcan y orientan la naturaleza de nuestros proyectos.

—Marta Llorente

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Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.